ULTRASONICA ARTÍCULOS 2006 DÉCIMA VÍCTIMA DOSSIER SEGUNDA PARTE

ULTRASONICA ARTÍCULOS 2006 DÉCIMA VÍCTIMA DOSSIER SEGUNDA PARTE

Ultrasonica e-zine :: Xavier Valiño

ARTÍCULOS 2006


Entrevista con Décima Víctima (segunda parte del dossier)

 


MÚSICA…

 

1. ¿Qué tienen de bello la tristeza y la melancolía? ¿Por qué resulta atractivo para algunos siendo algo negativo?

– Lars: Pienso que la depresión es algo negativo. Sin embargo, la melancolía, igual que la alegría, es una emoción que la mayoría de la gente ha sentido y con la cual se puede identificar. Para mí el arte que más me afecta es el que cubre todo el registro de emociones.

Per: La música, los libros y las películas tristes o melancólicas no me parecen negativas; más bien transmiten unos sentimientos profundos y personales.

– Carlos: No creo que la tristeza y la melancolía sean malas. Las veo tan necesarias como la alegría; unas hacen que existan las otras. Si la felicidad fuera continua sería todo muy soso y artificial, como el cielo en la letra de Talking Heads, “Heaven is a place where nothing ever happens”.

 

2. Las canciones de Décima Víctima suenan tristes y oscuras. ¿Es por vuestro carácter o se trata simplemente de una actitud estética más, tan válida como otra cualquiera?

Lars: La música y la estética del grupo reflejaban influencias de la música, las películas y los libros que nos gustaban. En mi caso, la música que escuchaba y que me influenciaba era (aparte de los obvios como Joy Division y The Cure), Elvis Presley, The Doors, The Velvet Underground, T. Rex, Roxy Music, Iggy Pop & The Stooges, Black Sabbath, Jonathan Richman, Neil Young, The Kinks, The Beatles, The Rolling Stones, Simon & Garfunkel, Leonard Cohen, Frank Sinatra, Billie Holiday, Johnny Cash, Hank Williams, The Saints, Ramones, Buzzcocks, la música surf y las bandas sonoras (Morricone, Mancini, John Barry, etc).

Per: Es por lo que te he dicho antes: hay combinaciones de notas que transmiten sentimientos.

– Carlos: Décima Víctima siempre estaba variando. El primer EP era muy opresivo y luego fuimos ganando luz con cada disco: “Noviembre” y “Tan lejos” en un plano más intimista, el primer LP tenía un ambiente muy recogido y el segundo más abierto a otros estilos.

 

3. ¿Qué os inspiraba para los textos?

Lars: Todos los textos son de Carlos.

– Carlos: La mayoría de los textos eran míos. A mí siempre me gustó el dominio del vocabulario de Jorge Luis Borges, aunque fuera tan radical en sus ideas políticas. También me gustaba mucho el vocabulario de Bécquer en sus leyendas y siempre me encantó Antonio Machado. Solía estar un rato leyéndolos antes de escribir. De todas formas las mejores letras no se suelen escribir porque te pones a ello; ésas surgen automáticamente, es la frase justa que te llega al cerebro con la melodía. También me gustaba que las letras fueran lo más general posible: hasta en “Tan lejos” había evitado decir si la pareja era femenina o masculina.

 

4. ¿Seguís escuchando las mismas cosas que en 1982? ¿Qué escucháis ahora?

– Lars: Me siguen gustando las mismas cosas. Artistas que se han añadido a la lista son: Tom Waits, Nick Cave y The Smiths, entre otros.

– Per: De vez en cuando pongo viejos vinilos, pero también estoy abierto a cosas modernas como Placebo o Queens Of The Stone Age, y no tan modernas, como REM.

Carlos: La mayoría de lo que escucho sigue siendo lo que escuchaba en la época y anteriores. De vez en cuando hay gente que te sorprende. Ahora oigo de todo. En casa no tengo vinilos (mi colección está en el trastero de mi madre) y casi todo lo tengo en el ordenador. En general soy muy clásico. Ahora mismo tengo en la carpeta de música, Brotherhood de New Order, Norah Jones, Blu Cantrell, Terence Trent D’arby, Elliott Smith, Simply Red, China Crisis, The Strokes…

 

5. ¿Os interesaba la música electrónica? Me refiero a gente como Cabaret Voltaire, DAF, Kraftwerk o The Human League…

– Lars: Sí, escuchaba mucho a Kraftwerk en los años 70 y luego a Devo cuando aparecieron.

Per: DAF y Kraftwerk sí.

Carlos: No suelo seguir mucho a estos grupos, En su momento oía a Kraftwerk y me sigue haciendo gracia oírlos de vez en cuando.

 

6. ¿Y la música clásica o contemporánea?

Lars: Sí, algo de música clásica: Beethoven, Brahms,… El Bolero de Ravel siempre me ha gustado.

Per: De música clásica, sobre todo la de cámara.

Carlos: En clásica siempre me ha gustado la música de cámara y el barroco. Creo que es porque mi concepto de música no es con demasiada gente. Me gusta Albinoni, Pergolesi, Vivaldi,… De contemporáneos debo confesar que no tengo ni idea.

 

Mariví Ibarrola

 

7. ¿De qué habla la hermosísima “Contra la Naturaleza”?

Lars: Mi interpretación de ella es tan válida como la de cualquiera, ya que la letra es de Carlos.

Carlos: Únicamente de un cazador entre la naturaleza, en su más clásica idea, completamente atemporal: puedes situarlo en la época medieval o ahora.

 

8. ¿Cuál era vuestro método de composición?

Lars: Según recuerdo, solíamos experimentar en el local de ensayo y cuando algo sonaba bien, Carlos empezaba a cantar una melodía. Cuando ya estaba la música hecha, Carlos escribía el texto en su casa. Cada uno aportaba los arreglos para su instrumento.

– Per: Normalmente Lars traía una melodía y yo trabajaba sobre ella sacando un bajo.

Carlos: Generalmente se hacía una melodía con la guitarra, la seguía el bajo y la batería y se añadía la melodía de la voz tarareada. Se daban vueltas y vueltas hasta que surgía el sonido y luego se añadía la letra. Siempre he sido bastante vago haciendo letras y a veces había que acabarlas poco antes de la grabación del disco, aunque por lo que he hablado con los demás grupos les ocurría a la mayoría.

 

9. ¿Utilizabais caja de ritmos por comodidad, o lo hacíais de forma deliberada por su sonido?

– Lars: Per y yo teníamos un grupo instrumental, Cláusula Tenebrosa, con guitarra, bajo y caja de ritmos. Cuando los Ejecutivos Agresivos se separaron, Carlos se unió a nosotros como cantante y cambiamos el nombre a Décima Víctima. Seguimos con la caja de ritmos hasta que conocimos a José, que era perfecto para Décima Víctima, ya que no sabía tocar la batería. Aprendió a tocarla ensayando con nosotros.

Per: Al principio, por comodidad.

Carlos: Coincido con Lars en su respuesta.

 

10. ¿De qué canción de Décima Víctima os sentís más satisfechos? ¿Cuál es vuestra preferida? (exceptuando “Tan Lejos”)

– Lars: La que más me gusta es “Noviembre”; la música y la letra se unen perfectamente. Es la banda sonora perfecta para un día de otoño.

Per: “Un hombre solo”.

Carlos: Para mí, “Un hombre solo” y “Sobre otra ruta” son las dos con más fuerza, sobre todo en el punteo aberrante de Lars en la segunda.

 

11. ¿Os gustaba tocar en directo? ¿Cómo acogía el público esos acordes y sonidos tan tristes y difíciles?

– Lars: A mí me gustaba mucho tocar en directo. La reacción del público fue diferente en diferentes sitios. En Madrid, donde tocábamos más frecuentemente, el público sabía qué esperar y la reacción generalmente era positiva. En otros sitios dejábamos al público perplejo y en algunos casos la reacción incluso fue agresiva.

– Per: A mí, aunque por mi timidez pudiera parecer que no me gustase, me encantaba.

– Carlos: Lo que recuerdo es que la gente poco a poco iba entrando en ambiente como si se involucrara con el grupo; te enorgullece notarlo en el escenario.

 

12. El sonido de las guitarras era como muy clásico, se nota que escuchabais mucha música de los 50 y 60…

Lars: Los guitarristas que más me gustan no son los virtuosos, y no soy muy aficionado a los solos de guitarra. Me gustan más las melodías: Duane Eddy, The Ventures, Luther Perkins (que tocaba con Johnny Cash), los temas de los westerns de Sergio Leone, el tema de James Bond…

Carlos: Coincido con Lars, y debo añadir que Paco Trinidad sabe dominar muy bien la grabación, y, como uno más del grupo, entendía todos los temas y sabía ayudarnos a darle su sonido.

 

Mariví Ibarrola

 

13. Parte de la prensa especializada de entonces os criticaba ferozmente (algo habitual en este país con lo de aquí). En concreto tengo varios números viejos de la Rock de Lux de aquella época, en los que entre cosas absolutamente destructivas, se os reducía a una simple copia de The Cure y Joy Division (afortunadamente el tiempo ha puesto las cosas en su sitio)… ¿qué comentario os merece?

Lars: Es cierto que nos influenciaron, pero fue sobre todo en el sonido y la producción. Pienso que las canciones en sí fueron mucho más influenciadas por la música instrumental de los 60 y de bandas sonoras, en combinación con las melodías y letras de Carlos, que para mí son muy originales.

– Per: Las fuentes de inspiración se notan, aunque eran múltiples y había bastantes aportaciones personales al sonido.

– Carlos: Desde luego que influenciaron estos grupos y otros muchos. El uso de las guitarras cargadas de flanger es muy de la época más que de un grupo determinado.

 

14. Otros creo que no comprendidos de la época eran Oviformia, algunas de sus canciones parecen de hoy mismo…

– Lars: No los he oído.

Carlos: Perdona pero a Oviformia no los he vuelto a oír y sería muy arriesgado opinar de memoria después de 22 años.

 

15. Hablando de ciertos grupos británicos, ¿qué os parece que bandas como The Cure, New Order o Echo And The Bunnymen sigan sacando buenos discos y haciendo conciertos extraordinarios?

– Lars: Me parece estupendo. Significa que este tipo de música no fue sólo del momento, sino que sigue siendo válido 25 años más tarde.

– Per: A mí me sigue gustando lo que hacen New Order y The Cure.

– Carlos: Coincido completamente con Lars.

 

16. ¿Os gustan Wire y Cocteau Twins?

Lars: Cuando salió el primer LP de Wire fue uno de mis discos preferidos y sigue gustándome mucho. Es tan minimalista y genial. A Cocteau Twins los he visto en directo, pero no tengo ningún disco suyo, lo cual probablemente significa que quizás no me gusten tanto, ya que suelo comprar los discos de los artistas que me gustan.

– Per: Sí me gustaban.

– Carlos: Wire también era una referencia en los 80. A los Cocteau Twins no los he seguido.

 

17. ¿Qué opinión os merece todo este revival de los 80, y de la cacareada Movida? ¿Os lo esperabais?

Lars: Era lógico. Pasó lo mismo con la música de los 50, 60, 70 y pasará con la de los 90. Lo bueno es que cuando vuelves a escuchar algo que no has escuchado en mucho tiempo es más fácil distinguir lo bueno de lo malo.

– Carlos: Pasados 20 años, y después de considerarlo un movimiento anticuado, vuelve con más fuerza, casi con reconocimiento histórico. Creo que a todos los estilos les pasa lo mismo con el tiempo.

 

18. Una frase para… (sólo contesta Carlos):

            – Brian Eno: Una verdadera institución.

            – Fernando Márquez ‘El Zurdo’: Un personaje demasiado particular.

            – Alejandro Sanz: Un estilo muy trabajado, pero que no me gusta.

            – Loquillo: Personalidad a fuerza de perseverar.

            – Bunbury: No lo he seguido.

            – Madonna: Una pedorra divertida muy pocas veces (aunque siempre ha tenido productores con ideas muy originales).

 

Mariví Ibarrola

 

19. ¿Erais conscientes en los años 90 de que había gente que os reivindicábamos, tan dispar como Le Mans, Silvania o incluso yo, que hacía techno radical?

Lars: No, pero me alegro mucho si nuestra música sigue siendo escuchada y si incluso inspira a otros músicos. Soy un gran aficionado a la música y me gusta tanto que siento la necesidad de no sólo escucharla, sino crearla. Si alguien siente la misma inspiración con mi música me siento muy orgulloso.

– Per: La verdad es que no.

Carlos: Por un lado nos iban informando del tema, pero no lo seguíamos de cerca.

 

20. Conozco actualmente a muchos niños y niñas de 20 años que enloquecen con vuestras canciones (y no precisamente siniestros). ¿Es esto algo que os gusta y enorgullece, o simplemente os da lo mismo?

– Lars: Véase la respuesta anterior.

Per: La verdad es que me enorgullece.

Carlos: A mí me parece muy bien. Hace poco vi que nuestros temas estaban en el emule. Si no se han reeditado, al menos no se pierden, y además siento que sigue habiendo interés por ellos.

 

21. Vuestro grupo favorito nacional de los 60, 70, 80 y 90…

– Lars: Yo viví en España en los 70 y la primera mitad de los 80, después volví a Suecia. No he seguido la música española muy de cerca desde entonces. Recuerdo que en los 70 no me gustaba nada hasta que llegaron Kaka De Luxe y todo empezó.

– Per: De los 80, Radio Futura.

Carlos: De los 80 me encantaron Radio Futura, Gabinete Caligari y Golpes Bajos. De las demás décadas no tengo favoritos.

 

22. ¿Habéis pensado en algún momento volver a la música, incluso volver a grabar como Décima Víctima?

– Lars: Yo nunca he dejado la música. Si queréis más información sobre lo que he estado haciendo desde que DV se separó, podéis hacer una visita a
www.larskrant.com. ¡No hemos hablado de hacer una reunión, pero siempre existe la posibilidad!

Per: Por mi parte lo veo imposible por falta de tiempo.

– Carlos: Hace dos años estuve con Felipe Palomo, del Último Sueño, haciendo unos temas y un proyecto de grupo llamado Parque Sindical, pero nuestros enfoques eran diferentes y mi voz me agobiaba porque ha cambiado sin cantar tanto tiempo. Lo de volver a grabar como Décima Víctima, creo que nunca volvería a ser lo mismo, porque ha pasado mucho tiempo y José Brena tampoco podría estar. De todas formas, al principio Per y yo ensayábamos cuando estábamos trabajando juntos en informática, pero las obligaciones familiares lo hacían muy difícil de compatibilizar al final.

 

23. Por último, ¿para cuándo la recopilación última, completa y definitiva que Décima Vícitma se merece, tipo DVD, con libro, TODAS las canciones, imágenes, etc? Creo que interesa a más gente de lo que se pudiera suponer…

– Lars: Esta pregunta la tiene que contestar nuestra compañía discográfica, Grabaciones Accidentales, que ahora me parece que pertenece a DRO Atlantic.

Carlos: Ni idea de para cuándo. Eso pregúntaselo a Grabaciones Accidentales. Hace dos años Juan Carlos Palomo, el hermano de Felipe, preparó una recopilación a partir de la copia en casete de los temas de las cintas de Doubletronic con todo lo grabado en estudio que llamamos ‘Décima Víctima íntegra’ (había dos temas no editados de un total de 37) que conservamos cada uno del grupo en CD.

 

24. Vuestros discos se pagan a precio de escándalo en el mercado del coleccionista. ¿Qué os parece esto? ¿Cuánto vamos a tener que esperar para que se reedite vuestra discografía como se está haciendo con otros grupos de la época?

Lars: Véase la respuesta anterior.

Per: Habría que encontrar alguna casa de discos interesada en reeditar todo el material y distribuirlo en condiciones.

Carlos: La última reedición fue de 1994, el CD de Décima Víctima, Resumen, que se empezó a hacer gracias a Nacho Canut con remasterizaciones de Paco Trinidad sobre los multipistas de Doubletronic. Desde entonces no se ha vuelto a hablar nada.

 

 

OTRAS COSAS…

 

Valero Toscano

 

1. ¿Qué hecho, acontecimiento o historia personal han marcado más vuestras vidas?

Lars: Todas las cosas que ocurren cada día.

– Per: Conocer a mi mujer y tener a mis hijos.

– Carlos: La muerte de mi padre, la de José Brena y mi trasplante de hígado. La de Poch en cierta forma era previsible, porque su enfermedad era degenerativa.

 

2. ¿A qué os dedicáis ahora?

Lars: Soy ilustrador técnico. Sigo haciendo música (nunca ha sido mi profesión, pero siempre mi pasión).

– Per: Soy informático.

– Carlos: Ahora mi vida es familiar, completamente diferente a la de los 80. Vivo desligado de la música.

3. ¿Os interesa la política? ¿Cómo os definís políticamente?

Lars: No.

Per: No.

Carlos: Desencantados como la mayoría.

 

4. Una pequeña valoración de Adolfo Suárez, Felipe González, José M. Aznar, Zapatero.

Lars: No vivo en España.

Carlos: Adolfo Suárez: Nos hemos olvidado de que tuvo que dimitir por presiones a principios de los 80 pese a lo que se logró en su momento gracias a él. Felipe González: Que el poder desvirtúa la realidad. José M. Aznar: Que el poder desvirtúa la realidad. Zapatero: Que el poder desvirtúa la realidad.

 

5. ¿Os gusta la España actual? ¿Y Madrid?

– Lars: Sólo voy en plan turista, y para eso está muy bien.

Per: Por variedad y modernidad sí me gusta, pero vivo en las afueras y me agobian bastante las aglomeraciones de gente.

Carlos: ¿Por qué no?

 

6. ¿Qué es lo que más os gusta y motiva de esta vida?

Lars: La música, siempre.

– Per: Mi familia.

Carlos: La vida familiar, seguir aprendiendo, la música, la literatura, el cine, la fotografía, seguir vivo, etc… Desde el trasplante valoro más la vida, porque alguien me ha regalado un hígado. Tal vez yo no debía estar aquí, y sin embargo lo estoy.

 

7. ¿Os atrae la religión? ¿Qué relación tenéis con ella?

Lars: No. Me fascina lo que la gente puede hacer en nombre de la religión.

– Per: No.

Carlos: No, es algo que no me planteo.

 

8. Y lo paranormal…

Lars: Es fascinante. Hay mucho timo, no sé qué pensar.

Per: Depende.

Carlos: Es algo que prefiero no plantearme porque me impone.

 

Valero Toscano

 

9. Vuestra relación con las drogas… ¿Consumís algo? ¿En el pasado, tal vez?

– Lars: En Décima Víctima nuestros vicios fueron el tabaco y el alcohol. Para mí lo siguen siendo, aunque en cantidades cada vez menores.

– Per: Nunca. Bueno, supongo que el tabaco y la cerveza también son drogas; en ese caso, sí.

Carlos: Inmunosupresores con cuchara sopera. Creo que en Décima Víctima de drogas yo sólo consumía alcohol, tabaco y café. Ahora sólo café, cosas que pasan. Siento un terrible odio contra la heroína que en los 70 y 80 se llevó a algunos amigos.

 

10. ¿Creéis en la reencarnación?

Lars: No.

Per: Más que en la reencarnación, espero que haya algo más después de esta vida.

Carlos: No sé, si hay algo me apunto.

 

11.  Cuestión muy Décima Víctima. ¿Qué pensáis que nos espera cuando abandonemos esta vida?

Lars: Prefiero no especular. Soy bastante práctico. Me tomo las cosas como vienen.

Per: Espero que algo bueno.

Carlos: “Nadie se muere de verdad hasta que se le olvida”; esto es la frase que pone en la lápida de mi padre, y creo que es verdad.

 

12. ¿Qué os gustaría encontrar justo después de ese inevitable momento?

Lars: A las personas queridas que se hayan ido antes que yo.

Per: A mi familia.

Carlos: Al principio una paz casi fetal, después algo más entretenido.

 

13. Vuestro Paraíso es…

Lars: La música.

Per: Los fines de semana y las vacaciones.

Carlos: Una vida de multimillonario.

 

14. Y el Infierno…

Lars: Una vida sin amor y amistad.

Per: El despertador que suena todos los días a las 6:15.

Carlos: Volver a estar gravemente enfermo.

 

15. ¿Conocéis la depresión de cerca?

Lars: No. La melancolía sí.

Per: No una depresión de ir al psiquiatra, pero momentos deprimentes sí.

– Carlos: Desgraciadamente, la sufría José Brena.

 

16. Por último, cuáles son el disco, canción, libro y película más importante en vuestras vidas…lo que os gustaría llevar al otro lado.

Lars: Disco: Harvest (Neil Young). Canción: “Sunday morning” (The Velvet Underground). Libro: El proceso (Franz Kafka). Película: Rebelde sin causa, con James Dean.

Per: Disco: Hay muchos y van variando según la edad. Canción: “Canon” de Pachelbel (me relaja). Libro: También hay muchos, pero de lo último que he leído lo que más me ha gustado ha sido Burmese Days de George Orwell. Película: De las que he visto durante los últimos años, Magnolia y 21 gramos.

Carlos: Me niego a hacer selección, pero si sólo puedo llevarme un disco sería una recopilación de The Beatles (siento ser tan poco original pero sigo siendo beatlemaníaco). En literatura, me gustan escritores españoles actuales como Juan José Millás (surrealismo urbano) y Juan Eslava Galán; me siguen gustando Delibes y Aldecoa y, de extranjeros, me han impactado libros que te llevan a otras épocas como Los pilares de la tierra o La judía de Toledo. De películas, Blade Runner y casi todas las demás de Ridley Scott (exceptuando muy pocas); españolas, Amanece que no es poco, Berlanga el de la primera época, Bienvenido Mr. Marshall, etc…

 

© Carlos Ordóñez

(Ver primera parte del dossier Décima Víctima)

 

(NOTA: Este dossier aparece aquí por cortesía de Rafa Skam, del fanzine El Planeta Amarillo, y de los autores de cada una de sus secciones. Todas las fotos tienen su correspondiente copyright, con lo que para hacer uso de ellas debes dirigirte a sus autores)

ULTRASONICA ARTÍCULOS 2006 TALKING HEADS REEDICIONES

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ARTÍCULOS 2006


Talking Heads, Dadá y la polirritmia africana

 

77; More Songs About Buildings And Food; Fear Of Music; Remain In Light; y Speaking In Tongues

 (Todos reeditados en formato doble por Rhino-Warner)

 

 

            En la reciente recuperación del pasado post-punk, algunos han pasado de puntillas por el legado de Talking Heads. Puede que quede mejor mostrar la dirección que lleva a grupos menos conocidos o, simplemente, que Talking Heads -en especial la interacción entre David Byrne y el productor Brian Eno- fueron tan especiales que no dejaron detrás una huella fácilmente reproducible. Intentos ha habido, y desde luego que Clap Your Hands Say Yeah, Arcade Fire, Franz Ferdinand o Modest Mouse les deberían estar pagando una parte de sus derechos de autor.

 

Tal y como prueba la reciente reedición de sus primeros cinco discos -completados ahora con unas mezclas renovadas que consiguen que nos maravillemos aun más ante su sonido, además de extras, versiones, videos y grabaciones en directo que en ningún caso superan a las canciones que componían los álbumes originales-, aquellos discos se encuentran allá arriba, inalcanzables, como una de las cimas creativas más memorables de la historia del rock.

 

Al contrario que muchos de sus contemporáneos de la nueva ola, Talking Heads asumieron desde sus inicios la pulsión de la música negra, distanciándose, por lo tanto, de la carrera extenuante hacia ella en la que se convirtió la trayectoria de una parte de los grupos que se encuadraron en el post-punk. El pulso, que no el ritmo, y las texturas creadas por la banda -sobre todo, aunque no exclusivamente, con Brian Eno- proporcionaban una música sensual que funcionaba perfectamente como contrapartida a los neuróticos recitados de David Byrne. Por otro lado, sus frías yuxtaposiciones de sonidos y su forma de componer inspirada en la arquitectura reforzaban la fascinación de Byrne por lo que subyace bajo la ética del trabajo de la sociedad protestante americana y la psique desquiciada de sus personajes.

 

 

Esta impredecible conjunción de arte, ambición y nervio estaba ahí desde el primer single, “Love-Building On Fire”, que se incluyó en su debut, Talking Heads (1977). Tal vez por eso el disco, a pesar del relativo éxito de “Psycho Killer” -aquí también recogida en versión acústica- no llegó a ser entendido por un público que estaba más interesado en la explosión del punk de grupos como los Ramones, quienes compartían las tablas de escenarios como el CGBG con los Talking Heads.

 

En él están las claves del funk minimal que cimentaría su reputación e influencia: la forma nerviosa de cantar las letras inconexas por parte de Byrne; las rupturas y las alteraciones imprevistas de ritmos cruzadas gracias al teclado de Jerry Harrison; la guitarra fluctuante de Byrne acompañando con impaciencia las secuencias y el resonar funk del bajo de Tyna Weymouth; y la batería ajustada de Chris Frantz determinando el dinamismo de la banda.

 

En su segundo álbum, More Songs About Buildings And Food (1978), los trillones de ideas que encerraba sólo se logran atisbar tras repetidas escuchas, agazapadas tras la extraordinaria producción de Brian Eno, en lo que sería su primera colaboración. Los logros más relevantes aparecen en “Found A Job” o “The Good Thing”, al lograr combinar el funk sudoroso de James Brown con los riffs de guitarras de The Velvet Underground.

 

Con Fear Of Music (1979) se cerraría una etapa que les dejaba en un callejón sin salida, al haber forzado hasta el límite sus propias convenciones. Su cuarteto de canciones inicial (“I Zimbra”, “Mind”, “Cities” y “Life During Wartime”) puede considerarse como lo mejor que el grupo grabase nunca. “I Zimbra”, el corte que lo abre, marcaba la alianza entre la polirritmia africana y la poesía dadaísta. “Heaven” sería su momento más pop hasta entonces y “Drugs” un ensayo modernista a través de universos psicodélicos nunca explorados antes por el cuarteto.

 

 

Su cumbre, sin duda, llegaría en 1980. Remain In Light es hoy, todavía, un objeto único, como si hubiese llegado de parajes desconocidos y nadie aún los hubiese tocado. Los elementos entrevistos en “I Zimbra” se desarrollan ahora en toda su extensión, con alusiones al afro-funk de Fela Kuti y a las experiencias ensayadas por el alemán Holger Czukay (componente de los alemanes Can). Todavía hoy parece un disco sin ascendencia ni descendencia, del que resultaba un primitivismo contemporáneo, hipnótico, complementado por la espiritualidad vacía de las letras que evocaban una sociedad moderna sin orientación.

 

Como no podía ser de otra manera, Speaking In Tongues (1983), editado tras experiencias en solitario de cada uno de los cuatro componentes del grupo, no pudo mantener el nivel, pero no se trata para nada de un álbum fallido, sino del disco que muchos grupos siempre han querido grabar por tratar de conjugar los elementos básicos del sonido de un grupo con una mayor accesibilidad. Aquí está el funk blanco más disciplinado, tal y como era exprimido en la Europa del post-punk.

 

Sería el primero de sus discos retocado en el estudio una y otra vez, y se convertiría en el primero de sus éxitos, con “Burning Down The House” como su canción emblema y “This Must Be The Place (Naive Melody)” convertida en la más embrujadora de sus canciones, una melodía para perderse dentro. Aquí David Byrne dirigía ya su atención hacia los sentimientos comunes de la gente común, sacrificando la tensión y el absurdo que lo había caracterizado en el pasado. Nada que echase por tierra años de aventuras, pero sí el puente entre una primera etapa irrepetible y la llegada de una nueva era de mayor relevancia pública y una contenida creatividad.

 

Xavier Valiño

ULTRASONICA ARTÍCULOS 2006 DÉCIMA VÍCTIMA EL DOSSIER

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ARTÍCULOS 2006


Décima Víctima, cada senda una sorpresa

 

1 Introducción

2 Biografía

3 Lars Krantz

4 Extracto de Memorias Borrosas, de Carlos Entrena

5 Discografía

6 Entrevista con Carlos, Lars y Per

 

1. Introducción

 

Valero Toscano

 

         Sobre otra ruta cambian las caras. Así de directa, la voz de Carlos Entrena sugería que nada es lo que parece por muy conocido que sea. Y así ha acabado siendo el legado de uno de los grupos con mayor esencia y enjundia que ha dado el pop español. Seguramente en estas páginas ya habrás leído algunos de los razonamientos que refuerzan este juicio en boca de algunos de sus protagonistas y de quiénes, con pasión de seguidores a través del tiempo, se han acercado a ellos para desentrañar algunos de los ejes creativos de Décima Víctima.

 

En 1994, Ibon Errazkin reforzaba la edición de Resumen, una recopilación de lo mejor de su carrera editada por Gasa (DRO), con un texto en el que describía a la banda como una célula creativa que trataba temas como la soledad y la separación con una melancolía y una serenidad poco frecuentes. Dando en el clavo, Ibon acertaba en una de las dianas del cuarteto. Décima Víctima nació en una época en la que su propuesta fácilmente podía provocar sentimientos encontrados hacia su música. No eran siniestros ni iban de torturados, no soñaban con el pop ni pretendían aupar la efervescencia de aquellos ochenta. Lo que simplemente parecían buscar era hacer una música rica en contenidos verbales y visuales. Transmisión y orientación, sugerencia e imaginación. Cosas que bien podían encontrarse, por esos extraños vasos comunicantes que unen a los músicos, en bandas como The Cure, Interpol, El último sueño, Colder, Family o Editors sin rechinar en la asociación.

 

Los textos que Carlos Entrena hizo para la banda parecían reflejar, de manera inusualmente cotidiana, los puntos débiles de la sensibilidad humana sin llegar al extremo, haciendo equilibrio con las palabras justo en el punto en el que se podía esperar que la historia tuviese un malogrado desenlace. Pero no, ahí era cuando la puerta se quedaba medio abierta a muchas posibilidades de recreación cobijándose en los arreglos de Lars Mertanen y el soporte rítmico de Per Mertanen y José Brena. Ahí, quizás, podría radicar parte del ineludible atractivo de sus dos elepés, sus tres singles y de su valiosísima maqueta de 1981.

 

La geografía sentimental asomaba su variedad de aspectos en canciones que bien podían servir de reflexiones de observación personal como “Escombros de un triunfo”, “Desde el acantilado” o “Sobre otra ruta”, de nerviosos pronósticos como “La voz que me persigue” o “Un hombre solo” y de latentes declaraciones de principios como “Noviembre” o “Tan lejos”. Títulos que son joyas, invitaciones a traspasar la escucha para ser, si se quiere, verosímil protagonista de varios minutos de realismo mágico sin afectaciones.

 

Así era Décima Víctima, un núcleo que apelando al anonimato supo estar en tierra de nadie en un momento en el que el pop se colgaba la etiqueta de promesa de futuro resplandeciente. Cuatro personas que sin darse cuenta consiguieron hacer canciones que de tan vivas que están parecen seguir escondiendo secretos. Escucharles es echarles de menos de corazón.

 

© Aldo Linares

 

 


2. Biografía

 

 

Décima Víctima revolucionó el panorama musical español en 1981 a través de una propuesta musical oscura e intimista que alcanzó su momento cumbre a través de temas como “Tan lejos”. Sin duda, este cuarteto hispano-sueco fue el máximo abanderando de la ‘onda oscura’ del pop estatal de los años 80.

 

En 1981 el pop madrileño entró en una etapa de ‘oscuras’ reflexiones, perdida la inocencia de sus primeros tiempos. El negro imperaba en los atuendos, y los referentes musicales apuntaban al tenebrista dark pop británico. Grupos como Joy Division, Bauhaus, Killing Joke y otros comenzaron a verse reflejados en las propuestas lanzadas por nuevas bandas que comenzaban a surgir por toda la península. El after punk comenzaba a calar en España, y en los conciertos de las nuevas formaciones imperaba el luto riguroso y ya no había lugar para los alardes de alegría. Por otra parte, a través del redescubrimiento de las viejas grabaciones de The Doors Y The Velvet Underground se comenzaba a reivindicar la psicodelia más oscura y el hieratismo musical.

 

Paradójicamente, tres de las primeras bandas que asumieron estos conceptos musicales en España (Décima Víctima, Gabinete Caligari Y Derribos Arias) surgieron tras la escisión de sendos grupos de pop colorista y jocoso: Ejecutivos Agresivos y Ella y Los Neumáticos. Del desenfado y la inocencia el pop español pasa a terrenos más tenebrosos de la mano The Cure, Siouxsie And The Banshees, Joy Division, Killing Joke…, aunque Décima Víctima más que rock gótico hacían pop denso y oscuro, y visualmente estaban más cerca de la austeridad de los largos abrigos de Echo & The Bunnymen o Joy Division que de la exageración glam y vampírica de unos Parálisis Permanente.

 

Poco antes, en el Madrid de finales de 1980, uno de los primeros grupos que surgió bajo las novedosas premisas tenebristas fue Cláusula Tenebrosa, dúo instrumental integrado por Lars y Per Mertanen, dos hermanos de nacionalidad sueca, que antes habían formado parte del grupo Ella y Los Neumáticos, donde también figuraba una jovencísima Christina Rosenvinge. Cuando Ellos y Los Neumáticos se disolvieron, los hermanos Lars y Per Mertanen formaron Cláusula Tenebrosa, que era un grupo instrumental influido por los sonidos procedentes del surf, de Duane Eddy, Joy Division y The Cure. Cuando Carlos Entrena conoció a Lars y Per, tuvo la idea de hacer un nuevo grupo con ellos, más que seguir con Cláusula Tenebrosa; entonces las canciones dejaron de ser instrumentales, y cambiaron el nombre por el de Décima Víctima. Así, en enero de 1981 nació Décima Víctima con Carlos (voz), Per (bajo) y Lars (guitarra, teclados y caja de ritmos) como integrantes.
Su sonido se caracteriza por el bajo en primer plano y la forma de cantar de Carlos Entrena, que más que cantar recita los oscuros y gélidos textos.

 

Algunos meses después de organizarse, tras epatar con su directo al público madrileño -aún poco acostumbrado a los ejercicios tenebristas- el trío original decide sustituir la caja de ritmos por la batería de José Brena, un músico debutante que consigue rematar el sonido buscado por el grupo. De esta forma, el nuevo cuarteto se encuentra ya preparado para registrar su debut discográfico, que se materializará meses más tarde mediante la edición de un single con Grabaciones Accidentales (GASA), el nuevo sello independiente auspiciado por miembros de Esclarecidos y el productor Paco Trinidad (ex-componente de Ejecutivos Agresivos también) entre otros. Aquel primer sencillo contenía los temas “El vacío”, “Sumido en la depresión” y “La razón de la discordia”, tres cortes repletos de armonías siniestras y textos oscuros y atormentados, con finos juegos de guitarra y un bajo dominante siempre en primer plano, al estilo de los británicos Joy Division.

 

Así, tras lograr consolidarse como una de las propuestas más interesantes del pop capitalino, ya en 1982 aparece un segundo EP de Décima Víctima (que, al igual que el resto de su discografía, sería publicado por GASA), un trabajo que alberga una composición magistral que pronto se convertiría en uno de los grandes hitos del pop español de los 80: “Tan lejos”, arrebatadora canción que evoca ambientes profundos y melancólicos y que se revela bastante más accesible que el resto del disco, completado con las más oscuras “Noviembre” y “El signo de la cruz”. Aquel mismo año, arropado por una minoría fiel, el grupo se entregó a la grabación de todo un álbum que se editaría pocos meses después.

 

El primer LP de Décima Víctima (Décima Víctima, GASA, 1982) constaba de 12 temas que redundaban en las atmósferas densas que ya se habían investigado en los trabajos precedentes, pero también se desmarcaba con algunos guiños de crítica social mordaz (“Otro futuro”), un velado destello de optimismo (“Fe en ti mismo”) y alguna profunda descripción subjetiva (“Desde el acantilado”). Además, incluía una composición instrumental de gran calidad: “Más allá del silencio”, que demostraba cierta amplitud en la visión musical del grupo.

 

Paradójicamente, a pesar de ser considerado ya como una de las formaciones más prometedoras de su época, Décima Víctima apenas se prodigó en directo durante aquel año; aunque más tarde, ya en 1983, terminó por saldar cuentas con el público editando dos nuevos trabajos discográficos: el maxi-single Algo en común (conformado por los temas: “Algo en común”, “Un lugar en el pasado” y “Fuera del alcance de la vista”) y su correspondiente sencillo de apoyo -todo un lujo en su ámbito- protagonizado por “Un lugar en el pasado” y el tema inédito, “Panorama esperanzador”, como apetecible segunda cara.

 

Pero, inesperadamente, aquel mismo 1983 las circunstancias se tornaron adversas para el cuarteto: el anuncio a finales de año de un futuro cambio de residencia de la familia Mertanen amenazaba interrumpir de forma brusca la carrera de Décima Víctima, que llega a anunciar su disolución a través de un concierto de despedida celebrado a finales de año en la sala Rock-Ola. Durante los primeros meses de 1984 se especula sobre un posible cambio de formación en la banda para su posterior regreso, pero ese mismo año Décima Víctima reaparece con su formación original para alborozo de sus seguidores y saca a la luz un segundo álbum, Un hombre solo, una colección de 10 canciones que se presentan provistas de un sonido más depurado y de una riqueza melódica que deja de manifiesto la madurez de la banda. La crítica especializada llegó a ensalzar con verdadera admiración el tema que daba título al celebrado álbum, que también contenía otras joyas de pop intimista como “Es sólo el comienzo” o “Tierra negra”, entre otras. Desafortunadamente, Un hombre solo también significó el punto y final de la carrera del cuarteto hispano-sueco, que se disolvería definitivamente por aquellas fechas ante el cambio de país de residencia de la familia Mertanen.

 

Años después de la disolución de Décima Víctima, su tema “Tan lejos” fue incluido en algunas antologías discográficas dedicadas a La Movida o al pop español de los años 80. Asimismo, el sello DRO editó en 1994 el CD recopilatorio Resumen, que recoge la mayor parte de la obra del cuarteto. Por otra parte, en 1991, algunos miembros del grupo se unieron de forma puntual a Alejo Alberdi y Juan Verdera bajo el nombre de Décima Víctima + Derribos Arias para ejecutar una versión del viejo tema “Europa” (original de estos últimos) dentro del álbum El chico más pálido de la playa de Gros, un disco que se editó como homenaje a Poch (ex líder de Derribos Arias, que fallecería siete años después), en el que también participaron otras grandes bandas españolas de los 80.

 

© Rafa Skam (Recopilación de material de Internet, la mayor parte de Pablo Martínez Vaquero, en www.popes80.com)

 

 

 

3. Lars Krantz

 

Valero Toscano

 

Lars Krantz nació en Estocolmo en 1959. Su familia se trasladó a España en 1973. Estudió Artes en Madrid en los primeros 80, y en 1984 regresó a Suecia. Desde entonces, ha estado relacionado con las bellas artes, con la música y con el diseño gráfico.

 

Estaba interesado en el Hollywood de los años 40, 50 y 60, interés que plasmaba en sus trabajos relacionados con el arte, la pintura y la música. Muchos de estos trabajos han sido expuestos en galerías durante los 80 y los 90, sobre todo en Suecia.

 

Su interés por la música comenzó a principios de los 70, cuando descubrió a T-Rex, Alice Cooper y Black Sabbath. Antes de que el punk le impactara en el 77, había estado escuchando a Elvis Presley, David Bowie, Lou Reed, Iggy Pop, The Doors y Johnny Cash. Inspirado por el movimiento punk, comenzó a tocar la guitarra, y en 1980 tuvo su primer grupo. Desde entonces ha mostrado preferencias por Hank Williams, Frank Sinatra, Billie Holiday, Nat ‘King’ Cole, Dean Martin, Nick Cave y Tom Waits. Su música es una mezcla de todas estas influencias.

 

© Rafa Skam (Adaptación y traducción de textos de la web de Lars Mertanen, www.larskrantz.com)

 

 

 

4. Extracto de Memorias Borrosas de Carlos Entrena

 

Alicia Lias

 

Después de la separación de Ejecutivos Agresivos estuve hablando con Lars y Per, que formaban parte de Cláusula Tenebrosa junto con Edi Clavo, de la posibilidad de hacer algo juntos. Yo ya conocía a Lars de una actuación de Ella y Los Neumáticos y Ejecutivos Agresivos en “Fresas y Nata” hacía tiempo. Como coincidíamos en la idea de grupo, pronto empezamos a ensayar en el chalé de casa de los Mertanen.

 

A Per le enseñó a tocar el bajo Ferni, de Gabinete Caligari, y lo aprendió en un tiempo récord. Era una maravilla ver tocar a los Mertanen. A veces se hacían el contrapunto uno a otro cargando de sonido con sólo dos instrumentos. Yo tarareaba hasta que escribía la letra y nos encantaban las equivocaciones; si quedaban bien, las adaptábamos al tema para romper la estructura de tres vueltas iguales separadas por estribillo y con punteo en medio. Empezamos a componer temas juntos y el primero fue “Noviembre”. La forma de hacerlos era la misma que siempre usé en Ejecutivos Agresivos: se basaba en unos acordes en que cada uno desarrollaba su parte, por eso la voz era un instrumento más con una melodía independiente.

 

La primera actuación nos presentamos sin nombre en el desaparecido Quadrophenia de San Bernardo con Lars, Per y yo controlando una caja de ritmos Roland. Poco después hablamos con Miguel Ángel Arenas (no confundir con El Capi), y nos consiguió una actuación en el Golden Village, al lado de El Escalón. La pega es que no teníamos nombre. Estuvimos rebuscando nombres en los libros de cine que había en casa de un amigo. Así surgió Décima Víctima. Más tarde haría lo mismo con el mismo libro Gabinete Caligari.

 

Empezamos a actuar a contraluz detrás de una pantalla de proyección que se subía automáticamente, llevaba un rato sonando la canción instrumental con la que solíamos abrir las actuaciones. La mayoría de la gente no se dio cuenta de que había empezado la actuación hasta que la pantalla no nos descubrió de cintura para arriba. Aquello fue un buen comienzo, el tipo de sorpresas que siempre nos encantaba dar.

 

Conocí por una amiga de la época a Eduardo Bort, guitarrista progresivo valenciano que me dijo paso a paso qué había que hacer para conseguir editar nuestros propios discos. Con el grupo Esclarecidos, nosotros y algunos conocidos se hizo una sociedad anónima que se llamó Grabaciones Accidentales. Nuestro disco registrado como el número uno del sello fue El Vacío EP, un single muy marcado por el ambiente siniestro del momento. Las voces se ralentizaron para darle más gravedad, y la mayor parte de las letras eran de Lars. Per se fue un tiempo a Suecia, y en su lugar el bajo estaba tocado por Lars (las únicas veces que no ha grabado el bajo Per en Décima Víctima fueron ésta y otro tema que no llegó a salir en que tocaba el bajo Ferni).

 

Alicia Lias

 

El siguiente disco, también de tres canciones y con Per por fin, fue “Tan lejos”. Ya teníamos un sonido mucho más definido. En estudio, Lars grababa las baterías; en vivo yo controlaba la caja de ritmos pero, como no era programable, había veces que estaba más pendiente de darle a los botones que de cantar. Se hacía cada vez más necesario darle en directo el sonido personal de una batería. Entonces nos presentaron a José Brena; era hermano de uno de los componentes de Esclarecidos, y comenzamos a ensayar con él. Se integró muy rápido: era muy simpático, amable y educado. Muchas veces fue nuestro lado más diplomático.

 

En esa época nos fuimos a Vigo a presentar al público los temas actuando durante una semana en un local de moda de allí. Aquello nos sirvió para saber qué temas tenían más aceptación para el público y nos ayudó a depurar nuestro primer LP.

 

La acogida del primer LP fue muy buena. José Manuel Costa, desde El País, decía que era su disco de cabecera de la época. Disfrutamos como enanos haciendo experimentos en el estudio con Jesús Gómez y Paco Trinidad, y eso se nota, aunque cuando cortaron el disco (así se llamaba al proceso de crear un molde para el vinilo) en Iberofon, recortaron graves y agudos, y perdió mucho sonido. La primera vez que lo oí en el tocadiscos de casa me deprimí bastante.

 

Seguimos actuando en Madrid de vez en cuando. Nuestra idea principal en Décima Víctima era componer y grabar, y en ese sentido estábamos encantados. En los dos años de vida del grupo grabamos dos LPs, dos EPs, un maxisingle y un single.

 

No solíamos salir de Madrid a actuar. Aparte de la semana actuando en Vigo, actuamos en Valencia un fin de semana, otro en Barcelona en la sala Metro y otro en un pueblo de Guadalajara. De hecho, en esta actuación tuvimos que correr con los gastos de transporte porque no se recaudó casi nada. Decididamente, no me atraía actuar fuera: cargar el equipo en la furgoneta, llegar al sitio de la actuación, descargar el equipo, sonorizar, estar esperando para actuar sin un sitio en el que descansar, actuar, esperar a que acabaran todos, recoger el equipo, ver si te faltaban cables, instrumentos o afinadores, esperar a que nos pagaran y volver a casa. Aquello era agotador y nunca dejó de ser así para nosotros. Sé que hay otro nivel de grupo consagrado que nunca llegamos a conocer.

 

Yo empecé a trabajar fuera de Madrid con lo que ensayar al volver los sábados se me hacía cuesta arriba. En una discusión con Lars, decidí que no haría dos cosas mal, trabajar y cantar, y que dejaría una de ellas. Como no vivíamos de la música, decidí vivir del otro trabajo y mi situación se empezó a normalizar.

 

Actuamos en Rockola la última vez en diciembre del 83. En esa actuación el sonido fue excelente gracias a las ideas de sonorización de Paco Trinidad. Nos dio mucha pena dejarlo pero el destino nos separaba y había que ser realista. Después de seis meses de aquella actuación grabamos el segundo LP. Resultó duro sin haber ensayado durante ese tiempo. Pese a todo creo que grabamos las mejores canciones de Décima Víctima.

 

En el año 1994, gracias a la insistencia de Nacho Canut, con quien no había vuelto a hablar desde hacía muchos años, se hizo una recopilación de Décima Víctima que se llamó Resumen. Las relaciones de Paco Trinidad con Grabaciones Accidentales eran tensas y él no quiso que constara en los títulos que hizo la remezcla de los temas del primer LP y la remasterización de todos los temas, consiguiendo una nitidez en las canciones que nunca antes habían tenido Décima Víctima en vinilo.

 

© Carlos Entrena


 

 

5. Discografía

 

– Maqueta (Demo) (1981)

 

– El Vacío (EP 7”) (Grabaciones Accidentales, 1982)


– Tan Lejos (EP 7”) (Grabaciones Accidentales, 1982)


– Décima Víctima (LP) (Grabaciones Accidentales, 1982)


– Detrás de la Mirada (Single 7”) (Grabaciones Accidentales, 1982)


– Algo en Común (Maxi-Single 12”) (Grabaciones Accidentales, 1983)

 

– Algo en Común (Single 7”) (Grabaciones Accidentales, 1983)

 

– Un Hombre Solo (LP) (Grabaciones Accidentales, 1984)

 

– Un Hombre Solo (Single 7”) (Grabaciones Accidentales, 1984)

 

– Resumen (CD / LP recopilatorio) (Dro, 1994)

 

 

(Ver segunda parte del dossier Décima Víctima con las entrevistas)

 

 

(NOTA: Este dossier aparece aquí por cortesía de Rafa Skam, del fanzine El Planeta Amarillo, y de los autores de cada una de sus secciones. Todas las fotos tienen su correspondiente copyright, con lo que para hacer uso de ellas debes dirigirte a sus autores)

ULTRASONICA ARTÍCULOS 2006 THE JESUS AND MARY CHAIN

ULTRASONICA ARTÍCULOS 2006 THE JESUS AND MARY CHAIN

Ultrasonica e-zine :: Xavier Valiño

ARTÍCULOS 2006


Jesus And Mary Chain, besos de alambre de espino 

 

En “Lost In Traslation” Sophia Coppola los rescató con una de las más bellas escenas del cine de los últimos años. Ese “Just Like Honey” recordó como aquellos insolentes y siniestros muchachos de Glasgow, quebraron los 80 a golpes de ruido y miel con el fundamental “Psychocandy”, el primer paso de una discografía repleta de joyas. ¡ojo!, que han ganado (y mucho) con el tiempo.

 

 

En 1984 Duran Duran y Spandau Ballet no solo encarnaban el horterismo musical y estético en grado sumo, sino que viajaban en limusina neo-romántica por las carreteras de las listas de éxito y el estrellato. ¿El punk?, bien gracias, un bonito recuerdo constatando que todo volvía a estar igual de mal. O peor. Era como para volver a enfadarse… y así fue. Unos cuantos metros bajo tierra Alan McGee, el jefe del mítico sello Creation, obnubilado ante el descubrimiento de unos mozalbetes escoceses llamados The Jesus And Mary Chain, decidió editar su particular bomba-lapa. “Upside Down”, devastador primer single, supuso el primer paso de un grupo con una misión: ponerlo todo patas arriba sin remisión.

 

Tras aquella polémica nomenclatura de reminiscencias religiosas, el cantante Jim Reid, su hermano William a la guitarra, el bajista Douglas Hart y un jovencísimo Bobby Guillespie (actual líder de Primal Scream) aporreando la batería empujaban a Suicide y The Stooges dentro de los barrotes del “White Light/White Heat” y los empapaban de melodías surf.  El mensaje, inserto dentro de un chorro de feedback, era claro: “con cada sonido que oigo me vuelvo loco / no me importa”. Y el efecto devastador. Nihilismo, provocación y (auto)destrucción, o lo que es lo mismo, aprehender el espíritu primigenio del rock n´roll, envolverlo en actitud punk y tamizarlo por la oscura violencia de Joy Division.

 

 

 

Con “Upside down” el himen del rock se volvía a romper. Había que celebrarlo y unos Jesus ciegos de estridente autosuficiencia, optaron por alzar el volumen lo más alto posible. La prensa especializada se deshace en elogios con ellos que fichan por la subsidiaria de Wea Blanco y Negro y, tras una programada serie de singles posteriormente recogidos en el álbum, alumbran el estratosférico “Psychocandy” (Blanco y Negro, 1985). La polaridad se repite: Stooges y Velvet Undreground por un lado, Phil Spector y Brian Wilson por el otro. Ambos sintetizados en catorce cápsulas anfetamínicas que expulsan toda la gama de pulsiones que recorre un cuerpo durante esa conflictiva adolescencia en la que uno quiere gritar, provocar, romper cristales, esconderse… pero no sabe muy bien porqué, más allá de la angustia, el vacío y el hastío que se anidan en el interior.

 

Los Jesus, absorbiendo la esencia de esos entrecruzados sentimientos y, mediante una exquisita cultura musical, buscaron la vía de escape más pop y ruidosa posible, volcándola en un disco en el que confluye el azúcar y el papel de lija a partes iguales. Unas veces observando primorosas melodías desde una borrosa lente rayada (“Just Like Honey”, “Cut Dead” O “Taste Of Cindy”), otras apelando directamente al nervio, la orgía de acoples y virulencia (“The Living End”, “Never Understand”, “My Little Underground”) “Psycochandy” se revela como una obra maestra indiscutible y los Jesus, con una serie de caóticos e incendiarios conciertos (en los que tocaban de espaldas y apenas rebasaban los veinte minutos), no hacen sino alimentar la leyenda convirtiéndose en el grupo de culto por excelencia de las Islas. Desde “Never Mind The Bollocks” nada con estribillos y melodías había sonado con tanto peligro, violencia y perversión, y, al tiempo, tan inocente, vulnerable y cercano.

 

 

 

 

Dos años después aparece “Darklands” (Blanco y Negro, 1987) y con él un giro radical en la carrera del grupo. Si muchos vieron en “Psychocandy” el “White light/White Heat” de los 80, ahora las comparaciones apuntan directamente al tercer disco de la Velvet Underground, al tiempo que se alude inevitablemente a Joy Division y The Cure. Ya desde las primeras líneas de la inaugural “Darklands” (“Voy hacia las tierras oscuras/ a hablar en verso con mi alma caótica”) queda claro que el romanticismo, la introspección y la oscuridad dominará este cambio de rumbo.

 

Desechando casi por completo la rabia predecesora (apenas visible  en “Fall” y “Down On Me”), “Darklands” nos presenta a unos Jesus resacosos del estruendo y colmando de belleza oscura y melancólica piezas como la homónima “Darklands”, “Cherry Came Too” o la preciosa “About You”. De igual modo ofrecen hits de la talla de “Happy When It Rains" o “April Skies”, aparte de los mejores textos de toda su carrera llenos de impactantes imágenes como la que titula este artículo. Escrito desde un dolorido y deprimido corazón, que se debate entre el amor y la muerte, que buscando el cielo llega al infierno y se deja empapar de gotas de lluvia, “Darklands” es uno de esos discos que en la adolescencia musican temores e inseguridades con el pestillo puesto para, luego, acompañar a uno toda la vida.

 

 

 

            Antes de grabar el siguiente álbum, los Jesus recopilan singles, caras b y rarezas en el imprescindible “Barbed Wire Kises” (Blanco y Negro, 1988). Más allá del fetiche completista esta recopilación se revela como un brillantísimo catálogo de un grupo en estado de gracia total, que igual se radicaliza (aún) mas allá del noise (“Head”, Hit”), como se embriaga en la fragilidad indie-pop (“Psychocandy”, “Don´t Ever Change”) o sorprende con particularísimas e irreverentes versiones (“Surfin´ Usa”, “Who Do You Love?”). En él se incluye un tema nuevo, “Sidewalking”, instantáneamente convertido en  clásico de la banda y delatador adelanto de un futuro inmediato que se plasmaría en “Automatic”, su tercer elepé.

 

 

 

En “Automatic” (Blanco y Negro, 1989) surgen unos renovados Jesus regodeándose y explotando muchos de los hallazgos de “Sidewalking”. La dicción chulesca y desafiante de Jim Reid se empasta con riffs infalibles, mientras el uso de  las programaciones varía sustancialmente la estética del grupo, mostrándose más sintéticos, luminosos y accesibles que nunca, gracias a la intervención del ingeniero de sonido Alan Moulder.

 

Lastrado por cierta monotonía y sensación de autoplagio, “Automatic”, aún así, se presenta como un notable e influyente trabajo, posiblemente el que más acentúa el lado “roll” de toda la trayectoria de los Jesus. Un espíritu que, sin desdeñar el arrojo melódico de “Here Comes Alice”, el clima esquizoide de “Gimme Hell” o la plácida “Crazy”, descansa fundamentalmente en temas como  “Blues For A Gun”, “Coast To Coast” o “Head On”, mezclas perfecta de aceite guitarrero y rudas bases electrónicas dando vía libre para que el rock n´roll se infiltre en la pista de baile.

 

 

 

Continuando la senda de las programaciones, los Jesus perfeccionan su alianza con Moulder mediante el magnífico single “Rollercoaster”, y dos años después regresan pletóricos con el soberbio “Honey´s Dead” (Blanco y Negro, 92). Las polémicas alusiones del single “Reverence” (“Quiero morir como Jesucristo / quiero morir como JFK”) los sitúan otra vez en el punto de mira de los guardianes de la moral y el orden, pero más allá de la provocación (¿infantil?, ¿gratuita?, ¿vacía?) inherente a los Jesus desde sus inicios, “Reverence” es todo un latigazo de electricidad que remite al espíritu agresivo, oscuro y redentor de los Stooges y, sin duda, una de sus composiciones más memorables.

 

Es la entrada de un capítulo que, lejos de suponer un salto evolutivo, parece sintetizar todo el pasado de la banda. El noise-pop de “Psychocandy”, la belleza abatida de “Darklands” y el vigor electro-rock de “Automatic” se conjugan en un híbrido, denso e hipnótico, que contiene incontestables cumbres como “Cathfire”, “Far Gone And Out” o “I Can´t Get Enough”. Con él visitan por primera vez nuestro país y las crónicas lo sitúan entre los mejores conciertos del año, mientras el adolescente autor de estas líneas literalmente lo flipa en la retransmisión que de su concierto de Madrid ofreciera Radio 3 en su día.    

 

 

 

Tras lanzar un nuevo recopilatorio (“The Sound of Speed”, la continuación de “Barbed Wire Kisses”, aunque con un resultado bastante más discreto) nos situamos ya en 1994, annus horribilis para las vacas sagradas del pop británico. Si puntales como Primal Scream, Ride o Stone Roses ofrecían entregas muy por debajo de su media y el relevo en el star-system se servía a la baja mediante el sobreinflado globo del brit-pop, los Jesus en sintonía coyuntural editan el endeble “Stoned And Dethroned” (Blanco y Negro, 1994).

 

 

 

 

 

Inicialmente planteado en formato acústico y con colaboraciones de relumbrón, al final se queda en semi-acústico y el cameo más esperado (Bob Dylan) rechaza la invitación. Sí aceptan la pérfida Hope Sandoval (Mazzy Star) para la preciosa “Sometimes Always”, posiblemente el mejor corte del disco, y Shane MacGowan (The Pogues)  en “God Help Me”. Del mismo modo que sucedió en los fiascos de las bandas antes citadas, “Stoned and Dethroned” es el típico caso de “disco que no estaría mal si fuera de cualquier otro grupo”, pero dentro de la trayectoria de los Jesus aun hoy suena adocenado, insulso y falto de inspiración. Y lo peor: su defensa sobre  escenarios españoles (en 1996, dentro de los primerizos Festimad y Fib respectivamente, donde muchos los veíamos por primera vez) empezaba a destilar un ligero olor de grupo dinosaurio, a años luz de la portentosa comparencia del año 92 y las grabaciones piratas que sus fans guardábamos como oro en paño.

 

 

 

Pero, desgraciadamente, en ese sentido las cosas siempre podrían empeorar y dos años después, de nuevo en el escenario del Fib, los Jesus escenificaron su defunción pública de una manera francamente bochornosa. Para el recuerdo de mis pesadillas particulares quedará aquel William Reid completamente borracho provocando una de las mayores dosis de vergüenza ajena que uno como fan tuvo que padecer en su vida. El motivo del mencionado esperpento era la presentación del discreto “Munki” (Sub Pop,1998), canto del cisne de una banda con el discurso agotado, agarrándose al deja vu por un lado y buscando fallidas vías de madurez por otro, para finalmente descender considerablemente su nivel hasta evaporar casi por completo la excitación. Aún así dejan en su legado, singles tan respetables como la pareja “I Love Rock N ´Roll” y “I Hate Rock N´Roll” o ese revolcón por la oscuridad del rock n´roll clásico de “Craking Up”, junto a homenajes y bromas como “Moe Tucker” o “Supertramp” y torpes intentos de enlazar la épica a su sonido como “Man On The Moon”. Afortunadamente tardaron poco en disolverse.

 

  

 

Finiquitada su historia, y ya en la década presente, se han editado varios discos de especial interés. Para no iniciados es más que recomendable la recopilación “21 Singles 1984-1998” (Warner, 2002), idílica para hacerse una panorámica global del grupo y constatar que, aparte de aventajados e imaginativos arquitectos sonoros, los Jesus fueron uno de los mejores surtidores de canciones del último rock británico. Por otro lado, tanto la sensacional “The Complete John Peel Sessions” (Strange Fruit, 2000) -un impresionante documento que recoge vibrantes tomas en directo del repertorio de sus primeros trabajos-  como “Live In Concert” (Strange Fruit, 2003) –ídem de la segunda etapa, inferior pero igualmente interesante- deberían de figurar en la discografía del fan que quiera ver y sentir todas las aristas de una banda esencial en cualquier lectura de la historia del rock.

 

 

 

Esencial. Mmmm… dichosa palabra. Decía sobre el pop, el periodista Nick Cohn en el mítico libro “Awopbopaloolbopalopbamboom” que “ha hecho caricaturas gigantes de la ambición, de la violencia, del amor y del inconformismo que han resultado ser las ficciones más poderosas y más precisas de este tiempo”. Palabras éstas referidas a los estandartes de su momento de redacción (Stones, Kinks, The Who…), pero perfectamente aplicables a la percepción que de los protagonistas de estas líneas tenemos algunos de estos jovenzuelos que preferimos a Primal Scream sobre Zen Guerrilla.

 

Y es que los Jesus and Mary Chain han significado, sí, “eso”: el “joder que subidón”, el “joder que bajón”, el “joderos todos” y el “qué jodido estoy” comprimidos en rutilantes espejos musicales en los que mirarse de continuo, cuando las hormonas se hayan en óptimo punto de cocción. Espejos que el paso del tiempo no ha hecho sino situarlos en  la misma lista de los Suicide, Who, Joy Division, Sex Pistols, Stones, Sonic Youth, My Bloody Valentine, etc., ese lugar donde no se discute sobre si Pleasure Beach son mejores que White Stripes, porque un simple acorde de Pj Harvey los empequeñece hasta lo invisible e irrelevante. Sí, allá donde Primal Scream ocupan ya plaza segura, al ladito Jesus and Mary Chain, y en el que Zen Guerrilla, pese a unas virtudes que nadie pone en duda, mucho me temo que nunca estarán.

 

Lo siento boss, la tenía en la recámara de mi (cada vez más devaluada) arrogancia juvenil.

 

Javier Becerra

(Ver también artículo sobre "Psychocandy" de The Jesus & Mary Chain)

(Artículo publicado originalmente en Ruta 66)

ULTRASONICA ARTÍCULOS 2006 EN LA CUERDA FLOJA WALK THE LINE

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ARTÍCULOS 2006


En la cuerda floja, un romance escrito en las estrellas

 

 

            Ni de cerca ni de lejos era la elección más evidente. No hay más que poner juntas una fotografía contemporánea de Joaquin Phoenix y otra de Johnny Cash de mediados de los 60, cuando tenía la edad que tiene hoy Phoenix (32 años): Cash parece tener 40 años mientras que Phoenix pude pasar por poco menos de 20.

 

Las semejanzas físicas son, claro, poco menos que ninguna. Y ése es uno de los aspectos más curiosos de Walk The Line (En la cuerda floja), ya que conocemos muy bien la costumbre de los biopics de intentar conseguir, en lo que se refiere a su reparto, maximizar las posibilidades de mimetismo entre el actor y el personaje biografiado.

 

            La película de James Mangold parece funcionar al contrario, al conseguir desde el principio minimizar esas probabilidades. También sabemos los problemas que esa búsqueda del mimetismo levanta, sobre todo cuando el biografiado es alguien que vivió hace suficientemente poco para que su existencia, y sobre todo su fisonomía, haya sido documentada infinitas veces, grabada, fotografiada: se crea un efecto paradójico, ya que el espectador está siempre, incluso inconscientemente o contra su voluntad, a ‘medir’ los parecidos y las diferencias.

 

En ese caso, la neutralización de la desconfianza llega con la superposición del actor con la imagen del personaje, y no en pocas ocasiones para el propio actor -y para quien lo dirige- la emulación del personaje se torna en una prioridad tan absoluta que destroza cualquier posibilidad de reinvención o incluso de retrato: un muñeco parecido no es automáticamente un retrato; un retrato no tiene que pasar por un muñeco parecido -hablemos de pintura, fotografía o cine-.

 

 

            En el contexto de películas dedicadas a figuras de la música popular, podríamos llamar a esa confusión el ‘síndrome de Val Kilmer’, recordando su patético -y marcante, en este sentido- Jim Morrison en The Doors que Oliver Stone dirigió a comienzos de los 90. En En la cuerda floja, James Mangold y Joaquin Phoenix escapan de todo esto y lo hacen bien.

 

Vemos que este hombre (Phoenix) está en el lugar de otro (Cash), percibimos que no son nada parecidos y ya no volvemos a pensar en el asunto durante toda la película; aceptamos el juego y somos libres para ver un personaje y el desarrollo de su trabajo y su caracterización. Nos libramos nosotros, espectadores, y se libran ellos, realizador y actor, para representar un Cash que, en lugar de una instantánea de fotomatón, intenta ser un retrato, pintado, retocado, granulado -se puede escoger una expresión de éstas o otra que se quiera-; en suma, una interpretación de Johnny Cash.

 

            Obviamente, esto no significa inventar otro personaje diferente. Por el contrario, queda claro que Phoenix estudió realmente, con toda la atención, la imagen y la voz de Cash. La voz, a pesar de que no suena con el tono barítono de Cash, no la imita nada mal, y seguro que en un programa de imitación de estrellas tendría buenas posibilidades de llegar a la final.

 

Estudió sus manierismos y los gestos, su pose en el escenario, la guitarra casi a la altura de la garganta, el modo en el que torcía un poco la boca al cantar, como si estuviese haciendo un esfuerzo para contener exageraciones expresivas que escaparan de su aura de gravedad impasible. Phoenix estudió todo esto. Pero ‘todo esto’ parte de la imagen pública de Johnny Cash y fue tomado del personaje que él mismo creó, por voluntad propia, por naturaleza o por la conjunción más o menos estudiada de las dos. Es ese ‘Cash-icono’ la fuente de inspiración de Phoenix y el aspecto que fortalece los contornos más reconocibles para su personaje; el sustituto de su fisonomía, por así decir.

 

 

            No exageraríamos si dijésemos que En la cuerda floja, a partir de ahí, trabaja en dos líneas paralelas. Por un lado, está la historia de la transformación de Cash en Cash, rumbo al momento en el que John R. Cash pasa a ser Johnny Cash y a asumir un personaje; el film sitúa ese momento en el concierto de regreso en la prisión de Folsom, cuando Cash se presenta como the man in black, o el ‘Hombre de Negro’.

 

Inmediatamente antes, se ha podido ver un plano de Phoenix, en pose artificial -en ‘representación’-, preparado para asumir su estatus icónico: le dicen que todo vestido de negro dará la impresión de que va a un funeral, a lo que él responde, estudiadamente, “tal vez, tal vez”. Se trata del actor Phoenix encontrando al actor Cash, en total consciencia -de uno y del otro-.

 

            Historia de una imagen, En la cuerda floja es también la historia del cuerpo -y del espíritu- que la alimentó. ¿Cómo enfrentarse a esa relación, sus continuidades y contradicciones? Eso también es un desafío de actor. ¿Cómo transmitir lo que conocemos de Cash, esa imagen reconocible, hacia un terreno incierto y secreto, el de la vida íntima?

 

Siendo un biopic, este aspecto es central en la película de Mangold. Y se resuelve en un contrapunto: hacer del personaje un héroe vulnerable, de una rebeldía adolescente -se puede pensar en los míticos personajes de Nicholas Ray; casi se puede jurar que Phoenix también pensó en ellos-, incluso infantil, por lo menos en lo que respecta a su dependencia, a la preponderancia de las figuras maternales, a la incapacidad de comunicación con el padre o, más genéricamente, con representantes de una autoridad masculina (“¿Tiene alguna cosa contra la Fuerza Aérea? Yo sí la tengo”).

 

 

Historia de crecimiento y madurez, ésta es también una historia de cicatrices. Cash -el verdadero- preguntaba en una canción: “¿Quieren saber por qué siempre visto de negro?”. Decir que En la cuerda floja y Joaquin Phoenix dan a esa pregunta una respuesta en la que podemos creer es, tal vez, el mejor elogio que se les pueda hacer.

 

            Que se desengañe quien vaya a ver En la cuerda floja buscando un biopic de formato tradicional de Johnny Cash, pionero del rock’n’roll en los años 50, imagen rebelde de la música country en las décadas siguientes, figura tutelar de la saga ‘americana’ de los años 90, presencia casi mítica salida del Antiguo Testamento en el que se cruzan, a un tiempo, la raíz más profunda de la música tradicional norteamericana y la modernidad traída por el rock’n’roll.

 

Lo que está en el film de James Mangold, realizador interesante pero desequilibrado, capaz de lo mejor y lo peor, para quien este proyecto fue una cruzada personal que le llevó años montar, no es esa historia del superviviente que se supo mantener relevante durante medio siglo; es tan sólo la historia de la pasión de Cash y de su segunda esposa, June Carter, hija de una legendaria dinastía de la música country, contada con los requisitos melodramáticos de los que Hollywood es capaz, disfrazada del recurrente ‘ascensión y caída’ del músico desde el inicio de su carrera en los estudios Sun, bajo los auspicios del productor Sam Phillips, hasta su resurrección a finales de los 60 con el disco grabado en directo en la prisión de Folsom.

 

            En la cuerda floja muestra una pequeña parte de la historia de Cash, la parte que Hollywood habrá visto –claro- más interesante: su infancia difícil como hijo de un trabajador pobre que lo rechazó después de la muerte de su hermano mayor, su ascensión a pulso en los tiempos dorados del rock’n’roll en plena década de los 50, la forma en la que se apasionó en la carretera por June Carter y, a pesar de ya estar casado y tener hijos, el descubrimiento de haber encontrado a la mujer de su vida y la persecución hasta que ella la aceptó como esposo. Todo un romance escrito en las estrellas.

 

 

            Ya lo sabíamos de otras películas sobre estrellas del country como Loretta Lynn (Quiero ser libre, de Michael Apted, con Sissy Spacek y Tomy Lee Jones) o Patsy Cline (Dulces sueños, de Karen Reisz, con Jessica Lange y Ed Harris): la música country es el terreno propicio para el melodrama clásico, con su apego a los valores tradicionales de la familia, el escenario rural y la subida a pulso que es el refugio de las edificantes historias de ascenso al estrellato.

 

Si quisiéramos, podríamos ver ahí una ‘pureza’ original, primordial, de la familia nuclear que parece hecha a medida del conflicto clásico del melodrama, entre la razón y la emoción. Y, a pesar de que los personajes que lo inspiraron son personalidades identificadas como ‘rebeldes’ en el universo del country, En la cuerda floja es de lo más clásico que se puede imaginar en el melodrama: son las mismas historias de un amor no correspondido, de un romance lleno de obstáculos, de un corazón indomable que se busca siempre en otro sitio.

 

El título del film es, a este respecto, programático, por ser no sólo uno de los temas clásicos del músico, sino también el símbolo de todo aquello que June le pedía a Johnny para que él fuese capaz de merecerla: “Walk the line”, “apártate de las tentaciones”, “pórtate bien”. Porque sólo en el respeto a los valores tradicionales y de la ‘santidad’ de la familia nuclear su relación, que había comenzado fuera de ella, podía tener sentido, sólo así las heridas de Cash podían sanar.

 

            Pero el problema es que es en esa herida, en esa oscuridad que Cash veía, donde reside la intensidad, la energía de su obra. Aquello que nos atrae en Cash no es sólo el melodrama ‘más grande que la vida’ verídico del artista torturado, que existió realmente -la propuesta de matrimonio que Cash le hace en el escenario a June Carter, que parece invención del guionista, es absolutamente cierta-, sino que el músico era un hombre con un lado negro, oscuro.

 

Jonny Cash sentía una especial atracción por el abismo y por la tragedia humana, algo que se convirtió en justo aquello que hizo que su música captara la atención de los presos de Folsom y San Quentin, que los hiciera identificarse con las palabras que aquel hombre cantaba, con la esperanza de redención y la certeza del castigo aprendido de los viejos himnos religiosos que habían formado su gusto -y el de June- por la música desde pequeño.

 

 

            ¿Sería posible, por ejemplo, pensar en su lectura del “Hurt” de Nine Inch Nails sin comprender ese lado negro de quien ganó y perdió, gozó y sufrió, en suma, vivió, que tantas veces se situaba por encima en la música de Cash? Y es ese lado negro el que no se siente en En la cuerda floja; es ese lado negro el que queda por explorar, reducido a recursos demasiado fáciles del dolor del hijo rechazado y del marido incomprendido, al alivio de la droga y del alcohol y de las mujeres fáciles, a la caricatura del artista autodestructivo, olvidándose también de su conservadurismo, su apoyo a los derechos de los indios, su simpatía por los delincuentes o su fundamentalismo religioso.

 

Con todo, nada de confusiones: el film de James Mangold no es un ‘blanqueamiento’ de la imagen de Cash, no escamotea su tendencia autodestructiva ni trata mal (al contrario de lo que una de las hijas de su primer matrimonio pretende) a Vivian, su primera esposa, pintada no como una arpía, sino como una mujer que quería de Cash aquello que él no le podía dar a menos que dejara de ser quien era.

 

La pareja Cash-Carter estuvo presente en el proyecto y el guión desde el principio, a pesar de que la película se completó después del fallecimiento de ambos, y surgió de largas conversaciones entre ellos, respetando el realizador sus voluntades. En la cuerda floja no ‘blanquea’, pero opta por la historia edificante con final feliz, una historia de entre las muchas para las que la vida de Cash podría dar juego y que podrían ser contadas de acuerdo con los patrones de Hollywood.

 

Hay, ciertamente, honestidad en En la cuerda floja. No podía ser de otro modo, vista la inversión y la entrega que se siente de parte del equipo y de los actores, a los que, si acaso, se les puede disculpar la osadía de grabar e interpretar canciones tipo fotocopias, a imagen y semejanza de los originales, por cuanto la idea fue una imposición del supervisor musical y veterano productor T-Bone Burnett.

 

Y el film acaba por pertenecer más a Reese Witherspoon, que consigue, con un personaje más difícil de partida, hacer olvidar su imagen de actriz de comedia y colocar enfrente nuestra a June Carter de cuerpo entero, robando el protagonismo a un Joaquin Phoenix entregado al mimetismo de la fisicidad y de la energía de Cash, aunque incapaz de hacernos olvidar al actor detrás del personaje. Hay honestidad, corrección, eficacia; hay un melodrama bien hecho sobre un cantante de éxito. Pero ésa no es toda la historia del Hombre de Negro.

 

Xavier Valiño

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