BROKEN SOCIAL SCENE: Remember the Humans

BROKEN SOCIAL SCENE: Remember the Humans (Arts & Crafts/City Slang)

El colectivo de Toronto lleva casi tres décadas funcionando como una comunidad más que como una banda: gente que entra y sale, que aparece cuando tiene algo que aportar y desaparece sin avisar. Esa lógica orgánica explica que nueve años de silencio discográfico no suenen, en su caso, a abandono. Remember the Humans, su sexto álbum, nació de varias confluencias. Por un lado, la gira del vigésimo aniversario de You Forgot It in People, que les recordó por qué valía la pena seguir. Por otro, la más personal: varias madres del colectivo murieron durante la grabación, y ese duelo compartido impregna el disco sin nombrarse, como una luz que entra por las rendijas.

Además, David Newfeld, que ya produjo el álbum homónimo de 2005, vuelve al mando después de veinte años. Su presencia se nota en una producción que abraza el caos organizado que siempre ha sido la firma de Broken Social Scene, con vientos, guitarras dentadas, electrónica, cuerdas y voces superpuestas, sin que nada suene accidental. El colectivo, por el que han pasado cerca de 30 nombres y todos siguen invitados a participar, se presenta aquí en formación más contenida, aunque con visitas esenciales: Feist, Hannah Georgas y Lisa Lobsinger son las voces que ensanchan el territorio emocional del disco.

En su obertura, “Not Around Anymore”, Kevin Drew -el motor de la formación- canta sobre la desaparición de posibilidades en un mundo que se encoge, mientras la música hace exactamente lo contrario, y llena la habitación de metales y texturas que van creciendo. “The Call” es la más urgente, una máquina que avanza sustentada en la implicación de buena parte del equipo. En la balada quebradiza “What Happens Now” la voz de Feist que se disuelve en luz al final, y con “This Briefest Kiss” el saxofón y un ritmo medido construyen algo que roza el jazz accesible antes de abrirse hacia algo más grande. Por su parte, “Praying for Your Love”, recupera el pulso cálido y algo desaliñado que siempre les ha sentado bien, ese territorio donde el ‘casi’ -tema recurrente en Kevin Drew- se convierte en combustible emocional.

Lo más interesante es que ya no parecen obsesionados con sonar importantes. Las canciones respiran, se equivocan, se desbordan y vuelven a ordenarse sin esconder las costuras. Y quizá ahí reside precisamente la fuerza del álbum: en asumir que la vulnerabilidad, el fracaso o la incertidumbre no son defectos que corregir, sino parte esencial de lo que todavía nos mantiene conectados unos con otros.


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