THE WHITE STRIPES

 

The White Stripes, alabada sea la tradición

 white stripes

         Son la banda más importante del rock del 2003. Están en la misma situación que Nirvana cuando empezaban a despuntar. The White Stripes ofrecen su directo esta semana, en su mejor momento, en el festival Primavera Sound en Barcelona. Al habla con Jack White.

 

Habéis grabado vuestro nuevo disco en los estudios Toerag de Londres, famosos porque no tienen nada digital. ¿Creéis que la habilidad de capturar música en una cinta llegó a su cima en los 60?

– Si alguien se pregunta cuáles son los mejores discos de la historia del rock, volverían a cosas como Buddy Holly, Little Richard, Elvis Presley y James Brown. Y todos esos discos fueron hechos con los mismos equipos. Desde mi punto de vista, nunca se ha superado lo que puedes obtener con un equipo analógico. 

 

Así que ésa es vuestra forma de grabar…

         – Sí. Elefant lo grabamos con el ingeniero Liam Watson y lo hemos hecho como se hubiera hecho décadas atrás: micrófonos, un piano, una batería, guitarras, mucha cinta que va de una bovina a otra y cortes cuando eran necesarios.


¿ Es una forma de decir que lo que prima son las canciones y no el tratamiento?

– Si no es una buena canción, por mucho tiempo que pases retocándola en el estudio no la vas a convertir en algo bueno. La gente no puede resistirse a la tecnología. Se les vende como si fuese una forma más fácil de hacer el mismo trabajo. Y luego tienen que venderlo. Por lo general, la buena música no implica grandes ventas.


También habéis tardado muy poco en grabarlo y ha sido muy barato. Dicen que va a ser el disco más rentable de la historia.

        – La verdad es que si nos hubiésemos metido en un gran estudio de Los Angeles pasaríamos mucho tiempo, y seguramente pensásemos todo mucho más. ¿Está la música para hacer a los estudios más ricos? No lo creo. Esto demuestra a la gente que no necesitas pasar grabando nueve meses y gastar millones de dólares para hacer buena música.

 

Elephant es un título curioso. ¿Cómo se os ocurrió?

– Hay muchas razones. Una de las principales es que es una metáfora de una criatura que representa cómo es nuestra personalidad en la vida real. Somos nosotros dos en una única criatura. Piensa en la idea que tiene la gente de la personalidad del elefante, majestuoso y poderoso, pero también delicado, inocente, enfadado y torpe. Parecía el animal perfecto para representar a The White Stripes.

 

Me sorprende la version de “I Just Don’t Know What To Do With Myself”, de Burt Bacharach y Hal David.

– La grabación que hicimos con esa canción es la mejor versión que hemos grabado jamás. Se trata de un blues en su forma más pura.

 

¿Qué es eso de que este disco habla de la muerte de la caballerosidad y el cariño?

– Parecía que esa idea era algo que salía continuamente cuando estábamos componiendo las canciones para este disco. Me estaba dando cuenta de que no está de moda ni se valora nada hoy en día, que es algo que está como  muerto, desaparecido.

 

¿Ya habéis asimilado el éxito?

– Todavía estamos intentándolo. Primero pensamos que la prensa especializada iba a ir a por nosotros después de encumbrarnos, lo que nos producía pavor. Por suerte, parece que no es así. Es asombroso. Es algo que nunca creímos que pasaría. ¡Nunca creímos que tendríamos ningún eco fuera de Detroit! De todas formas, decidimos aprovechar la oportunidad en nuestro favor, porque, pasara lo que pasara, y como ya teníamos claro lo que significa nuestro grupo, no iba a acabar con nosotros.

 

Tengo entendido que habéis rechazado ofertas millonarias para hacer todo tipo de cosas.

– Sí, como un millón de dólares por hacer publicidad de vaqueros; también de cervezas, video juegos y bandas sonoras… ¡De todo! Empieza a parecer todo un poco raro cuando ese dinero aparece. Todas esas compañías piensan: “¿Cuál es la banda de moda? The White Stripes. Bien, contratémoslos por lo que haga falta.” Es obsceno.

 

¿No hubo la más mínima intención de sucumbir?

– No me gusta alardear de integridad. Más bien me sentía un estúpido, porque no podía dejar de pensar quién era yo para rechazar ese dinero, si me creía mejor que ellos o demasiado bueno para hacerlo. Ya ves. Se trata de estar constantemente alerta para saber qué debes y qué no debes hacer. Algunas cosas son tan obvias… Se tarda mucho en decidir y, al mismo tiempo, mantener algo de respeto por ti mismo.

 

En una ocasión hablasteis de la vuelta del garage rock y, desde entonces, parece que os han tomado la palabra.

         – De repente, desde que dijimos aquello, todo es garage rock: The Vines, The Strokes, nosotros… Cuando volvimos a casa, a Detroit, todo el mundo se reía porque nosotros siempre pensamos que garage eran los Sonics o los Gories. Ahora se ha convertido en un término recurrente para cualquier cosa que está pasando en el rock’n’roll de hoy.

 

¿Seguís igual de interesados que antes en el pasado de la música?

        – Siempre he creído que no conozco lo suficiente de la música de los años 20, como Cole Porter o Irving Berlin. Y, por mucho que ame a Johnny Cash, siempre aparece alguien con algo que no había escuchado y me siento un estúpido por no conocer todo lo de Johnny Cash de memoria. Pero es bueno: nos mantiene vivos. Muchos músicos lo ignoran y no se preocupan por el pasado o la tradición de la que pasan a formar parte. Me gusta formar parte de la tradición y de ofrecer mis respetos a la gente que lo hizo mejor antes; no pienso que salimos de la nada o que somos totalmente originales. Sería un ignorante. Es como no agradecerle a Dios por las cosas que pasan.

Xavier Valiño

 

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