CAMPUS GALICIA ARTICULO RADICAL MESTIZO

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ULTRASÓNICA

ARTÍCULOS 1999


Radical mestizo: La aldea global

 

         Los discos recopilatorios son, en su mayor parte, para desconfiar de ellos. Sus autores –las propias compañías discográficas casi siempre, no nos engañemos- intentan aplicar una y otra vez la ley del mínimo esfuerzo. 

         Se trata de álbumes previsibles, con las canciones más conocidas de un grupo o de un solista, con el simple añadido de un par de temas inéditos, o, si se trata de incluir a varios artistas, con un nexo en común tan evidente como poco justificable. Por eso empeños como los de Radical mestizo encierran un gran mérito y se convierten en todo un logro que debería ser imitado y convertirse en la regla, y no en su excepción.  

         Para empezar, conocemos los nombres de sus responsables, algo que en la práctica totalidad de los casos queda oculto por el simple hecho de que sus autores son conscientes de que conviene más permanecer en el anonimato si no se aporta nada. 

         En este caso, Valentín Ladrero, uno de los responsables del sello discográfico Fonomusic, se encarga de todo lo relacionado con lo que podríamos llamar producción, mientras que el experto DJ Floro realiza el trabajo de selección. Y así debería de ser siempre que no se tenga en cuenta exclusivamente el criterio comercial: alguien de un sello encargándose del aspecto industrial mientras alguien que conoce a fondo el tema escoge a quienes deben estar representados en el disco. 

          Ya fue así en un primer volumen, también doble, editado el ano pasado: el trabajo se repartió de la misma forma y toda la critica coincidió en lo positivo de los resultados, a pesar de que la selección no pudo contar con algunos nombres imprescindibles. 

         Este es el sentido de la serie Radical mestizo y de su nueva entrega dospuntomil: el compromiso y el baile. Hay gente que compone músicas y escribe palabras tan certeras que hacen tambalear nuestras conciencias, y estos discos están aquí para certificarlo. 

         Algunas nacen busconas y se encuentran con lo peor de nuestras calles, de nuestros pueblos, de nuestros gobiernos¼ En el mundo de las mil lenguas que crece en las ciudades de Europa y América, y a ritmo de ska, batucada, hip-hop, afro, salsa, reggae, rock, jungle o raggamuffin’, las revoluciones pendientes parecen convertirse en algo mucho más factible. 

         Músicas para pensar. Radical y mestizo. Estos dos volúmenes son una muestra contagiada de conspiración ideológica a través de la fiesta y de la música popular contemporánea. En ellos se puede encontrar una actitud estética entresacada de un caleidoscopio multicolor, en el que se fusionan los ritmos y explota la voz de la independencia, de la contrainformación, de la libertad artística. 

         Los modelos anglosajones en los países de ascendencia latina empiezan a tener serios competidores en músicos que intentan reinterpretar esos modelos y mezclarlos, como si de alquimistas se trataran, con otro tipo de influencias sonoras sobre el decorado de la opulencia europea y la miseria latinoamericana. Por eso una propuesta como ésta, abierta y ecléctica, habla, necesariamente, castellano, gallego, euskera, catalán, francés, portugués, italiano, piamontés 

         También dan fe de los sonidos deliciosos que se han exportado, sin ninguna ayuda, casi de tapadillo, desde determinados territorios, como plagas fantásticas que se expanden a través del ritmo. Al mismo tiempo, muestran hambre de cultura y se convierten en espejo de una realidad olvidada, de inmigrantes ilegales y jóvenes luchando en las selvas de la supervivencia, de ciudades que se transforman en pasos fronterizos y en laboratorios mestizos de experimentación musical para artistas abiertos y militantes. 

         Por eso discos así no son sectarios, ya que detectan empatías sugerentes, músicas apasionadas y generan o certifican relaciones entre las bandas que incluyen. Los textos son significativos en todas ellas y la radicalidad se expresa en su actitud comprometida. Radical que deviene raíz, sonidos contemporáneos, urbanos, aderezados con evidentes raíces afro-caribeñas, mostrando un universo periférico, sin presencia en los medios, y extraordinariamente activo. 

         Ahora, en su segunda entrega, se agradece la evidente mayor coherencia en la selección de la treintena de nombres que completan la antología. Para empezar, se reconoce la labor de los precursores, presentes por fin, en la voz de Manu Chao y Fermín Muguruza. 

         La estela de Mano Negra queda clara en Dusminguet, La Bemba Blanch, King Changó, Sargento García o La Vaca Guano. Y el rap, la voz que más agita las conciencias, viene identificada por las aportaciones de los vallecanos Hechos Contra El Decoro, los mexicanos Control Machete, el mozambiqueño General D, los cubanos Orishas y su colega Nilo o los senegaleses Daara J. 

         A su lado, aportaciones como las de Sidestepper, Cypress Hill cantando en castellano, los imprescindibles Diplomáticos de Monte-Alto o la Basque Dub Foundation muestran un presente palpitante y cálido que huye de los caminos trillados para despertar, una vez más, las conciencias.

Xavier Valiño

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