TARIK Y LA FÁBRICA DE COLORES

 

Tarik y la Fábrica de Colores, de vuelta de todo

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         Tres discos lleva ya editado el andaluz Tarik, que así se hace llamar Álvaro Muñóz en homenaje a su abuelo. Sucede que, como cada uno de ellos fue publicado con un espacio de ocho años y en pequeños sellos, Tarik aún no es lo suficientemente conocido. Y vale la pena, porque en sus canciones hay ecos de todo el pop y el rock de las últimas décadas en canciones de un gusto exquisito. Si Deluxe triunfa, Tarik se lo merece de la misma forma.

¿Se puede decir que Sequentialee es tu disco definitivo?

– Hasta que se publique el próximo, sí.

Sequentialee es el estudio de Pedro Cantudo de Jubilee, ¿no? ¿Por qué en el título?

– Sequentialee es uno de esos ejemplos de cómo la ilusión y el entusiasmo pueden dar sus frutos. Pedro empezó a construir su estudio con cuatro cacharros en una habitación de su apartamento. Ahora no es que tenga muchos más, pero su sabia habilidad para combinar las últimas tecnologías con los aparatos vintage que encuentra tras pacientes búsquedas en Internet ha hecho de su estudio un envidiable laboratorio sónico difícil de superar. Además, conoce hasta el último condensador de cada uno de esos aparatos, por lo que los resultados son óptimos. Ahí están, además, sus primeros trabajos para corroborar lo que digo (Jubilee, Limousine), cuando aún no disponía ni de la mitad del material del que ahora dispone. Quise rendir tributo al estudio de Pedro con el título de Las Sesiones de Sequentialee, pero era demasiado largo para aparecer junto al nombre de Tarik y la Fábrica de Colores. Si se hubiera publicado en formato vinilo habría espacio para toda esa cantidad de texto, pero no en CD porque hubiera ocupado toda la portada. Como siga reduciéndose el formato vamos a tener que recurrir a las iniciales tipo: T y la F de C.

¿Son “Oyendo canciones” y “Sé que algún día” las canciones más cercanas a tu primer disco?

– Cualquier parecido con aquello es pura coincidencia. Además, tengo una memoria horrible y, para colmo, no soy nada nostálgico. Casi todo lo que se hacía entonces me parece una mierda, incluido lo mío.

¿Y podríamos emparejar “I Forgot The Lyrics” con tu segundo disco On The Radio?

– Para mí es muy difícil establecer esas comparaciones. Intentando ser lo más objetivo posible, puede que existan ciertos toques Bowie-de-los-70 en esta canción que también se podían encontrar en temas de On The Radio. “I Forgot The Lyrics” es, básicamente y por encima de todo, una canción soul.

¿De qué canción de este disco estás más satisfecho?

– De la letra de “I Forgot The Lyrics” y la música de “Un apartamento en Père Lachaise.

Una de las que más me gustan a mí es “Vengan los amantes”. ¿Qué nos puedes decir de ella?

– Apología del amor incendiario y suicida. Surge de un poema que escribí hace casi un par de años y que concluye: “Vengan los amantes / Conduciendo a través del desierto / Temblando como flores / Hasta el fulgor naranja / Del Motel Sunrise. / Vengan los amantes / A morir en la bañera / Un catorce de febrero / Del año dos mil cuatro”.

¿Y de “Porque es domingo”?

– Es la historia de un tipo que elude todas las responsabilidades menos las del amor, aun siendo consciente de que éste también le puede proporcionar dosis de sufrimiento. Veo que has elegido las dos más románticas, aunque ambas tienen matices bastante punk. En el fondo, el punk fue una nueva versión del Romanticismo del siglo XIX. La sociedad ahora me parece mucho más despiadadamente frívola de lo que debía ser la de finales de los 70. Para colmo, la juventud se ha vuelto cien por cien conformista. Nos tragamos lo que nos echen, y lo malo es que nos están echando los desperdicios. Un filósofo o un artista es un personaje que, en el mejor de los casos, merece una sonrisa de compasión, porque lo importante es estar preocupado con cosas tales como cambiar de coche o pagar la hipoteca. Eso sí, para disimular tanta pestilencia nos imponen la imagen global del buen rollito. Incluso lo que se supone más díscolo y anárquico aparece ante nuestros ojos tamizado por ese absurdo filtro del buen rollito, como si viviéramos en uno de esos horribles anuncios de telefonía móvil. Creo que hace falta mucha más insolencia, más desgarro y menos censura.

¿Te apetecía dejar muy claro tu devoción por Neil Young al incluir “Cinnamon Girl”?

– No he usado la canción como manifiesto definitorio de mis influencias. Me gusta Neil Young, pero no me gusta absolutamente todo lo que ha hecho, así que no se puede decir que sea fan. Soy tan crítico con mis artistas favoritos como conmigo mismo, con la diferencia de que yo soy bastante menos prolífico que la mayoría de ellos, por lo que he tenido menos oportunidades de meter la pata.

¿Cuál crees que es la mayor diferencia entre este álbum y los dos anteriores?

– Cuando hice el primero, todavía no existía el CD, al menos con fines comerciales. Cuando hice el segundo todavía no existía el mp3. Que nadie se lleve las manos a la cabeza cuando oye que yo hago un disco cada ocho años. No es que yo sea lento: ¡Es que el mundo va demasiado deprisa!

¿Dónde has pasado los dos bloques de ocho años cada uno que separan tus discos? ¿Estabas quemado de la industria, no había canciones o te dedicabas a otras cosas?

– Me he dedicado a otras cosas incluso en mis periodos musicalmente más activos. Aun entonces, vivir exclusivamente de la música era prácticamente imposible. Sólo he tenido una etapa de “ventura” económica proveniente de la música cuando hice unos trabajos para televisión, en la época de derroche presupuestario. La televisión es como la casa de un nuevo rico: una chapuza de muy mal gusto hecha con mucho dinero. Aun así, el trabajo musical era el peor pagado y el mayor aliciente venía de los derechos de autor. Por otro lado, jamás he dejado de hacer música, aunque ésta no se haya publicado. En lo que a la industria se refiere, nunca me he visto tan absorbido por ella como para estar quemado.

En eso te pareces a otro grupo que sólo edita discos cada ocho años, The Blue Nile. ¿Curioso, no?

– Pues sí. Esos tíos tienen que ser majísimos.

¿Sigues viviendo en Inglaterra?

– No. Volví a España en el 98, cuando se publicó On The Radio. Mi idea era seguir viviendo allí algún tiempo más, pero creímos que había que darle cierta promoción al disco y para ello era necesario vivir en España, así que dejé trabajo, novia y un futón estupendo que me acababa de comprar. Qué le vamos a hacer.

¿Qué te aportó haber pasado tanto tiempo allí?

– Aparte de descubrir que hay vida después del gazpacho y la tortilla de patatas, empezar desde el absoluto anonimato creo que me ayudó a trabajar con humildad. No es que en España fuera una estrella, pero por entonces siempre habría un bar ‘alternativo’ en algún rincón de cualquier ciudad donde uno podía decir ‘soy Tarik, el de la Fábrica de Colores’ y, quieras que no, algún güisqui de gorra caía. Y si no le sonaba el nombre, le tarareabas el riff de guitarra del primer single (“Entonces Por Qué”). O, no sé, ibas a comprar el pan en tu barrio y el panadero te decía que le había gustado mucho el artículo publicado sobre ti en la gacetilla parroquiana y, además, te regalaba un bollo.

Supongo que, aunque tus influencias parecen clásicas, habrás descubierto un buen montón de grupos. ¿Cuáles son tus favoritos?

– Me gustan bastante Guided By Voices, Super Furry Animals, Wilco, Teenage Fun Club, Papa M (antes Aerial M), Parker and Lily, Elliott Smith…

¿Qué queda en ti del tipo que empezó en Yacentes?

– Una cicatriz de navaja en el costado izquierdo. Una noche, después de un concierto en Sevilla, fuimos increpados por un grupo de agitadores descamisados. Aquello acabó en una batalla campal en la que Charly y yo nos llevamos la peor parte, ya que fuimos acuchillados. Pasamos una noche horrible en el hospital, pero me enamoré de la enfermera.

Por último, ¿crees que tu abuelo estaría orgulloso del tributo que le hiciste a su nombre con tu música?

– Si no llegara a oírla, sí.

Xavier Valiño

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