FIB HEINEKEN 2004

FIB, diez años y sumando


Belle & Sebastian en su festival favorito

(Fotos: Xavier Valiño)

        Los números marean -30.000 espectadores diariamente de media, 30% de público extranjero, 1.000 periodistas, más de cien actuaciones…-, pero eso es lo de menos. Benicassim es ya el punto de encuentro de dos generaciones, una en crecimiento y otra a la que le cuesta dejarse arrinconar. La primera, la de los artistas clásicos, refrendados este año por un público más adulto de lo habitual, al que se le suman los treintañeros que ya empezaron con la primera edición y que ahora acuden con sus bebés. Y la segunda, la de los jóvenes que siempre han acudido en masa al festival, y que este año se sentían menos representados por la menor presencia de artistas de ahora. 

        Ambas tuvieron este año momentos para el disfrute y momentos para la decepción. La mayor, para todos, la ausencia de Morrissey, anunciada tan sólo una hora antes de su concierto, cuando su escenario y sus músicos estaban ya preparados. La razón más probable: problemas técnicos de su avión privado y un ataque de ansiedad como consecuencia. Las gestiones para ubicarlo en otro horario no resultaron, según la organización. Su propuesta para tocar el domingo fue rechazada, según su manager. Da igual; los perjudicados fueron los fans y todos aquellos que compraron sus entradas: las lágrimas de muchos eran buena prueba. 

Tindersticks, ¿alguien dijo tristeza?

        El jueves, una vez caídos del cartel The Shins y Paul Weller, no prometía demasiado. A Tim Booth le faltan las canciones que tenían James y sus ganas de agradar son demasiado evidentes. Fangoria, a pesar de atraer al público más numeroso, no pudieron con su pésimo sonido. Ash supieron relegar el heavy-pop de su último disco, Meltdown, para imponerse con lo mejor de su –intrascendente- repertorio. Zoot Woman, sin Stuart Price -de gira con Madonna como director musical-, hicieron méritos al peor concierto de los cuatro días.

        El viernes ya se anunciaba distinto desde que Snow Patrol arrancaron la primera ovación. Guille, de La Casa Azul, también lo consiguió, demostrando que esto era, en un principio, un festival de pop. Sin embargo, el rock no le quedó nunca lejos, y ahí estaban Kings Of Leon para demostrarlo, alejándose de sus guitarras sureñas para avanzar que se acercan a Television en lo que será su segundo disco.

Einstürzende Neubaten, qué miedo

        Tindersticks bordaron la primera actuación sobresaliente del festival. Sus canciones tristes e intensas no tienen nada que ver con las bromas que se gastaban antes de salir al escenario. A esa hora, Air intentaban sacar lo mejor de su vertiente pop sin que se les notara en exceso su ramalazo sinfónico. Pero entonces llegaron los alemanes Einstürzende Neubauten, con Blixa Bargeld al frente, y pusieron una tensión y un desasosiego como nunca se había visto en Benicassim, con sus planchas metálicas, vibradores, bidones e instrumentos imposibles. The Charlatans, a su lado, no daban más que para una canción, “Sprotson Green”, y eso gracias al Hammond, que ensombrece a todo el resto.


The Charlatans, ¿cuándo se pasó el arroz?

        Todavía quedaban dos de los nombres clásicos de la electrónica. Lo de Pet Shop Boys y Kraftwerk no se diferenció mucho: sendas interpretaciones eficientes, con un montaje frío, de sus grandes éxitos. Sucede que los primeros van por el lado hedonista de la vida y convencieron sólo a sus seguidores, que parecían ser muchos, mientras que los segundos, con un guión mucho más cerebral, acabaron por seducir a todos, aunque sus trucos probablemente no causen el mismo efecto una segunda vez.


Scissor Sisters, full monty

        Al día grande, el sábado, le tocó lidiar con la decepción de Morrissey. Los más beneficiados por su ausencia y la necesidad de diversión fueron Scissor Sisters, que aprovecharon su oportunidad con el concierto más bailable y bailado, incluyendo un desnudo integral de Babaydaddy. Son como un chiste, pero de los buenos. Antes Teenage Fanclub, que habían pedido cambiar de hora para no coincidir con Morrissey, volvieron a lucir, una vez más, sus guitarras luminosas y sus melodías celestiales.

Yann Tiersen, el virtuoso se basta solo

        En una noche en la que nadie falló, Yann Tiersen lució su faceta más eléctrica, aunque también tuvo tiempo para recrear Amelie y para tocar el piano con una mano y el acordeón con la otra. Lou Reed quería desquitarse por el fracaso del Xacobeo y no le pudo salir mejor. Lo controló todo, dejó caer varios clásicos y regaló una escalofriante versión de “Venus In Furs”, gracias, en parte, al violonchelo de Jane Scarpantoni.

Los Planetas, la rumba en el FIB

        Belle & Sebastian quisieron repetir, para su final de gira, sus conciertos anteriores en Benicassim -“el mejor festival del mundo, aseguraron”-, pero el repertorio no fue el de las otras ocasiones. Después, a Los Planetas les faltó tiempo: cuando comenzaban a encajar canciones contagiosas una detrás de otra, les dio por versionear con palmeros una rumba de Bambino, finalizando antes de lo que deberían. Es igual, porque Bobby Gillespie, como poseído por el demonio, puso en marcha la apisonadora rítmica de Primal Scream, estruendosa, sucia, peligrosa y abrumadora. Según aseguraron al director Julien Temple, habían dado el mejor concierto de su vida.


Primal Scream: Bobby Gillespie poseído por el diablo

        Aún tenían que llegar los veteranos el domingo. Lo de Arthur Lee sólo tiene una definición: patético o, mejor dicho, la mayor tomadura de pelo en diez años de festival. Dicen que llevaba tres noches sin dormir y que estaba muy afectado por la muerte de su amigo Rick James, pero lo cierto es que su colocón le impedía casi cantar, coger la guitarra o el micro. Su banda le hizo todo el trabajo y el público lo abucheó a gusto antes de desertar en masa. Le aplicaremos lo que decía una tendera de Benicassim, “los fibers, aunque no lo parezcan, son inteligentes”.


Love, ayúdame en este trago, amigo Rick James 

        Nada que ver con Wire, que a sus cincuenta y tantos años demostraron que para atronar, nadie como ellos. Nadie necesita un imperdible para ser punk. ¿Y para hacer brillar el sol? Pues tampoco se necesita ser los Beach Boys, aunque sea Brian Wilson quien se ponga al frente. Lo sentaron en el escenario delante de un teclado que apenas tocaba, leía las letras en una pantalla, se equivocaba al presentar las canciones y todo dio igual, porque encadenó un éxito tras otro de los Beach Boys. Hasta los niños bailaban el rock’n’roll y el surf de los 60 de aquella particular verbena. El mérito era de unas canciones eternas y de una banda de acompañamiento joven, pero excelsa. The Wondermints es su nombre.


Brian Wilson, con el Inserso y The Wondermints de vacaciones por España

        En la recta final, Franz Ferdinand pusieron la actuación más intensa e incendiaria de un grupo novel en 10 años. Spiritualized se perdieron entre su maraña psicodélica, gustando más o menos según las sustancias que cada una hubiera tomado. Lambchop mostraron la misma clase que en la gira de este año que pasó por Pontevedra, aunque la versión esta vez fue de… ¡Sisters Of Mercy!


Teenage Fanclub, del FIB al cielo

        Ya sólo quedaba la electrónica de grandes estadios y trazo grueso de The Chemical Brothers, el punto final apropiado a cargo de la banda amuleto de la suerte de un Festival con visos de continuidad y de apertura. Aún siguen pendientes REM, New Order, David Bowie, The Strokes, Nick Cave y Depeche Mode. Y, una vez más, Morrissey…

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