SUSANA BACA

Susana Baca, espíritu vivo

 

Su música te hace pensar en todas las formas en las que la vida humana logra conectarse. Cuando Susana Baca canta las historias de su Perú natal, uno se pregunta si en algún momento de su vida habrá luchado contra alguien que comercia con esclavos, si habrá matado un toro o, simplemente, si el espíritu de Perú y de sus gentes vive dentro de él.

         Su obra es, a la vez, mágica y real. Con cada escucha se descubre un universo paralelo al de uno mismo extremadamente rico, un universo que le recuerda a uno su propio ser en el nivel más auténtico. En sus canciones habitan los personajes y las historias de los pueblos pesqueros de la costa en los que nació, a través de sus vidas, sus amores, sus pérdidas; todo el Perú negro se une en estos testimonios desnudos a la universalidad de la experiencia humana. 

         Curiosamente, esta mujer tan apegada a sus raíces se encontraba con su banda en Nueva York el fatídico 11 de septiembre intentando grabar Espíritu Vivo, su anterior disco en estudio, un álbum que recreaba viejas y nuevas canciones enfrente a una pequeña audiencia en un pequeño estudio de Manhattan. Tuvieron que olvidarse de lo que sucedía a su alrededor y enfocar sus sentimientos en lo que estaban haciendo.  

         “Al principio me sentí como si me estuviera ahogando,” admite Susana Baca, y tenía miedo de no encontrar la voz. Pero cuando empecé, me di cuenta de nuevo del poder de una canción para curar. Me sentí como si estuviera compartiendo esto con la gente de Nueva York. Al final, es el amor lo que gana.” 

También le sirvió para apreciar más esta clase de contacto con el público. “Me di cuenta de que soy mucho más feliz cuando tengo una audiencia cerca de mí,” comenta la cantante, “para poder ver los ojos de la gente. Puede que sea algo en mi subconsciente, pero me comunico mucho mejor de esa manera. Los estudio me parecen algo frío, ya que lo único a lo que te enfrentas es al cristal de la pecera.” 

Susana nació y se crió en Chorrillos, un barrio marítimo de las afueras de Lima. Fue allí donde descubrió el legado cultural que los africanos llevaron a Perú con el comercio de esclavos de los españoles, a través de canciones como las que contiene su recopilatorio The Best Of… que ahora se edita. 

Después de muchos años escribiendo libros y grabando discos basados en sus trabajos de campo en ciudades como Chorrillos, Trujillo y El Carmen, en 1992 fundó el Instituto Negrocontinuo con su marido para preservar este legado para las generaciones venideras. “Vengo de una cultura y un lugar en el que la música es algo natural,” dice. “Y, desde que era pequeña, siempre tuve curiosidad por los orígenes de las canciones que cantábamos.”  

“La música del Perú negro es la música del ghetto,” continúa. “Los negros son todavía ciudadanos de segunda o tercera clase. Las canciones de Lucila Campos o Chabuca Granda están cantadas en español, sí, pero sus ritmos y su blues, tocados en instrumentos como la quijada de burro o la cajita, son los de los africanos que llegaron a América.” 

“Editamos un libro y un disco en 1992. Me enfrenté al pasado y tenía que ser fuerte. Es algo que todos los de origen africano tienen que hacer porque nuestro pasado está inmerso en la historia de la esclavitud, y debe de encararse y conocerse. He leído mucho y no fue nada agradable. Había momentos en los que no quería continuar, no quería saber nada más de las atrocidades de la historia.” 

Y eso es lo que encierra The Best Of…, como sus anteriores discos, de los que se han extraído estas canciones. En él se puede seguir las narraciones de pequeñas ciudades de las que uno nunca había oído hablar antes, pero, al oír su voz, todo cobra sentido.

Xavier Valiño

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