ULTRASÓNICA 1998 ENTREVISTA CON PEARL JAM

ULTRASÓNICA 1998 ENTREVISTA CON PEARL JAM

Ultrasonica e-zine :: Xavier Valiño

ENTREVISTAS 1998


Pearl Jam, el precio de la fama

 

 

¿Es la estrofa del nuevo disco que dice ‘no intento marcar las diferencias, de ninguna manera’ la que marca su espíritu?

– Seguramente estoy pidiendo algo con intención de devorarlo inmediatamente. Me asombra que la gente, sobre todo con el primer disco, pudieran sentir lo que allí había como algo tan cercano. Fue una sorpresa entonces y lo es ahora. No quiero que la gente piense que me traen a casa algún tipo de estudio demográfico de los que tomo los grandes temas de hoy en día para dejar claro que puedo componer canciones.  

 

¿Cómo se lleva la reputación de inestable, pesimista y malhumorado que te ponen en tantos artículos?

– No me importa lo de taciturno e inestable, pero lo que me molesta es lo de lo de desagradecido, ya que lo siempre quise es hacer música. El resto no me importa porque significa que la gente me deja solo.

 

¿Eso incluye necesariamente despreciar todo tipo de promoción, incluso ahora?

– Nosotros hemos tenido la suerte de dictar nuestra propia definición de nuestro trabajo, y esa definición se resume en una sola idea: hacer música. Y después de eso, para el resto de las cosas no ponemos tanto entusiasmo. Es difícil sentirse inspirado por todas las otras cosas como las ceremonias de entregas de premios o ser entrevistado todos los días. Algunas experiencias pueden ser buenas, pero eso de venderte cada día como si fueras parte de un circo ambulante… Tenemos la suerte de no tener que hacerlo. Y ha salvaguardado nuestra salud, eso está claro.

 

¿Entonces no estás enfadado por lo que se ha escrito sobre vosotros en el pasado?

– La verdad es que no estoy enfadado por algo tan trivial. Mis pensamientos van encaminados hacia cosas más importantes, ninguna de las cuales tiene que ver con la música. Pero, si por casualidad tropiezo con algo que me ha molestado en el pasado, como cuando hago limpieza de cajones, me resulta interesante. Guardo los artículos negativos porque me hacen gracia. Y, a medida que voy aprendiendo sobre cosas más importantes, todo lo demás se vuelve tan pequeño que llega a un punto en el que no existe en absoluto.

 

Habéis pasado en dos años de Vs. -Contra- a Yield -Ceder el paso-. ¿Tiene eso que ver con las cosas más profundas en las que piensas o con alguna clase de renacer espiritual?

– Es cierto, no había reparado, pero parece que tiene un cierto sentido. Aunque he estado pensando más en… Hay… He estado leyendo mucho… No me importa hablar de la espiritualidad en las canciones, pero hacerlo en una entrevista, sobre todo si va a ser publicada… No puedo ni escoger las cosas que se van a destacar de lo que pueda decir, así que me voy a acoger a la quinta enmienda.

 

¿No piensas aclararlo algo más?

– Se trata de algo personal: he estado expuesto a algunas teorías interesantes y realmente no considero… La palabra religión tiene connotaciones muy negativas para mí, como la de ser responsable de tantas de las guerras, y no debería ser así; se trata sólo de la evolución que el concepto ha tenido para mí. Me pregunto qué hicimos en el planeta antes de que apareciera la religión.

 

¿Y todas esas ideas han sido decisivas a la hora de componer Yield?

– Sí, no me importa hablar de ello. Si miras hacia atrás -y todo esto está en el disco-, todo lo que ves es la arrogancia humana. Entendemos nuestra historia como los últimos 20000 años, y estamos a punto de celebrar el año 2000 con una gran borrachera, lo que significa que nos vamos a levantar el primer día del nuevo milenio con una gran resaca. Es algo parecido a lo que nos estamos haciendo a nosotros mismos. Está por ver si cuando nos levantemos la mañana siguiente nos vamos a purificar tal y como uno debería hacer después de un gran exceso.

 

¿Y de que forma se refleja eso en las nuevas canciones?

– La gente va estampando su ego sobre todo lo que hacen. Todo lo que nosotros podemos intentar es hacer que la sociedad sea más… armoniosa. Puedes apoyar algunas causas, y nosotros hemos hecho cosas, como aquella para una organización a favor del derecho a la elección en el tema del aborto, en las que salimos de nuestros caparazones, pero no puedes hacer esa clase de cosas mientras tu vida es una mierda. No puedes decirle a la gente que reciclen los desperdicios y ser un consumista compulsivo en tu propia casa.

 

Hablar de estar encerrado en tu caparazón hace que lo de la fama suene muy mal. ¿En algún momento pensasteis que todo iba a ser brillante?

– Las cosas se dispararon después de nuestro primer disco. No podíamos ni imaginarlo. Es como si te lanzaras hacia una curva y, cuando te das cuenta de lo que está pasando, empiezas a intentar controlarlo. Algo así como que no quieres seguir por esa carretera o que tal vez no sea tan cojonudo. Sería bueno si pudieras ponerte el traje de la fama los fines de semana o algo así, cuando necesitases una mesa en un restaurante. Sería lo mejor, pero no funciona así. Por cada cosa positiva hay una negativa. Y si la positiva se vuelve muy grande, la negativa se hace grande en la misma proporción.

 

La droga ha marcado a tus contemporáneos: Layne Staley de Alice In Chains y Scott Weiland de Stone Temple Pilots se debaten entre la rehabilitación y la adicción, y Kurt Cobain acabó suicidándose. ¿Fue la suerte en vuestro caso la que os ayudó a no caer en ello?

– Ojalá pudiera atribuir a la suerte haber salido de alguno de esos períodos. Entiendo una parte de eso, pero otra no. La vida es… Lo siento, pero no puedo decir que me siento próximo a la droga, que puedo tolerarlo. No es así, y se me hace muy difícil entenderlo cuando hay alguien que podría seguir otros caminos más positivos para sobrellevar los momentos más difíciles, como dedicarse a los zumos de naranja o al yoga. De hecho tienen la posibilidad de llevar la clase de vida que quieran. Incluso pueden dejarlo y no volver a hacer música, o hacer música sólo en su casa y para sus amigos. Aprender a jugar al baloncesto debajo del agua o cualquier otra cosa… Se hace difícil entender la razón por la qué la gente escoge determinadas direcciones. Y no puedo sentir ninguna simpatía por ellos.

 

¿Tampoco hacia Kurt Cobain?

– Tengo que admitir que Kurt fue la excepción y que sentía compasión por su situación, ya que era un poco menos intensa que las otras dos que has mencionado. Creo que en su caso había más de lo que salta a simple vista, y no me voy a referir a ello nunca más. No me siento cercano a las drogas y no sería honesto. Además me siento como un imbécil cuando tengo una conversación con alguien y luego descubres que ni siquiera estaban allí. Me hace sentir como si me hubieran estado mintiendo.

 

¿En algún momento llegaste a pensar en que podías caer en ello?

– Pasaba mucho tiempo solo, así que no estaba expuesto a ese rollo. No tiene glamour. No es algo que despierte mi curiosidad, y doy gracias por ello. De todas formas, me gusta fumar algo de vez en cuando, pero eso es algo más equilibrado. Escojo entre diversas opciones, pero no voy a dejar que ninguna de ellas amenace mi propio control sobre mi vida. Me encanta la idea de hacer música y vivir al mismo tiempo.

 

¿Y esa seguridad no hace que parezcas falso?

– Se trata de un final romántico, aunque trágico, para una historia muy dramática. ¿Qué se entiende por falso? Todavía sacamos temas en nuestras canciones, examinando la sociedad, pero me parece que hay una forma positiva de salir de ahí, más que ir gritando: ‘¡Qué os jodan! ¡Qué os jodan!’ Y si siguiéramos haciendo eso, simplemente porque se trata del estilo con el que empezamos, entonces estaríamos siendo falsos.

 

¿Ésa es la solución?

– Hemos evolucionado, nuestra forma de pensar ha madurado. Ser negativos y decir ‘esto es un problema, esto es un problema…’ He tenido charlas con Krist Novoselic sobre política local y eran tan negativas que nos decíamos que teníamos que traer algo positivo de lo que hablar la próxima vez. Decíamos: ‘Tenemos que encontrar el principio, tenemos que encontrar la semilla’.

 

¿Cómo se puede entender que en los conciertos siempre estuvieras llamando la atención del público?

– Probablemente tenga que ver con la atención que no me daban de pequeño o para recrear la que sí me daban. Hacía cualquier cosa: tirar un botella o el pie del micrófono, o saltar encima de alguien… Sólo que un año más tarde el significado de un concierto para mí cambió y pensaba que pasaría si hubiera silencios entre las canciones. Y así, si decía algo, tal vez se me pudiera oír.

 

Pero tampoco se trata de estar quieto en el escenario.

– Como me dijo Michael Stipe, cuando va a un concierto de Tori Amos la gente está murmurando pidiendo la siguiente. Parece como si no entendieran lo que está sucediendo. Y me gusta lo que Beck dijo: ‘Bien, ya hemos tenido tiempo para murmurar, así que ahora vamos a por el nuevo milenio. Tal vez sea tiempo de hacer las cosas un poco menos fáciles’. Yo estaba en casa levantando mi pulgar y diciéndole: ‘Totalmente de acuerdo’.

Xavier Valiño

ULTRASÓNICA 1998 ENTREVISTA CON RADIO FUTURA

ULTRASÓNICA 1998 ENTREVISTA CON RADIO FUTURA

Ultrasonica e-zine :: Xavier Valiño

ENTREVISTAS 1998


Radio Futura, recuerdos de la España profunda

 

 

Por razones que no vienen al caso, Radio Futura reaparecen este año. Aunque no es una reunión en toda regla: simplemente se edita un disco, Memoria del Porvenir, que recoge sus grandes canciones, páginas de oro imprescindibles en la historia del rock en castellano, cinco de ellas regrabadas para la ocasión. Santiago Auserón, Luis Auserón y Enrique Sierra nos cuentan las anécdotas de esa historia.

 

– Escuela de calor

– La regrabamos de nuevo enteramente. Queríamos ver qué pasaba al juntarnos los tres con músicos de 20 años, como los de la banda de Luis Auserón. Se reemplazó el riff que todo el mundo conoce, tocando el tema al doble de tiempo y cambiando la melodía de la voz.

 

– Semilla negra

‑ Sí, otra versión de “Semilla negra”, pero ésta parece la definitiva. Creemos que las anteriores no estaban del todo bien resueltas, sobre todo rítmicamente. La experiencia de tocar con cubanos en la banda de Juan Perro ha servido, curiosamente, para integrar el corazón latino del tema con las maneras de tocar de Enrique, de Luis y de su grupo.

 

– Han caído los dos

‑ Tiene un cierto aire hispano, con métrica de bolero, por no hablar de la temática pasional. Pero está llevada a terrenos metálicos en el sonido y en la producción. Aunque data de 1985, se parece mucho a la manera en que algunos grupos de hoy arreglan sus temas.

 

– El tonto Simón

‑ En De un país en llamas este tema simbolizaba nuestra voluntad de extraer contenidos de la España profunda. La que se recoge ahora es la versión de Tierra para bailar, que conserva la voz de la primera grabación pero con la estructura modificada y los metales de Aswad, convertida en una de las tímbricas más resultonas de la carrera del grupo.

 

– No tocarte

‑ La idea original era tocarla en ritmo de pasodoble, pero se metió un riff guitarrero al estilo Moratalaz y quedó así. Puede leerse también como un retrato de la España en la que nosotros crecimos, un país exuberante pero intocable, al que era difícil meterle mano.

 

– A cara o cruz

‑ La inspiración proviene de un día en que fuimos a tocar a Molina de Aragón, contratados por una peña de amigos en una plaza de toros diminuta. Llovía muchísimo, pero un paisano con la boina hasta las cejas y un pito en los labios insistía en que no llovería más. Es el personaje al que llamamos Don Rufio Datura en la letra, que, curiosamente, está escrita con la estética de carretera de la literatura estadounidense.

 

– La negra flor. Paseo con la negra flor

‑ Radio Futura tuvo una relación fuerte con Barcelona desde el principio. Nos quedábamos en hoteles muy exóticos, por el Barrio Chino, y pasamos temporadas muy divertidas. Imaginamos la historia de un currante, un chavalillo que se está quedando con una señorita que se gana el pan con desconocidos. ¿Lo de regrabarla? La cinta se caía a cachos, literalmente. Así que aprovechamos para hacer una versión con más punch, quitando arreglos superficiales, pero buscando dar más consistencia a la dicción y al ritmo.

 

– 37 grados

‑ Es un pastiche enloquecido de estilos que finalmente son extrañamente coherentes entre si. La letra es una especie de delirium tremens carnal que, curiosamente, conectó con la gente. De hecho, no aparecía en la primera selección, por cuestiones de duración, pero finalmente hubo tantas peticiones de la calle que aquí está.

 

– Annabel Lee

– Es la toma en directo de las sesiones grabadas en el Arena de Valencia. Suena como nos gusta, un poco tensa y dramática. La gente que ha seguido a Radio Futura sabe que en noches de buena temperatura podíamos sonar como una banda extranjera de nivel.

 

– El canto del gallo

‑ Otra vez la España rural, pensada para pueblos concretos y personas concretas. Aunque podrían suceder en, digamos, La Mancha, como en un pueblo de Méjico o Colombia. Es un lenguaje válido para toda la raza, como se dice por allí. Quizás es el tema al que le tenemos más cariño de todos: ni se nos ocurriría remezclarlo o rehacerlo.

 

– Veneno en la piel

‑ Una advertencia contra la toxicidad de la imagen, sobre todo cuando tiene cuerpo femenino y capacidad de seducción. Aquí quisimos hacer un homenaje a Ollie Halsall, que era uno de nuestros guitarristas míticos incluso antes de tocar con nosotros: el solo que hay en la canción es el que él había hecho en la versión instrumental antes de morir.

 

– Corazón de tiza

‑ Parte de un amorío infantil. Tarde de principios de verano, en un barrio pobre de Zaragoza, jugando con unas niñas. Estas tonterías de críos luego se convierten en enigmas cuando te haces mayor. Musicalmente buscamos esa especie de inocencia de un tema ligero pero con garra. Ésta es la versión de Tierra para bailar, mejor resuelta rítmicamente, con el órgano que tocó Joe Dworniak al final que echa candela y el rap que hicimos para el maxi.

 

– El puente azul

– Era el nombre del bar de Dimitri, un amigo de Londres, en el barrio de Candem. Improvisamos y salió esto: se empezó a trabajar una noche sin letra y se terminó a la siguiente. De vez en cuando da resultado intentar aproximaciones tan descaradas y sin preparación.

 

– La estatua del jardín botánico

– Con este tema se inició realmente la carrera consciente de Radio Futura como banda de rock experimental, dejando atrás un pasado de currantes y estudiantes que firmaron un mal contrato allá por el 81 que nos llevaba por terrenos no deseados. De repente, decidimos lanzarnos a un art-rock en castellano que era muy raro para la época, con final instrumental casi psicodélico. En la versión actual hay varias generaciones de guitarristas. Al final, este intercambio de ideas musicales justifica la preocupación de volver a pensar en estos temas.

Xavier Valiño

DEL AMITRI

Del Amitri, el power-pop más clásico

 

En Popcorn, un best-seller editorial convertido en una obra teatral de éxito por Ben Elton, que destacaba como una mirada satírica a la actual industria cinematográfica, el anti-héroe era un joven llamado Bruce Delamitri. Delamitri era un magnate del mundo del cine, un productor con aires de mercenario que se identificaba con las obsesiones de Guns N’Roses acerca de un lugar muy especial llamado Hollywierd. Ésa es la historia que se esconde tras el extraño nombre que Justin Currie eligió para el grupo que formó en un parque de Glasgow, en plena década de los 80, y que desde entonces se ha venido dedicando al arte de perfeccionar las melodías hechas con guitarras eléctricas y acústicas, aunque ahora pretendan dejar de lado a estas últimas. Leer más

ULTRASÓNICA 1998 ENTREVISTA CON PEZ

ENTREVISTAS 1998


Pez, todo terreno del dance

 

 

 

Pongamos las cosas en orden. Y para eso nada mejor que dejar que el propio artífice de tanto lío se explique. Todos sus nombres, todos sus proyectos, todos sus trabajos, todos sus discos, todas sus aficiones… Tanta creatividad sólo demuestras que disfruta con lo que hace. Y él es Javi Pez, el donostiarra más feliz con su trabajo.

 

¿Fue el primer disco de Parafünk un precedente de todo el rap que estaba por llegar?

– No. Fue un islote que no ha tenido nada que ver con el hip-hop que se ha hecho después. Era un proyecto más pop, más soul que exclusivamente hip-hop. El primer disco de Parafünk era más como unos fuegos artificiales, un montón de cosas distintas, un montón de guiños diferentes, y Parafünk ha ido derivando hacia un sonido más soul.

 

Pero esa evolución hasta llegar a Epílogo no tiene mucho que ver con la que ha seguido el hip-hop.

– Antes se trataba de hip-hop mezclado con cosas más positivas y alegres como Jungle Brothers o De La Soul. Desde entonces, el hip-hop ha ido derivando hacia algo más comercial y hacia el gansta, como si fuera necesario ser malo para ganar más dinero. Por aquí quedan Jazz Two, que son la excepción que confirma la regla, haciendo un hip-hop más jazz, en la línea de Gang Starr o Guru con Jazzmatazz, pero los textos son también algo macarrillas.

 

¿Tiene continuidad Parafünk y hay intención de hacer gira?

– La idea es empezar ya. Tengo una banda con Mikel Bap!! a la batería, Mikel Azpiroz en los teclados y Alberto Bosch al bajo, y vamos a dar varios conciertos. Queremos dar un paso más adelante. En principio los conciertos con Parafünk eran un DJ y muy pocos elementos más. Ahora por fin ya somos un grupo con batería, bajo, guitarra y teclados, y le añadimos los sampler y hacemos un auténtico espectáculo.

 

¿En qué ha cambiado tu forma de enfrentarte a la música y al negocio en esos cinco años que separan ambos discos?

– La evolución ha sido sobre todo para aprender a hacer las cosas uno mismo. Contar con un sello discográfico fue la conclusión lógica después de estar tan solo y abandonado en La Fábrica Magnética. Cuando surgió Parafünk en el 93 no había ningún tipo de escena, por lo que había que crearla. Y había un trabajo que no se enfocaba de cara a la industria, sino de cara a la independencia.

 

¿Cómo funciona la autonomía discográfica?

– Es muy complicada. En un principio haces las cosas en plan juego, y al editar los discos te vas metiendo en la industria y te planteas hacer discos y cómo venderlos para poder hacer más. Se trata de organizarlo todo y vas madurando con ello, aprendiendo que es necesario tener una persona para promocionar los discos que haces y todas las cosas básicas que al principio desconoces.

 

¿Está la escena dance lo suficientemente consolidada ya en el Estado o es todo un espejismo?

– Me da la sensación de que es un espejismo y, a la vez, creo que hay un mínimo de consolidación. Ya hay varios sellos discográficos, se editan compactos… Lo que le falta es personalidad a la hora de trabajar, para conseguir un estilo y una forma de hacer. Algo hay, está claro, con el trabajo de los pequeños sellos y las grandes compañías también editando discos de remezclas.

 

¿Y qué recompensas ofrece el seguir trabajando como DJ?

– Al trabajar en casa y hacer música no sabes bien para quién la haces. El ser disc-jockey te da la posibilidad de poner la música y ver las reacciones de la gente. Te abre la cabeza y ves lo que realmente puede llegar a hacer bailar a alguien. También está la creatividad que te da el poner un tema detrás de otro, conseguir un determinado ambiente, crear una tensión a través de los ritmos. Me parece muy interesante trabajar con los sonidos.

 

A pesar de su carácter plural y abierto, las sesiones del Etxekalte siguen siendo minoritarias.

– Sí, ya que seguimos arriesgando y se trata de un club de jazz muy pequeño. Nosotros ponemos lo que nos apetece pensando en la música, de forma que podamos seguir aprendiendo a partir de la música de jazz, de las raíces, no exactamente lo que suena en la radio. Así que hay un lado experimental, se invita a gente a que venga, traemos disc-jockeys, y aprendemos de todos ellos.

 

O sea, que te sigues enfrentando a ello en plan amateur.

– Sí. Es curioso: yo no me considero disc-jockey pero vivo de ello. Lo que pasa es que surgió la oportunidad de pinchar discos en un club de jazz. Trabajar de disc-jockey es algo circunstancial pero a la vez he aprendido mucho de ello a la hora de hacer música. La historia del local también es curiosa, ya que el jazz parece la madre de todo.

 

¿Cómo se come que haya gente a la que le pagan millones por una sesión o que sean las nuevas estrellas?

– Cuando llega la industria, pasa lo que pasa. A una persona que te llena el local se le paga lo que pide. Es lo mismo que el rock’n’roll: cuando un grupo llena estadios, cobran lo que les da la gana y hay gente que les paga lo que piden. Y eso pasa en este mercado: los que tienen las discotecas tienen que pagar el dinero que les piden si quieren asegurarse el lleno.

 

¿No hay ciertas contradicciones en festivales como Festimad en el que a la gente le vale igual Extremoduro que The Prodigy y luego para ver a Goldie hay cuatro gatos?

– El rollo éste de independencia es muy cuestionable. Ese Festival está muy bien, pero no se puede jugar con la historia de la música independiente. Al final se piensa más en la parte industrial que en la música en sí: hay que tener mucho cuidado con utilizar determinados reclamos.

 

El mismo problema sucede con las carpas dance, que muchas veces no tienen la calidad que debieran.

– La picaresca en el Estado es algo muy común y siempre va a ocurrir. Los promotores que estaban en el rock se dan cuenta que pueden traer a un disc-jockey y ganan el mismo dinero o más y les sale más barato, ya que se trata de una sola persona.

 

¿Hay base creativa en la escena?

– Yo si estoy en esto es, desde luego, por la parte creativa. El sacar discos para mí es algo creativo. Ahora que hay que pensar en venderlos para poder hacer más y ésa es también una realidad que hay que tener en cuenta. Pienso que el fin justifica los medios. Sucede también que hay mucha gente que utiliza otras formas que no son exclusivamente la creatividad y empiezan a salir demasiadas cosas raras que huelen a puro mercantilismo.

 

De las remezclas que has hecho, ¿de cuál has quedado más satisfecho: Esclarecidos, Pizzicato Five, Spring…?

– De la de Pizzicato Five estoy muy contento: he fundido la personalidad del grupo con mi forma de trabajar con los samplers, viéndolo desde el prisma de ellos. También estoy satisfecho de una que hice para Carlos Berlanga, «120 años», que titulé «120 años de radio fórmula mix». De todas formas, de las remezclas nunca quedo plenamente satisfecho, tal vez porque no es cien por cien algo mío: tienes una voz como condicionante… Es interesante hacerlas, pero a la vez te marca mucho. Los mejores casos son cuando te gusta el grupo para quien la haces.

 

¿Sería posible tener diferentes aventuras sin la revolución del sampler?

– No, aunque por otro lado sí. El sampler lo que da son unas posibilidades que antes eran impensables. Antes era un trabajo de laboratorio, ir cortando y pegando, y ahora te ahorras muchas cosas. Las cajas de ritmo también son un gran adelanto, pero el sampler lo completa todo. Sampleas un disco viejo y ya lo tienes ahí, y vas pirateando elementos de todos lados. Es muy versátil y muy creativo: puedes tomar sonidos de otros, jugar con los tuyos, manejarlos. Es una parte muy fundamental de los 90.

 

¿Qué grado de culpa de tu hiperactividad tiene la posibilidad de disponer de toda la tecnología en casa?

– También es muy importante. Tú trabajas en casa con unos elementos no excesivamente caros, a los que cualquier persona puede acceder hoy en día. Por un precio asequible te puedes montar tu estudio en casa y así el desarrollo es mucho más musical. Lo que no sé es adónde va a ir a parar todo esto. Con el rollo de Internet, el formato físico del disco puede llegar a desaparecer. Es una incógnita interesante ver adónde nos lleva la evolución de los elementos

 

¿Qué queda en Javi Pez del espíritu de las fiestas quincenales que organizabais en El Muro?

– Lo mismo. Yo sigo igual. Sirope empezó en el 93 allí haciendo fiestas y ahora estamos afincados en el Etxekalte haciendo lo que queremos, sin cortapisas, salvo las del espacio: no podemos meter helicópteros ni nada de eso. Yo tengo la misma ilusión y estoy muy agradecido porque las cosas van muy bien, y todas las locuras que se me van ocurriendo gustan y hay un cierto interés por lo que hace este loco del Norte, y no dejo de sorprenderme cuando me proponen cosas como las remezclas de Pizzicato Five.

LA CABRA MECÁNICA

La Cabra Mecánica, fuera prejuicios

 

Que si Albert Plá, que si Extremoduro. Que si latinos, que si mestizaje. Que si Los Especialistas, que si Mano Negra. Que si cachondeo, que si irreverencia… Dejémonos de nimiedades y vayamos al fondo del asunto. ¿Dónde estaban los cazatalentos cuando La Cabra Mecánica paseaban su primera maqueta? ¿Por qué nadie supo programarla a tiempo para que no nos pudieran coger así, por sorpresa? Aunque bienvenidos sean, los necesitábamos. Miguel Ángel Hernando, El Lichis para los amigos y todo quisque, trata de evitar los tópicos. Leer más

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