STANDSTILL

Standstill, más allá de los 10 años y la zanahoria

 

 

Vivalaguerra es ya un clásico del rock en castellano, tanto que alguna publicación lo eligió en su momento como el mejor disco español de la década. Tras cuatro años (y un documental por el medio), el grupo catalán regresa con Adelante Bonaparte (Buena Suerte) un triple EP con un nexo común. Enric Montefusco nos lo presenta.

 

¿Cómo habéis vivido este tiempo desde la edición de vuestro anterior disco?

– Pues por un lado muy contentos con la respuesta que tuvimos -más aún al ser el primer disco que hacíamos desde nuestra discográfica- y, por otro, muy ocupados con la gira que supuso, que incluía dos tipos de shows, y que duró casi tres años. En ese punto sentimos que era importante parar un momento y reflexionar. Y el ejercicio de mirar atrás (por una vez) que supuso acabó convirtiéndose en el documental Diez años y una zanahoria, que trata nuestros primeros 10 años como banda. Parece que sea incapaz de avanzar como persona sin tener que tratarlo de una forma creativa. Al día siguiente (es un decir) del estreno ya estábamos con el nuevo disco.

 

¿Qué fue lo que os planteasteis antes de entrar a grabar este nuevo disco?

– Así como el anterior disco era muy homogéneo y sólido en sus formas, en esta ocasión nos apetecía desligarnos de estilos e instrumentaciones concretas, y darle a cada tema lo que nos pidiera, ya fuera desnudez, orquestación, electrónica…  En este punto de nuestra carrera, ha sido bastante liberador y estimulante para nosotros. En cuanto a los contenidos, se trata de aproximarse mínimamente a las preocupaciones que han rondado últimamente, como siempre.

 

¿Habéis intentado simplificar las canciones más en este álbum? ¿Cómo llevó el grupo tener que sacrificar la presencia de instrumentos en las canciones?

– Como te decía, era estimulante para todos hacer un ejercicio de síntesis, por una vez. Ahora mismo ya no nos hace necesariamente ilusión tocar todos todo el rato y realmente era algo nuevo para nosotros plantearlo así. Además nos daba nuevas posibilidades el hecho de que Piti pudiera tocar la batería, Ricky el arpa, o yo el piano. 

 

¿Cuándo surgió la idea de darle unidad al disco y de contarlo en tres capítulos? ¿Cuánto se transformó la idea inicial y por qué motivos?

– Ya desde que cantábamos en inglés, siempre hemos tenido tendencia a que las canciones de cada disco tuvieran una especie de coherencia interna. No creo que sea casualidad, ni tampoco nada muy buscado; en realidad es lógico que si estoy pensando en tener un hijo, me acuerde de mi padre, por poner un ejemplo muy gráfico referente a este último disco… El concepto inicial que empuja a todo el proyecto, ese punto de partida emocional que uno necesita compartir, no suele cambiar con el tiempo, simplemente se va enriqueciendo y matizando. En las formas, después, sí que se va construyendo poco a poco. Por ejemplo, lo de los tres capítulos nos pareció que era una herramienta narrativa muy interesante para hablar del paso del tiempo, muy importante en este disco. Además permitía a la banda probar estéticas diferentes más abiertamente.

 

Para quien no tenga idea, ¿cómo le explicaríais qué es lo que se cuenta en cada uno de esos tres discos?

– Son tres discos que explican episodios de un mismo personaje en tres etapas distintas de su vida. El primero es un disco que remite a la infancia, es melancólico y suena añejo. Se puede entender como un diálogo o incluso homenaje a los padres. El segundo es un disco que retrata crudamente la juventud, planteándola como una sucesión de desengaños. Suena más visceral y desencantado. Se puede entender como un diálogo con tus amigos, con los que se han enfrentado al mundo a la vez que tú. El tercero es un disco que habla de cómo el amor sale al rescate, y cómo las pequeñas cosas y los pequeños lugares vuelven a tener valor. La música es bella y suenan violines y tubas, en lugar de guitarras y baterías. El sentido de los tres discos ordenados es intentar explicar el patrón mayoritario, y también el mío, de cómo alguien se llega a convertir en el padre que ya no está. En ese sentido el disco empieza con un funeral y acaba con un nacimiento.

 

Lo que me parece es que las letras son las más directas que nunca ha tenido el grupo. Si lo pensáis así, ¿a qué creéis que se debe: madurez, confianza, necesidad de expresarse de otra forma?

– Es difícil para mí saber el porqué. Supongo que de alguna forma, después de estos años, aunque siga siendo igual de tímido, quizás ya no necesito esconderme detrás de ambigüedades y juegos de palabras. Pero no tengo ni idea de cómo serán las del próximo. Por otro lado, cuando me empezaron a salir así las letras también me di cuenta de que un disco, planteado en tres EPs y con una historia así, le sentaba bien la síntesis, en la instrumentación y también en las letras. Al final entendí que de lo que iba este disco era de ir a las cosas más elementales y explicarlas de la forma más sencilla posible.

 

¿Habéis conseguido lo que buscabais en todos los aspectos o algo se ha quedado en el camino? Si lo habéis conseguido, supongo que tendréis una sensación de satisfacción personal completa, ¿no?

– No creo que uno pueda conseguir nunca esa satisfacción personal completa. Nosotros, como románticos sin remedio, intentamos una y otra vez vaciarnos cada vez que hacemos un disco, y sí es verdad que luego tenemos nuestras satisfacciones personales… Pero ni lo consigues nunca del todo, ni la vida se para entonces… Siempre aparece algo ahí que te vuelve a sorprender para darte cuenta de que ya no eres el mismo, de que tienes cosas nueves por las que preocuparte y que además quieres hacerlo con nuevas formas que en ese momento te parecen estimulantes. Siempre hemos funcionado así, como en una huida permanente hacia adelante.

 

Para un disco que parece al margen de todo, ¿algún disco, algún momento de la historia del rock, algún artista que hayáis tenido más en mente a la hora de hacer este nuevo disco?

– No lo sé, pero es posible que si parece al margen de todo (cosa que yo no puedo ver ni valorar) es porque en realidad últimamente quizás hemos bebido más de otros lugares, como el teatro o el cine. Siempre me ha parecido apasionante aprender de otras disciplinas y aplicarlo a la que se supone que es la mía.

 


Vuestras canciones pueden gustar más o menos, pero está claro que estáis en una dimensión distinta a todos los demás, que habéis conseguido algo muy propio. ¿Es difícil llegar a algo así? ¿A cuánto hay que renunciar, cuánto cuesta?

– Está claro que con el tiempo uno va aprendiendo, pero no creo que ahora sea más propio o especial lo que hacemos que cuando empezamos… De hecho, creo que para hacer cosas propias no hay más que dejarse llevar y dar rienda suelta a todas las influencias y vivencias que uno ha tenido. No hay dos personas con historias iguales. En cambio, hay miles de bandas iguales. Quizás lo difícil es darse cuenta del potencial creativo que tiene cada uno y, sobre todo, darse cuente que cada uno, sin excepciones, tiene algo diferente que decir. Después, si uno quiere vivir de ello, como nosotros, pues tiene que sacrificar muchas cosas, pero si lo hace es porque son secundarias. Estar en paz con uno mismo (a lo que, como te decía, nunca se llega del todo que yo sepa) no tiene precio.

 

En vuestra música se nota que habéis escuchado muchas cosas. ¿Cuáles son esos artistas clásicos que os han marcado y a los que volvéis una y otra vez?

– Es extraño porque nuestros clásicos son del ámbito hardcore y punk, como por ejemplo Fugazi. Fue, es y será un referente para nosotros. Los que se supone que son clásicos universales, en la mayoría de los casos los descubrimos más tarde. Adoramos a Leonard Cohen, a Scott Walker, Jacques Brel, Robert Wyatt, Nick Cave… pero nunca estarán tan en el núcleo de nuestro proyecto como Fugazi, que son quienes, a pesar de estar muy lejos estilísticamente ya, nos hacen estar orgullosos de tener discográfica propia, manufacturar nuestros discos y hacer los cosas a nuestra manera.


¿Seríais capaces de decir alguna canción ajena en la que os hayáis inspirado para una de las vuestras?

– Nuestras canciones suelen ser una mezcla de muchas cosas de ámbito diverso, que además me cuesta reconocer. Es algo trabajado desde el subconsciente.

 

¿Cómo lleváis trabajar y vivir en estos tiempos tan revueltos?

– No sé, son los tiempos que nos ha tocado vivir, y no puedo compararlo con otros. Lo que está claro es que hoy en día (quizás como siempre) hay que poner muchísimo de tu parte para no acabar haciendo lo que se supone que tienes que hacer. En cualquier caso, y pese a las dificultades, nos sentimos muy afortunados por trabajar en lo que nos gusta. Y si encima podemos ayudar a alguien con nuestros discos, pues más aún.

 

¿Se hace difícil vivir de la música o es preferible considerarlo el hobby al que dedicarle todo vuestro tiempo?

– Es muy difícil, te lo aseguro, vivir de la música. Más aún si no eres muy amigo de hacer concesiones a la comercialidad o cosas por el estilo, como es nuestro caso. Por suerte, a nosotros cada vez nos va un poquito mejor y estamos en una situación que no nos podíamos ni imaginar hace unos años. Pero ha costado muchísimo. Quien tenga curiosidad que eche un vistazo al documental 10 años y una zanahoria en el que nuestras madres hablan de ello, je, je.

 

¿Os interesa la política, la seguís, habláis en el grupo de cómo están las cosas? ¿Hay una opinión mayoritaria en el grupo y, si es así, cuál es?

– No nos interesa demasiado la política, en general. No obstante, somos muy conscientes de que en nuestra actitud hay implícita toda una manera de ver las cosas y unos valores que no dejar de ser política. En cualquier caso, es obvio que nos interesa más el ámbito de lo íntimo que de lo social.

 

¿Os influye lo que leéis o la realidad para vuestras canciones o son más personales los temas que pensáis deben tratar las canciones?

– Los temas siempre salen de la realidad, son una respuesta a ella. De todas formas, en algunos casos, los buenos libros pueden hacerte ver la realidad de otra forma, eso es indudable y con nosotros también ha pasado. También hay otros libros que interesan no por la realidad que muestran, sino por cómo la tratan. La aproximación a un tema, más que el tema mismo, puede ser muy interesante también. Son cosas a las que también estamos atentos.

 

¿Cómo está siendo lo de facturar 5.000 discos a mano?

– Pues como idea artística muy bien, la verdad es que estamos muy contentos con el resultado, con el objeto. Puedes estar mirándolo y jugando con él durante horas. Lo de tamponarlos y montarlos uno a uno, ya no es tan divertido, aunque un poco de alienación tampoco va tan mal. Y la recepción en general ha sido fantástica. Ni en las mejores quinielas podíamos pensar que en tres semanas ya estaríamos activando la reedición, como es el caso. Yo creo que la gente (yo por lo menos) está muy cansada de tanta información, tanta historia, pero todo a la vez tan previsible. Es normal que se agradezca y valore un trabajo un poco diferente.

 

¿Cómo fue la experiencia del documental que, por desgracia, no se ha visto demasiado?

Diez años y una zanahoria fue un duro y difícil ejercicio de autoanálisis. Era mucha responsabilidad hacer una película que explicase lo que ha sido Standstill para nosotros, más aún cuando Standstill no sólo soy yo. La verdad es que las sinceras y emocionadas felicitaciones que recibí de miembros y ex-miembros le dieron sentido al proyecto. Y creo que no es habitual un documental musical con ese grado de crudeza y sinceridad. Que cada uno juzgue por sí mismo.


¿Pensáis que un disco así se podría entender y tocar en el extranjero? ¿Cuáles son vuestros destinos soñados para tocar?

– Seguro que sí. Ahora estamos intentando moverlo por fuera, Méjico y Argentina parece que son ya realidad. Vamos a ver qué pasa.

 

Por último, ¿cuál ha sido la mejor anécdota de estos años en el mundo de la música?

– Uf, imposible. Me viene un torbellino de imágenes. Echad un vistazo al documental, que allí hay unas cuantas.

 

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