SUEDE

Suede, nuevo positivismo

San Francisco Javier. Ése es el santo reverenciado por algunos que celebra su onomástica el 3 de diciembre. Ese mismo día, Brett Anderson, reverenciado por muchos, pisará por primera vez al frente de su grupo Suede un escenario gallego.

         Muchos aún tenemos en la retina el concierto populista que ofrecieron en la última edición del Festival Internacional de Benicassim, escasos días antes de la edición de A New Morning. Allí quedó claro que Brett Anderson ya es una estrella del pop, algo que siempre quiso ser desde que dejó a un lado los deseos de su padre de que se convirtiera en un pianista clásico y se obsesionó con los Smiths y la melancolía de Morrissey.

En aquel momento se marchó a Londres y, junto a Justine Frischmann -luego en Elastica- y Mat Osman, formó Suede a principios de los 90 como antídoto frente al grunge y al pop anodino, y bajo el manto del glam del Bowie de los 70. Entonces Suede eran únicos. Sus dos primeros discos –Suede, 93, y Dog Man Star, 94- aún suenan imprescindibles. Luego vino su disco más pop –Coming Up, 96- y el más frío y cerebral Head Music -99-. A New Morning, el álbum que ahora se acerca a presentar en directo, tampoco les devuelve a sus mejores momentos, pero proporciona algunas canciones que quedarán muy bien en un futuro Grandes éxitos como “Obsesión”, “Lonely Girls” o “One Hit To The Body”.

Ahora, después de una recién confesada adicción al crack, parece haber recuperado la fe y la ilusión en la música y en su grupo. “Incluso escucho grupos sin temor a que puedan ser mejores que Suede. De hecho, estoy alucinado con los discos de The Streets, The Vines y Flaming Lips.”

Habla de su nuevo régimen: natación, buena comida, muy poco alcohol y nada de drogas. ¿Lo dejó todo de golpe? “Fue algo gradual. Dejarlo es algo extraño, porque no puedes hacerlo directamente. Lo dejas durante un tiempo y luego vuelve a tu vida. Necesitas una gran determinación para abandonarlo repentinamente.”

Parece que la cosa fue muy en serio. “Me convertí en un absoluto idiota, incapaz de mantener una relación, de salir y comportarme como un ser humano, constantemente paranoico. Ya es algo de mi pasado, aunque aún no está tan lejos como para hablar de ello.”

Cuando se grabó Head Music dice que no estaba allí. “Aparecía por el estudio, sí, pero mi mente no estaba en aquel lugar. Fue un número uno, pero era un disco épico, en flashes, una versión extrema del grupo.”

De repente a hacer algo que nunca se había atrevido: pasar una buena temporada solo. “Me fui al campo con una buena colección de libros, una guitarra y una máquina de escribir para ver qué salía de ahí. Ten en cuenta que llevaba años sin leer nada, por miedo a que influenciara mis textos. Mucha gente tiene miedo de estar solos. Yo también. De los 14 a los 30,” comenta Brett a sus 35 años, “salté de cama en cama. Pero como vengo de una granja en el medio de Surrey, sabía que si todo se jodía un día, siempre podría ir a vivir por mi cuenta.”

No todo fue tan idílico. Después de tardar un tiempo en escribir las canciones, contactaron con el productor Tony Hoffer -el productor del Midnight Vultures de Beck- con la idea de hacer un disco de electrónica folk. Tras muchos meses y un buen dinero perdido, llamaron a Stephen Street, el productor habitual de los Smiths.

Aún había más. Tras haber sufrido el abandono de Justine  Frischmann al principio y de Bernard Butler mientras grababan el segundo disco, esta vez fue el teclista Neil Codling el que tuvo que dejar la grabación de A New Morning y el grupo debido a un síndrome de fatiga crónica. Brett Anderson se puso furioso. “No pude evitarlo, pero me sentí engañado. Intento no mostrar esos sentimientos en público. Cuando Bernard Butler nos dejó, me sentí devastado. Era como si la formación original fuera algo realmente especial. Y nunca sabremos cómo podría haber sido.”

Parece que Suede encaran una nueva etapa con este disco, al menos personalmente. “Está claro si escuchas A New Morning. El título ya es una metáfora. Es un disco optimista, tanto que el primer single se llama “Positivity”. Es una canción talismán para el disco. Es un buen single pop, pero no nos hemos convertido en algo estilo Disney, algo feliz, algo de neón. Para mí el álbum trata de darse cuenta de que sólo puedes experimentar la felicidad real si antes has sufrido la verdadera tristeza.”

¿Ha pasado Brett Anderson por el psicoanalista recientemente? “¡No! Pero soy más feliz ahora. Me siento mejor conmigo mismo. Creo que tengo derecho a algo de felicidad. He empezado a salir con alguien que me gusta. He hecho un disco que es íntimo y cálido. No necesito que se me hable todo el tiempo, como esa necesidad adolescente de una adulación constante. Y, lo mejor de todo, ya no me siento como un idiota.” Escuchar para creer. 

Xavier Valiño

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