JAY-JAY JOHANSON

Jay-Jay Johanson, la saudade del Norte

 

A finales del otoño de 1996 Jay-Jay Johanson publicó su primer álbum Whiskey con su himno “So Tell The Girls That I Am Back In Town” (“Así que dile a las chicas que estoy de vuelta en la ciudad”). Diez años más tarde, nos ofrece su sexto disco titulado The Long Term Physical Effects Are Not Yet Known (Los efectos físicos a largo plazo aún no se conocen), en el que regresa a las canciones melancólicas de sus inicios. Él mismo lo reconoce: “Nada ha cambiado, sigo siendo el mismo / Mírame a los ojos, reconocerás a Jay-Jay Johanson”.

 

Con su suave voz melancólica y un infalible instinto por lo nuevo, Jay-Jay Johanson no es una mera estrella de pop sino un intérprete emocional, un estilista melódico de algo que está en el aire. Johanson absorbe el estado de ánimo del ambiente, lo filtra a través de su propio sentimiento y lo traduce en atmosféricas composiciones.

 

¿Cómo describirías tu nuevo disco?

– Ya sabes, tiene un aire de otoño, un lado hechizante y un definitivo sentimiento de emoción y tristeza. Está muy alejado de la electrónica de mi álbum Antenna (2002) y el coqueteo con el house francés de los últimos años en Rush. Éstas son, probablemente, las canciones más jazz que he hecho nunca.

 

¿De qué forma ha influido tu carrera musical anterior en la música que haces ahora?

– En cierto modo he regresado a las atmósferas más misteriosas y densas en las que trabajé durante finales de los años noventa. Y están esos ingredientes muy presentes en todo mi trabajo, como mi voz, por supuesto, y la forma en la que sigo centrado, pero también los temas que sigo representando tienen una cierta continuidad, como la soledad, los remordimientos y el viajar. Algunas cosas siempre permanecerán igual; por ejemplo, la sorpresa de las primeras experiencias y el estado de ánimo de aislamiento, tanto en tiempo como en lugar. Un sentimiento de aislamiento puede resultar reconfortante. Siempre me han gustado las canciones tristes. Incluso cuando intento escribir una canción feliz termina sonando algo melancólica.

 

¿Cuál fue tu primera fascinación por la música? ¿Cuándo empezaste a verte como un músico?

– Ya escribía canciones y melodías en nuestro piano de casa a los siete años. Mi profesora de piano de aquella época era una preciosa mujer mayor con pelo blanco que me hizo escuchar a Chopin y Satie. Más tarde, en la escuela de música, tuve varios maestros de instrumentos de viento pero ninguno de ellos me impresionó. No obstante, continué y entré a estudiar música en la universidad para acabar dejándolo después de un año. Era demasiado aburrido porque sólo querían que los estudiantes nos convirtiésemos en expertos con nuestros instrumentos, sin centrarse para nada en la composición, que era el elemento en el que yo estaba verdaderamente interesado. No fue hasta mi época en la escuela de arte que la composición empezó a tomar forma, se convirtió en algo con significado, algo bueno, algo de lo que podía estar orgulloso.

 

¿Hubo gente o un entorno que inspirara tu creatividad, que te guiara hacia tu carrera en la música?

– Los dos primeros que calaron en mi mente fueron mi padre y Chet Baker. En Skara, en la primavera de 1984, me fui al club donde mi padre organizaba conciertos. Yo sólo había visto dos espectáculos antes, Gerry Mulligan y Stan Gets, y no me habían gustado especialmente. Pero en aquella noche de primavera Chet Baker estaba en la ciudad y fui con mi padre. Y allí estaba, frágil, casi transparente, cantando aquellas canciones que tantas veces antes había cantado, pero todavía lo hacía con sinceridad en cada palabra. Y cada vez que hacía un solo con su trompeta, y hay que decir que esto fue treinta años después de su gran época, no fallaba ni una nota. Y aquel sonido particular, tanto el sonido del aire como la notas en sí y las palabras, simplemente me encantó. Desde entonces mi fascinación por Chet, sus trabajos y su catálogo de grabaciones, han seguido creciendo conmigo, le sentí a mi lado antes de subir al escenario en Montreal y Boloña, y lo tuve cerca en los estudios de grabación en Barcelona, París y Lidingö.

 

¿Hay algún pensamiento o ideología específica que quieres transmitir con tu música, algo que quieras compartir en especial con la gente?

– Siempre he intentado ser directo y sincero. Puede ser más fácil comprobar eso en mis actuaciones en directo que escuchando mi trabajo grabado, pero estoy trabajando en eso. Intento mejorar todo el tiempo. No estoy actuando, no soy diferente de cualquier otra persona. No quiero ser una estrella de pop, y no quiero que la gente piense que lo soy. Soy simplemente como ellos.

 

En mi opinión pareces una persona interesada en la modernidad y lo nuevo. ¿Cuál piensas que es la fuerza motriz tras esto?

– Bueno, me gusta descubrir campos nuevos y quizás el hecho de que nunca estoy satisfecho del todo con mi trabajo, hace que esté determinado a mejorar, a hacer algo mejor en la siguiente ocasión. Siempre intento encontrar caminos nuevos para lograr eso. Trato de entrar en el estudio con un punto de vista nuevo, nunca haciendo las cosas por rutina, nunca utilizando la misma receta dos veces.

Xavier Valiño

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