SUPER FURRY ANIMALS

Super Furry Animals, actrices y tanques

 

         Entre el segundo disco en solitario de Gruff Rhys, su nuevo proyecto junto al rapero Boom Bip (de nombre Neon, Neon), un recopilatorio de la serie Trojan a cargo de Guto Pryce, un proyecto orquestal junto a Charles Hazlewood, las recopilaciones Welsh Rare Beat y la aventura en paralelo con Acid Casuals de Cian Ciaran, entre otros, los galeses Super Furry Animals han encontrado tiempo para grabar su nuevo álbum, Hey Venus!, su -dicen- disco más accesible y el primero para el reputado sello Rough Trade. Huw Bunford ‘Bunf’, su guitarrista, nos lo presenta.

 

El grupo llega a su octavo disco. ¿Cómo os habéis enfrentado al nuevo álbum para que fuera algo interesante para vosotros?

         – Decidimos que queríamos hacer algo completamente diferente al último disco. Love Kraft era un disco hermoso, de canciones lentas, introspectivas, con texturas, orquestas… Cada vez hacemos un disco, parece que reaccionamos frente al sonido del disco anterior.

 

¿Fue una decisión consciente hacer algo más accesible y más dinámico desde el principio?

         – No lo creo. Lo que intentamos fue cambiar la forma de escribir, con canciones más breves que fueran más fáciles de recrear en directo. Escuchamos mucho pop de los 60 y 70, pop progresivo turco de los 70 (en “Into The Night” hemos metido un saz turco)… Aunque nuestra idea del pop seguramente es distinta de la mayor parte de la gente. En nuestro mundo, éste es un disco pop de Super Furry Animals.

 

El dueño de Rough Trade os pidió un disco más pop.

         – Es cierto, y eso influyó en cómo nos enfrentamos al disco. Incluso se podría argumentar que se debe a que la compañía de discos mostró interés en lo que estábamos haciendo, algo diferente a lo que sucede habitualmente, ya que todo suele estar decidido cuando entramos en el estudio. Nos pidieron un disco pop como Radiator, porque les parecía que somos un grupo que podemos hacer ese tipo de discos. Curioso que el primer disco fuera de una multinacional como Sony y el primer disco para una independiente como Rough Trade sea nuestro disco más pop

 

¿Es cierto que vuestro próximo disco ya está preparado para ser grabado?

         – Tenemos muchas canciones, sí. En esta ocasión llegamos a trabajar con 25. El grupo no ha pasado nunca por una época de falta de inspiración; más bien lo contrario. No todo lo que hacemos es extraordinario, pero todos en el grupo tenemos siempre canciones para trabajar cuando nos ponemos a preparar un disco. Las canciones que se han quedado fuera probablemente formen el siguiente disco, aunque, al mismo tiempo, estamos trabajando en un disco instrumental, que es algo así como una banda sonora, aunque no lo que te podrías esperar. Lo estamos haciendo con Charles Hazlewood, un director de orquesta que no es el típico director, que le gusta experimentar.

 

Volvamos a Hey Venus! Os montasteis una bonita historia para conectar las canciones, ¿no?

         – Habíamos hecho un pacto junto a nuestro diseñador habitual, Pete Fowler, para que nuestra colaboración durase exactamente 10 años. Él contribuyó a crear nuestra faceta visual desde nuestro segundo disco, Radiador. Se acabó y quisimos contactar con el artista japonés Keiichi Tanaami, que ronda los 80 años y que nos gustaba a todos. Trabajó con Andy Warhol en los 60 en Nueva York y fue probablemente el primer japonés en experimentar con LSD en su trabajo. La razón por la que nos inventamos la historia fue para que este artista tuviera una indicación, ya que nunca había escuchado nuestra música. Le escribimos una carta diciéndole que nos gustaba su trabajo y explicándole el nexo entre las canciones: una joven que se marcha a la ciudad desde un pueblo pequeño en busca del amor y la gloria, se convierte en una actriz, aunque después las dificultades, el desencanto y la amargura la convierten en un ser corrupto; al final un amor inesperado se convierte en su salvación. Tanaami nos contestó, lo que fue todo una sorpresa, y se prestó a hacerlo.

 

David Newfeld ha logrado una producción muy limpia. ¿Estáis contentos con ello?

         – Sí. De hecho después de grabarlo lo remezclamos tres veces. Él hizo una mezcla muy cruda, casi punk. Después hicimos otra con el productor Chris Shaw, que trabajó en Rings Around The World. Y después nosotros hicimos otra remezcla. Así que fue un proceso bastante complicado hasta llegar al disco que ahora se puede escuchar.

 

David Newfeld también ha trabajado con otra banda galesa recién llegada, The Campesinos. ¿Alguna otra banda escocesa que nos recomendéis?

         – The Campesinos son muy buenos. Ahora bien, es difícil decirte un grupo, ya que las bandas ahora están más en Internet, en todo el mundo, así que no importa de dónde vengas, ya que la buena música puede hacerse en cualquier sitio. De todas formas, te recomiendo a los galeses Elgoodoo. “If I Was A Song” es una canción increíble. Y Gruff está recopilando ya el volumen dos de la colección Welsh Rare Beat, donde podréis descubrir más grupos galeses.

 

¿Cómo es el proceso de composición de una canción en el grupo? ¿Se trata de una democracia?

         – Sí. Trabajamos siempre con la idea de que cualquiera tiene poder de decisión sobre el grupo, y somos muy cabezotas a la hora de exponer nuestras ideas. Así que normalmente se trata de una lucha para imponer nuestros criterios, con lo cual todos contribuimos y las canciones acaban siendo algo distinto a lo que eran en principio, lo que tampoco está nada mal.

 

“Carbon Dating” es toda una sorpresa, como algo salido de los 50.

         – Sí. Cian Ciaran la escribió, y él está escuchando mucho doo-woop últimamente, así que la influencia viene de ahí. También escucha mucho techno minimal. Esa canción la compuso él y tiene otra canción titulada “Bowl Me Over” en esa onda con su proyecto paralelo Acid Casuals. En este disco casi todas las canciones son de Gruff, aunque hay también una mía, “Battersea Odyssey”.

 

Por último me gustaría que me confirmaseis la anécdota del tanque en el Festival de Reading.

         – Sí, es cierto. Nos presentamos en un tanque en el Festival de Reading en 1997. Aparcamos el tanque, pusimos un casete de hardcore techno en función de repetición con el volumen al máximo y cerramos la escotilla con llave. Creo que fue el lugar al margen de los conciertos en el que más gente se congregó. Luego paseamos con el tanque por Londres, pero la policía nos paró y nos obligó a entregar nuestra ‘arma de destrucción auditiva’. Lo más extraño de todo es que Don Henley, de los Eagles, acabó comprándonoslo. Parece que el tío tiene una gran colección de tanques en su mansión. Eso sí: antes de entregárselo lo pintamos de rosa.

Xavier Valiño

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