RON SEXSMITH 2005

Ron Sexsmith, sentido y sensibilidad

 

 


“Mañana en sus ojos”


Estamos hartos de que se pase por alto la trayectoria de grandes músicos. Estamos hartos de que se menosprecie el pop bien hecho, artesanal, como de orfebrería. Estamos hartos de que las buenas melodías se menosprecien una y otra vez en los medios saturados de artistas mediocres. Estamos hartos de que nadie haga caso a los buenos discípulos de Paul McCartney, Elvis Costello, Harry Nilsson, Burt Bacharach… Por eso, nos hace especial ilusión que alguien como Ron Sexsmith esté abriéndose un hueco en donde casi no lo hay para darse a conocer. A base de canciones buenas, sin más -lo que ya es mucho-, y de constancia y permanencia en un discreto segundo plano, ha logrado que poco a poco se le empiece a hacer caso.

 

Por una vez, parece que el malditismo que persigue a la mayoría de cantantes que se lo merecen no acabará con él. El canadiense lleva casi tres lustros grabando y editando discos. Siete en total hasta la fecha. Poco a poco se ha ido dando a conocer. Retriever, su último álbum, editado el año pasado, es, además de su disco más conseguido, el que le está dando una más amplia repercusión.

 

Retriever parece haber conseguido el equilibrio perfecto entre las melodías y la producción. ¿Fuiste demasiado lejos con los arreglos electrónicos de Cobblestone Runway?

            – Intento conseguir ese equilibrio con cada disco, pero puede ser que en este caso lo haya logrado por primera vez. En cada disco intento algo diferente, y con Cobblestone Runway el productor Martin Terefe y yo intentamos ver cómo encajaban mis canciones con aquel tipo de arreglos electrónicos. Retriever es más directo y optimista, con lo que las canciones no necesitaban tanto ropaje.

 

¿Se puede decir que le has prestado algo más de atención a las técnicas de producción en tus últimos discos o, por el contrario, tu interés principal sigue estando en las canciones?

            – No lo sé. Lo cierto es que en mis primeros discos trabajé con Mitchell Froom, a quien le gustan mucho los pequeños detalles. En cada uno de ellos invertíamos al menos un par de semanas en la pre-producción, con lo que representaron más trabajo que los álbumes más recientes. Aquellos discos fueron grabados para una multinacional, y se podría decir que fueron discos caros. Pero también me gustó trabajar con Steve Earle, quien produjo Blue Boy, y con Martin Terefe, con quien he grabado Cobblestone Runway y Retriever. Ha sido distinto; cada uno de ellos tiene su forma de trabajar.

 

Hace ya unos meses que se publicó Retriever. ¿Qué canciones de este último disco han tenido mejor acogida?

            – Siempre he tenido un grupo de seguidores fieles, pero se puede decir que he dado un paso adelante con este disco. En algunos lugares, el cambio ha sido grande, como es el caso de Alemania, en el que las entradas de la reciente gira se agotaron. También en España, lugar en el que, aunque nunca he hecho una gira, ahora parece haber más interés. Hasta ahora sólo había tocado ahí en una ocasión, en Barcelona, abriendo para Elvis Costello; en otra ocasión no llegué a tocar porque perdí mi avión. También me va mejor en Canadá, donde he conseguido mi primer top 5 con “Whatever It Takes”, algo con lo que antes ni podía soñar. Ésa y “Tomorrow In Her Eyes” parecen ser las que más gustan de este disco.

 

¿En qué inviertes más tiempo: en las letras o los sonidos de las canciones?

            – Los textos siempre son la parte más difícil. Tocar me sale de forma natural. Siempre estoy componiendo: en habitaciones de hotel, en aeropuertos… Los textos los cambio un montón de veces, incluso hasta el último minuto en el estudio, y es con lo que más tiempo paso.

 

¿Te afecta tu estado de ánimo al componer o consigues evadirte?

            – Es difícil evadirse. No me gusta ser la clase de autor que permite leer sus diarios en sus canciones pero, a la vez, el estado de ánimo por el que uno pasa en cada momento acaba reflejándose en sus canciones. Mi disco anterior estaba marcado por el hecho de que estaba atravesando una ruptura en mi matrimonio y todo se estaba rompiendo a mi alrededor, aunque en todo momento intenté aportar algo de esperanza.

 

¿Se puede decir que hablas a través de tu música, que eso es lo principal, y que todo lo demás a su lado tiene menos importancia?

            – Es cierto. Cuando firmé mi primer contrato ya tenía casi 30 años, así que estaba bastante formado y no pudieron convertirme en otra cosa distinta. Me dejaron solo, y lo único que me decían de vez en cuando era que mis discos no tenían singles. Algunas veces, cuando acababa una canción, pensaba que podía ser un éxito y aquellas canciones las he cuidado especialmente, pero nunca he tenido ninguno. Tal vez fuera porque nunca tuve mucho que ver con lo que sonaba en las radios o que no se me dio la oportunidad. Tampoco me preocupa lo más mínimo, y menos a la hora de componer. Aun así, he de reconocer que todos mis héroes tuvieron algún disco de éxito.

 

Aunque tus discos no son especialmente difíciles y podrían llegar a mucha más gente, no lo consiguen. ¿Quién tiene la culpa, los medios?

            – Supongo que tiene que ver, sobre todo con la radio, porque la prensa siempre me ha tratado bien. La mayor parte de la gente sólo compra aquello que escucha, así que no puedo luchar contra el sistema. Lo único que hago es hacer mi trabajo y espero que, de alguna forma, la gente se dé cuenta.

 

¿Cómo te sientes cuando se utiliza tu música en televisión, cine o anuncios?

            – Que los demás reparen en mis canciones es algo que sucede cada vez más últimamente, como, por ejemplo, la versión que de “Fallen” acaba de incluir k d Lang en su último disco, Hymns Of The 49th Parallel. Supongo que se debe al tiempo que llevo ya en este mundo: cuantos más discos tengo, la gente se va haciendo cada vez más con mi nombre. Es algo natural.

 

¿Crees que, a fuerza de trabajar, has mejorado a lo largo de estos años?

            – Me gusta pensar que he mejorado a la hora de cantar. Estoy orgulloso de mis primeros discos, pero creo que muchas veces no sabes cómo enfocar una canción hasta que la has cantado en directo. He aprendido también de la estructura de las canciones y ahora toco mucho más el piano que antes. No es que sea muy bueno, pero escribo más al piano, algo que era como un sueño cuando era pequeño.

 

No tienes una gran voz, pero cantas con mucha emoción, como Elliott Smith o Jeff Buckley. ¿Es tu arma principal para llegar a la gente?

            – Sí. Tengo suerte de que a la gente le gusta mi voz. También se dio la casualidad de que aparecí casi al mismo tiempo que Jeff Buckley, y fue algo esperanzador ver la respuesta que provocaba, porque nada sonaba como él, era algo único. Y, a mi manera, es lo que intentaba hacer. Algunos querían que fueran un nuevo Don Henley o un Bruce Hornsby; no conocían de dónde venía. El productor Mitchell Froom me ayudó con aquellos primeros discos. También pienso que no he tenido la repercusión que tuvieron Elliott Smith o Jeff Buckley, que siempre fueron muy queridos dentro del rock alternativo, y yo nunca tuve ese tipo de credibilidad. Nunca fue algo tan bien visto ser un fan de Ron Sexsmith y creo, honestamente, que vengo del mismo sitio y lo merezco.

 

Siempre se menciona a Paul McCartney, Harry Nilsson o Elvis Costello en relación con tu música. Pero, ¿es cierto que tu mayor influencia es Bing Crosby?

            – Es mi cantante favorito, sí. Me gustaba mucho de pequeño y mi abuela era una gran fan suya. A medida que me hago mayor, aún lo aprecio más. Creo que la gente se ha olvidado de que él fue uno de los primeros cantantes pop, él y Louis Armstrong. Aunque nunca me ha influido como compositor; más bien lo han hecho gente como Ray Davies, Bill Withers, Burt Bacharach, Lennon & McCartney, Harry Nilsson, Sam Cooke, gente del country… Siempre he procurado buscar buenas canciones y seguir a compositores e intérpretes con personalidad.  

 

¿Sabes cómo murió Bing Crosby?

            – Tengo entendido que fue jugando al golf.

 

Sí, en Madrid. Acabó los 18 hoyos, dijo: “Ha sido un buen partido de golf, amigos” y murió repentinamente.

            – Un buen amigo mío al que también le gusta Bing Crosby consiguió las dos últimas grabaciones suyas en vinilo y me dio una copia. Puede que las producciones de sus discos al final no fueran buenas, pero siempre había algo en su voz. Me he leído también su biografía y la encontré bastante instructiva. Te la recomiendo.

 

Justo un mes antes de morir, apareció en televisión cantando “The Little Drummer Boy” (“El tamborilero”) con David Bowie.

            – Sí, es cierto. Fue su última aparición en televisión.

 

¿Es cierto que compusiste una canción para Diana Krall? ¿Para alguien más?

            – Sí, aunque nunca la llegó a grabar. No sé si no la llegó a escuchar o no le pareció apropiada. Se trata de “Foolproof”, que está en mi disco Blue Boy. En aquel momento, mi situación con la discográfica no era muy buena, así que pensé que podría ser que no me ofrecieran otro contrato. Por eso decidí que debería dedicarme a componer canciones y escribí dos o tres para Diana Krall. El año pasado compartí escenario con ella e hicimos un dúo con una de mis canciones en televisión, “Secret Heart”, que es la canción mía que más artistas han versioneado: Rod Stewart, Nick Lowe o Curtis Stigers la han cantado.

 

¿Has oído a gente como Adam Masterson, Damien Rice, Ed Harcourt, Ray Lamontagne…? Parece que hay más gente haciendo este mismo tipo de música que cuando tú empezaste.

            – Ed Harcourt es un buen amigo. A Damien Rice no lo conozco, aunque lo vi en un festival en Irlanda y me parece que hace algo distinto, con influencias de Jeff Buckley o David Gray. Hoy en día hay bastantes cantautores buenos. Cuando yo empecé con Interscope, me preguntaba dónde habían ido los cantautores. En el momento en que el nombre de Elliott Smith empezó a sonar, yo ya estaba en mi segundo álbum. Nunca lo había oído, y me puse muy nervioso debido a lo bueno que era. Al mismo tiempo, me hizo esforzarme más. Ahora están Rufus Wainwright, Ryan Adams… Cada semana surge uno. Te recomiendo a Terry Angel, una amiga mía que va a editar su primer disco; para orientarte, te diré que la podrías comparar a Marianne Faithfull.

 

¿En que proyectos invertirás los próximos meses?

            – Tengo dos discos casi acabados, entre ellos mi próximo álbum, pero tengo que decidir aún si lo grabaré con Martin Terefe o Mitchell Froom. El otro es un proyecto paralelo con un buen amigo, mi batería desde 1997, Don Kerr, que tiene una voz preciosa. Cuando compuse Retriever escribí un disco de canciones más country y, como siempre he sido un fan de The Louvin Brothers o The Everly Brothers, en el disco cantaremos los dos juntos. Probablemente aparecerá como Sexsmith & Kerr, aunque no tengo ni idea de cómo se editará. Será un disco a la vieja usanza, casi sin producción, con guitarras acústicas y muchas armonías.

 

O sea, como Beck, cuando hizo Mutations.

            – Exacto. Ése es mi disco favorito de Beck, por las canciones. De hecho, y aunque he conocido gente muy famosa durante estos años, cuando me presentaron a Beck fue la vez en la que más nervioso me puse, y no sé muy bien a qué se debió.

 

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