CROSSING BORDER 2008

Crossing Border, la palabra como esencia

 

Por primera vez asistimos a unos de los festivales más laureados y su vez desconocidos del Norte de Europa. El festival Crossing Border concentra, por una parte, gran cantidad de escritores y, por otra, una amplia cantidad de músicos que bien podrían ser considerados como escritores.

 

 

El festival levanta el telón en dos céntricos teatros/salas del centro de La Haya. Por una parte, el magnífico y majestuoso Shouwburg Royal Theater y, por otra, el desigual National Teather de Lange Voorhout. A estas dos localizaciones se unen varias carpas sus las inmediaciones, donde grupos locales o con menos público podrán dar rienda suelta a su repertorio.

 

Es viernes y el maratón de cosas que ver y escuchar comienza, aunque una de las grandes pegas de los festivales, los solapamientos entre artistas, se convierte esta vez, en el aliado del tiempo, ya que los tiempos entre artistas en muy escueto y que hay demasiadas cosas interesantes en cartel. A todo esto hay que añadir que festival cuelga el ‘sold out’ en todas sus jornadas y eso hace que haya veces que te encuentres en la puerta de una de las salas sin poder ver a tu artista favorito, aunque siempre queda el consuelo de poder (mal) escucharlo mientras esperas que alguien salga y te dejen pasar.

 

Cartel del Festival/Fleet Foxes

 

Comenzamos la tarde viendo a The Swell Season, grupo formado por Glen Hansard y la pianista checa Markéta Irglová, protagonistas a su vez de la película Once, donde se mostraba a una pareja de músicos callejeros que consiguen grabar una demo en un estudio profesional. El emplazamiento es la sala grande del Shouwburg. La sala esta llena, el sonido es muy bueno y las canciones armoniosas. Glen y Markéta están muy bien sobre el escenario, hay complicidad entre ellos, y eso se nota en su excelente sonido.

 

La siguiente parada es quizás el acontecimiento principal en lo que a música se refiere de esta jornada de viernes, Fleet Foxes. La sala está que no cabe nadie más. Hay gran expectación por ver a una de las revelaciones del año. Cuando se presentan en el escenario, la gente aplaude como si ya no hiciese falta nada más, y, sin más, comienzan tal y como lo hace su disco, con “Sun It Rises”. Una vez hecha la introducción sonora, su cantante Skyler Skjelset comenta que van a tocar un par de temas menos conocidos, antes de empezar con los hits. Para uno de ellos hacen subir a dos chicas del público a acompañarles en los coros. Suenan grandes, a pesar de tener sólo un disco en el mercado y ser unos novatos.

 

Nos vamos rápidamente a ver a Tindersticks. Nos encontramos con un sonido limpio, pero las canciones de algún modo no llegan, como si algo fallase. Stuart A. Staples suena desalmado. Interpretan muchos de los temas de su último disco y se acuerdan poco del pasado, quizás como para olvidar el receso que hubo en la banda.

 

Ben Folds/ Willard Grant Conspiracy

 

Por alguna extraña razón, nos vamos a la misma sala donde previamente tocaron los ‘zorros’, para terminar la jornada viendo a Ben Folds, en lugar de ir a ver a The Dears u otro artista con el que nos sintamos más familiarizados. Estamos en la misma situación: ¡lleno absoluto! Ben se sabe comportar muy bien ante las (pequeñas) masas, ya que podríamos decir que más que artista este hombre podría ser clasificado como showman. Mientras toca el piano, se levanta, baila, actúa de agitador del público y hasta nos lanza un reto: adivinar cuál de las dos versiones que toca es el autentico “Bullshit”. Al final el público responde y, cómo no, Ben no defrauda con sus respuestas o comentarios. Termina el concierto y nos vamos a casa a reponernos de la lucha que resulta poder entrar a las salas y del frío que hace en la ciudad.

 

Sábado. La jornada empieza en la sala grande del “Royal Theater”, en el que se da cita Willard Grant Conspiracy. Como es habitual en Robert Fisher, está en primer plano, mientras Paul Austin se encuentra detrás de él. Entre los dos y su sonido podrían llenar la sala, pero en este caso llevan banda de acompañamiento, lo que hace que su sonido se vuelva más amplio y envolvente. Las canciones suenan a grandes temas olvidados y, a su vez, a clásicos de toda la vida. Una pena que la sala esté sólo a medio aforo.

 

Los siguientes a los que nos acercamos a ver son a los españoles, pero afincados en Alemania, First Aid Kid. Como comentábamos anteriormente, en este festival corres el riesgo de quedarte a las puertas de un concierto, y eso es lo que nos ocurrió en esta ocasión, aunque nos fuimos con la sensación de que al parecer estos chicos son conocidos por estas alturas.

 

 

Brett Anderson/ Palcos Crossing Border

 

Sin pensarlo, y ya que nos encontrábamos en la misma ubicación, nos vamos a donde Brett Anderson ofrecía su concierto para presentar Widerness, su último álbum. Brett apareció sentado en su piano de cola para luego pasar a la guitarra, siempre acompañado por una violonchelista. Desde el principio interpreta las canciones de su último disco en solitario, tal y como se presentan en el disco. El sonido es bueno, pero aun así, suena demasiado frío.

 

El siguiente es Micah P. Hinson, que nos hace esperar unos 15 minutos para verle tocar sus canciones. En la sala somos pocos, pero parece que los que estamos sabemos a qué hemos esperado. Viene con el acompañamiento de su mujer y de su fiel Nick Phelps. Micah le da en concierto un toque -si cabe- más visceral a sus canciones. Rabia contenida y otros adjetivos son los que describirían sus temas. El de Memphis se muestra comunicativo y hasta introduce algunos de sus temas. Pregunta al público si hemos asistido a algún concierto previo del festival y comenta que le hubiese gustado haber visto a Death Cab For Cutie (a nosotros también), pero que venía de Paris y que lleva una agenda muy apretada de conciertos que le deja disfrutar poco de otros artistas. Al final toca el solo unos temas acústicos, para rematar la jugada con el tema “As You Can See” que es bien conocido por el público.

 

Micah P. Hinson/The Black Keys

 

Para rematar la jornada nos desplazamos a ver a The Black Keys. Interpretan casi al completo Attack & Release, su último álbum, con pocas excepciones. El sonido es demoledor, aunque a su cantante y guitarrista Dan Auerbach, no parece estar muy contento, porque además de casi quedarse pegado en el micrófono, por darle descargas cada vez que se acerca a él, después de terminar el primer tema, se pasa un tiempo hablando con el ingeniero de sonido, para que le arregle los problemas que, al parecer, acaban solucionándose.

 

Aquí nos despedimos de un festival que no deja de crecer y sorprender, aunque nos hacemos una pregunta: ¿Hace falta crecer tanto? Porque uno tiene la sensación de que teniendo un cartel tan grande y diverso como el de este festival, se necesita una semana para disfrutarlo. Por último comentar que la organización se ve por momento sobresaturada con tantos eventos y, por supuesto, con la gran respuesta de público que decide acercarse al festival. ¿¡Hasta la próxima!?

 

David Ochoa

 

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