NELLY FURTADO

Nelly Furtado: en el porche, cantando al viento

“Era verano y yo jugaba en las Islas Azores, en el pequeño pueblo del que proceden mis padres. Contemplaba aquel espacio rural, la carretera que subía por la colina. Un viejo bajaba por la ladera con una horquilla al hombro. Llevaba botas de agua, pantalones de trabajo y una camiseta de Coca-Cola. Lo vi  y pensé: “Ése es mi disco!”.         

Así define la canadiense de ascendencia portuguesa su idea de Folklore. “Éste es el folklore que existe en  mi mente”, dice Furtado. “Las palabras a veces conjuran algo antiguo, pero a mí me gusta darles un significado nuevo. El folklore es algo mágico y místico, y eso me gusta. Pero, sobre todo, pienso en ello como una creencia. Son básicamente las historias de la gente. Todo el mundo en cualquier parte tiene su propio folklore. Puede ser de un color o de otro. Y no siempre tiene que proceder de tiempos pasados. El lado histórico no es lo importante. ¿Cotilleo sobre los famosos? Ése es el folklore moderno. ¿La mítica historia de Ozzy Osbourne mordiendo la cabeza de un murciélago en uno de sus conciertos? Eso también es folklore.” 

Con tan sólo 20 años, Nelly Furtado conquistó el mundo con un energético álbum de pop llamado Whoa, Nelly. Su aparición fue toda un revelación, ya que ganó premios Grammy, alcanzó el número 1 en más de 20 países con “I´m Like A Bird” y “Turn Off The Light” y tocó en los escenarios de medio mundo con su mezcla de hip-hop, fado portugués, pop, soul, ritmos brasileños, de baile, folk, son latino y cualquier otro que a ella le pareciera expresivo y vivaz.  

Furtado comenzó a trabajar en Folklore haciendo maquetas de canciones que ella misma había escrito mientras ofrecía conciertos en Norteamérica en su gira “Burn In The Spotlight Tour”, en 2002. Al principio trabajó sola. “Pero, entonces, en algún momento, comencé a echar de menos a los productores Track & Field, porque cuando trabajo con ellos mi música fluye verdaderamente deprisa, sin esfuerzo. Y eso me parece divertido; así es, sobre todo, como debería ser la música: si no te diviertes, no tiene sentido. Así que empezamos a trabajar juntos en Santa Mónica (California) la pasada primavera”.  

         Furtado se dio cuenta de que sus nuevas canciones eran, en cierta manera, diferentes a su primer material. “Creo que he crecido mucho”, dice. “En muchas de las canciones de mi primer álbum, yo aún era adolescente. Me limitaba a escribir y escribir, y mucho de lo que decía en mis canciones ni siquiera lo había experimentado. Con mi primer álbum yo no quería salir de gira con un disco sombrío. Por lo tanto, grabé un disco feliz y enérgico a propósito, porque no creía que fuera lo suficientemente fuerte como para salir al escenario a defender canciones melancólicas. Yo simplemente quería compartir la bondad y el positivismo y los colores alegres con el mundo. Ahora, miro hacia atrás y comprendo que puedo hacer las dos cosas; todavía puedo ser positiva y realmente dura y realista al mismo tiempo. En el pasado me escondía tras las metáforas. Siempre había un velo delante. Ahora es más como si no hubiera nada tras lo que ocultarse. Me siento mucho más cómoda en mi piel, supongo”.  

Musicalmente, Furtado sigue siendo tan aventurera como siempre. Se siente como un producto de la libertad hip-hop a quien aún le gusta la corriente pop que se vive en EEUU y las guitarras pop con las que creció. Aunque jamás permite que esas pasiones le mitiguen su sed de realidad folk y su afición por las formas internacionales. La primera canción que la cautivó fue una de Prince, un artista que ya se preocupaba por la fusión. La canción era “Power Fantastic”, que Furtado encontró en una cinta de un amigo. “Nunca había escuchado nada semejante”, recuerda. “Las voces eran tan hermosas, eran tan exuberantes. Pero, al mismo tiempo, la emoción era enorme”. Últimamente, Furtado disfruta con los trabajos de Smashing Pumpkins y Jeff Buckley, Nusrat Fateh Ali Khan y Caetano Veloso, quien, junto con el intérprete de banjo Béla Fleck y The Kronos Quartet hacen apariciones como invitados en Folklore. 

Como hija de padres portugueses que emigraron a Canadá, Furtado siempre ha escuchado muchos géneros musicales a través del prisma del folklore y la música religiosa portuguesa. “Miro la música con una mente muy abierta y muy amplia”, dice. “Cuando no tienes fronteras, no conoces los límites; puedes hacerlo todo porque no tienes prejuicios. Existe una diferencia entre no tener prejuicios y no tener gusto. Puedes navegar por toda clase de géneros, que es lo que me gusta hacer a mí”. La carrera de Furtado, así como su música, lo demuestran ampliamente.  

En este nuevo disco se mantiene fiel a sus raíces portuguesas, quedando bien presentes sus intrigantes pensamientos y recuerdos sobre su herencia. La música de iglesia con la que creció, por ejemplo, puede convertirse en un elemento muy importante en su música. “Yo podía estar en la barbacoa de mi tía”, explica Furtado, “en su casa, en la cocina, cocinando, bebiendo oporto, y alguien me tendía un misal, un pequeño libro de canciones, y empezaba a cantar. No tenía nada que ver con la iglesia, era más bien algo que conectaba a la gente con su tierra natal. Creo que mi sensibilidad melódica proviene de haber crecido con toda esta fascinante música folk de la iglesia portuguesa. Es extraño: es simplemente una melodía y una letra, pero te sientes como si estuvieras en otro lugar cuando la escuchas”.  

            Nelly Furtado deseaba hacer un disco de lo que ella denomina post-folk. “Realmente yo quería hacer un disco que tocara temas folk pero que fuera moderno al mismo tiempo”, dice. “El folk es universal, existe en todos los países, en todas las naciones, en todos los idiomas; esa idea de alguien con una guitarra que canta sobre todo aquello que le rodea es espontánea, real, terrenal y familiar. Nosotros hemos tocado esos temas con instrumentos folk de diferentes países. Por eso es por lo que hemos incluido el banjo o el acordeón y hemos intentado mezclarlos un poco. El propósito de este disco tomó vida en mi mente mientras estaba de vacaciones el año pasado pasando una temporada en Las Azores, el archipiélago portugués del Atlántico de donde procede mi familia.”

“Me encontraba visitando a la abuela de un amigo mío, una señora mayor”, cuenta Furtado. “Estaba en su casa y ella me sacó un montón de hermosas fotos antiguas en la terraza de su casa en la colina. Todas aquellas fotos estaban diseminadas en la mesa de cemento, todas sus pertenencias estaban allí. De repente, empezó a llover un poco y ella empezó a tapar las fotos con su propia ropa. Y allí, en lo alto de aquella colina, miré hacia abajo y vi el océano, y en la distancia oí la voz de una persona joven que tarareaba canciones techno al ritmo del equipo de música de su coche.” 

        Para Nelly Furtado, todo tiene un sentido ambiguo, feliz y triste, folk y hip-hop, extraño y lógico. “Me encantaría que me describieran como una chica sentada en un porche”, dice, “en una mecedora, cantando al viento. Como cualquier persona de la calle, que va caminando y viendo lo que desea ver. Quiero capturar la sabiduría de todo lo que he aprendido de mis antepasados, de mis abuelos y de toda mi herencia, volviendo al viejo país. Me encantaría que me vieran como una mujer, como una chica, que se ríe del mundo pero que, al mismo tiempo, reza por él.”

Xavier Valiño

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