MAGÍN BLANCO Y BURGAS BEAT 2008

Magín Blanco & Burgas Beat, la avenida de la sirena

 

Me da la impresión de que no debemos tomar con cautela lo que dicen en estas líneas, ni tan siquiera lo que comenta Magín Blanco, con una cierta retranca galaica. Así descubriremos que la primera colaboración en disco entre Magín Blanco (en su día líder de La Rosa) y Burgas Beat (antes Cosecha Roja), después de haber coincidido en varias ocasiones desde 1985, es un disco con el que ambos están contentos y que puede tener continuidad.

También puede ser cierto que ambos se hayan contagiado mutuamente, así que Burgas Beat se habrán dejado llevar algo más de lo habitual y Magín habrá encontrado una estabilidad mayor de lo normal. En cualquier caso, Clic es uno de los grandes discos de este año.

 

¿Es cierto que ya coincidisteis en un concierto en 1985? ¿Qué nos podéis contar de aquello y cómo lo recordáis hoy?

            – Magín Blanco (M): Supongo. Carlos dice que sí, y si él lo dice, va a misa.

– Carlos Rego (C): En 1985 yo empezaba en Viernes y los Robinsones, una calamitosa copia juvenil de Ramones y Cramps. Javier, Toño y Paco ya casi eran veteranos, aunque no tenían ni 20 años, y llevaban dos o tres como Última Fila, el primer grupo ‘moderno’ de Ourense, entre los Clash y los Bunnymen. Magín lideraba Voyeur, algo así como una versión melódica del after punk nacida en A Rúa, a casi 100 Km. de la capital. Los tres coincidimos en un fundacional macro concierto de grupos locales. Fue la primera actuación de los Robinsones y la primera vez que Magín vino a Ourense. Algunos nos dimos cuenta que ellos eran mejores que todo el resto, pero todavía tardamos años en conocernos personalmente.

 
¿Qué es lo que más y lo que menos le gusta a cada uno de vosotros de la trayectoria del otro?

– M: Lo que más, su disco Ni una sombra en el horizonte; es buenísimo. Y lo que menos, haber abandonado a Los Cachorros (era un grupo de versiones que teníamos) a su suerte.

– C: A mí de Magín siempre me gustaron las canciones, la música y la letra, aunque oídos hoy algunos discos de La Rosa no estén a la altura en cuanto a sonido. Además, la capacidad de ir a su aire y de no desfallecer nunca, de tener un estilo propio y no negociarlo. Su mayor defecto es que no le gusta demasiado el estudio.


¿Cómo se llega a esta colaboración? ¿Cuándo se planteó la posibilidad de grabar juntos? ¿Quién dio el primer paso?

– C: Magín intentó trabajar con un grupo estable de directo, pero la cosa no fue adelante. En algún momento pensó en nosotros; le gustaba mucho nuestro primer disco, nos cameló con ejemplos como la gira de Dylan y los Heartbreakers de Tom Petty, o los discos de Billy Bragg y Wilco, y nos acabó convenciendo. No tuvo que insistir demasiado, la verdad: somos admiradores de su música, y, sobre todo, amigos desde hace mucho tiempo.

– M: Cayó por su propio peso.


¿Cómo se plantea un disco así en común? ¿Hay un reparto previo de cuota de composición? ¿Se trabajó democráticamente en los arreglos de las canciones y a la hora de grabar?

– M: Creo que el primer paso lo di yo, aunque ellos sabían casi todo lo que pasaba por mi cabeza desde siempre. Se planteó un reparto de composición y de gastos, aunque no de beneficios, lo cual me honra, je, je. Ellos ayudaron mucho a arreglar mis canciones, incluso en temas de estructura. Yo sólo tenía las letras y la música con una guitarra, y todo funcionó con naturalidad y sin congresos, ponencias, votaciones y cosas de ésas.

– C: Desde el principio estuvo claro que iba a haber el mismo número de canciones por cada parte, y que las canciones nuevas serían arregladas en conjunto. En realidad, el método de trabajo en Burgas Beat es muy natural, aunque lento, y nos vino bien la urgencia de Magín, que no es amigo de darle muchas vueltas a las cosas.


¿Se buscaba una línea en común entre ambos o simplemente tuvieron encaje las canciones que cada uno tenía en ese momento?

– C: La línea era nuestro sonido habitual, entre lo acústico y lo suavemente eléctrico. Nuestras canciones ya estaban compuestas y arregladas, y Magín aportó su guitarra acústica, muy presente en algunas canciones. Las suyas están trabajadas desde cero. Hay una antigua, pero el resto eran recientes, y un par de ellas inspiradas por los primeros ensayos conjuntos.

– M: Encajamos lo que había, pero yo conocía ya sus temas y, aunque ya estaban más o menos cerrados, procuré sentirlos como míos y así es.


¿Qué es lo que os parece que cada uno ha aportado a este proyecto?

– M: Creo que yo aporto un espíritu bohemio y autodestructivo que ellos no tenían, y ellos todo lo contrario: estabilidad emocional y cosas así.

– C: Nosotros un sonido más crudo, menos estándar que el de sus discos en solitario pero con más nervio, y él unas canciones que nosotros no somos capaces de componer. Su mundo es muy diferente al nuestro en cuanto a letras, nosotros no solemos hablar tanto de mujeres.

 

 
Según mi opinión, Magín está respaldado ahora por un grupo como nunca tuvo. ¿Lo compartís?

– M: Desde luego.

– C: Hubo una época de La Rosa, hacia el final, en que su directo era bastante potente, pero un grupo que conectara con él a nivel musical, que hablara su mismo idioma, creo que nunca lo tuvo. Ahora suda más que nunca.


Recuperáis una versión del “Anduriña” de Juan y Junior. ¿Ganas de reivindicarlo, era por la canción o cuál fue el motivo?

– C: Juan Pardo tiene muy mala fama, quizá merecida desde hace un montón de años, pero no hay que olvidar que era el líder de Los Brincos. Además, “Anduriña” es una gran canción, sólo tiene tres acordes, algo muy importante para no perder tiempo, y siempre creí que se podría adaptar a nuestro estilo perfectamente, darle un aire entre Luna y Teenage Fanclub. Como el título ya estaba en gallego, parecía obvio traducir la letra.

– M: Un poco de todo y oportunismo también, todo sea dicho.


¿Qué esperáis lograr con este álbum? ¿Con qué tipo de repercusión os daríais por satisfechos?

– M: Sobre todo tocar, porque lo pasamos muy bien. Para mí los discos son un pretexto para tocar -¿o era al revés?-, y si cobramos, mejor.

– C: La eterna pregunta. ¿Lo escuchará alguien más aparte de los que ya nos conocen? La eterna respuesta, es probable que no. Llevamos demasiado tiempo en esto como para esperar otra cosa.


¿Qué es lo que cada uno ha aprendido en esta grabación?

– C: Que cinco días son muy pocos para grabar un disco y que el potencial conjunto es mayor del que se refleja en el disco.

– M: En las grabaciones siempre se aprende, sobre todo a sintetizar, porque hay poco tiempo. Visto ahora, me hubiera gustado alargar algún final, sobre todo las mías, que son más abiertas, y haber metido más coros.

 
¿Cuáles son los artistas que ambos admiráis y dónde estaría el punto de desencuentro, aquello en lo que no coincidís?

– M: Sería largísimo. Digamos que ellos son más Velvet y yo más Dylan, o ellos más Luna y yo más Lucinda.

– C: Coincidimos en lo que ahora se llama americana, los grandes cantautores rock (Dylan, Young, Van Morrison…) o el power pop como lo entienden Matthew Sweet o Teenage Fanclub. A mí en concreto me separan de él mis raíces en el punk o el gusto por el rock neoyorquino. No pillarás a Magín escuchando Marquee Moon o a raros como John Cale o Alex Chilton o actuales como Yo La Tengo.


¿Cómo os habéis planteado el directo?

– C: Como una suma de las dos partes. El peso lo llevamos más nosotros. Somos cinco contra uno, pero intentamos aunar lo mejor de cada uno.

– M: El directo está repartido, más o menos como el disco. Bueno, no; hay más temas de ellos porque son más y ya se los sabían, je, je.


¿Cuáles son los siguientes proyectos para cada uno? Creo que Magín tiene por ahí también un trío, Los tres soles del Paraguay.

– M: Ése es un nombre de broma. Somos Juan Matute, Álvaro de Cárdenas y yo, haciendo canciones mías y de Juan e intentando recuperar el espíritu de las Vainica Doble, si es que es posible. Pero no hay planteado nada más que tocar lo que vaya saliendo.

 

Por último, ¿tendrá continuidad esta aventura?

– C: No hago proyectos más allá del siguiente concierto. Creo que las dos partes estamos muy contentas con cómo va todo, coincidimos en muchas más cosas que la música, nos reímos mucho juntos… No hemos hablado de nada, pero pienso que deberíamos hacer al menos otro disco, plenamente al 50%, empezando de cero, a ver qué sale.

– M: Yo espero, confío y quiero que sí.

 

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