ULTRASÓNICA 1997 ENTREVISTA CON PORTISHEAD

Portishead, gruesos nubarrones

 

 

“Estrella errante”

 

Primero aparecieron en Bristol Massive Attack. Definieron un nuevo género -el trip-hop-, sirvieron de escuela para muchos de los nombres que vinieron detrás y grabaron la -hasta ahora- canción de los 90, “Unfinished Sympathy”, y los dos discos que cambiarían toda la escena dance y, por qué no, el mundo del pop: Blue Lines (91) y Protection (94). Clásicos. Tras ellos, Tricky, salido de los ghettos de Bristol para rapear con Massive Attack. Creció en solitario por encima de éstos –Maxinquaye, 95- y se sumergió después del éxito en la experimentación más inescrutable y tenebrosa –Pre-Millenium Tension, 96-. Demoníaco.

 

El tercer nombre de este particular pedestal de la ciudad es Portishead. Los únicos que, casi sin tener contacto con Massive Attack, salieron del mismo puerto para llegar a aguas más introspectivas y negras, a golpe de banda sonora de película de espionaje, la voz más lastimera que se recuerda, la de su cantante Beth Gibbons, y bases hip-hop. El sonido elegante y denso de su debut –Dummy, 94- se ha vuelto ahora más oscuro –Portishead, 97-, tal vez por las vicisitudes de grabación durante tres años.

 

36 meses después intentan escapar de quedar atrapados en las listas de éxitos fáciles y del trip-hop en el que fueron encasillados con Portishead, un disco más denso si cabe. Tres de los miembros del cuarteto explican su complicada gestación. Su cantante Beth Gibbons no habla con los medios. Bastante tiene con dejarse la piel en sus canciones. Y Geoff Barrows, su compositor, se siente tremendamente culpable por su éxito, muy relativo, por otra parte, fuera de su país. “Sí, no sé por qué, pero realmente tengo esa sensación de culpabilidad”.

 

Desde luego, este disco parece querer huir de lo más accesible de vuestro debut. ¿Qué hay del sonido intenso de este segundo disco, Portishead?

– Dave McDonald (D): Es más áspero que el primer disco. Siempre me ha gustado la música que te enerva y que parece que va a hacer saltar tus altavoces con su poder. Puedes conseguir eso con la canción más suave, y a mucha gente se le olvida, piensan que tienen que conseguirlo con volumen. No se trata de eso, sino de sentimientos intensos.

 

Podemos intentar buscar otra etiqueta para que lo del trip-hop quede totalmente superado. ¿Creéis que Portishead han inventado el hip-hop gótico?

– D: Je, je. Primero te pegaré y luego te contestaré. No, aunque tiene ese lado oscuro. Y a mí personalmente me gusta el lado oscuro de las cosas. No diría que es gótico porque yo viví aquellos años del sonido gótico y sé que aquellas canciones estaban calculadas para impactar. Lo nuestro no es para impactar, es real. Es música emocional muy oscura.

 

¿Fueron tan traumáticas las sesiones de grabación del disco?

– Adrian Utley (A): Para mí, que ya tengo 40 años, fue la experiencia más traumática de mi vida, junto con la muerte de mi padre. De hecho, fue horrible. Teníamos que hacerlo porque queríamos, pero estábamos bloqueados, no podíamos avanzar. Geoff se perdió totalmente. Y, aunque todos escribimos y creamos los sonidos, la chispa inicial es siempre de él. Si eso no funciona, entonces estamos jodidos.

 

Suele ocurrir que a un debut de éxito sigue una larga espera hasta su continuación. ¿Cuál es la razón de que haya pasado tanto tiempo entre los dos discos?

– Geoff Barrows (G): Fue culpa mía, yo fui la razón por la que todo salió mal. Me pasó todo lo que le puede suceder a alguien para que todo se tuerza. Perdí mi amor por la música.

 

¿Llegaste a bordear la locura en el proceso de composición por la presión?      

– G: Ésa fue sólo una parte del proceso, la más fácil. El punto más importante es que tenía miedo de no poder hacerlo otra vez, de perderlo completamente y de no ser capaz de escribir un ritmo decente o una canción nunca más. Tan sencillo como eso. Temía hacer una mierda de disco. También me preguntaba constantemente por mi talento, si lo puedes llamar talento, y se estaba volviendo absolutamente ridículo.

 

El sonido es ahora mucho más oscuro que en Dummy.

– G: Sí, es una reacción contra Dummy. Quiero decir, editamos Dummy, y todo el mundo decía que era muy extraño y difícil entrar en él. ¡Un año más tarde era como el hilo musical! No le voy a decir a la gente cómo deben escucharlo mientras les guste, eso es lo más importante. Pero nos duele cuando la gente dice algo así.

 

¿Hacéis haces música blanca o negra?

– G: No es ahí adonde intento llegar. Quiero decir, por todo lo que valga la pena, respaldo la música negra. Un montón de gente critica el rhythm and blues que sale, como Puff Daddy, pero si no lo planteas como una cuestión moral más elevada, se trata de música controlada por una compañía negra para ser reinvertida en la música negra. Es una pena que en este país no ocurra así. Creo que la mejor música que ha salido de este país es el drum'n'bass: ése es el primer cruce racial puro, suena como algo urbano y británico. Es la música más increíble que ha salido en los últimos diez años.

 

¿Cómo os enfrentáis a los comentarios críticos de colegas de Bristol como Tricky o Massive Attack?

– G: No lo sé. Si quieren enfrentamiento con nosotros, yo no voy por ahí, ya que se trata de música. Hacemos lo que hacemos y tratamos de que sea lo más auténtico y directo. No nos dedicamos a copiar a nadie porque no sobreviviríamos como banda. Sería patético. Vi a Tricky en los Premios Mercury, y nuestra conversación fue buena. Veo a Massive Attack de vez en cuando y se portan bien. Si la gente quiere golpearnos o decir cosas malas de nosotros, es cuestión de ellos, yo no sé las razones. Valoro la música de Tricky y la de Massive Attack, ¿qué más puedo decir?

 

Como Beth Gibbons, vuestra cantante, no habla con los medios, es difícil tener una imagen exacta de ella. ¿Cómo la veis vosotros?

– D: Es una tía fantástica. Ama la diversión inteligente. Si te pones a beber con ella, beberá lo mismo que tú, y si intentas ser serio, te hará partirte de la risa. Sabe cómo indagar en sus sentimientos. Creo que le viene de experiencias auténticas y de la gente que la rodea. Todos tenemos una parte del corazón rota y esa clase de emociones en nuestra vida, pero ella les ha dado forma. Son reales, no se trata de fingir. Pero no es una maníaca depresiva, simplemente sabe cómo expresar esos sentimientos.

– A: Ella es el 50% de Portishead. Trae las canciones, las melodías y, a veces, el acompañamiento musical. Es inmensamente interesante, para nada depresiva. Creo que hacer las canciones la pone más en contacto con ese lado oscuro que todos tenemos, lo que hace que la gente reaccione ante sus letras. Pero no es así en persona. Si vas a tomar algo con ella, beberá más que tú. Es realmente brillante. Te emborrachas y hablas durante horas con ella y acabas con terribles dolores de cabeza por la intensidad con la que ahonda en las cosas, pero no de una forma mórbida.

– G: Con Beth la gente mira automáticamente al lado suicida de la cuestión. Lo que es comprensible, ya que recoge lo que siembra, pero en su caso se trata de mantenerse fría. No quiero decir que sea una persona normal, pero tampoco está desquiciada. El lado trágico sale de su propia vida, sí, no se lo está inventando. Pero si ella estuviera sentada aquí ahora mismo no lo notarías. Todo el mundo tiene eso dentro de sí cuando se siente triste. La gente piensa que es tan extraño sólo porque alguien lo hace de forma tan descarnada en un disco. No hay nada místico en ella.

 

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