NO

No (Golem)

 

 

 

Woody Guthrie y Billy Bragg lo expusieron perfectamente. Si quieres que cale tu mensaje político, primero entretén a tu público. Algo así ha debido de pensar Pablo Larraín para No, su película sobre el plebiscito convocado por Pinochet en 1988 para legitimar su régimen internacionalmente, votación que acabó perdiendo en parte debido a la campaña publicitaria a favor del sí, lo que llevó en última instancia al fin de la dictadura chilena.

 

 

 

 

Por ello, con cierto didactismo y simplificando la historia para hacerla más accesible, le da un tono más irónico y de humor negro que de denuncia histórica, aunque al final queda claro que lo que se buscaba es demostrar que no hay casi diferencias entre las campañas publicitarias y las campañas políticas, entonces y ahora.

 

 

Además, el director ha buscado una forma adecuada al fondo, rodando con el mismo método televisivo de entonces, de manera que no se note el empaste con el material de archivo. La cámara en mano y el montaje vertiginoso le da un aire improvisado, y lo cierto es que la forma de narrarlo casa perfectamente con el contenido. Lo que se cuenta entra perfectamente a través del cómo; o sea, entreteniendo para que no se olviden los capítulos negros de la historia.

 

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