STEELY DAN

Steely Dan, el jazz-pop adulto

 

        ¡Hola a todo el mundo, aquí está Steely Dan! Ya os oímos preguntado: ¿Otra vez? ¿Tan pronto? Entendemos vuestro desconcierto, pero a la vez nos hace mucha gracia. Steely Dan, es, a fin de cuentas, una de esas raras ocasiones musicales que se presentan justo cuando ya no teníamos ninguna esperanza de recibir visita, como el cometa Haley, que sólo aparece con las glaciaciones. 

Todo lo cual confirma la pregunta: ¿No acabábamos de ver a Steely Dan? Sí, Steely Dan hizo su última aparición hace ahora tres  años. Seguro que os acordáis. Por supuesto que en aquella feliz primavera milenaria de 2000, cuando el mundo entero descubrió Two Against Nature, el primer álbum en veinte años que incluía nuevas canciones del dúo. Se respiraba en el aire esa fugaz sensación de hermandad universal, y luego… Una vez saciados los deseos, llega el cigarro lánguido y la dulce depresión. Nos retiramos y volvimos a nuestras vidas.  

        Y aquí está, tres años más tarde, un abrir y cerrar de ojos en la andadura de Steely Dan. El momento ha llegado de nuevo. ¿Preparados? Everything Must Go, una colección de nueve temas nuevos escritos por Donald Fagen y Walter Becker, que no suelen ponerse a trabajar muy a menudo, ha llegado a nosotros, recién hecha y con bastante adelanto sobre el programa. 

        “Estábamos en racha.” Eso es todo lo que se les ocurre para explicar este ritmo creativo de vértigo: la habitual afirmación humilde pero mordaz de Fagen. Pero aparece Becker, tan servicial como siempre, con una pequeña explicación reflexiva: “Hacer un disco es como sumergirse en el abismo. Nunca conseguimos recordar cómo se hace. Cada vez que grabas, es como partir de cero.” “Claro,” interrumpe Fagen, “y en cuanto acabas el disco, no puedes creer que alguna vez hayas sido capaz de llevar una vida normal. Es un callejón sin salida.” 

        Y fue en ese intento de encontrar por una vez la salida cuando el dúo decidió descansar un poco. A ello se unió esa pequeña ventana de celebridad que se abrió ante ellos por un momento cuando recibieron sus cuatro Grammy por Two Against Nature. “La emoción nos duró tres días,” recuerda Fagen. “La gente nos paraba por la calle. Sabían cómo nos llamábamos, aunque a veces nos confundían a uno con el otro.” “Y luego todo terminó,” añade Becker. “Y volvimos a ser los mismos de siempre. Así que se suponía que teníamos que volver de nuevo al trabajo.” 

         Afortunadamente, tenían a sus espaldas las dos décadas de continuado ascenso que les llevaron hasta las grandes ventas de su anterior disco, y ese bagaje bastó para lanzarles a un nuevo proyecto. ¿Un acontecimiento sin precedentes? No precisamente. “En los años setenta hacíamos lo mismo, “afirma Becker. “Nuestra carrera discográfica ha ido avanzando por acumulación. En cada disco teníamos que resolver un montón de problemas, pero lo que aprendíamos nos servía para el siguiente trabajo.” “Cuando empezamos Two Against Nature, habíamos perdido un poco de práctica,” cuenta Fagen. “Everything Must Go era un intento de retomar nuestro trabajo donde lo habíamos dejado sin invertir un tiempo desmesurado. Aún así,” admite Becker, “nos las seguimos apañando para no ser mesurados.” 

        Una de las claves para reducir el tiempo de preparación del disco fue la formación de un grupo fijo de músicos. “Les conocemos muy bien, hace años que tocamos juntos,” explica Fagen, “y hemos conseguido una continuidad de estilo, y una cierta economía de medios, porque todos somos de Nueva York. Todos vivimos cerca, y estamos disponibles en todo momento para trabajar.” “Era como un club.” Así describe Becker ese lugar céntrico donde se grabó el disco, a un ritmo lento pero seguro, entre 2001 y 2002. “Incluso comíamos todos lo mismo.” 

        Las grabaciones en vivo estaban al orden del día, una tarea casi espontánea que salía adelante sin aparente esfuerzo gracias a la calidad del grupo. Todo ello, junto a esa mezcla de Rhodes y voces que se ha convertido en el toque característico de Fagen, ha logrado mantener intacto el espíritu de Steely Dan. “Trabajar con la misma banda facilita mucho las cosas,” explica Fajen. “No hacía falta dedicar mucho tiempo a adornar las cosas. El grupo podía hacer cualquier cosa que se propusiera, y eso nos permitía mantener alto el listón.” 

        ¿Hace falta decir que Everything Must Go es un disco rebosante de extraños giros musicales, incomprensibles y pintorescos nombres de gentes y lugares, y todo tipo de sofisticadísimas agudezas musicales y líricas? ¡Pues claro que hace falta! “Es muy sencillo,” explica Becker. “No queremos que echen del trabajo a nuestros oyentes. O perder el trabajo nosotros.”  

        Everything  Must  Go es, en otras palabras, “sólo una colección de canciones,” según  Becker, aunque Fagen admite que “las interferencias son  un poco duras.”

Xavier Valiño

Un comentario

  • Txus Iglesias

    Sensacional este artículo escrito por Xavier Valiño sobre Steely Dan, en el año 2003. Un saludo.

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