JUANA MOLINA LIVE

Juana Molina en directo

 

 

Curioso caso el de la argentina. Ahora, a sus 46 años, tras ser reconocida por los medios de comunicación de otros países, gira con Feist, toca por escenarios de medio mundo y empieza a ser reconocida como artista especial, única, que es lo que realmente quiso ser hace unos 16 años. Y hasta en Argentina la empiezan a aclamar aquellos que antes decían que “Juana Molina es lo peor”.

 

Ella, que se dio a conocer en 1988 como actriz en un programa de la televisión de su país tras dejar atrás su infancia una Francia, y que tuvo un gran éxito con su propio programa de humor Juana y sus hermanas, la abandonó todo por una carrera en la música que sabía que sería -y ha sido- complicada. Más que nada porque Juana Molina no pisa los terrenos trillados, y así siempre es más difícil conseguir la atención. Pero ella lo tenía claro.

 

Y lo tiene claro. Tras Gareth Dickson, que enamoró en escasas cinco canciones con su folk intimista con la única compañía de una guitarra acústica -también ayudó su simpático castellano aprendido en Buenos Aires-, Juana apareció en escena tímida, desvalida, con la única compañía de sus instrumentos para arroparla. Y se fue creciendo en el escenario empujada por una música que se crea cada noche sobre las tablas.

 

 

La propia Juana explicaba en una ocasión cómo es su proceso de creación: “Cuando tengo una pequeña idea, antes de tocarla aunque sea una vez, pongo en marcha el grabador. Porque siempre sé que va a haber una cosa que va a ser un error, porque no sé muy bien a dónde ir y porque no sé muy bien cómo volver: y estoy segura que con todo eso se va a armar algo que me va a gustar. Y después trato de hacer que eso tenga una letra que le vaya a esa melodía, y que se enganche armónicamente con esto y con aquello. Pero prefiero que quede esa primera huella, que al final es la que brilla en el tema”.

 

Así es una y otra vez. Una pequeña base que graba y repite gracias a sus pedales sampleándolas y, sobre ella, como base, mantra o colchón, revisita sus canciones, recreándolas… Son segundos que desfiguran sus creaciones, que las hacen únicas en cada interpretación, que crecen indomables, en las que ella se deja llevar y conduce al mismo tiempo, por arduo que parezca. Una rara avis, sí, como pretendía, y que lleva a todos hipnotizados a rebufo. Cinco discos, multitud de conciertos, que ya la pillan mayor, como ella mismo reconoció… Pena de un Salón Teatro semivacío. Como alguien dijo, “si esto se inscribe en, por ejemplo, el Ciclo Vangardas Sonoras, estaría lleno”.

 

(Salón Teatro, Santiago. Fecha: 29-4-10. Público: 100 personas. Promotor: Sinsal)

 

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