YOLA

Yola, la derrota no es una opción

 

 

Fue a finales del verano de 2005 cuando Yolanda Quartey no pudo seguir pagando su alquiler y su casero la echó. Tenía entonces 21 años y estaba intentando hacerse un hueco en la industria musical londinense. Sus amigos rechazaron amablemente acogerla por diferentes razones, el crédito en su teléfono se agotó y acabó durmiendo en la calle.

 

De padre ghanés que la abandonó cuando contaba dos años, fue su madre emigrada desde Barbados quien intentó sacar adelante a su familia con distintos trabajos. Como enfermera psiquiátrica, su madre pudo demostrar su pasión por la música convirtiéndose en la DJ de la radio del hospital de Portishead, en las afueras de Bristol. A través de su colección de discos, Yola descubrió a Aretha Franklin, Mavis Staples, Dolly Parton…

 

Escapando de la prohibición materna de dedicarse al mundo de la música, Yola lo intentó en Londres hasta que se encontró en las calles. Un amigo vino a llevársela de vuelta a Bristol, donde estuvo ocho años al frente del grupo Phantom Limb. Las desavenencias entre ellos le causaban tal estrés que a veces perdía su voz antes de los conciertos. Fue una de las razones que la condujo a intentarlo en solitario. Ahora publica su debut, Walk through Fire, que presenta en España.

 

No sé si ha sido complicado llegar a editar tu debut, si ha sido un proceso largo.

– Ha ido madurando durante mucho tiempo y ha tardado lo suyo. Ya tienes esas expectativas cuando te dedicas a la música. Lleva tiempo encontrar tu sonido, y lleva mucho más convencer a la gente de que realmente es una buena idea poder llevar a la realidad ese sonido. En mi caso ha sido un proceso largo porque lo he tenido que compaginar con otros trabajos hasta ahora, que parece que ha llegado mi momento.

 

Parece ser algo que tenías en mente desde hace tiempo.

– Siempre he tenido este sueño, desde que tenía cuatro años, cuando le dije a mi madre que iba a ser cantante y compositora. El problema para mí siempre ha sido cómo ahora se etiqueta toda la música, a diferencia de cómo era en su origen. Diferenciamos y segregamos la música, así que resultó difícil que se me identificase en la industria de la música. Lo que hago no tiene una representación exacta en el mundo del pop, ni siquiera en una zona más oscura, porque tomo de varias fuentes y resulta ser una mezcla. He estado durante este tiempo intentando encajar en lo que estaba disponible en lugar de conquistar mi propio espacio, y esa vía es mucho más ardua y larga. Lo he intentado de tantas maneras y con tantas formaciones que, a veces, incluso intenté introducir mi propio sonido a bandas ya existentes o a algo a lo que la gente le prestaba más atención. Inevitablemente, la única forma de lograrlo era intentarlo como artista en solitario con la música que de verdad me importa. Por eso he estado unos quince años escribiendo canciones para otros, participando en los grupos de otros; en resumen, al servicio de otros. Me solían decir que me habían visto por ahí, y la verdad es que sí, porque había estado en todos lados, aunque nunca había sido realmente yo misma.

 

Vienes de Portishead pero has conseguido hacer realidad tus ideas en Nashville, al otro lado del océano.

– ¡Sí, es increíble! Visto en perspectiva, todo el proceso me parece muy interesante. Obviamente, parte de mis influencias vienen de Memphis y Nashville. Por ejemplo, Dolly Parton, que es de Tennessee, Gillian Welch y su sonido rhythm & blues, Mavis Staples y The Staple Singers, el sello Stax, los artistas de Tennessee… Así que tiene sentido que haya rodado mis vídeos en esa ciudad y que haya grabado en sus estudios. No solo eso ha configurado mi estilo y mi personalidad, sino también compositores británicos que han dado el salto al otro lado del océano como Ray Davies de The Kinks, Elton John… Estoy enamorada de esa conversación transatlántica entre las dos orillas, de la invasión británica en sus diferentes encarnaciones… Otro ejemplo sería Graham Nash, que aunque estuvo en The Byrds y en Crosby, Stills & Nash, es británico y formó parte de esa invasión para acabar colaborando con norteamericanos. Parece que yo continúo esa tradición, al menos mientras pueda.

 

En todo ello ha tenido mucho que ver Dan Auerbach.

– Conocí personalmente a Dan Auerbach a finales de 2017. Antes había estado en septiembre tocando en el festival Americana de Nashville en 2016, y repetí al año siguiente. Entonces hice muchos contactos, de forma que la gente pudiese saber quién era yo cuando fuese necesario. También se produjo una coincidencia temporal, ya que alguien del entorno de Dan Auerbach grabó uno de mis conciertos y se lo envió a él y, al mismo tiempo, yo estaba escuchando sin parar su segundo disco en solitario de finales de 2017, Waiting on a Song. Al ver la filmación, Dan pidió mi teléfono porque quería meterse conmigo en un estudio. Al volver a casa, me puse a componer y ya entonces empecé a intercambiar ideas con él.

 

Parece uno de esos momentos que cambian la vida.

– Totalmente. Cuando estaba en otros grupos, incluso aunque fuese la compositora principal, deseaba tener mi propia autonomía. Me permitían componer la letra y la melodía, a veces ambas, pero siempre se me dejaba claro que no era la líder, que había otras personas que tenían la capacidad de decisión. Así que la resolución que tomé de convertirme en una artista en solitario y escoger por mí misma (los productores, el tipo de música que quería hacer…) fue el momento de inflexión más grande en mi vida. Tener esa libertad fue el gran cambio. Hoy un disco puede grabarse sin un gran presupuesto, pero en mi caso se da un encuentro de varios estilos, así que tuve que pensar y decidir qué iba a ser bueno para mí desde el punto de vista creativo, cómo expresarme a mí misma. Antes no había tenido esa libertad y, por ello, a pesar de que mucha gente me hubiese visto en directo (por ejemplo, con Massive Attack), nadie sabía quién era yo.

 

Hay una canción compuesta por ti en el disco, «It Ain’t Easier”. El resto las has hecho con otros. Buscado esa libertad que comentas, ¿cómo encaja esto?

– Esa es una canción que había escrito un año antes y que había probado de maneras diferentes. Me quedé con una estructura básica y después se le hicieron cambios mínimos para que sonase hermosa. En cuanto al resto de las canciones, yo llegué con unos bocetos al inicio del proceso y les expuse cómo quería que se desarrollara todo, a dónde quería llegar y por dónde quería transitar. Por eso hay una atmósfera que se extiende a lo largo de todas las canciones, ya que pudimos valorar y trabajar con mis creaciones desde el inicio en una misma dirección. A partir de ahí, todos colaboraron en parte en la composición, sobre todo Dan y yo, y luego contamos con la súper ayuda de esas leyendas que son Dan Penn, Pat McLaughlin, Joe Allen, Roger Cook y, por supuesto, Bobby Wood. Ellos ya habían colaborado juntos unas cuantas veces, así que tuve la suerte de poder acoplarme a su forma de trabajar explicando lo que pretendía, aunque sin muchas ideas preconcebidas. Me gusta que en el disco se pueda descubrir cómo sonamos juntos en lugar de ser un disco que podía haber hecho yo sola. Como sigo componiendo para otra gente al margen de mis propias canciones, creo que entiendo el proceso colaborativo y sé diferenciar.

 

Parece que en las canciones hay un nexo en común, escapar del pasado, aunque no sé si estaba claro desde el inicio.

– Desde luego. Hablo del hecho de dejar atrás determinadas cosas: relaciones que han fracasado, la desaparición de mi madre recientemente, ese mundo de la música en el que me movía en el que no podía expresarme y decidir, los deseos, la pérdida… Hasta ahora, la música era un medio que me permitía ganarme la vida pero, rompiendo con el pasado, quería ver cómo podía interactuar con el mundo desde otra posición.

 

En 2015 tu cocina se quemó pero tú lo utilizaste como premisa central literal para el disco y también como metáfora de aquello respecto de lo que querías  pasar página.

– Sé que suena raro que alguien se esté partiendo de la risa mientras su hogar se va destruyendo por el fuego, pero eso fue lo que me pasó a mí. Les conté la historia a Dan Penn y Dan Auerbach, y les parecía increíble. Cuando mi cocina empezó a arder, y en lugar de ponerme a salvo, me entró esa risa, que lo que de verdad representaba era la libertad. Sucede lo mismo con todo en mi vida: desde el punto de vista de las relaciones sociales, cuanto más libre soy, más siento que llevo el control. Sé que hay muchos músicos o personas que se sienten mejor si notan un control sobre ellas. En mi caso, ese fuego y la liberación que representaba era para mí mucho mejor que si no se hubiera quemado nada y siguiese sin tener el control. De ahí surgió la canción «Walk through Fire» («Atravesando el fuego») que ha acabado por dar título al disco.

 

Aunque estas canciones hablan de dolor, pérdida y relaciones sin salida, hay como un aliento de esperanza a lo largo del disco, una especie de bálsamo que atrapa al oyente.

– ¡Exacto! Esa es la conexión perfecta con mis canciones. Hay gente que me dice que es un sonido muy tranquilo, pero para captar todo lo que tiene hay que ir más allá y apreciar la esperanza, el júbilo que se desprende de sentirse así. Eso lo he descubierto valorando mis canciones en retrospectiva, y es lo que he sacado de los momentos de tristeza, en los que no soy nada creativa. La libertad me permite explorar todo mi potencial y eso para mí es edificante, con lo que no puedo evitar que se traduzca esa sensación en mis composiciones, en mi interpretación.

 

 

Para llegar aquí, has tenido que superar muchos obstáculos en tu vida: una madre que no quería que te dedicases a la música, aunque descubrieses muchos discos gracias a ella, una temporada viviendo como sin hogar en Londres, proyectos de otros que no sentías como tuyos… ¿Te hicieron más fuerte?

– Evidentemente, hay otra gente que ha tenido experiencias similares en la vida, pero no todo el mundo consigue salir de ello con una perspectiva clara o convertirlo en algo positivo. Se trata de construir a partir de todo lo negativo, como hacer una limonada a partir del sabor agrio de los limones. Y eso es lo que siempre hago: intentar encontrar resquicios de esperanza y no permitir que la derrota sea una opción. No es que no me haya sentido desahuciada o deprimida, pero tengo una gran capacidad de resiliencia y, por alguna extraña razón, todavía confío en las personas. Es lo que me motiva para componer y lo que indudablemente define mi música. Últimamente he escrito mucho a partir de esas experiencias pero lo he hecho intentando aportar mi punto de vista sin que parezca deprimente.

 

Vivías en un vecindario en el que eras la única chica de color, así que el racismo siempre ha estado a tu alrededor. ¿Hasta qué punto informa tus creaciones?

– Lo relevante es que toda mi existencia ha estado configurada por el hecho de que soy una mujer de piel oscura y lucho por hacer la música que quiero en contraposición a la música que me permiten hacer. Eso es rebelión en estado puro. Para ser precisa, siendo más oscura de lo normal, es más complicado llegar a tener representación en el pop alternativo con un sonido americana crossover. No hay casi nadie haciéndolo. Al no disculparme por lo que hago y al expresarme a mí misma, hay quien lo entiende como una afrenta, como una gran revolución. Por suerte, tanto adultos como niños me han dado las gracias por ser simplemente yo, por ejemplo con mi corte de pelo afro sin alisarlo, sin dejar que blanqueen mis fotos… Hablo de ello en mis canciones, pero es importante cuando eres alguien como yo que el color no sea lo más relevante, sino tu humanidad.

 

Tu forma de cantar en el disco denota mucho trabajo y experiencia detrás pero, en lugar de exhibirte y gritar, como otros en sus debuts, tú intentas mostrar diferentes colores con tu voz.

– Es lo mismo que comentaba anteriormente. Si llego y me presento como una artista que solo se preocupa de temas raciales, aunque yo sea todo un tema racial en mí misma, eso me marcaría. Si me presento gritando y chillando únicamente en el disco, parecería que solo tengo un rango, que solo me quiero mostrar así. Para eso hubo un EP previo, en el que podía hacerlo. Pero en este disco era necesario mostrar las diferentes tonalidades de mi voz y todo lo que puede venir detrás.

 

 

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