ANGELIQUE KIDJO: Hope!!

ANGELIQUE KIDJO: Hope!! (Parlophone-Warner)

Todo empezó en septiembre de 2025 en la Plaza de San Pedro del Vaticano. Pharrell Williams organizó allí su concierto Grace for the World e invitó a Angélique Kidjo. De ese encuentro, improbable en su geografía y en su mezcla de mundos, surgieron tres canciones que hoy anclan el decimonoveno disco de la cantante de Benín. La anécdota lo dice todo sobre el método y el espíritu de este álbum: construido sobre encuentros, sobre la convicción de que el mapa musical no tiene fronteras reales.

Hope!! (¡¡Esperanza!!)lleva dos signos de exclamación en el título y no es una afectación: es una declaración de intenciones en mayúsculas. Kidjo lo dedica a su madre Yvonne, fallecida antes de ver el disco terminado, y esa pérdida vertebra el proyecto de maneras que no siempre son evidentes pero se sienten. La canción final, “Malaika”, una antiquísima balada swahili que era la favorita de su madre, aparece aquí en una versión orquestal con el cantante francés Florent Pagny, y cierra el álbum con una solemnidad que contrasta con la energía desbordante de los quince cortes anteriores.

La lista de colaboradores es tan llamativa que casi distrae del disco en sí: Pharrell, Quavo, Davido, Ayra Starr, Nile Rodgers, PJ Morton, Charlie Wilson del Gap Band, el Soweto Gospel Choir -con quien Kidjo compartió escenario por primera vez en un concierto de Nelson Mandela en 2003-, el grupo nigeriano The Cavemen, el congoleño Fally Ipupa y Diamond Platnumz, entre otros.  Son artistas de tres multinacionales distintas (Warner, Sony y Universal), algo inusual en una industria donde las fronteras corporativas suelen pesar tanto como las musicales. Que Kidjo lo haya conseguido dice mucho de su estatura real en el sector.

Musicalmente, el disco oscila entre el afrobeats más contemporáneo y las raíces beninesas de Kidjo, con escalas de góspel, funk y soul que conectan todo. “Bando”, que abre el álbum junto a Pharrell y Quavo, planta la bandera desde el principio con su mezcla de celebración y lucidez, porque «a veces los malos ganan», reconoce la letra sin dramatismo. “Aye Kan”, con Ayra Starr, es de los momentos más logrados: dos generaciones de voces africanas que se buscan y se encuentran con naturalidad. “Sunlight to My Soul”, con el Soweto Gospel Choir y letra de Diane Warren -nominada al Oscar diecisiete veces-, tiene una grandiosidad que en otras manos sería excesiva y aquí simplemente funciona. Y aún hay más y mejor, como “Oyaya”, “I’m on Fire” o “Nadi Balance”. Kidjo lleva más de cuatro décadas cantando. Aquí suena como si acabara de descubrir por qué.

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