NIÑO Y PISTOLA

Niño y Pistola, algo rápido mientras están fuera

 

 

 

Son Arthur y Los Escritores. Pero tienen bastante que ver con Niño y Pistola. Hay canciones, las de éste, su primer-tercer disco, para quien vaya buscando únicamente eso, y también hay algo así como una ópera-rock en un ‘álbum conceptual’ para quien quiera más. Todo tiene que ver con un libro de poemas, un tipo fallecido el pasado verano, The Beatles, The Kinks y las Arañas de Marte. Y si todo esto parece un lío y no entiendes nada, a ver si nos aclaramos con la ayuda de Manolito.

 

 

¿Cómo veis la repercusión del grupo a todos los niveles tras vuestros dos discos y todos los conciertos que habéis dado?

– Creo que empezamos con muy buen pie, con un primer disco que llegó a todos los sitios que tenía que llegar y con muy buenas reacciones de la gente, sobre todo comparado con las aspiraciones que teníamos en ese momento; pero el segundo disco fue una vuelta atrás y una mala experiencia en todos los sentidos, sobre todo en la relación que tuvimos con la discográfica, y no cumplió con lo que habíamos pensado… De todos modos, creo que son dos grandes discos llenos de buenas canciones y que estarán ahí siempre para el que quiera escucharlos.

 

¿Creéis que estáis en el lugar que os corresponde o pensáis que podríais llegar a más gente?

– La verdad es que eso no es algo que nos preocupe. Este tema es muy complicado, porque en este mundillo todo depende de la suerte que tengas. Hay grandes grupos, musicalmente hablando, llenos de ideas y de buenas canciones, que nunca llegaron a nada y hay auténticas basuras por ahí que de repente se ponen de moda y en realidad no hay por dónde cogerlos… Nosotros intentamos movernos un poco al margen de las modas y de los hypes. Hacemos simplemente la música que nos gusta y que nos sale, y creo que esto es lo que más puede prolongar la vida de cualquier banda y lo que puede hacer que alguien se enamore de verdad de un grupo, que es lo realmente bonito de la música… Queremos fans, no escuchas en Myspace.

 

A la hora de plantearos este tercer disco, ¿qué fue lo que se habló en el grupo y qué es lo que finalmente buscabais?

– La idea de partida fue hacer algo más americano, más clásico y, sobre todo, más coherente. Tomamos como referencia a grandes de finales de los 60 y los 70 como Neil Young, los Byrds, el Dylan eléctrico, la Creedence, o The Band, y lo pasamos por el filtro de Niño y Pistola. También nos planteamos hacer ‘algo más’ que una simple colección de canciones, incluso pensamos en ir un poco más allá del plano musical y crear una especie de ‘mundo Niño y Pistola’ que rodease todo el proyecto en el que poder profundizar si se quiere. La verdad es que creo que necesitaríamos una opinión ajena para decir si realmente hemos conseguido todo lo que habíamos planteado, pero a mí me parece que estamos bastante cerca…

 

¿Es éste el disco de Niño y Pistola en el que rompéis con alguna de las ideas que había del grupo para incorporar más de otros elementos?

– Sí, exactamente, aunque hay algo gracioso en todo esta historia: Niño y Pistola surgió hace unos años como un ‘proyecto integrista acústico’ en el que sólo utilizábamos instrumentos acústicos y una batería reducida, sin bombo; la idea era defender las canciones en crudo, sin trucos ni efectos. Poco a poco fuimos pervirtiendo esa idea y en el segundo disco metimos algún solo de guitarra eléctrica, pero el llegar a este tercer disco ya no aguantábamos más y decidimos cambiar una de las guitarras acústicas por una eléctrica. Pensábamos que iba a sonar todo muy diferente y que iba a ser demasiado cambio, pero cuando salimos del estudio y llegué a casa con el máster, lo puse y al escucharlo pensé: “¡maldita sea, esto suena a Niño y Pistola!”. Así que supongo que en realidad deberíamos decir que teníamos pensado romper con las ideas, pero no nos salió.

 

¿Surgieron las canciones ya con guitarra y Hammond o fueron incorporándose poco a poco?

– No, la fórmula que tenemos para componer se basa en: encerrarte en una habitación con una guitarra acústica y tocar durante horas hasta que encuentras una ‘frase o riff especial’ que hace de semilla, a partir de la que va creciendo la canción entera, así que supongo que las canciones surgieron con guitarra acústica. Pero, de alguna forma, teníamos en la cabeza cómo iba a sonar ese riff en la guitarra eléctrica. El Hammond y los pianos fueron elementos a mayores que pensamos que aportarían algo de color a los temas, y decidimos introducirlos con las estructuras ya medio construidas; es decir, son algo así como arreglos sobre las canciones, que magistralmente hizo Charlie Bautista. Después pensamos que darle a los teclados un papel principal en alguna de las canciones haría que no se viese simplemente como un arreglo a mayores en todo el disco, sino como otro instrumento base…

 

¿Por qué la historia de Arthur & The Writers para este disco? ¿Precisamente para romper con elementos del pasado y dejaros más libertad para hacer algo nuevo?

– Sí, de alguna forma ésa es la razón. Cuando nos planteamos hacer un disco nuevo y cambiar la instrumentación, el sonido, la forma de hacer las canciones y el estilo de nuestra música, llegamos a pensar en cambiar de nombre. Pero entonces pensamos que era una tontería, porque seguíamos siendo los mismos, nos seguimos peinando para el mismo lado, seguíamos ensayando en el mismo local, y realmente no hemos cambiado tanto (o eso creo). Sería un poco ridículo que ahora de repente yo me cambiase el nombre como hacen en las películas americanas… Por eso nos hemos inventado toda la historia de “as Arthur & the Writers”: es una forma de expresar este cambio, pero reconociendo que seguimos siendo los mismos de siempre. Después pensamos que esto precisamente podría ser un punto de partida para una especie de mitología alrededor del disco, para hacer que sea algo más que una mera colección de canciones.

 

¿Qué hay de historia en común entre las canciones para buscar ese hilo narrativo?

– De la misma forma que pensamos en crear esa especie de mitología alrededor del disco en un plano extramusical, nos pareció buena idea que todas las canciones tuviesen una idea en común: lo que algunos llaman disco conceptual. Poco a poco fue desembocando en que las canciones contasen una historia entre todas, siendo cada una como una especie de capítulo o de momento de esa narración. Es algo parecido a lo que hacen los Who en A Quick One While He Is Away. De nuevo esto es un contenido extra, pero  ahora en el plano musical…

 

¿Y lo de la ópera rock no os daba ningún tipo de reparo? ¿Pensasteis que era buena idea llevarlo hasta el final, con todas sus consecuencias?

– En realidad, no respetamos el orden de la narración en el orden de las canciones, y por esta razón traicionamos un poco la idea de la ópera rock como tal. Tampoco pensamos en tocarlas siempre en orden y enlazadas, pero lo que sí es cierto es que todas están en la misma tonalidad premeditadamente, que tienen elementos y fraseos comunes y que tienen una especie de coherencia interna que hace del conjunto una unidad mucho mayor de lo normal. Por otro lado, hay otra variable en juego, que es la profundidad de lectura: seguro que a alguien le parece pretenciosa toda esta historia de ‘disco conceptual’ y los elementos extramusicales que nos inventamos, pero el que busque simplemente canciones en este disco encontrará canciones, y el que quiera llegar un poco más allá, lo podrá hacer.

 

¿Nos podéis contar las aventuras y desventuras de The Writers?

– La verdad es que no me sé muy bien la historia de los Writers, porque en realidad le pedimos a nuestro amigo Arturo Enríquez, escritor, que creara estas biografías para nosotros. La verdad es que nosotros somos cuatro personas de clase media con unas biografías bastante planas o no-demasiado-destacables, por eso nos pareció divertido el crear unas biografías algo más especiales, con guiños, con poesía, con un toque romántico… Esas biografías son mucho más atractivas que las nuestras reales y, de alguna forma, es lo que la gente quiere encontrarse. Por qué no dárselo, aún sabiendo todos que es mentira, como una película… [N. del A: La historia está al final de la entrevista]

 

¿Y de Arthur?

– La historia de Arthur es también completamente falsa, inventada, nunca existió y no escribió esos poemas, lo hicimos nosotros. Igual que con el tema de los Writers, nos pareció divertido darle una razón de ser al disco, aunque fuese falsa. Por otro lado es un pequeño homenaje a nuestro amigo Arturo.

 

Ahora mismo recuerdo otros grupos que se aventuraron con alter-egos, como The Dukes Of The Stratosphere, The Daltons, Bingo Hand Job, Ricky And The Red Streaks, Albert & The Blue Kings, Edwin Moses… ¿En cuál pensasteis vosotros u os sirvió de inspiración, si es que hubo algo así?

– Claro que hubo algo así. Nosotros nunca hemos inventado nada, simplemente jugamos a ser una banda de rock y seguimos todos los pasos que fueron dando nuestros ídolos: sacamos un disco, hacemos una gira, un videoclip, una sesión de fotos, un disco conceptual de la banda de alter-egos y supongo que, al final, alguien tendrá que morir por combustión espontánea. Las bandas que tomamos como referentes para este tema de alter-egos fueron la Banda del Sgt. Pepper, la Village Green Preservation Society de The Kinks y los Spiders from Mars de Ziggy Stardust, que son los discos que más hemos escuchado con estas características de banda ficticia y son los que mejor conocemos.

 

¿Nos podéis contar a quién homenajean los nombres de los componentes del grupo?

– Peter J Manuel homenajea al teclista de The Band, Richard Manuel. No quería hacer referencia a un frontman o a una estrella mediática, sino a un personaje discreto de esa época en el mundo de la música. Por otro lado, mi nombre real es Manuel (o Manolito) y de esta forma tampoco renuncio a mi identidad real. El J es por Jevediah Springfield, y Peter porque siempre me ha hecho gracia ese nombre. Lucio Van Gelder es un híbrido entre Lucio, un amigo de nuestros padres que nos regaló el Sticky Fingers en casete, y de Rudy Van Gelder, el productor de Blue Note y Prestige que participó en tantos discos clásicos de jazz (¡toma pedantería!). Ignatius “the Ignition” Ray Curtis viene de Ignatius, el personaje de La Conjura de los Necios; “the Ignition”, el apodo para los colegas; Ray, por Ray Davies de los Kinks; y Curtis, porque sí,  pero podría decir Curtis Mayfield, o Ian Curtis. En cuanto a Herbert “the bullet” Bean, “The Bullet”, connotaciones aparte, es un guiño del alter ego al proyecto original; Herbert Hace es un homenaje al director austríaco Herbert Von Karajan, que, además de su legado artístico, fue responsable de los 74 minutos de duración del disco compacto (toma friki-dato),  y Bean es judía, sin más.

 

 

 

Sin embargo, no lo habéis llevado hasta el final, y el disco aparece como “Niño y Pistola como”… ¿Era más difícil darle salida al disco con un nombre completamente nuevo?

– Antes comentaba que en el momento que nos planteamos el cambio de nombre, todos pensamos que sería un poco ridículo y tonto, y que por qué le íbamos a dar la espalda a todo el trabajo que hemos hecho (del que estamos muy orgullosos y contentos). Los Beatles, Bowie o los Kinks editaron sus discos de alter-bandas con su nombre real por delante, dejando claro que se trataba de un disfraz, pero que seguían siendo los mismos. Ésa es la idea que perseguimos en este disco, que por cierto tiene una fecha de edición tan adecuada como el Martes de Carnaval.

 

Lleváis ya unos años en el mundo de la música. ¿Cómo veis vuestra evolución desde dentro?

– Supongo que nos hemos hecho mayores y ahora nos lo tomamos todo un poco más en serio. El primer disco tenía una componente naíf o incluso infantil, que ya no aparece en este disco, y que marca ese paso a la madurez (¡qué palabra tan fea!). También era más una colección de canciones en las que no había una auténtica unidad. Arthur & the Writers es un disco más suelto, más coherente, y en el que hay más música y menos canciones inconexas. Creo que ahora somos mejores músicos que antes.

 

Tercer disco, tercera discográfica. ¿Tan difícil es la estabilidad hoy en día?

– En el primer disco con Mulberry fue todo perfecto y precioso, pero con el segundo surgió la opción de irnos con una discográfica más potente y con más contactos, así que pensamos: “¿por qué no crecer un poco?”, y resultó un auténtico desastre en todos los sentidos, incluso a nivel personal. Así que en este tercer trabajo decidimos controlar/supervisar mínimamente nosotros mismos todo el proceso y editar el disco con Ernie Records, que es un sello pequeño y transparente, del que incluso se puede decir que formamos parte activa, que creo que ahora mismo es la mejor opción. Lo que pasa es que para llegar hasta este punto tuvimos que darnos cuenta de cómo funciona toda la industria musical, pasando por las otras discográficas.

 

¿Cómo os tomáis lo de vivir de la música: con resignación, como hobby…?

– Nos encanta tocar, hacer música y seguir los pasos de nuestros ídolos. Es un hobby para nosotros y no ganamos ni un duro haciéndolo, pero supongo que todo el mundo ha pensado alguna vez “cómo me gustaría sacar un disco lleno de temazos y tocar en este sitio lleno de gente que se los sabe todos y saltar en plancha al público y que me cojan”. Nosotros simplemente jugamos a tener una banda y a imitar a nuestros ídolos; en el momento que sea un rollo tocar o nos lo tomemos con resignación, lo dejaremos, seguro. Ésa es nuestra mejor arma.

 

Por último, ¿cuál ha sido hasta ahora la mejor anécdota como grupo?

– Yo creo que la mejor fue el día que conocimos a la gente de Mulberry. Se vinieron a un concierto nuestro en Vigo desde Barcelona, sólo para conocernos y para discutir un poco el contrato con nosotros. Tocamos un poco tarde y, entre que recogimos y metimos todo el material en la furgoneta, los Mulberrys se pillaron un pequeño pedal. Entonces Xavi me cogió solo y me dijo en voz baja: “tío, no te puedo decir esto porque hemos venido a negociar el contrato y Sergi me mata si se entera, pero, sinceramente, me flipáis y quiero editar vuestro disco como sea”. En realidad no hubo ninguna negociación esa noche, pero nos lo pasamos pipa y, supongo, ellos también. Un abrazo para Xavi y Sergi.

 

 

La historia de Arthur & The Writers

 

The Writers se forma a principios de los 2000 en Iowa. Tres de sus integrantes, Peter J. Manuel, Herbert Bean y Lucio Van Gelder, se conocían desde sus tiempos en el instituto, donde formaron parte de varias bandas de las que no se conserva ni el nombre. Dan sus primeros conciertos como The Writers haciendo versiones de los Beatles, los Jayhawks, Neil Young o ABBA, y pronto se les une Martin C. Mellon. Poco a poco van incorporando a su repertorio canciones propias. Pese al interés de algunas discográficas, The Writers no muestran ninguna prisa por encerrarse a grabar y optan por seguir puliendo sus canciones en los directos. Ignatius R. Curtis sustituye en 2006 a Martin C. Mellon tras la marcha de éste a Canadá. Fue el fallecimiento de su amigo y poeta Arthur Etres lo que les hizo decidirse por entrar en el estudio y grabar un disco homenaje basado en una de sus libretas de poemas. Lejos de conformarse con grabar en Estados Unidos, viajan a España, donde Arthur escribió gran parte de su poesía. Es entonces cuando pasan a llamarse Arthur & The Writers y editan su primer disco bajo el sello español Ernie Records.

 

Peter J. Manuel (voz y guitarra eléctrica)

El tío de Peter J. Manuel tenía un grupo con el que dice que llegaron a telonear a America y a la Creedence Clearwater Revival. Quizás por eso la infancia de Peter transcurrió rodeada de música: cantaba en el coro de la iglesia metodista a la que iba con su madre, tocaba el banjo o la guitarra en las barbacoas en el jardín de la granja de sus padres en Iowa, se encargaba de la percusión en la banda del instituto y no dejaba de componer canciones. Aún recuerda el día en el que tocar en un grupo dejó de ser un sueño para convertirse en realidad: con su tío Ed y su amigo Lucio Van Gelder tenían un concierto en un local de su ciudad haciendo versiones de los Beatles, pero al llegar al local no le dejaron ni entrar porque aún era menor de edad. Su buen expediente le permitió ir a estudiar cine a Los Ángeles. A los seis meses dejó la universidad: en una ciudad tan grande se sentía ahogado. De vuelta a casa empezó un proyecto para crear videoclips para canciones imaginarias, o quizás fuese para crear canciones para videoclips imaginarios. Pronto sus trabajos adquirieron un cierto renombre, y desde entonces compagina las giras y grabaciones con el grupo con el trabajo en el estudio que montó en su granja. Allí lo mismo colabora en proyectos de animación para anuncios publicitarios que se pasa meses enfrascado en el último clip de la banda.

 

Lucio Van Gelder (bajo)

La familia paterna de Lucio es de origen holandés y la materna de origen portugués. Entre sus antepasados hubo grandes navegantes, al menos ésa es la leyenda familiar, y Lucio siempre soñó con hacerse a la mar y vivir un naufragio. En lugar de eso, toda su infancia y juventud transcurrieron en Sioux City, una pequeña ciudad de Iowa, donde el mar sólo se ve en las películas. Él dice que su vida ha sido un naufragio en secano. Al terminar en el instituto, donde conoció a Peter y a Herbert, pasó varios años por distintas universidades, hasta que lo dejó para ganarse la vida como barman en cualquier antro que quisiese contratarle. Desgraciadamente, en ninguno duraba mucho: sus historias de viajes marinos podían gustar a algunos de los parroquianos, pero a ninguno de sus jefes acababa de convencerles que bebiera más él solo que todos sus clientes juntos. Con los años le ha ido llegando cierta estabilidad, ganada entre su afición a los libros (lee Moby Dick al menos una vez al año), sus largas sesiones de práctica con el bajo y un trabajo en la oficina de inmigración del estado de Iowa fácil de compaginar con las giras del grupo. Eso sí, cuando las giras recalan en una ciudad con mar, se le puede ver paseándose por el puerto con una mirada llena de nostalgia; de nostalgia de la peor clase, nostalgia por aquello que no se ha vivido.

 

Herbert ‘The Bullet’ Bean (batería y coros)

Aunque viendo su cuerpo hoy sería difícil de adivinar, en su primera juventud Herbert Bean fue una gran promesa del béisbol. Alguno de los récords que consiguió en el instituto todavía no han sido borrado de las estadísticas. Era tal la fuerza con la que golpeaba a la pelota que le llamaban “The Bullet”. Pero una lesión justo antes de entrar en la universidad le privó de una cuantiosa beca y le obligó a dejar el deporte. La energía que quemaba con el béisbol la aplicó entonces a la batería por sugerencia de Peter y Lucio, compañeros de clase que querían formar un grupo y no tenían quien se encargase de las baquetas. Era tal la rabia con la que tocaba, que acababa por romper un par de parches en cada sesión de ensayos. Por eso sus compañeros le sugirieron tocar sólo con escobillas y en un kit de batería sin bombo, porque de lo contrario se arruinarían antes de empezar. Con los años, Herbert, que ha conseguido vencer su odio al deporte y colabora ocasionalmente como comentarista deportivo para cadenas de televisión de ámbito local, ha ido controlando su fuerza y sumando más elementos a la batería. Hay quien dice al verle tocar que todavía se puede apreciar el swing con el que bateaba. Y no son pocos los que reconocen su nombre como el de una de las grandes carreras truncadas del deporte americano.

 

Martin C. Mellon (arreglos extra de guitarra eléctrica y acústica)

La gran frustración de Martin C. Mellon es no haber nacido antes. Su familia, que se había enriquecido con el petróleo, se arruinó con la crisis del 79. Cuando Martin veía los álbumes de fotos que había por su casa, le parecía que algo no encajaba. Con pocos años más, en un mercadillo, dio con un lote de vinilos de los Kinks, los Beatles y los Byrds que acabaría por enamorarle de la música. De la música de otra época, claro. La universidad le dio la oportunidad de perder de vista a su familia, empeñada en recuperar el esplendor de antaño con negocios cada vez más disparatados, y se especializó en Estudios Agrarios. Se trasladó a Iowa a trabajar en una plantación de maíz. Allí coincidió con Peter en un concierto, tras el que hablaron de música durante horas, y enseguida se unió al grupo. Su vida parecía estabilizada, pero con la llegada al poder de George W. Bush su carácter se fue amargando, tanto por diferencias políticas como porque siempre sospechó que los negocios de los Bush habían tenido algo que ver con la ruina de su familia. Después de las elecciones del 2004 emigró a Canadá, indignado, porque se negaba a pagar impuestos en EE UU mientras Bush estuviese de presidente. Allí se ha instalado y vive con su pareja en un pueblo cercano a Toronto. La victoria de Obama dio esperanzas al resto del grupo de su posible vuelta a casa, pero él ya se ha acostumbrado a su nueva vida y sólo está dispuesto a cruzar la frontera para conciertos especiales.

 

Ignatius The Ignition Ray Curtis (guitarra acústica y coros)

Ignatius quedó al cuidado de su hermano Darius tras la muerte de sus padres, cuando él apenas tenía cinco años. Los dos hermanos intentaron vivir solos en la casa de la familia, pero los servicios sociales les forzaron a pasar su infancia en un cambio continuo de familias adoptivas, de las que siempre se escapaban, y estancias en centros de menores. De esa época, en contra de lo que pudiera pensarse, le ha quedado el gusto por el nomadismo y la capacidad para ganarse la vida en cualquier situación imaginable. Cuando su hermano Darius decidió enrolarse en los marines, él le siguió. Sus conocimientos de mecánica le sirvieron en sus años en el ejército para ganarse el sobrenombre “The Ignition”. Darius murió en la segunda guerra del golfo. Ignatius volvió a EE UU y con lo poco que había ahorrado se compró una caravana. Durante unos años se ganó la vida arreglando los coches de los vecinos y vendiendo sus esculturas hechas con chatarra. Desde entonces ha cambiado varias veces de caravana, siempre con la compañía de una foto de la casa de sus padres y el póster de Farrah Fawcett en traje de baño de 1976 que su hermano Darius robó en la casa de una de las primeras familias que les adoptó. Entró en el grupo como roadie y conductor, pero asistía también a los ensayos y después se pasaba las noches practicando con la guitarra, hasta que un día les dijo a los demás que ya sabía tocar y que podría sustituir a Martin, quien por entonces había anunciado que se iba a Canadá. En el grupo parece que por fin ha encontrado a su familia.

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