KIKO VENENO

Kiko Veneno, inspiración y locura

 

Kiko Veneno rompió con el mundo de la industria musical en el 2000, tras publicar La familia pollo. Ahora acepta que se proclame que El hombre invisible supone cierta reconciliación con el negocio, por lo que aquí está, de nuevo, el nota del mechón blanco, el primo de Lobo López, el amanuense del marinero Joselito, el autor del himno extraoficial de esa España que surgió guapa tras 40 años de dictadura -“Volando voy”-, uno de los artífices de Veneno (1977) -votado como la obra más importante del pop español en revistas tan dispares como Efe Eme y Rockdelux-, el catalán más sevillano: José María López Sanfeliú. Él mismo nos presenta sus canciones.

 

“Inspiración”: Es blues, blues del Delta del Guadalquivir. Los musicólogos nos dicen que el blues viene de Malí. Y los historiadores nos cuentan que, cuando llega el Islam a España, no hay demasiados árabes pero si muchos subsaharianos. Así que el flamenco es primo hermano del blues, hasta por razones genéticas. “Inspiración” es una plegaria: de rodillas, intentando abrazar el cielo, pidiendo suerte e inspiración a las fuerzas superiores. Podría estar en La Iliada.

 

“Pistachito”: Habla de la acera sombría de la calle, de la gente que no tiene esa necesidad compulsiva de quedar bien. En el momento en que haces gala de corrección, se produce un vacío de comunicación. Yo soy de los que meten el dedo en el ojo y ponen el pie en el fuego. Yo me quemo por los que salen en el programa de televisión del Loco de la Colina: pueden ser políticamente incorrectos, pero son sinceros y manifiestan alegría. En “Pistachito” hay frases de una tira cómica que hacen unos tipos muy salvajes de Alcalá de Guadaira; ellos me han dado permiso para utilizarlas y van a usar mi canción en su página web.

 

“Bilonguis”: Está compuesta en una mañana, de verdad: fue saliendo automáticamente. Tiene un poco de folk y algo de rumbera. Una retahíla nacida de una separación, de una complicación afectiva. No me gusta hablar de desamor, palabra horrible y que además no corresponde a un sentimiento real. Es sencilla y llega a la gente: es la favorita de los músicos, de todos los que han ido escuchado las maquetas en estos dos últimos años.

 

“Los notas del retumbe”: Jimmy González, mi batería, nos contaba que los viejos de Barbate, su pueblo, cuando aparecían los grupos o las orquestas a tocar solían decir que ya habían llegado ‘los del retumbe’. Una canción de músicos, en la línea de “Los mánagers” pero más evolucionada: combina el rock fuerte con el pasodoble de los Carnavales de Cádiz, con elementos carnavalescos como las trompetillas de caña. Cuando presento a mi banda en directo, siempre digo que son ‘los notas del retumbe’. Y yo, otro más, otro nota.

 

“Contigo”: Canción sencilla y repetitiva, como todas las mías. Puede que esté, subliminalmente, inspirada por “Contigo”, el trabajo que hizo Remedios Amaya con Vicente Amigo, tal vez el mejor disco de flamenco de los últimos tiempos. Viene de un soniquete brasileño que me enseñó un amiguete y lo fui desarrollando; ya se sabe que las canciones pop son como telarañas, agarran cosas de aquí y de allí. La letra explica que tienes que contar con la otra persona, con todos los que te rodean.

 

“El hombre invisible”: La levedad. Como superhéroe, el hombre invisible es el que tiene una carta de naturaleza más comprensible. Podía haber optado por las especulaciones filosóficas sobre la invisibilidad de algunos seres humanos, pero esto es un tebeo. Suele ser un tema recurrente para chistes o para gente que tiene tiempo y ganas de hablar… de nada.

 

“Mi morena”: Es Ana, mi mujer. Está conmigo desde el primer disco de Veneno, así que calcula. Aquí puedes encontrar ecos armónicos de los Beatles, parte de mi memoria, y también de Tribalistas. De estos últimos he sacado la profusión de percusión y el sentido de la artesanía. Mi intención era hacer una canción bonita, pero Charlie me apretó las tuercas en el estribillo, en el cambio de ritmos. Tiene cariño y fantasía.

 

“Ella no es la misma”: La canción tonta, basada en una historia real. Fuimos con Mercedes, la hija de Pepe Bejines, al restaurante de Juan Luis -ya sabes, ese personaje que sale en los programas de Jesús Quintero- en Tarifa. La niña tenía año y medio, estaba con el biberón, y Juan Luis puso una loncha de jamón en su mano: la niña empezó a comerlo y se olvidó para siempre del biberón. Inicialmente, fue la celebración de ese momento tan simpático, pero yo jugué con la letra para dejarla ambigua: podría extrapolarse al sexo, a las drogas, a cualquier iniciación a algo.

 

“Hoy no”: Homenaje a John Lennon. Le admiro en lo musical, por lo psicodélico, y en lo intelectual, por su campaña contra la guerra. Puso toda su fama al servicio de esa idea tan grande que es la paz. Se refería a la guerra del Vietnam, pero se aplica a lo que hemos visto luego: las guerras preventivas, las guerras para encarecer el petróleo. Es el horrible mundo real: algunos no lo quieren ver, otros no lo saben ver y luego están los que lo consideramos insoportable y nos dedicamos a hacer cosas que nos gratifiquen la vida.

 

“Liberación”: Un esbozo de canción. El esqueleto conceptual del disco era comenzar con “Inspiración”, llegar a un punto de “Liberación” y recoger finalmente “Satisfacción”. Tal vez termine “Liberación” en el futuro, me pareció bonito dejar este pequeño apunte.

 

“Nos estamos mudando”: “Es curioso que sea la que más les gusta a los gitanos, supongo que les sale el espíritu trashumante. Ellos captan el verdadero mensaje de la canción: que debes cambiar mucho y mudar tus recetas, engancharte a las cosas nuevas que van saliendo. Aunque el mundo no haya variado mucho desde las guerras de Troya. También se refleja mi relación con las discográficas, con la referencia a bajarse los discos, que a mí me parece una tendencia positiva.

 

“No cuesta dinero”: No sabría definirla, pero puede que sea lo más novedoso y lo más comercial del disco: simplicidad de sonido, mucho soniquete, mensaje contundente. Comienza con una conversación casual y salta a lo global: que las cosas importantes de la vida no cuestan dinero. Algo que sabemos desde siempre, pero que conviene recordar.

 

“El hombre invisible (reprise)”: Es un experimento muy del pop de finales de los 60, el repetir una melodía más adelante en el disco. Seguramente, si hubiera seguido trabajando en el estudio, habría terminado pegándolo de nuevo a la canción principal. Pero ya estaba medio mareado de tantos meses en el estudio y había que sacarlo.

 

“Satisfacción”: Viene de “Satisfaction”, de los Rolling Stones, que se me incrustó en el cerebro y en la médula espinal cuando tenía 13 años. Simplemente decir la palabra ‘satisfacción’ te llena la boca de alegría. Musicalmente, tiene el punto de fundir el rock y la rumba de una forma que no estaba hecha. Va contra los desdichados, los tacaños con la vida. Lo de ‘no hace falta tener razón’ es importante: si te quieres imponer sobre los demás, nunca llegarás a ningún entendimiento.

Xavier Valiño

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