De viaje por Los Planetas

De viaje por Los Planetas (Ondas del espacio)

 

 

 

 

Es innegable la importancia capital de Los Planetas en el rock de este país de las dos últimas décadas. Son el estandarte de una generación, el grupo que cantó en castellano a principios de los 90 cuando casi todos lo hacían en inglés, manteniendo al mismo tiempo los lazos con sus compañeros de generación y una forma común de entender la independencia creativa.

 

 

Por si alguien todavía dudara de su ascendencia, están los libros para probarlo. Hasta ahora había dos: Los Planetas, la verdadera historia, escrito por Jesús Llorente centrándose en los primeros años, y Una semana en el motor de un autobús, la historia del disco que casi acaba con Los Planetas de Nando Cruz, dedicado a glosar la creación y gestación de su tercer álbum.

 

Ahora se le suma De viaje por Los Planetas, una voluntariosa iniciativa de la editorial de nombre ‘planetario’ Ondas del Espacio, con formato de disco-libro. De nuevo, son sus inicios los aquí recordados, en este caso su primer álbum, reafirmando que son sus tres primeros trabajos y el periodo que va desde 1992 a 1998 el que parece más influyente en su trayectoria aunque hayan seguido editando discos reconocidos, con una última etapa más cercana a las raíces andaluzas y flamencas, igualmente creativa pero de menor impacto emocional.

 

Este nuevo libro, coordinado por Julio Jiménez y Alfonso Méndez, se divide en tres partes. La primera recorre sus primeros meses, desde su formación hasta poco antes de entrar a grabar su segundo álbum, con, por lo tanto, el primer EP (Medusa) y el primer LP (Súper 8) como centro de gravedad. Un largo texto no firmado, descriptivo y hagiográfico (su título “Del cero al infinito” ya lo dice todo), es el que desmenuza aquella época con profusión de datos y alguna que otra entrevista de entonces, tres de ellas a cargo de Jesús Llorente. Destaca poderosamente la parte visual, con entradas de conciertos, carteles, letras de canciones, fotografías, textos manuscritos, repertorios de actuaciones y reseñas y artículos de periódicos, revistas y fanzines.

 

En la segunda, 28 periodistas, colaboradores, músicos, responsables de sellos discográficos y amigos (como Fino Oyonarte, Antonio Arias, Julio Ruiz, Miguel Morán, Luis Calvo, Pepo Márquez, Jesús Ordovás, Fernando Navarro o Joaquín Pascual) relatan la relevancia que el grupo y, sobre todo su primer disco, tuvieron en su vida. Más personales, los textos revelan que no todos descubrieron en el mismo momento a la banda, que incluso algunos los menospreciaban, pero sí acabaron igualmente enganchados a su música formando ahora parte de una fraternidad a la que el libro parece responder perfectamente.

 

En la última parte aparecen las letras de sus primeras canciones y se introduce disco compacto que acompaña al libro recogiendo las impresiones de los grupos y solitas que han hecho las 17 adaptaciones, así como unas logradas ilustraciones para una de ellas y las correspondientes explicaciones de sus artífices.

 

El compacto, por su parte, resulta mucho más heterogéneo de lo que podría sospecharse por el sonido de las canciones originales, y ahí está para probarlo la jota murciana con la que Klaus & Kinski recrean “Qué puedo hacer”. A partir de ahí, quizás el momento más sorprendente, hay lugar para el folk-rock (Manu Ferrón haciendo “El centro del cerebro”), tomas techno pop (El Último Vecino, “Desorden”), programaciones entrecortadas (Doble Pletina, “Pegado a ti”), acercamientos a Velvet Underground (McEnroe, “Estos últimos días”; Reina Republicana, “Si está bien”), pop pluscuamperfecto (Muy Fellini, “Jesús”), sentidas lecturas personales (Pumuky, “Brigitte”), burbujeantes aproximaciones lisérgicas (Dënver, “Nuevas sensaciones”) o los postulados originales llevados aún más lejos (Disco Las Palmeras!, “10.000”), recordando el principio de un viaje de más de dos décadas que todavía sigue en órbita.

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