ULTRASONICA ARTÍCULOS 2006 CINEUROPA DOCUMENTALES MUSICALES

ULTRASONICA ARTÍCULOS 2006 CINEUROPA DOCUMENTALES MUSICALES

Ultrasonica e-zine :: Xavier Valiño

ARTÍCULOS 2006


Cineuropa: Sonidos en celuloide

 

 

A veces suceden los milagros. Estamos en la esquina más occidental de Europa, en una región con una extensión igual que Holanda, pero con una población seis veces menor y la mitad de habitantes que Madrid. Tener una actividad cultural decente es ya todo un mérito. Conciertos, festivales o una programación estable es casi una labor de cruzados contra los elementos. Y, a pesar de todo, algunos resisten.

 

Por ejemplo, Cineuropa. Este año celebra su vigésima edición, programando en 30 días unas cinco películas en diversas salas de Santiago de Compostela. Pero no se trata de películas cualquiera, sino de filmes minoritarios, más por circunstancias ajenas a ellos mismos que por vocación, de esos que no encuentran acomodo en las salas comerciales, manteniendo como siempre, desde sus inicios, el espíritu de cine de combate, comprometido socialmente.

 

 

 

En un festival así han tenido cabida en sus anteriores ediciones algunas películas que tenían a la música como protagonista, principal o secundario. Pero este año hay una novedad muy importante: un ciclo de películas musicales, un sueño hecho realidad para muchos, entre los que, por supuesto, están y deben estar los lectores de Mondo Sonoro apoyando la iniciativa. Puede que las circunstancias del entorno hayan cambiado: se han estrenado últimamente un buen número de películas documentales que toman a la música como el elemento más importante, además de la existencia de un par de festivales a nivel estatal que tienen un lugar relevante para estos títulos.

 

En cualquier caso, hay que agradecer la iniciativa que, si todo sale bien, se convertirá en un ciclo con continuidad en las próximas ediciones. Para empezar, este año se podrán ver en Santiago dos de los documentales más premiados de los dos últimos años, centrados ambos en grandes nombres del rock alternativo: Fearless Freaks retrata, a lo largo de 10 años, la trastienda de la trayectoria de los talentosos The Flaming Lips, en una cinta cruda y sin concesiones; por otro lado, The Devil & Daniel Johnston se centra en el iconoclasta favorito del underground americano, canonizado por gente como Yo La Tengo o Nirvana, un extraño y adorable músico atrapado en un documento de desencaje mental y amor no correspondido.

 

 

También hay sitio en esta nueva sección para los clásicos. En Leonard Cohen: I Am Your Man, el canadiense abre al fin su boca para explicar su vida y obra, mientras que gente como Rufus Wainwright, Jarvis Cocker, Bono y otros le reinterpretan. En Woody Guthrie: This Machine Kills Fascists tendremos la oportunidad de seguir los pasos del rebelde cantautor folk y, por el camino, conocer la historia de la depresión USA de su tiempo. Por su parte, en Everyone Stares: The Police Inside And Out, Stewart Copeland, el batería del grupo, recupera las imágenes en Súper 8 que grabó en su día para documentar las esquinas escondidas del celebre trío nuevaolero.

 

         Otros de los documentales que se proyectarán se centran en festivales o una escena, en lugar de intérpretes en concreto. Así, en Glastonbury el director Julián Temple repasa 30 años del festival musical más importante del mundo con mil ojos, sin dejarse un punto por ilustrar. En Standing In The Shadows Of Motown se revisa la historia de los Funk Brothers, el grupo que se ocultaba tras las bambalinas de la discográfica Motown y que tocó en todos los grandes éxitos del sello, de Marvin Gaye a los Temptations, incluyendo también imágenes de un concierto que les reúne con Ben Harper o Me’Shell NdegéOcello.

 

 

         Por su parte, en Periféricos, rodado en Galicia por Xosé Holgado, Carlos Méndez y Tamara Blanco, se rememora la movida de Vigo de principios de los 80, con recuerdo, entre otros, a Siniestro Total o Golpes Bajos. The Refugee All Stars se centra en varios exiliados de la guerra civil de Sierra Leona que deciden montar un grupo musical para mantener su dignidad y talento intactos en un sobrecogedor y multipremiado filme.

 

         Por último, tres cintas miran hacia el gran país-continente de la música sudamericana, Brasil, consolidando los lazos de Cineuropa con aquel Estado. En Coisa mais linda: Histórias e casos de bossa nova se cuenta la historia del hermoso sonido brasileño narrada por sus protagonistas, sin ahorrar palabras ni canciones. Maria Bethania: Música y perfume se centra en una de sus grandes figuras, a la que arropan gente como Caetano Veloso, Chico Buarque, Gilberto Gil o Nana Caymmi. Y 2 filhos de Francisco: A história de Zezé di Camargo & Luciano es un conmovedor filme en el que un padre sueña con que sus dos hijos se conviertan en músicos, con banda sonora de Veloso, exitazo de taquilla en Brasil y nominaciones a mansalva.

 

Xavier Valiño

SPARKLEHORSE EN DIRECTO

Sparklehorse en concierto

(Sala Nasa, Santiago de Compostela, 26-11-2006)

Para muchos, todo lo que tenía que ver con este concierto sonaba un tanto extraño. La temprana hora, la sala, el día… Pero ya se sabe que Mark Linkous no es el tipo más afable del mundo: por algo entre sus amigos se encuentra Tom Waits y por algo vive recluido en un bosque al Norte de California como un ermitaño: las entrevistas hay que pasárselas por correo electrónico a su mánager, que se las lleva allí, le hace las preguntas, anota las respuestas y las pasa en su ordenador para hacérselas llegar posteriormente al periodista

Lo que pasa es que cuando se sabe que Sparklehorse inicia una gira que lo trae por estos lares con varios fechas, uno puede pensar que su predisposición es bien otra. Puede que así sea, pero no tuvimos la suerte de apreciar esa otra posible faceta de su personalidad en Compostela. La decepción no lo fue tanto por el grupo (eran buenos, sí, a pesar del batería demasiado gesticulante y de un pedal steel guitar que casi no tocó nada escondido entre las sombras), sino por la impresión algo errónea que se llevó Mark Linkous del sonido de la sala y que lo jodió todo.

Se supone que el sonido le entraba muy mal por el pinganillo que llevaba en la oreja, y ya desde el principio se le veía pedir que le subieran el volumen, decir claramente que no le funcionaba el micro, que había mucho ruido de fondo en los monitores, ajustar continuamente su guitarra, etc. Se le notaba a disgusto, y nos contagió a (casi) todos. En la cuarta canción se paró y dio la impresión que se marchaba. Continuó, sí, pero saltándose algunas de las canciones que tenía preparadas diciendo bien claramente que las saltaba. De las 16 que aparecían en el listado que tenía a sus pies durante el concierto, no llegó a interpretar ni una docena.

Cumplió porque la gente había pagado y suponemos que no quería líos, pero si es otro tipo aún más divo se larga y no queda más que aguantarse. Dio las gracias a los que allí estábamos por ser pacientes y no hizo nada más que cumplir y acabar cuanto antes, sin llegar a la hora de concierto.

Tampoco dio la impresión de que Sparklehorse sea uno de esos grupos que impactan en directo, pero nosotros lo vimos a medio gas. Y el sonido, aunque a él le pareciera lo contrario, no era malo. La Sala Nasa no es el lujo de la Capitol, pero lo que se escuchaba está claro que era bastante mejor de lo que él pensaba. 

Xavier Valiño

PENTANGLE

Pentangle, más que folk británico

Cuando se habla de folk rock británico clásico, el primer nombre que salta a la palestra es, cómo no, Fairport Convention. Obviamente ellos fueron los “inventores” del género, si es que alguien inventa algo en música, aunque curiosamente en sus inicios no fueran más que unos talentosos mocetones ingleses embebidos en los sonidos que llegaban de la costa oeste de su ex-colonia transatlántica, que cuando se percataron de que lo mismo que los yankis hacían con su música tradicional lo podían hacer ellos con la suya, crearon el molde que inspiraría todo un género. Lo curioso del caso es que cuando Fairport Convention todavía tiraban de repertorio foráneo, Pentangle ya grababan versiones de temas tradicionales ingleses que cobraban una extraña nueva vida.

 

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AMERICAN SPRING

American Spring, la primavera perdida de Brian Wilson

 

 

Después de todas las historias que hemos oído y leído sobre sus andanzas, tengo la impresión de que la cabeza de Brian Wilson sólo funciona en condiciones “normales” en el estudio de grabación. La vida, lo que los que no somos genios conocemos por vida normal, es demasiado dura para él, tal vez insoportable. No tiene sobre ella el control del que goza en ese su refugio, tanto físico como espiritual, en el que puede disfrutar de  las cualidades curativas que él atribuye a la música. De ahí que se pasara buena parte de los años 60 grabando, componiendo y arreglando canciones no sólo para los Beach Boys, sino para cualquiera que le ofreciera la oportunidad de revivir el milagro.

 

Uno de los grupos en los que puso más empeño fue en las Honeys, un trío vocal femenino formado por Ginger Blake y las hermanas Rovell, Marilyn y Diane, que ya había trabajado a principios de la década con Gary Usher, buen amigo y colaborador de Brian. Gary se las presenta tras un concierto de los Beach Boys y no tarda en aparecer su primer single. A pesar del toque B en composición y arreglos y la utilización de algunos de sus músicos favoritos, ninguno de los cuatro singles que publicaron entre 1963 y 1964 tuvieron el mínimo éxito, algo extrañamente común a todas las producciones de Brian Wilson ajenas a los Beach Boys. Extrañamente porque, sin llegar a ser obras maestras, las grabaciones de las Honeys son una estupenda recreación del girl group sound, con detalles marca Wilson y canciones tan deliciosas como “The one you can’t have”.

 

  

Visto lo visto, las chicas se dedicaron a poner voces en diferentes canciones tanto de los Beach Boys como de Jan & Dean, Bruce Johnston o los Surfaris. Quizá la grabación más destacada en la que participaron en esa época sea el single que Brian Wilson regaló a Glenn Campbell en pago de los servicios prestados como músico de sesión y directo, el fantástico “Guess I’m dumb”. El interés de Brian en el grupo resulta más que musical y a finales del 64 se casa con Marilyn Rovell, aunque con los años acabará coladito por Diane y protagonizando un medio consentido triángulo.

 

Después de revivir el grupo en 1969 e intentarlo de nuevo con otro single, “Goodnight my love” de los Spaniels, las Honeys pasan a mejor vida, no así su vocación musical. Ginger Blake decide probar suerte en solitario, las hermanas Rovell pasan a llamarse Spring y a protagonizar uno de los episodios menos conocidos de la carrera musical de Brian Wilson, que grabará con ellas el que probablemente sea el mejor disco del resto de su vida musical, quizá sólo superado por Beach Boys Love You y su primer disco en solitario, y en el que podrá recuperar parte del espíritu primigenio de su grupo principal. No hay que olvidar que en esa época la temática de las canciones de los Beach Boys había extendido sus límites de forma notable y hasta Mike Love se dedicaba a cantar odas ecologistas al Big Sur.

 

 

En Spring no había intención de comentar la realidad circundante, sino simplemente la de hacer de cada canción una isla de inocencia no contaminada, recuperar el gusto por la música en sí misma; en definitiva, lo que siempre se le ha dado mejor al genio californiano. Una oportuna reivindicación de su imprescindible presencia en un grupo en el que apenas contaba y una bonita despedida justo cuando iniciaba la debacle personal que le llevará a vegetar unos cuantos años.

 

Ese último single de las Honeys ya aventuraba el cambio de sonido, menos juvenil, más lujoso, y de método: Brian no era tan prolífico como a principios de década y tuvieron que recurrir a otras fuentes para completar un repertorio. Parece que era Diane la que se ocupaba de rastrear canciones para el grupo, que Marilyn ponía la voz principal en la mayoría de ellas y un Brian absolutamente enamorado de la voz de su mujer, producía, arreglaba y/o supervisaba las grabaciones con ayuda, aunque hay quien dice que algo más que ayuda, de dos técnicos cercanos a los Beach Boys, Stephen Desper y David Sandler.

 

 

El primer y único disco grande de Spring, American Spring en ediciones posteriores para diferenciarse de unos progresivos británicos, aparecería en 1972, y es una auténtica delicia de principio a fin. Incluiría los dos singles que lo habían adelantado y, como éstos,  mantendría un delicado equilibrio entre covers y temas originales y un tono general que oscila entre el pop de cámara, el encanto naif de los grupos de chicas y un aire levemente folkie. Lo menos interesante quizá sean las canciones más conocidas, “Mama said” de las Shirelles o “Superstar” de los Carpenters, aunque un clásico como “Tennessee Waltz” recibe un tratamiento inconfundible, con ese minimalista uso de la percusión casi vanguardista. Otros covers resultan mucho mejor: esa especie de nana para despertarse que es “Awake” y, sobre todo, “Now that everything’s been said”, una gema semioculta del catálogo de Carole King (titulaba su poco conocido disco con The City), brillantemente arreglada por Mr. Wilson y que recibe un vibrante tratamiento vocal de Marilyn.

 

De todos modos lo mejor llega con los temas originales, que en su mayor parte tampoco eran canciones específicamente compuestas para Spring. Había recuperaciones de los primeros 60, como ese precedente de “Darlin’” que es “Thinkin’ ’bout you baby”, grabado primero por Sharon Marie, y aquí ralentizado para que Marilyn se relama como una gatita. De la época del gran Sunflower recuperan “This Whole world”, también radical e inventivamente diferente a la toma de los Beach Boys para adaptarlo a la personalidad del grupo, demostrando que en esos momentos el grupo de Brian Wilson eran Spring y que las ideas no se la habían agotado.

 

 

Por su parte, “Forever”, el baladón de Dennis Wilson, aunque brillante, pierde el aire de desesperación que el hermano descarriado ponía en sus grabaciones. La dicharachera “Good time” no llegaría a entrar en Sunflower y es de esa clase de canciones que los Beach Boys ya no querían hacer, una nadería  intrascendente pero perfecta. Dejo para el final mi favorita personal, la ensoñadora “Sweet Mountain”, en la que encajan con precisión de miniaturista una estrofa que podría actuar de banda sonora de un perverso cuento de hadas, con un estribillo, ¡en inglés y francés!, que es puro doo wop marciano. Sublime pop de vanguardia a años luz de lo que podía estar haciendo cualquiera de sus compañeros de generación.

 

Casi obviamos decir que no pasó absolutamente nada con el disco, a pesar del empeño de un  Brian Wilson que incluso se implicó personalmente en la promoción. Aun así todavía lo intentaron al año siguiente con un nuevo single, “Shyin’ away”, que no desentonaría en absoluto en el LP, como tampoco lo haría la cara B, “Fallin’ in love”, una rareza que había aparecido en un raro single en 1969 a nombre de Dennis Wilson con otro título, “Lady”. Ya no aparecerían más grabaciones de Spring a pesar de que de vez en cuando volverían a entrar en el estudio, supongo que dependiendo del estado físico y mental de Brian. De forma más o menos legal se conocen unas sesiones de 1977, al menos parte de ellas, y siguen siendo excelentes. Vuelven a recrear algunas canciones de los Beach Boys (“Had to phone ya” o “Slip on through”), pero también estupendos originales (“It’s like heaven” o el delicioso “Do ya”), manteniendo intacto el espíritu original.

 

 

A partir de aquí lo poco que ha llegado a nuestros oídos va perdiendo paulatinamente interés. Finalmente, en 1983 aparece Ecstasy, un nuevo disco a nombre de las Honeys en el sello Rhino, pero el resultado es muy decepcionante. Sin participación de un Brian ya definitivamente separado de Marilyn, es la típica producción rimbombante de aquellos años, que, a pesar de todo, no logra destrozar “Go away boy”, una emocionante y primeriza canción de Brian Wilson, que data de 1962, que es lo único salvable del disco y endulza levemente el mal sabor de boca que deja el final de una historia que merecía otro.

 

Carlos Rego

 

VAN MORRISON MONTREUX 2006

Cuando Van Morrison era Van Morrison

Live At Montreux 1974-1980 – Those 70’s Shows

 

Un par de confesiones personales: puedo contar con los dedos de una mano las voces que me han emocionado de la manera que Van Morrison lo ha hecho a lo largo de los últimos veintitantos años. Gracias a un hermano mayor que tenía un gusto extraño para la época, uno lleva escuchando al cowboy de Belfast desde finales de los 70, principios de los 80, cuando todavía había quien lo confundía con “el cantante de los Doors”, volviendo regularmente a los discos que lo hicieron mítico entre los iniciados sin que la familiaridad pueda con su poder curativo.

 

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