Sound City

Sound City (Roswell)

Lo que empezó en 1991 cuando Dave Grohl grabó Nevermind con Nirvana, al enamorarse de una mesa de un estudio, acabó derivando en una película con una cuestión de fondo más profunda: cómo retenemos el elemento humano en esta era tan tecnológica. También se podría resumir de otra forma: la pasión por las grabaciones analógicas.

 

Grohl supo que los estudios Sound City, en Van Nuys (Valle de San Francisco) cerraban en mayo de 2011 tras grabar su último disco, Suck it and See de Arctic Monkeys. Entonces recordó que allí había una mesa única en el mundo, ‘sólida como un tanque’, que en 1973 había costado la barbaridad de 73.000 dólares y que había registrado a la élite del rock y un buen montón de discos clave. Pensó en comprarla y, al mismo tiempo, documentar su historia.

Utilizó su agenda para que decenas de amigos que habían grabado en aquellos estudios le ayudasen a contar su  particular historia, así que su documental cuenta con las aportaciones de Fleetwood Mac, John Fogerty,  Neil Young, Cheap Trick, Trent Reznor, Rick Rubin, Tom Petty o Frank Black, entre otros.

Más que pericia cinematográfica, Grohl pone en ello mucha devoción, para llegar a la conclusión de que no hay nada como el trabajo en común con otros músicos, mejor en un estudio que solo en una habitación. Y su primera parte, la historia de un estudio tan peculiar, en el que “podrías mear en una esquina y nadie se enteraría”, se revela más interesante que su parte final, cuando Grohl, ya con la mesa en su casa, graba nuevas canciones con sus amigos, hasta llegar al clímax con su héroe, Paul McCartney.

 

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