LOS PLANETAS

Los Planetas, échate un cantecito

 

“Alegrías del incendio”

 

No se rasguen las vestiduras, que sólo acaba de empezar. Al menos para ellos, vestir el flamenco con el sonido de Los Planetas, por difícil que haya sido, ya está hecho. Han tardado lo suyo en girarse hacia la tradición de su tierra – que les estaba esperando- 15 años en concreto de aventura como grupo. De esa colisión ha nacido La leyenda del espacio, un disco arriesgado, psicodélico, pero también con nuevos himnos generacionales. Florent nos habla del desafío y sus consecuencias.

 

Con este nuevo álbum se rompe el ritmo de disco cada dos años. Hasta en eso se nota que estamos en otra etapa, ¿no?

            – Ha sido un poco casualidad. El disco estaba acabado el año pasado, que era cuando iba a salir, pero por causas ajenas a nosotros y, también, por una decisión de la compañía, ha salido ahora.

 

Ya sabes, por los antecedentes del Omega de Enrique Morente y Lagartija Nick, que este tipo de grabaciones levanta ampollas. ¿Cómo acogió la gente en un principio la intención de acercarse al flamenco?

            – La leyenda del espacio no es un disco flamenco al 100%. Hay guitarras eléctricas, melodías pop, baterías contundentes, acoples, cambios de tiempo (del 3 por 4 del flamenco al 4 por 4 del rock) y la misma tónica de otros discos de Los Planetas, aunque las fuentes de las que hemos bebido sí son flamencas, al igual que algunas letras y melodías. Es como una reinvención del flamenco bajo nuestro sonido.

 

Creo que en este caso, vuestro acercamiento partió de “Alegrías del incendio”.

            – La canción tiene ya 3 años y medio, así que aquella primera toma de contacto con el flamenco nos pareció algo rara y seguramente difícil de asimilar por la gente. Fue una idea de J trabajar con una idea flamenca y, al principio, no sabíamos por dónde tirar. Yo tenía una canción sin título y J empezó a cantar por alegrías, y ahí descubrimos que podría resultar si trabajábamos de otra forma, adaptando una idea de ese tipo a nuestra forma de funcionar. Ha sido un trabajo muy duro de ensayos, hasta que nos convenció en el resultado. A los verdiales, por ejemplo, les dimos mil vuelta.

 

¿Qué fue lo más difícil de adaptar en este reto?

            – Las canciones oscuras, muy flamencas, como “El canto del bute”, son las que más han costado, aunque ahí lo que hemos hecho es crear ambientes más densos si cabe. Algunas se podían llevar más a nuestro terreno, y otras nos costaron más.

 

¿Creéis que el resultado final se parece a lo que teníais en mente antes de entrar a grabar?

            – Nunca se sabe con nuestra forma de trabajar, porque tenemos nuestro propio estudio a nuestra disposición todo el tiempo que queramos. En nuestro caso, hemos trabajado en ello a lo largo de dos años hasta que vimos que esas canciones tomaban la onda que queríamos. El resultado, aun así, ha sido bastante satisfactorio. Cuanto más avanzábamos, cuanto más pulidas estaban las canciones, más nos gustaba y menos nos asustábamos.

 

¿Tiene que ver esa sensación con la mayor estabilidad dentro del grupo?

           – La estabilidad de un grupo es algo muy delicado. Se trata de cinco personas que pasan un montón de horas juntas, cada uno luchando por su espacio. A veces es una jaula de tiburones y otras veces la cosa va como una balsa.

 

Hablabas de vuestro estudio. ¿Qué habéis ganado últimamente con tener el estudio en casa?

           – Hemos ganado y hemos perdido; es un arma de doble filo. Por un lado es muy cómodo: puedes probar muchas cosas, llevarte ideas del estudio a casa y seguir trabajando allí… Pero eso puede hacer que entres en una espiral y acabes presa del perfeccionismo. En general, hay menos concentración porque estamos demasiado relajados en nuestro ambiente de siempre. 

 

También os ha salido el disco más psicodélico.

            – Sí. El flamenco tiene un punto psicodélico que hemos sabido aprovechar. Hay más guitarras, menos teclados, bases más contundentes, con tomas en directo y sin ensayar. Hay canciones que las trabajábamos un día, y al siguiente ya la estábamos grabando, con micros de ambiente y en directo. Hay muy pocos detalles añadidos a posteriori; es como el jazz o el flamenco, recogido a la primera toma. Todo esto requiere mucha mayor concentración al estar pendientes del resto del grupo, lo que hace que el trabajo sea menos físico y más mental y de acoplamiento. Si haces muchas tomas, agotas la idea. La primera y segunda toma son siempre las mejores.

 

Hay también una cierta coherencia en la disposición de las canciones. Supongo que fue consciente.

            – Sí, además de que es el disco que tiene más número de canciones. Hemos intentado que tenga un discurso, y creo que hemos hecho la selección más adecuada.

 

¿Qué grupos de rock que se han acercado al flamenco o qué discos destacaríais?

            – Smash, que también eran muy psicodélicos, gracias a que vivían cerca de la base americana de Rota. Algún disco de Triana, aunque no los más comerciales. También Lole y Manuel, con un flamenco muy pop, personal, con mucha melodía.

 

Y en el ámbito flamenco, ¿a quién recomendaríais a un neófito?

            – A su majestad Enrique Morente, Miguel Poveda, Antonio Mairena, Chacón, Camarón, por supuesto…

 

¿Debería sorprender la evolución hacia la tradición de vuestra tierra?

            – Puede entenderse a la vez como algo natural y como un homenaje a nuestra tierra. Hemos llegado a un punto en nuestra carrera en el que nos podemos permitir no repetirnos en el discurso de hacer un disco nuevo con la misma tesitura en las melodías. Nos hemos sumergido en un terreno en el que éramos ‘analfabetos’, así que si sirve para matar dos pájaros de un tiro… Seguramente a la gente joven le cueste más asimilarlo, ya que el flamenco requiere una cierta predisposición. Yo mismo, de joven, no quería saber nada que no fuera rock y la música de los 60. Recomendaría disfrutar el flamenco en vivo, como por ejemplo a Paco de Lucía, que ahí es donde se te ponen los pelos de punta, con toda la emoción y el sentimiento.

 

Además del flamenco, ¿por dónde han ido los gustos musicales del grupo en los últimos tiempos?

            – Hay mucho revival y ‘moderneo’, como yo digo, grupos que creen que han inventado algo que ya está inventado y que, sin ir más lejos, yo he vivido antes. Hay muy pocas cosas que me llamen la atención. No me gustan cosas como Artic Monkeys. Prefiero las cosas genuinas que las copias. Hace poco en el Festival Primavera Sound vi a The Fall y fue un concierto brutal, y también me gustaron mucho Billy Bragg, Apples In Stereo y Robyn Hitchcock.

 

¿Creéis que esta larga gira (en comparación con la del disco anterior) es la que más unanimidad está teniendo en cuanto a la reacción de la gente?

            – Está yendo muy bien. Por ejemplo, el concierto del Primavera Sound salió redondo; nosotros salimos a disfrutarlo. Nos están saliendo conciertos muy directos, buenos, y eso se refleja en el espíritu del grupo a la hora de tocar las canciones. El próximo concierto que tenemos es el de Festival de Benicassim y estamos decidiendo si vamos a cambiar el repertorio, aunque yo soy partidario de repetir el de Barcelona. En estos casos de conciertos en festivales estás muy condicionado por el tiempo que te dejen tocar.

 

¿Qué me dices si te comento que “Segundo premio” tiene mucho que ver con “Promesses” de Etienne Daho?

            – Bueno, digamos que es un pequeño homenaje.

 

¿Y “db” con “Chasing A Bee” de Mercury Rev?

            – Sí, de hecho quisimos que cantase David Baker (de ahí las iniciales de la canción) en Nueva York en este homenaje al grupo, y casi lo logramos.

 

¿Serías capaz de reconocer algún otro ‘homenaje’ o referencia clara que utilizasteis para componer una de vuestras canciones?

            – Yo no lo suelo hacer, al menos conscientemente, je, je. A J sí que le gusta hacerlo más, pero no lo oculta para nada. Hay por ahí otra canción nuestra que tiene que ver con una de Lemonheads (N. del E: “Cumpleaños total” y “Break Me” de Lemonheads).

 

¿Cuál de vuestras canciones que aún no se han editado, y que aparecen en discos piratas como Venus, os gusta más?

            – A mí la que más me gusta es “Todos los periódicos mienten”. Es una canción de la época de Una semana en el motor de un autobús. La grabamos cuando estábamos ensayando “La playa” y “Un mundo de gente incompleta”: era una maqueta, y luego la mezclamos y añadimos órgano y guitarras porque querían una canción inédita para el libro de los Planetas, pero al final no les gustó y no la sacaron.

 

¿En algún momento habéis hablado de que será difícil de plantear en el futuro un reto parecido al de este álbum?

            – No estamos pensando en el futuro ahora mismo, sinceramente, sino que nos estamos concentrando en el presente, en canciones para las caras B, en el proyecto de la compañía de editar un DVD en directo o en otros proyectos que no se concreten en discos.

 

¿Cómo se ve el negocio después de 15 años?

            – Cada vez peor. El poder está cada vez más centralizado, depende de menos personas y tiende a uniformarse en sus gustos y aspiraciones de manera asombrosa.

 

¿Se mantiene la misma ilusión que cuando montasteis el grupo a principios de los 90 o ya se está bastante escarmentado?

             – Es por ciclos. A veces llegamos a un punto que parece que todo va a explotar, en el verano siempre pasamos una crisis y después todo se arregla sin hablar mucho.

 

¿Cuál ha sido la mejor anécdota de estos años?

            – Recuerdo que en una ocasión, saliendo del País Vasco, como íbamos seis en el coche, nuestro técnico se metió en la parte de atrás del coche y, en un descuido, asomó la cabeza. La Guardia Civil nos persiguió durante mucho tiempo pensando que éramos de ETA y que llevábamos un secuestrado, y nos esperaron en el peaje de la autopista con las metralletas a punto. No llevábamos ni carné, ya que las maletas iban en otra furgoneta. Bastante fuerte fue ver a Los Planetas contra el coche con toda una patrulla apuntándonos.

 

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