ULTRASÓNICA ARTÍCULO AVIONES Y ESTRELLAS DEL ROCK

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ARTÍCULOS 2004


Los desmanes de las estrellas del rock en los aviones

Courtney Love y Björk 

         ¿Hay algún extraño vínculo entre ser una estrella del rock y comportarse como un imbécil a la hora de coger un avión? Parece que sí, por lo menos en una proporción mucho mayor que en cualquier otro medio público de transporte. Puede que sean los nervios, la barra libre de la primera clase o el jet-lag, pero lo que es cierto es que los casos de artistas desquiciados avión a 10.000 metros sobre el nivel del mar o en un aeropuerto son bastantes. Repasamos los más llamativos.

PETER BUCK (REM): Según se demostró posteriormente en su aparición ante el juez, el 21 de abril de 2001, en un vuelo entre Seattle y Londres, dos días antes de un concierto en Trafalgar Square, el habitualmente tranquilo guitarrista de REM se tomó un par de pastillas para dormir aunque, y aquí comenzaron los problemas, las mezcló con alcohol. Cuando le impidieron beber más, rompió una nota de advertencia que le habían pasado, puso un compacto en la bandeja de la comida -pensando que se trataba de un reproductor de compactos-, tiró una cuchara de yogur a la tripulación y se sentó al lado de una desconocida de primera clase asegurando que era su esposa. Más adelante reconoció estar “profundamente avergonzado por el incidente”. Suponemos que ahora leerá bien los prospectos de las pastillas que se toma. 

IAN BROWN (STONE ROSES): En su caso, su aparición ante el juez tuvo menos suerte. Acabó pasando cuatro meses entre rejas por lo que había hecho en un vuelo en febrero de 1998, y eso que su pecado era similar al de Peter Buck: un exceso de alcohol que acabó con Ian Brown golpeando en la puerta del servicio, gritando a la tripulación y amenazando con un expresivo “cortaré tus jodidas manos” a una azafata de British Airways. 

BJÖRK: En 1996 las cosas no le fueron tan bien a la diva islandesa. Después de ser pasto de los tabloides británicos, un fan trató de enviarle una carta-bomba. Por aquellas fechas, al llegar al aeropuerto Don Muang de Bangkok, un periodista trató de sacarle unas fotos junto a su hija Sindri. Björk empezó a asestarle tales golpes que el osado reportero tuvo que ser atendido en el hospital. Las imágenes quedaron registradas y dieron la vuelta al mundo. “Esa mujer que nunca le ha pegado a nadie, pero que pierde su carácter cuando van a por su hija,” parece que fue el comentario del director Lars Von Trier para justificar haberle ofrecido el papel principal en su película Bailando en la oscuridad.  

LIAM GALLAGHER (OASIS): No uno, sino dos son los incidentes conocidos hasta el momento del menor de los Gallagher, Liam -¿quién si no?-. El primero sucedió en 1988, cuando en un vuelo entre Hong Kong y Australia, empezó a tirar la comida, insultar a la tripulación, se negó a dejar de fumar y amenazó al piloto que trató de calmarlo. Según la aerolínea, Cathay Pacific, todo se debió al “típico comportamiento de un borracho”. La compañía le tiene vetado volar con ellos. Tres años después, el 12 de enero de 2001, cuando iba a coger un vuelo desde el aeropuerto londinense de Gatwick a Rio de Janeiro, para participar en el Festival Rock In Rio, le dedicó varios gestos obscenos a la azafata que le atendía, tocándole también el trasero. Vamos, nada nuevo en él. 

COURTNEY LOVE: En los últimos meses de su conducta impredecible se puede esperar cualquier cosa. Así que lo del 2 de febrero del 2003 en un avión de Virgin Atlantic en vuelo de Los Ángeles a Londres -en donde iba a participar en una gala benéfica organizada por Elton John- no cogió a nadie desprevenido. Según el informe policial, a bordo se dedicó a insultar a la tripulación, actuó de forma violenta, se negó a sentarse y ponerse el cinturón. Al día siguiente, en Londres, llamó a un fotógrafo de la revista Q y se paseó desnuda en un taxi por Londres. Dos días intensos, vaya que sí. 

RONALD CHENG: Este tipo, desconocido en Occidente, pero una estrella del pop en su país, se emborrachó en la primera clase de un vuelo de Los Ángeles a Taipei, empezó a fumar, gritó obscenidades a la tripulación y se arrastró por el suelo del avión. También agarró a una azafata y la encerró en uno de los compartimentos para maletas del avión, del que la tuvo que sacar el capitán del aparato. El avión se vio forzado a aterrizar en Alaska y el ídolo del pop fue recluido en un hospital psiquiátrico. 

DUFF McKAGAN (GUNS N’ ROSES): En el caso del bajista de Guns N’ Roses, lo suyo acabó en multa. Su pecado: mear en la moqueta de la primera clase de un avión 747. El precio: 20.000 dólares. Barato no es, precisamente, aunque puede que ni le importase. 

DIANA ROSS: El 22 de septiembre de 1999 Diana Ross no estaba de humor. Después de que una agente del aeropuerto la cacheara, Diana Ross hizo lo propio con los pechos de la agente y le dijo: “¿Qué, te gusta?” El consenso en el aeropuerto parece que fue que no, ya que la retuvieron durante unas cuantas horas. 

KYLIE MINOGUE Y MICHAEL HUTCHENCE (I.N.X.S.S.): Según quienes iban en aquel avión, a principios de los 90, los por entonces novios se lo hicieron en el servicio del avión, algo con lo que más de uno ha fantaseado alguna vez. Parece ser que la puerta del servicio se abrió y todos los que iban en primera clase pudieron verlo perfectamente. Cuando le preguntaron a Kylie, ésta comentó: “Los hechos no fueron así exactamente…” No hay constancia de si los sorprendidos espectadores aplaudieron después del espectáculo. 

BRIAN FERRY: El dandy del pop se estaba echando una siesta a la vuelta de unas vacaciones con su familia en Kenia cuando le despertó un perturbado mental que había tomado el control del avión con un cuchillo y pretendía derribarlo con sus 400 ocupantes. Según él, “fue el mayor susto de mi vida”. Curiosamente, el siguiente movimiento de Ferry fue propiciar la reunión de Roxy Music. La pregunta podría parecer una tontería, pero no lo es tanto: ¿Tendría algo que ver haber visto en peligro su vida? 

MUSE: En el 2000, después de haber recogido el premio a la banda revelación del año en una ceremonia de premios británica, se largaron rápidamente para el aeropuerto, donde les esperaba un jet privado que los llevaría a Munich, donde tenían concierto al día siguiente. El motor estalló en llamas en pleno vuelo y tuvieron la suerte de no estar muy lejos del aeropuerto londinense del que acababan de despegar. Salieron casi ilesos del aterrizaje de emergencia. El susto fue tal que tomaron un taxi, volvieron a la fiesta y cogieron la borrachera de sus vidas. 

DIEGO EL CIGALA: Por aquí, también tenemos nuestros héroes particulares. En un vuelo Madrid-Tenerife de marzo de 2003, el cantante le pidió a la tripulación que le colgaran un traje. La azafata le explicó que no existía armario para trajes y le ofreció colgarla en la parte destinada al equipaje de mano. El cantante se negó, la insultó y la amenazó de muerte. La azafata se resguardó en la cabina de los pilotos, y Diego El Cigala empezó a golpear la puerta. A continuación, lo desalojaron del vuelo, y el cantante denunció a la compañía por discriminación racial, ya que, según él, le llamaron “gitano”.

Xavier Valiño

ULTRASÓNICA ARTÍCULO RECOPILATORIOS DE FIN DE AÑO

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Recopilatorios, con la resaca de fin de año

 

Como cada año, las compañías volvieron a hacer lo de siempre en el último trimestre del año: editar una buena colección de discos recopilatorios, cajas de varios compactos, discos de remezclas, conciertos en directo, homenajes a algún artista, acústicos, discos de versiones, de duetos, discos colectivos con lo que más ha sonado en las radio-fórmulas, megamixes, discos con lo mejor de cualquier cosa… Una excusa perfecta para saciar nuestra fiebre consumista. ¿Seguro? Repasemos. 

El año discográfico se cuenta por campañas; una se inicia en febrero, de cara al verano y los bolos estivales, y la otra en agosto, de cara a la Navidad. Es en esas entrañables fiestas cuando todos los sellos discográficos se presentan con sus mejores armas en el mercado. Y lo hacen acompañados de grandes campañas publicitarias, con una especial atención hacia la televisión, donde se dejan casi todo su presupuesto, una buena pasta, en publicidad. 

Lo más curioso es que, mientras el resto del año reina una tremenda competitividad entre los sellos, de cara a la época navideña -y al verano- los corazones se ablandan y todos arriman el hombro de alguna manera, cediendo o editando sus canciones en recopilaciones preparados por la competencia. 

Por si fuera poco, muchas recopilaciones preparadas en los USA o el Reino Unido nunca son editadas aquí, ya que sus compañías tienen demasiado material en sus manos para promocionar o porque piensan que no tendrán unas ventas mínimas. Nada del otro mundo en un Estado en el que, esta vez, se ha quedado en el tintero, por ejemplo, la colección de Super Furry Animals. 

Que nadie se crea que son los grupos más críticos con el sistema los que menos se prestan a la jugada. Repasemos. ¿Cuántos discos editaron los rebeldes Pearl Jam? Este año se les puede encontrar en las tiendas por partida triple, ya que, además de un directo acústico -el enésimo, teniendo en cuenta que antes editaron todos y cada uno de los conciertos de su anterior gira-, está disponible un grandes éxitos doble y un recopilatorio de sus caras B también doble. Y The Cure ya casi pueden presumir de ser el grupo con más recopilaciones de éxitos, singles, maxis y remezclas, a lo que se le añade este año una nueva caja de cuatro compactos con las caras B de sus singles. 

Lo más rentable para las compañías es tirar del fondo del catálogo, sin tener que hacer mayor esfuerzo. A veces se hace con cierto gusto, editando cajas tan atractivas como prohibitivas para el bolsillo, como las de Nirvana, Marvin Gaye, The Mamas & The Papas, Simple Minds, Rolling Stones, The Beatles, The Faces, Bon Jovi, Michael Jackson o George Harrison de este año o toda la colección completa de los discos de Caetano Veloso. 

Sin embargo, lo habitual es repetir la misma colección, con escasas variaciones, una y otra vez, cambiando poco más que la portada, y para demostrarlo en estos últimos meses se pueden ver por los escaparates nuevos recopilatorios de Antonio Vega, The Jacksons,  John Denver, Jackson Browne, Tina Turner, Neil Young, Seal, Kylie Minogue, Bee Gees, Triana, John Mellencamp… 

Otros buscan alguna excusa más original para hacer lo mismo, centrándose en una época concreta o en canciones perdidas en caras B, como fue el caso, esta temporada, de Phil Collins, Joni Mitchell, Frank Sinatra, Jean Michel Jarre, Nick Drake, Blondie… 

A su lado están los que son primerizos en este mundo, aunque seguro que no por última vez: Mikel Erentxun, Marilyn Manson, Supergrass, 10.000 Maniacs, Robbie Williams, The Long Ryders, Placebo, Groove Armada, Travis, Everclear, Korn, The Verve, Afro Celt Sound System, Café Tacuba, Keziah Jones, Wu-Tang Clan… 

De poco vale que los artistas con unos ciertos principios levanten sus protestas. Muchos tienen estipulado en sus contratos la absoluta libertad para sus compañías en cuanto a la edición de toda clase de discos recopilatorios. Casi nadie es dueño de su propio catálogo. De las pocas canciones que Stone Roses grabaron para su primera compañía, Silverstone, éstos llegaron a editar hasta tres recopilatorios, utilizando incluso el trabajo artístico de John Squire. Lo cierto es que las protestas vienen acompañadas de suculentos derechos de autor que pasan a engrosar las cuentas corrientes de los compositores, así que tampoco se esfuerzan en denunciarlo. 

Muchas son las fórmulas que explotan las compañías para lucrarse, aunque se les ocurran pocas innovaciones. Los recopilatorios más innecesarios son, significativamente, los de mayores ventas. Ahí estuvieron todas esas mezclas de música de discoteca de sábado noche de saga interminable (Bolero Mix X, Máquina total X…), que explican sus ventas si pensamos que ahorran a muchos pinchadiscos horas de trabajo. 

Además de los discos de duetos -este año Ray Charles o Nancy Sinatra- o de tributo a un artista -Radio Futura, Steve Wynn, Depeche Mode o Echo & Th Bunnymen son los homenajeados esta temporada-, también se puede utilizar el recurso del disco en directo, otra forma de recopilar canciones, que sirve para estimular el ego de los artistas con el respaldo de su público y cerrar los paréntesis creativos de las bandas. Rolling Stones, Aimee Man, Ocean Colour Scene, Dream Theater, Queen, Phoenix o Sexy Sadie fueron los últimos ejemplos de algo que parece no tener fin. 

Quedan aún las grabaciones acústicas -John Lennon-, las reediciones generalmente con añadidos -The Clash, David Bowie, Pavement, The Pogues, Jeff Buckley, Bruce Springsteen, John Lennon, Talking Heads, The Kinks, ABC, Nacha Pop-, los álbumes de versiones de otros artistas -Paul Weller, k d Lang, Joe Cocker, Molotov, David Kitt- los discos de remezclas -Depeche Mode- o de Navidad -Chris Isaak, Dianne Reeves-… Vamos, que si alguien no sabe cómo hacer rentable su negocio, ya sabe a quién dirigirse. 

Xavier Valiño

ULTRASÓNICA ARTÍCULO CONCIERTO RED HOT CHILI PEPPERS

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El día que vi tocar a los Peppers


Exigían puntualidad y empezaron con algo de retraso. El viento pegaba fuerte pero Flea no sentía el frío y salió sin camiseta. Crónica de cómo los californianos Red Hot Chili Peppers dieron un concierto para abrir el verano-Xacobeo.

“Ahí están”. Ovación ensordecedora. Al escenario del Monte do Gozo salen Anthony Kiedis, Michael Bazary (Flea), John Frusciante y Chad Smith. Ante 30.000 personas en Santiago de Compostela van a cerrar su gira europea los Red Hot Chili Peppers. Sólo podía ser un milagro del Xacobeo. La tan cacareada exigencia de puntualidad no se cumple. Pero da igual. Ahí están.

“Can’t stop addicted to the shin dig…”. La canción dedicada por los californianos al tratamiento con ozono pone a saltar a todo el mundo y el corazón, a cientos de metros del escenario, se sale del pecho. Es difícil contenerlo. Son los Peppers. Son ellos. Has pagado los 28 euros (con la historia de pillar la entrada por Internet y no sé qué gaitas), has ido hasta Santiago (gracias otra vez, Edu), te has colado en uno de los autobuses que subían al Gozo (gracias por el descaro, Evita), has echo cola para entrar en el recinto y el sitio que has pillado está a cientos de metros del escenario (y gracias).  

Pero son ellos. El “Hola, gente” de Kiedis sabe a gloria. A la chica que portaba el cartel de “Marry me, Anthony”, a gloria bendita. Se ha vuelto a dejar el pelo largo, esta vez con flequillo, el cantante de los Peppers. Sale con americana y corbata. Acabará enseñando su famoso torso. El bajista Flea, que no siente el frío, lo hace desde el primer momento. Frusciante lleva sus brazos de tatuajes quemados tapados por una camisa. En medio del concierto, se pondría un gorro. Mi cartel (que sólo era mental) ponía. “You’re my inspiration, John”.

Van cayendo las canciones. Toca repaso de grandes éxitos. La gente corea los hits: “Californication”, “Otherside”, “By the way”… Para los bises quedaría “Under the bridge” y “Give it Hawai”. Los orígenes quedan lejanos. Ya no permanece casi nada de los amigos de instituto (Kiedis y Flea) que tenían un grupo en el que salían a tocar desnudos con medias tapando lo único que no querían enseñar del todo. Frusciante era sólo un fan. Sin él, hoy simplemente no son. 

Kiedis canta muy bien. Su voz suena genial en directo. Quedan en la memoria los ecos de 30.000 gargantas ladrando como él propuso desde el escenario. Es habitual (lo dicen los DVD). “Mamamaé”, canta. Y todos detrás. Quedan en la memoria las parrafadas que soltaron. Quedan los esfuerzos de Flea presentando en castellano una versión de una banda amiga de California.

Queda él mismo pidiéndole a la gente que perdonase a Bush. “Fuck George Bush”, le contestaron desde las primeras filas. Queda Frusciante dedicándole “Havana affair” a Joey Ramone (ahí sí que te ganaron, Marta). Queda Chad Smith antes de empezar los bises (dos horas clavadas duró el concierto) haciendo de las suyas en la batería. “Buddy you’re a boy…”. Momentazo.

Pero los momentos grandes, grandes de verdad, vinieron de la mano de Flea y John Frusciante. De sus cuatro manos. Uno frente al otro. Solos con el bajo y la guitarra. Sobrábamos todos. Cómo se aplaude algo así. Yo no sé. Y ahí sí era oficial: éste era un gran concierto, por encima del montaje audiovisual que derrapó al principio, por encima del pésimo sonido que iba y venía según pegase el aire, por encima de pagar los casi 30 euros para cansarse de ver invitaciones VIP colgadas de cuellos (VIP ¿de qué?), por encima de fuegos artificiales que sobran (la pirotecnia no hace falta con un grupo como éste), por encima de los parones entre canción y canción (por Dios bendito si llevan tres días repitiendo concierto en High Park, ¿qué se comentaban?), por encima de obviar un guiño como sería tocar “Cabrón”.  

Allí estaba John Frusciante para hacerlo olvidar todo, de rodillas, tocando con los ojos cerrados, como si no hubiese nada más. No lo había y (casi) no lo hay.

Belén López

ULTRASÓNICA ARTÍCULO PREVIO FIB HEINEKEN

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Festival Internacional de Benicàssim: estío musical

Benicàssim: ciudad costera y turística de la costa de Castellón, a unos 15 kilómetros de su capital. Benicàssim: lugar donde se celebra cada primer fin de semana de agosto el festival musical más importante de España. Las dos acepciones compiten ya en el subconsciente de todos desde no hace mucho.

Todo es mérito de unos locos que, hace ahora diez años, se propusieron montar el gran festival estatal de la música independiente, al estilo de otros que se venían celebrando en Europa. Nueve ediciones les han bastado para consolidar su propuesta, con bastantes cientos de artistas que ya han pasado por sus escenarios, muchos de ellos en la única visita que han hecho a un festival de aquí, incluyendo a nombres como Björk, The Cure, Radiohead, Massive Attack, Oasis, Sonic Youth, Fatboy Slim, Pulp, P J Harvey…  

Por eso, lo que diferencia a Benicàssim del resto de los festivales es el cartel de grupos que logran reunir en cada edición y que intenta, cuando menos, mantener el nivel año tras año, incluyendo siempre a artistas que viven su mejor momento creativo y artístico y que gozan del total respaldo crítico y de los verdaderos aficionados a la música. Sí, la piscina detrás del escenario ayuda, y muchas bandas esperan con impaciencia la llamada para poder asistir al festival. 

Como no podía ser de otra forma, la organización ha preparado una edición muy especial para celebrar su décimo aniversario los próximos 5, 6, 7 y 8 de agosto. En esta ocasión, tirando literalmente la casa por la ventana, se ha conseguido mantener la relación entre independencia y calidad de todas las ediciones anteriores -o sea, crecer sin traicionar su espíritu-, con una mayor relevancia a lo que empezó a ser algo habitual, aunque un tanto anecdótico, en las pasadas ediciones: recuperar grandes nombres de la historia del pop-rock que aún siguen estando totalmente vigentes. 

Si por el FIB Heineken ya pasaron en los últimos tiempos Suicide, Big Star, Paul Weller o Donovan, lo de este año es sobresaliente. Ahí están tres nombres que por sí serían más que suficientes para montar un festival: Brian Wilson, líder de los Beach Boys, en su primera actuación en solitario en España, ya cumplidos los 60: Kraftwerk, en una de sus contadísimas apariciones en España; y Love con Arthur Lee que, aunque no hace mucho aún que hacían una pequeña gira por España, también es cierto que fue sin la orquesta que los acompañará en uno de los escenarios del FIB.

Palabras mayores, aunque a su lado hay otro nombre histórico que siempre hay que ver, Lou Reed, que además presenta un relevante disco en directo, Animal Serenade. Conviene no olvidar a Wire, que ofrecerán, a buen seguro, el concierto menos complaciente y más potente de todo el festival.

A estas alturas, clásicos son ya también Einstürzende Neubaten -hace casi dos décadas que no tocan en España-, Pet Shop Boys, The Chemical Brothers -clásicos en Benicàssim, que no han querido perderse este aniversario-, Lambchop, Belle & Sebastian, Tindersticks, The Charlatans, Spiritualized, Ash, Primal Scream, Teenage Fanclub, Yann Tiersen… A su lado estarán recién llegados de fuerte tirón como Franz Ferdinand, Kings Of Leon, Scissor Sisters, The Shins, Colder…

No es todo. Varias bandas estatales redondean el plantel, al igual que en ediciones anteriores, seleccionadas entre lo mejor de la oferta de los sellos independientes más combativos: Cooper, Los Planetas, Grupo Salvaje, Fangoria, Migala, Pauline en la playa, Maga, Polar o The Sunday Drivers, junto al grupo ganador del concurso de maquetas convocado por la organización -y al que se presentaron cientos de demos-: Virüs. 

Además, entre el 1 y el 9 de agosto se celebrarán en la misma localidad castellonense otras actividades complementarias a los conciertos, como el V Festival Internacional de Cortometrajes, la VII Muestra de Teatro FIB-actúa, la VII Pasarela de Moda Mustang Fashion Weekend, la VI Cita con la Danza, la VII Exposición de Arte y distintos cursos de verano organizados con la Universidad Jaume I de Castellón.  

Todo esto se podrá ver en el mismo emplazamiento de los cuatro últimos años, junto a la carretera N-340 a su paso por Benicàssim, con capacidad para 30.000 personas y convenientemente señalizado. El abono para los cuatro días, incluidos nueve de acampada -la eterna cuestión pendiente del Festival, y que esperemos que este año se resuelva de una vez por todas- cuesta 152 euros, 140 euros para tres días y 55 euros la entrada de un sólo día. Para más información y compra de entradas: 

Internet: http://www.fiberfib.com

Teléfonos de venta de entradas: 902-332211; 902-400222

Oficina de Turismo de Benicàssim: 964-300962

Salidas desde Galicia: contactar con Breakpoint 986-205588.

Xavier Valiño

ULTRASÓNICA ARTÍCULO DVD REM «PERFECT SQUARE»

ULTRASÓNICA ARTÍCULO DVD REM "PERFECT SQUARE"

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REM: Perfect Square (Warner DVD)

Imitación a la vida

          Road Movie es el antecedente. Aquel fue un concierto seminal en la historia de REM: en su atmósfera se palpaba el ambiente opresivo del disco Monster y de la gira que le siguió. También sirvió como perfecta metáfora visual de la inercia de aquella gira que dejó a la banda muy tocada y casi desaparecida (y, en el caso del batería Bill Berry esta afirmación hay que tomarla literalmente, debido al daño que le provocó en su cerebro justo en medio de la gira).

          Sin embargo, en contra de lo que se pudiera pensar, no significó su fin desde el punto de vista creativo, ya que no sólo compusieron un nuevo disco en la carretera, el ecléctico New Adventures In Hi-Fi de 1996, sino que tuvieron tiempo para dar a la luz una nueva obra maestra tras el abandono de Bill Berry, el infravalorado disco de baja fidelidad Up. Todo ello antes de recuperar parte de su credibilidad comercial en el álbum más pop Reveal

          Perfect Square, su nuevo DVD sacado de uno de sus conciertos, es el primero que recoge material de esta última época y en él el grupo se muestra mucho más reflexivo, recuperando también canciones de sus primeros tiempos. Mientras que la decadencia del Parque de Wiesbaden Bowling Green (del que el DVD toma su nombre) marca las diferencias con el concierto más grunge que fue Road Movie, el grupo cubre sus obligaciones contractuales con una probada eficacia. Como extra se incluye un documental sobre cómo vieron los propios REM y la gente de Stirling los tres conciertos que el grupo ofreció en el castillo de aquella ciudad escocesa en el verano de 1999.  

          Evidentemente, con la reciente edición de su álbum Greatest Hits, sería fácil considerar Perfect Square como una retrospectiva. Pero, incluso aunque entendiéramos que existía la pretensión de cerrar un ciclo, lo que aquí hay no encierra demasiadas sorpresas en cuanto al material, ya que el repertorio de éxitos de esta actuación casa perfectamente con el nivel de estrellas de estadios que han alcanzado, muy distinto a aquel del grupo más sensible y centrado en las raíces, el folk y el circuito independiente que eran antes de que todo el mundo empezara a amarles. 

          En Perfect Square, REM mantiene el ánimo alto en todo momento, espoleados por una audiencia germana que se muestra galvanizada con su sola presencia y, puede que porque estos son días más felices que aquellos de Monster, intentan darle nueva vida tanto al repertorio antiguo como al nuevo. Aún así, mientras en las canciones nuevas hay un poco de todo, algunas merecen la pena: lo mejor de todo es la exuberante y energética "Animal"; tampoco desmerece la luminosa "The Great Beyond", que aparecía en la banda sonora de Man On the Moon y que tiene una melodía contagiosa y uno de esos textos de reafirmación de la vida que Michael Stipe escribe muy de vez en cuando. Incluso la reciente y un tanto decepcionante "Bad Day", una actualización de "It’s The End Of The World As We Know It (And I Feel Fine)", la interpretan con toda la bilis y toda la intención política con la que fue compuesta. 

          La interacción de las canciones antiguas con las nuevas muestra perfectamente la metamorfosis de Michael Stipe, que ha pasado de ser un soñador introvertido al más intenso y carismático líder del rock americano actual, con una voz que muestra tanto rabia como una calidez inhabitual en un hombre de mediana edad como él. Sus movimientos epilépticos parecen haber dado paso a una actuación más controlada, en la que todo el cuerpo participa. A su lado, Peter Buck mantiene su estudiada pose dirigiéndolo todo, al tiempo que mueve energéticamente sus manos sobre el mástil de su guitarra. 

          Hay muchos momentos para el recuerdo. La siempre sorprendente "Drive", con el característico bajo oscilante de Mike Mills sobre la melodía melancólica. Una interpretación emocionante de "Daysleeper", esa perfecta oda al desencuentro con los tiempos modernos y que contiene un piano que parece acariciar una nana. E, incluso aunque deben estar hartos a estas alturas de ella, "Losing My Religion" todavía parece la mejor canción pop jamás escrita. Otras muestran alguna variación sobre la versión original, como "Nightswimming", "Electrolite" -con su piano jazz- o "She Just Wants To Be" -en una rendición catártica-. Lo mejor de todo es "Walk Unafraid", el punto álgido de Up y que se muestra aquí una estremecedora versión. 

          A medida que el sol se va ocultando, el espectáculo decae un tanto, como, por ejemplo, en "At My Most Beautiful" -homenaje descarado a los Beach Boys-, "Man On The Moon" o "Everybody Hurts", una canción tan usada en todo tipo de causas que parece haber perdido ya su contenido emocional -tampoco los mecheros encendidos ayudan-. Al final, el grupo levanta el show con el himno que ya es "Country Feedback" -la favorita de los seguidores de REM- y con la recuperación de "So Fast, So Numb". 

          El cierre no podía ser más previsible, con "It’s The End Of The World As We Know It (And I Feel Fine)", aunque también hay que tener en cuenta hace años que ya no la utilizaban para cerrar sus conciertos. Aquí no enseñan los dientes como hacían en Road Movie, pero, dentro de su contrastado buen hacer, hay suficientes elementos como para atraer tanto a los novatos como a todos aquellos que han escuchado sus canciones tantas veces al menos como ellos las han interpretado. 

Xavier Valiño

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