FLIP CORALE Y LOS MACABROS

Flip Corale y los Macabros, rock atlántico

 

 

 

Vienen de distintas bandas, algunas aún en activo, como Los Villanos de Boraville, The Phantom Keys, Foggy Mental Breakdown, Gloomy House, Megapurple Sex Toy Kit o Brandell Mosca, eso sin mencionar otras de las que no se acuerdan o prefieren no acordarse, “ya que éramos jóvenes y necesitábamos el dinero”. Como Flip Corale y los Macabros acaban de editar su primer disco Salud y buena fortuna, un disco de Rock a la Gallega, Motörfolk o Rock Atlántico, según su propia definición.

 

 

¿Cuándo surge Flip Corale y los Macabros? 

– Según la leyenda, todos dimos con nuestros huesos y de forma casual en una taberna de Portocruz en el año del Señor 2009, donde, bajo la influencia de extraños licores, decidimos montar una banda de rock a la antigua usanza, con la divina misión de alegrarle el día a todo mortal que se pusiese delante.

 
¿Cómo llegasteis a un sonido común con el que todos os sintierais cómodos? ¿Fue a base de ensayar o había una línea clara?

– No fue difícil, ya que nuestro común denominador es el rock de corte clásico, como se hacía en los 60 y 70 y, si a eso le añades un poco de folk tabernero, guitarras acústicas, pasión y olor a salitre, pues los temas van saliendo de forma natural, muy ‘a la gallega’, es decir, sin aditivos. Precisamente, podríamos bautizar nuestro sonido como Rock a la Gallega, Motörfolk o Rock Atlántico.

¿A quién, a qué disco o a qué otra cosa pondríais como referencia de esta nueva aventura?

– Por nuestras mentes fantasiosas revolotean cientos de referencias musicales (Faces, Beatles, Stones, Badfinger, Waterboys, Kinks, Jacobites, Burning, Rory Gallagher, Malconsejo….), literarias (Poe, W.H. Hodgson, Jack London, Anxel Fole…), y mil y un personajes de la imaginería popular, desde Corto Maltés o el Capitán Blood hasta Dersu Uzala o Benito Soto. 


¿De quién fue la idea del nombre de la banda y a qué se debe?

– Se le ocurrió a nuestro cantante, Arturo, y es como la visión de un buque fantasma (Flip Corale), en el que viajamos un grupo de forajidos (los Macabros) en busca de nuestra propia salvación o condena. Una metáfora del rock ‘de verdad’ en los tiempos que corren.

 
¿Fue antes la canción del mismo título o no?

– Como el nombre del grupo también podría pasar por el título de un libro de aventuras, pues poco después surgió la canción sobre liarla parda allí donde arribemos, al más puro estilo filibustero. ¡Yeah!


¿Tuvo que ver la letra de esta canción (y otras como “Lonely Sea Boy”) con el diseño y la fotografía que acompaña al disco?

– Sin duda influyeron bastante en ello, ya que muchos de los temas están impregnados de cierta atmósfera marinera. 

¿Veis el álbum como una herramienta que os permita daros a conocer y tocar en directo?

– Siempre ayuda, aunque pensamos que también es muy importante el darlo ‘todo y más’ en los conciertos. Si no hay sudor, no es rock. 

Se edita con Crack Records, que tiene otras dos referencias. ¿Sois vosotros, algunos amigos o alguien que quedó prendado con vuestra música?

– Crack Records es el brazo (tentáculo) discográfico de El Pulpo, un estudio de diseño gráfico con sede en Barcelona e integrado por David y Miguel, dos pontevedreses que malgastan lo poco que ahorran en sinvergüenzas como nosotros.

¿Fue todo grabado en analógico? ¿Había algún tipo de regla o decisión en cuanto al sonido o al tipo de grabación?

– El disco fue grabado en digital, aunque en un formato orientado a la edición en vinilo. Ciñéndonos a nuestro ajustado presupuesto, buscamos sonar directos y sin demasiados retoques ni correcciones que nos alejasen de nuestra natural manera de ver las cosas.


 

Una curiosidad: ¿Por qué no aparece impresa la letra de “Carrusel?

– ¡Coño! ¿No sale? Pues se nos escurrió a todos cual anguila. ¡Te necesitamos como manager para que esto no vuelva a pasar! Je, je.

 

Hay una canción en gallego y otra en inglés. ¿Os sentís igual de cómodos con ellos?

– Sí señor. Aunque la lengua dominante es la de Cervantes, no renegamos, ni ahora ni en el futuro, de hacer alguna cosa en gallego o en inglés, siempre y cuando salga de manera NO forzada. Que conste que con ello no buscamos ni triunfar en los States, ni recibir ninguna subvención del gobierno autonómico. 

La edición está hecha en un hermoso vinilo marrón de 300 copias limitadas y con código de descarga.

– Tanto nosotros como los capos de Crack Records somos unos románticos del vinilo, es el formato primigenio, es lo que queríamos, mucho más vistoso que el CD. Además, no se puede piratear, ¡qué para piratas ya llega con Los Macabros!

En el disco hay una versión de Thin Lizzy, más en la onda folk-rock del resto del álbum. ¿Es la que más os apetecía incluir?

– Nos gusta la adaptación que hicimos. “Whisky en mi lugar” es como una disculpa: no fui yo el que hizo esto o lo otro, sino el whisky que me ventilé. Es un tema tradicional irlandés famoso por la versión que hizo Thin Lizzy, y nosotros, partiendo de ésta, le damos otra vuelta de tuerca.

¿Alguna otra que hayáis tocado en ensayos o directos?

– Tenemos versiones llevadas a nuestro terreno de “Dirty Old Town” (Ewan McColl), “Execution Day” (Beasts of Bourbon), “Fisherman Blues” (The Waterboys)…

¿De qué aspecto de la grabación y de qué canción habéis quedado más contentos?

– Nos gustó el hecho de grabar la sección rítmica a la vez, de no agobiarnos en hacer mil y una tomas de cada pista y de trabajar sin presión y en un ambiente agradable, a pesar del poco tiempo del que disponíamos. Nos gusta especialmente el piano honky tonk que metió Isaac Sugar Mountain en “Fuego en tu ciudad”.

 

¿Qué es lo que no repetiríais en un segundo álbum?

– Desde luego, se aprenden muchas cosas, de las cuales una es cómo no volver a caer en ciertos errores. Seguramente, en la búsqueda del sonido que más nos identifique acabemos grabando en bobina analógica, siempre a la caza de lo que dimos en llamar Motörfolk, que no es otra cosa que nuestra humilde visión de un Rock Gallego de Verdad.


Por último, ¿cuál ha sido la mejor anécdota de este tiempo en el mundo de la música?

– Uf. ¡Haberlas, las hay! Y a patadas. Seguramente las mejores y más locas son las que suceden después de los directos, ya que no somos precisamente de los que recogemos y nos vamos a la cama. Nos gusta saber qué se cuece en los lugares donde tocamos. Ya lo decía la canción: “fue en un pueblo con mar, una noche después de un concierto…”

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