TONY JOE WHITE & FLYING MOJITO BROS: The Swamp Fox

TONY JOE WHITE & FLYING MOJITO BROS: The Swamp Fox º(Swamp Records)

Cuando Tony Joe White falleció en octubre de 2018 en Tennessee, a los 75 años, dejó tras de sí un catálogo inmenso y, según parece, también parcialmente inexplorado. Nacido en la Luisiana más profunda, el apodado ‘Zorro del Pantano’ fue autor de canciones que otros convirtieron en clásicos: Ray Charles, Elvis Presley, Tina Turner, Willie Nelson o Waylon Jennings grabaron sus composiciones, y “Rainy Night in Georgia” o “Polk Salad Annie” llevan décadas en la memoria colectiva del soul y el country americanos. Lo que pocos sabían es que durante sus años ochenta, White andaba experimentando con el funk y la disco más de lo que la historia oficial reconoció.

Ahí entra Jody White, hijo del músico y guardián de su archivo, que decidió entregar ese material a los Flying Mojito Bros, dúo londinense formado por Ben Chetwood y Jack Sellen, conocidos por sus dos discos de los que ellos denominan ‘desert disco’ o ‘cosmic country funk’. El encargo no pudo ser más preciso: coger grabaciones inéditas de la etapa más bailable de White y devolverlas al siglo XXI sin que dejaran de oler a ciénaga. El resultado, publicado en 2026, ocho años después de la desaparición de White, es The Swamp Fox.

La curiosidad del proyecto reside justo en esa paradoja: las canciones son viejas, pero el sonido es nuevo, y sin embargo ninguna de las dos cosas llama la atención por separado. “Jake-Leg Kid” adquiere un pulso de disco con línea de bajo casi cinematográfica. “Swamp Rap” suena como un tren expreso con guitarra dub y el flow más sureño que ha salido nunca de un altavoz de club. “Alligator Stomp” arranca como un anzuelo y no suelta. “Woman”, con trompetas de jazz entrando en el momento preciso, demuestra que White tenía un instinto rítmico que sus contemporáneos pasaron por alto.

La voz de White recorre todo el disco, dejando bien claro su impronta, ronca y sin urgencia, como si el tiempo no fuera con él. Los Flying Mojito Bros tienen el buen juicio de no taparla con capas electrónicas: la escoltan, la enmarcan, la llevan a donde necesita llegar. No hay nostalgia impostada ni devoción por lo retro. Solo la sensación de que alguien, finalmente, está escuchando bien a un músico que siempre mereció más atención de la que tuvo en vida. Y eso es más difícil de lograr que lo que haría cualquier remezcla de sus canciones.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *