HISS GOLDEN MESSENGER: I’m People

HISS GOLDEN MESSENGER: I’m People (Chrysalis)

MC Taylor llevaba tres años sin publicar nada desde Jump for Joy, el decimoquinto disco de Hiss Golden Messenger. Cuando necesitó un respiro entre giras, se encerró solo en una granja junto a la bahía de Bolinas, California, con dos guitarras y un cuaderno. Estaba luchando por articular algo que le pesaba, como era la paternidad, el envejecimiento, la fractura del país, cierta pobreza del espíritu que no sabía nombrar, y en ese silencio forzado empezaron a nacer las canciones de esta nueva entrega. Luego siguió escribiendo en su casa de Carolina del Norte y en la habitación de un motel de Santa Fe, con la autopista 10 cruzando el desierto y los programas nocturnos de radio conspiranoica como música de fondo.

Esas canciones se grabaron en Dreamland, una iglesia reconvertida en estudio cerca de Woodstock , un lugar que tiene esa clase de peso intangible que se cuela en las grabaciones, junto al productor y colaborador habitual Josh Kaufman. La sesión arrancó como algo íntimo, casi un círculo de amigos tocando juntos en la misma sala, y fue creciendo hasta incorporar una lista de invitados que incluye a Bruce Hornsby, Sam Beam, Marcus King, Sara Watkins o los hermanos Goldsmith de Dawes. También la ingeniera de sonido Gillian Pelkonen acabó cantando armonías. Así funciona esto: la comunidad como antídoto, la idea de que nadie llega solo al final de una canción.

“Mercy Ave” es quizás el momento más desgarradoramente cotidiano del disco: la abuela Lucy viviendo en su Cadillac con olor a tabaco y Conway Twitty en la radio, el médico diciendo que no va a mejorar. Taylor canta eso con la misma calma con que se cuenta algo terrible mientras tomas café. “Seneca (Time Is a Mother, Baby)” nació de la lectura de uno de sus poetas de referencia, Ocean Vuong, y resultó que Vuong seguía a Hiss Golden Messenger desde 2014 -se enteraron después de que Taylor le enviara el tema para agradecerle su influencia-. Esa clase de coincidencias solo ocurren cuando uno hace las cosas poniendo su alma en ello, como queda claro en alguno de sus mejores momentos: “Heavy World”, “Gabriel” o “Shaky Eyes”.

El disco cierra con “Depends on the River”, Sam Beam cantando detrás y el piano de Hornsby abriendo el espacio hasta llenarlo todo. Suena a Van Morrison grabando en una capilla con The Band. Una forma poco discreta de terminar algo que Taylor describe como la comedia negra de ser persona en América ahora mismo, con la única salida posible siendo la esperanza. No es que sea fácil pero ¿qué otra opción queda?

Principio del formulario

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *