MOBY 2008

Moby, a la felicidad por la electrónica

42 años y millones de discos vendidos. Tras un pasado punk y radical, en muchos sentidos, Moby ha vuelto su vista hacia la música de baile que, dice, es lo que ha hecho que recupere su fe en la música. Last Night es el disco que lo testifica y puede que no sea un éxito mundial, pero al menos Moby dice estar contento.

 

¿Cuál fue la inspiración para el álbum?

            – Cuando hago un disco… quiero decir que, tengo un curioso pasado musical porque he tocado muchos tipos de música, así que cuando hago un disco, una de las grandes preguntas es: ¿Qué tipo de disco quiero hacer? ¿Quiero hacer un disco de punk rock? ¿Quiero hacer un disco de música electrónica rara? ¿Quiero marcar un disco más orientado al baile? Y los dos últimos discos que hice tienen, al menos desde mi perspectiva, una cualidad ligeramente triste y quería hacer un álbum que fuese quizá un poco más juguetón, un poco más reflexivo sobre mi vida tal como de hecho es, especialmente viviendo aquí en el centro de Manhattan, así que ésa fue la inspiración. Ya sabes, se suponía que iba a ser un álbum sobre pasar una interesante noche larga y convincente con mis amigos.

 

¿Cuál fue el impulso detrás del concepto del álbum: una larga noche de juerga con tus amigos?

– Bueno, tengo mi estudio aquí en casa y casi todos los días entro en el estudio y trabajo en alguna música, y lentamente, según iba trabajando en este disco, básicamente salían dos discos de todo aquello: uno que era muy tranquilo y uno que estaba más orientado al baile. Según éste empezaba a tomar forma, me di cuenta que más que hacer sólo una colección al azar de temas de baile, quería darle algún tipo de arco narrativo o algún tipo de temática, no importa lo que cualquiera entienda con él, no tengo ni idea. Pero para mí, simplemente representa salir en la ciudad de Nueva York, que, para mejor o para peor, es algo que hago mucho, así que quería que tuviese algo de eso, que captase de alguna forma el sentimiento de pasar, ya sabes, una noche larga de juerga, porque… ¡salir es tan complicado! Puede ser sencillo, ya sabes, como supongo pasa en ciertas partes del mundo, sales, vas a una fiesta, te quedas allí dos horas, vuelves a casa… Pero en otras partes del mundo, como en el Reino Unido o en Nueva York, es un toda una cruzada, ya sabes. Comienza a las 8 de la noche y termina a las 8 de la mañana y muchas cosas pasan entre medias y al final de la noche las cosas están un poco borrosas, así que ése fue más o menos el impulso que hubo detrás de dar a este disco este… Odio tener que utilizar esta palabra, pero, dándole un concepto.

 

¿Consideras Last Night como un regreso a tus raíces de baile?

            – Al hacer un disco de música electrónica más de baile, podía o bien intentar hacer algo muy, muy progresivo o podía de hecho hacer algo que realmente me gustase y en este caso quería hacer un disco que implicase este tipo como de lenguajes musicales que siempre me han encantado. Ya sabes, no importa que sea más soul, disco o himnos rave con piano o tranquila música ambient. Estos son géneros en los que he trabajado mucho en el pasado, y una de las razones por las que trabajé en estos géneros antes es porque realmente me gustan. Es música por la que me preocupo, que me importa y que me dice algo, así que más que forzarme demasiado estilísticamente, simplemente quería hacer un disco que me gustase de verdad.

 

P4“Last Night” tiene también muchas referencias con la cosas rave del principio. Me pregunto si puedes contar algo sobre tu historia en esa escena y cómo te metiste en ella.

            – Empecé a salir a clubes nocturnos en Nueva York en 1980. Tenía 14 ó 15 años por aquella época y mis amigos cogían el Metro-Norte desde Connecticut o de vez en cuando mangaban el coche de uno de sus padres y los clubes a los que íbamos por entonces eran por ejemplo el Fallout Shelter y el Mud Club y CBs y Danceteria y el Peppermint Lounge. Fue una época increíble porque tenías aquella vida nocturna palpitante en Nueva York y nadie más en el resto del mundo le prestaba ninguna atención. Era un mundo dentro sí mismo y tenía su propio fanzine y sus propias súper estrellas, pero realmente fuera de Nueva York nadie lo conocía, así que tenías aquellos discos de éxito en el Bajo Manhattan que vendían miles de copias en el Bajo Manhattan pero fuera de ahí, nadie sabía de su existencia, así que realmente fue una época muy especial. En realidad toda la época de los 80s fue así, porque parecía como que después de los 70s había una especie de contragolpe al disco, cuando nadie en el resto del mundo quería saber nada de la música de baile, pero la música dance estaba aquí prosperando y había una mezcla racial. Ya sabes, salías por ahí y había blancos y negros y latinos, podías encontrar asiáticos y la mitad de la gente eran heterosexuales y la mitad gente gay. Los DJs ponían hip hop con freestyle con dancehall reggae con house con música electrónica rara. Era de verdad algo muy abierto, una época increíble y era un mundo que… Me siento realmente muy agradecido de haber madurado musicalmente durante aquella época. Luego, según avanzaban los 80, empecé a pinchar yo mismo. Por ejemplo, a finales de los 80 empecé a hacer de DJ en Manhattan en lugares como Mars, que ahora se ha convertido en un parking, Red Zone, que ahora es un bloque de apartamentos de 30 pisos, el Palladium, que es ahora una residencia de estudiantes de la universidad de Nueva York, MK, que se ha convertido en una tienda de alfombras, el Palace Debuter, que ahora es una tienda de mascotas, y así podríamos seguir enumerando. Pero aquellos clubes, como a finales de los 80, fueron parte de una época muy interesante, porque Nueva York estaba diezmado por el SIDA y el crack y la ciudad parecía como un campo de batalla. La gente se moría en cada esquina. En cada club donde trabajaba mataban a gente a disparos. Ibas a Mars y todo el mundo estaba deprimido y pensando: “¿Qué está mal?”, y contando cosas como: “Anoche dispararon a Joel, el tío de la puerta. Hubo algún asunto de drogas que salió mal y le dispararon”, y quizá fuese como vivir en Sarajevo durante la guerra, pero casi ni te parabas a pensar. Ahora, en cambio, si hay un tiroteo en un club nocturno en Nueva York saldría en la portada del New York Post y todo el mundo hablaría de ello y sería toda una historia, pero por aquella época era algo que sucedía a diario y a veces se convertía en… La única vez que influía en un club es cuando ocurría muy a menudo. Por ejemplo, había un club en la calle 24 que se llamaba Building y acabaron cerrándolo porque creo recordar que en el transcurso de dos semanas hubo como seis tiroteos, ya sabes, y murieron dos porteros y algunos de los clientes tuvieron que ir al hospital, así que finalmente la policía se metió y cerró el local; fue una pena porque era un lugar realmente increíble. Los 80 en Nueva York fui muy privilegiado de haber estado allí para vivirlo y también, como dije, fue… La cultura de baile alternativa del Downtown, nadie le prestaba atención y luego la escena rave en el Reino Unido explosionó y eso influyó en la cultura club de Nueva York. Entonces el Limelight y Red Zone y el Palladium empezaron a hacer noches más orientadas al rave, fue algo muy excitante, interesante y divertido también, porque lo que era increíble sobre estos géneros, estos tipos de música, era que eran nuevos y nadie los conocía. Me refiero a que ahora, con la blogosfera cualquier crío hace un disco en Williamsburg y en 5 minutos toda la gente del planeta puede conocer su existencia, pero por entonces había subculturas enteras que nadie sabía de su existencia aparte de la gente de las propias subculturas, así que… Tengo que decir que me pongo un poco melancólico y triste cuando pienso en ello, porque fue una época muy especial.

 

¿Cómo describirías la escena musical en el Nueva York de los 80?

            – Entre principios y mediados de los 80, la escena de la música en Nueva York era muy ecléctica. Ya sabes, Danceteria era el club perfecto para el eclecticismo, porque ibas allí a ver a una banda de punk rock en el sótano y luego en la planta baja había algo de indie rock. Mission Of Burma podía estar tocando en la planta baja y podías tener a los Chromags en el sótano, tenías a Gay House DJ en el 3º piso, estaba la sala de vídeos New Wave en el 4º piso y luego había alguien tocando hip hop en el último piso. Todo el mundo se llevaba bien y respetaba y le gustaba la música de todo el mundo, y todos se inspiraban unos con otros con sus respectivas músicas. Si se escucha a algunos de aquellos discos de los Clash de aquella época se puede deducir que pasaban mucho tiempo en Nueva York escuchando hip-hop, escuchando disco, escuchando salsa, etc., y sus discos reflejan de verdad eso, y ese eclecticismo, que es algo natural, innato, para gente que se crió aquí, parecía tan extraño para cualquier otra persona en el resto del mundo, porque en todo el resto del mundo era como si te gusta el hip-hop, sólo te puede gustar eso, y si te gusta la música house, eso es lo que se te permite escuchar. Mientras que en Nueva York supongo que es una ciudad tan ecléctica inherentemente, y así la cultura musical por entonces realmente reflejaba eso.

 

¿En qué difiere Last Night de tus anteriores álbumes?

            – Bueno, empezando con Play, por ejemplo. Play era un disco electrónico muy ecléctico y luego el siguiente álbum, 18, era ligeramente menos ecléctico, un poco más orientado a las canciones, y Hotel fue probablemente como el disco más tradicional que he hecho nunca. Canto en muchas de las canciones, muchas guitarras, mucha batería en directo y mucho piano, así que era un disco muy tradicional y como que en Hotel simplemente me di cuenta de que mi fortaleza no es ser un cantante-compositor. Así que después de haber hecho Hotel, me sentía como: “Ya sabes, este es un disco bastante bueno, pero ya lo he hecho. No necesito volver a hacer eso otra vez”. En los dos últimos años estoy viviendo en el bajo Manhattan, saliendo mucho, y sencillamente quería hacer un disco que reflejase eso. Paso mucho tiempo con mis amigos, simplemente saliendo a tomar algo y bailar y metiéndome en líos, así que el disco es en mucha parte fruto de eso. Es una especie de, espero, un disco relativamente sincero, porque quería que sonase como lo que… quizá suene muy narcisista, quería que sonase como de hecho es mi vida ahora.

 

 

¿Ves algún tipo de progresión en términos de tus álbumes?

            – De un modo extraño, Last Night es, de todos los discos que he hecho, el único que tiene menos que ver conmigo, y ésa es una de las razones por las que disfruté tanto haciéndolo porque, incluso aunque yo fui el único que escribí las canciones, me sentí mucho más como si estuviese produciendo a otros artistas, más que estar haciendo mi propio disco. Desde luego que refleja mi visión artística y espero que resulte ser un trabajo consecuente y una declaración artística consecuente, pero no es quizá ni la mitad de personal que algunos de los otros discos que he hecho, porque el último disco que hice supuso mucha implicación personal. Era yo tocando todos los instrumentos y cantando, yo interpretando canciones que eran muy personales, y en este álbum se trata, idealmente quizá, un poco menos sobre mí y un poco más sobre hacer un disco de baile que, con suerte, espero gustará a la gente.

 

¿Puedes describir tu proceso de trabajo?

            – Cada canción empieza de forma distinta. Tengo mi estudio aquí y, por ejemplo, los temas con bases de samples empiezan todos con el sample y luego se escribe la canción sobre el sample, pero otras muchas canciones empiezan con una guitarra o una parte de teclado o de sintetizador. Cada canción tiene su propia especie de génesis única.

 

Este disco está mezclado por Dan Grech-Maguerat que trabajó con Radiohead. ¿Cómo surgió eso y qué aportó al álbum?

            – Estaba buscando alguien con quien trabajar en la mezcla del disco y es algo delicado, porque es un disco electrónico, y la mayoría de la gente americana que trabajan mezclando vienen de un pasado rock. Estoy seguro de que un mezclador del rock hará un gran trabajo con esto, pero quería alguien que tuviese un mayor entendimiento de la electrónica y Dan ha trabajado en muchos discos de Radiohead y también trabajó en el último disco de Scissor Sisters, y ése me parecía un currículum perfecto para proponer a alguien que mezclase este disco. Además, es un hombre joven. Me refiero a que es un veinteañero, así que enfocó esto con mucho más fervor y pasión, porque a veces cuando trabajas con alguien que lleva en esto mucho tiempo, son un poco más cínicos, hastiados, sin entusiasmo. En cambio, fue muy agradable trabajar con él, porque hay que decir que tiene mucho talento y es muy inteligente y, además, no es para nada cínico.

 

¿Fue deliberada la elección de hacer un álbum menos serio?

            – Sí, tuve un largo periodo didáctico en mi vida, ya sabes. Cuando tenía 15 años era un punk-rockero militante y luego me convertí en una persona militante de la música dance. Fui un vegano militante y fui un cristiano militante, y en algún momento me paré a pensar y me di cuenta de que lo único que esas fases tenían en común era su militancia, y de lo que me di cuenta sobre la militancia es que puede ser divertida y puede seducir, pero no es muy productiva. Estar militantemente comprometido a una causa no te hace necesariamente un buen defensor para esa causa y no significa necesariamente que hagas del mundo un sitio mejor y, además, los últimos seis años en Estados Unidos y en el mundo han sido una época de fundamentalismos y militancia y cuanto más veo a otra gente implicada en la militancia, ya sea militancia de derechas, militancia de izquierdas, militancia islámica, simplemente me hace querer no tener nada que ver con el fundamentalismo y la militancia para nada. Así que quizá haya esa especie de impulso detrás del disco, diciendo como todo el resto de la gente en el mundo están tan militantemente comprometidos con sus causas y todos esos militantes están de hecho manejando el mundo. ¿Por qué no hacer sencillamente un disco divertido para tus amigos?

 

Con los temas “Alice” y “I Love To Move In Here”, ¿tomaste alguna decisión consciente para regresar a tus raíces en la escena hip-hop de los 80 en Nueva York?

            – Siempre soy muy reticente a hablar sobre mi implicación con el mundo del hip-hop, porque a fin de cuentas soy un tío blanco de Connecticut, disculpa la aliteración, pero quiero decir que compré mi primer disco de hip-hop en 1982 o 1981. Fue “The Message” de Sugar Hill, y desde entonces siempre compro muchos discos de hip-hop y he pinchado mucho como DJ en el mundo del hip-hop. Por ejemplo, cuando pincho en Nueva York, principalmente actúo en clubes de hip-hop y siempre tengo un micrófono a mano conmigo, porque estás poniendo discos y en un momento puede aparecer por allí Big Daddy Kane ó presentarse Run DMC o 3rd Base o aparecer los Ultramagnetics y si tienes tu micrófono listo puedes poner los instrumentales mientras ellos hacen su estilo libre (freestyle). Tuve así experiencias asombrosas, con raperos fantásticos de finales de los 80 viniendo por allí. Y luego, a lo largo de los 90, me gustó mucho el hip-hop, aunque no tuve mucho que ver con esa escena. Hice un tema con Chuck D de Public Enemy titulado “Make Love F**k War” que fue interesante, porque es uno de mis héroes de todos los tiempos, así que incluir en este disco algunos temas de hip-hop para mí resultaba una extensión natural del hecho de que llevo escuchando hip-hop los últimos 26 años.

 

Otra vocalista que trabajó en este disco es Sylvia Gordon de Kudu. ¿Cómo surgió esa colaboración?

            – Hay un bar en la Avenida C llamado Nublu en el que pincho allí como DJ de vez en cuando y es uno de mis sitios favoritos en Nueva York. Es minúsculo. Quiero decir que alberga quizá a 50 personas y más de 50 personas significa que está realmente abarrotado. Fui allí una noche. Eran como las 4 de la mañana y estaban actuando Kudu y fue la cosa más maravillosa que había escuchado nunca. La música era muy estridente y electrónica y con mucha batería y ella tenía una voz preciosa que sonaba por encima de aquello, así que le pregunté si le gustaría alguna vez trabajar en una canción y se vino conmigo y, sí, llevaba sin dormir un par de noches cuando vino a trabajar en la canción y pienso que eso encaja perfectamente con el disco. Me refiero a que tiene una bonita voz, pero llevaba un par de días sin dormir así, que hay una especie como de agotamiento lánguido en su voz, que el hecho de que sea el último tema del disco creo que le va muy bien.

 

¿Nos puedes contar algo del tema “Disco Lies”?

            – Recuerdo ir a San Francisco a principios de los 90 y escuchar a algunos DJs como Marc Farina y era interesante, porque a principios de los 90 en Nueva York la escena del dance aquí era muy agresiva. Era o bien música house más vieja y más blanda o música rave muy agresiva, y te ibas a San Francisco y era más inspirada en el disco y un poco más blanda y me recordaba salir por los clubes nocturnos en Manhattan a principios de los 80, cuando había esa escena underground genuinamente dance en la que nadie fuera del Bajo Manhattan estaba interesado. Así que la canción “Disco Lies” quería que recordase ligeramente a Paradise Garage con Larry Levan o Tony Humphreys, que solían tocar en aquel club llamado Zanzíbar fuera en Newark, con aquellos fríos elementos electrónicos pero con una voz de diva muy apasionada por encima. La vocalista en esa canción es Shayna Steele. Me refiero a que siempre estoy buscando vocalistas, así que hago correr la voz entre todos mis amigos. Digo algo como: “Si conocéis a alguien que tenga una buena voz, por favor ¿puedo escuchar lo que hacen?”. Alguien me envió una maqueta de Shayna e inmediatamente pensé: “Qué voz tan asombrosa”. Suena como si hubiese estado grabando música disco en 1978, que para mí es el mayor cumplido que se le puede hacer a un cantante.

 

¿Tienes planes para hacer gira con el álbum?

            – Bueno, cuando empecé al principio a hacer discos me encantaba ir de gira tanto como fuese posible, pero luego llegué a un punto en el que giraba con una banda como de ocho miembros y teníamos tres autobuses de gira y tres camiones grandes y podía estar de gira durante un año seguido, así que realmente llegué a odiar las giras. Además, como este es un disco más orientado al baile, la gira para él será más como DJ, al menos por ahora. Quiero decir que, quizá si… Sí que tengo el sueño de montar una enorme rave en el Madison Square Garden, así que si por alguna razón el disco tiene éxito, quizá reúna a un puñado de otros intérpretes de música dance para hacer como una fiesta gigante para 17000 personas en el Madison Square Garden. Sin llegar a tanto, me gusta ir a pequeños clubes y pinchar como DJ. Después de años y años de girar y estar en la carretera durante largos periodos de tiempo, poder salir simplemente con una caja de discos es tan liberador y tan divertido, porque de esa forma puedes también… Cada noche es distinta y también puedes tomar contacto con la gente que viene a verte, porque si tocas en grandes salas o enormes estadios, como de 10000, 15000 personas, nunca tomas contacto con nadie del público y se convierte en algo muy deprimente, te sientes realmente solo. Ya sabes, semana tras semana te das cuenta que el único contacto humano que has tenido ha sido con los pipas, lo que está bien -no tengo nada en contra de los roadies-, pero es una forma algo solitaria y triste de vivir.

 

Como parte de tu página web tienes un nuevo programa que se llama mobygratis. ¿Nos podrías comentar un poco sobre eso?

            – Cuando iba a la universidad, fui durante un tiempo al SUNY Purchase. SUNY Purchase cuenta con un gran programa de cine, así que fui allí como estudiante de filosofía, que era un poco absurdo, considerándolo como una escuela de Artes Escénicas, pero… Al final acabé tomando unas cuantas clases de cine y haciendo muchos amigos… SUNY es uno de los únicos sitios que apostaba por el cine experimental y muchos de mis amigos estaban en eso, así que me mantuve en contacto con ellos y con otra gente del mundo del cine independiente. Su gran queja es que es muy difícil y muy caro licenciar música para las películas, así que empecé esta cosa llamada Mobygratis que en esencia lo que hace es proporcionar música gratis para los cineastas independientes para que hagan lo que quieran con ella y en realidad no tiene ningún truco. Creo que la mayoría de la gente cuando empiezan… En 2007 si alguien empieza una empresa online, existe un plan de negocio y existe un plan de marketing y existe ese objetivo como de vendérselo a Google en algún momento. Con esto, muy simplemente, yo sólo quería regalar música a gente que está haciendo películas independientes y sin ánimo de lucro. Y si eventualmente se hacen comerciales o generan algún beneficio, entonces tienen que pagar por una licencia comercial para esta música, pero lo que paguen se donará con fines benéficos y eso es simplemente… No se trata incluso de mi mismo siendo particularmente altruista, es más bien yo tratando de ser más honesto. Como que ya he hecho suficientes cosas maliciosas en mi vida, así que me gustaría estructurar algo para que incluso si quiero ser malicioso, con suerte no lo pueda ser. Así que se trata de música libre, gratis, para cineastas independientes.

 

Tienes una noche de club pinchando que se llama Degenerates. ¿Cómo surgió y cuál es la idea tras eso?

            – Durante la mayor parte de los últimos 15 ó 16 años he estado girando con una banda. Actuar en público implica salir y dar conciertos y realmente he llegado a odiar las giras, así que empecé a pinchar mucho como DJ. En parte porque me ha interesado mucho lo que está pasando en el mundo de la música de baile y también porque me encanta pinchar y no me gusta ir de gira. Así que con eso en mente, quería empezar con algo regular periódicamente… Casi como una especie de DJ residente aquí en Nueva York, y lo llamé Degenerates porque, no sé, parece que encaja con la vida nocturna en Nueva York y significa muchas cosas distintas para mucha gente diferente. Degenerates puede ser una degeneración muy sibarita o puede ser simplemente como los adolescentes de 19 años teniendo relaciones sexuales detrás de un contenedor en un callejón al lado de la degeneración de un Burger King. Yo simplemente quería empezar esa noche como una noche de música dance ecléctica así que la primera… Sólo hemos hecho una hasta ahora y fuimos yo y Stretch Armstrong, que fue mi primer compañero de piso en Nueva York, y es muy conocido como DJ de hip-hop, pero también toca mucha música electro y house. Luego Juan Maclean y luego Alex Frankel de DFA Records tocó también, así que es este enfoque ecléctico muy divertido a la música de baile donde todos los DJs son distintos pero como que se complementan mutuamente. Luego la segunda, que estamos haciendo, va a ser con Spank Rock y Tommie Sunshine y, otra vez, Alex Frankel y su banda The Holy Ghost, que van a hacer de DJ, así que… La idea es simplemente música de baile ecléctica y divertida que esperamos no sea tomada demasiado en serio.

 

Puesto que Last Night tiene un concepto de una larga noche de juerga con tus amigos, ¿tienes alguna noche memorable en particular de salir por ahí a los clubes?

            – Ahora tengo 42 años, así que mi energía no es la que solía ser, pero lo que era increíble sobre la escena rave de finales de los 80 y principios de los 90 es que estabas en pie hasta las 7 u 8 de la mañana todas las noches y luego dormías hasta las 3 de la tarde y luego volvías a hacer exactamente lo mismo una y otra vez y parecía algo muy normal. Parecía perfectamente normal estar en el parque de Washington Square a las 7 de la mañana viendo a las señoras mayores hacer Tai Chi, y ahora si hago eso una vez cada 3 semanas o una vez al mes, estoy hecho polvo durante los dos días siguientes.

 

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