CHIC (I)

Chic, el auténtico ritmo de la noche

 

 

La anécdota es bastante conocida y la han repetido varias veces. En la Nochevieja de 1977, a Nile Rodgers y Bernard Edwards, guitarrista y bajista de Chic respectivamente, los había citado Grace Jones en el lugar más en boga de toda la ciudad de Nueva York, la discoteca Studio 54, para hablar de una posible colaboración en lo que se presentaba como la gran oportunidad de su carrera. Allí se dirigieron, vestidos con sus mejores galas. Sin embargo, el portero les impidió flanquear la puerta y de nada valió que ellos afirmaran, tal y como Jones les había dicho, que sus nombres estaban en la lista de invitados. Curiosamente, aunque canciones suyas como “Dance, Dance, Dance (Yowsah, Yowsah, Yowsah)” o “Everybody Dance” eran de las que más se pinchaban en el local, no les permitían entrar: eran unos músicos aún anónimos y tardarían años en ser identificados por los aficionados. Contamos su historia en dos partes, hoy y mañana.

 

Regresaron con unas botellas de champán Dom Pérignon y unos gramos de cocaína al apartamento cercano de la calle 52 en el que Nile Rodgers se alojaba mientras su dueño, Robert Drake, se encontraba de gira en Roma. Se pusieron a improvisar con sus instrumentos para sacudirse el mal trago con la intención de, según el guitarrista, hacer algo parecido al riff de “Sunshine of Your Love” de Cream. Sobre una sólida base bailable de las que solían componer y en las que ya eran imbatibles se pusieron a cantar “Studio 54, ah… fuck off” (“Studio 54, ah… ¡Qué os jodan!”).

 

Cualquier persona frustrada podría sentirse identificada con lo que estaban componiendo, pero eran realistas: sabían que, con esa letra, ninguna emisora la radiaría, así que le cambiaron las últimas palabras por “freak off” (“enloquecer”) aunque les pareció pobre en comparación. Por suerte, a Rodgers se le ocurrió una idea inesperada, de esas que cambian la suerte para siempre: gritó “freak out” (“desmadrarse”) y lo vio claro. Edwards dudaba, pero bastó el argumento de que “eso es lo que sucede cuando te tomas un LSD y, también, cuando te pones a bailar descontroladamente” para convencerlo.

 

La canción, con el estribillo de “Le freak, c’est chic, ah… Freak out!”, fue bautizada como “Le Freak”, creando un baile que tomaba a partes iguales de “The Twist” de Chubby Checker y el “Peppermint Twist” de Joey D and The Starliters. Acabó siendo el single de su segundo álbum, apoyado en la guitarra entrecortada de Nile Rodgers, el bajo imparable de Bernard Edwards y un efecto de eco en la percusión grabado en el cuarto de baño de su estudio, The Power Station. De hecho, se convertiría en el tercer single más vendido de la historia -y el primero de su discográfica Atlantic-, despachando fácilmente seis millones de copias… y eso porque el grupo decidió no seguir reeditándolo para que no perjudicase las ventas de su inminente álbum. Aunque aquella noche no había podido hacer lo que realmente les apetecía, del rechazo había surgido algo que les daría más de lo que jamás hubieran imaginado.

 

Un año después de este incidente, la discoteca editaba un álbum titulado A Night at the Studio 54 en el que “Le Freak” era su canción más relevante y, tres décadas después, aquel portero que no les dejó pasar acabó disculpándose con Nile Rodgers a través de Facebook. Son dos detalles sin mayor importancia, pero dejan claro que aquella canción supuso el punto de inflexión en el grupo más relevante de todos los nacidos con el estallido de la música disco, una bomba explosiva que facturó canciones atemporales que hoy relucen tan brillantes como el día en el que fueron editadas.

 

No fue más que el inicio de un camino que les llevó a ser reclamados y a colaborar, en solitario o bajo el nombre de The Chic Organization Ltd., con artistas de varios estilos, especialmente del rock, como David Bowie (quien le comentó a Rodgers que quería que su disco Let’s Dance sonase como una foto de Little Richard vestido con un traje rojo brillante y un largo tupé), The Honeydrippers (junto a Robert Plant y Jimmy Page), Mick Jagger, Rod Stewart, Herbie Hancock, Joe Cocker, Debbie Harry, Philip Bailey, Daft Punk, INXS, Sister Sledge, Paul Young, Robert Palmer, John McLaughlin, Diana Ross, The Power Station, Carly Simon, Hall & Oates, Grace Jones, Peter Gabriel, Jeff Beck, Laurie Anderson, The B-52’s, Bryan Ferry…

 

 

 

C’est Chic

 

Nacido el 19 de septiembre de 1952 en Nueva York, Nile Rodgers creció formándose en la música clásica, concretamente tocando el clarinete, para pasarse luego al jazz al enrolarse en la Escuela de Música de Manhattan. Su padre era un reconocido percusionista latinoamericano, aunque el chaval vivió con su madre negra Beverly y su padrastro judío Bobby, ambos heroinómanos, entre Nueva York y Los Ángeles. A los 13 años conoció a Timothy Leary y el LSD, y a los 15 ya se había marchado de casa; tras unos meses mendigando y durmiendo en los asilos de beneficencia, acabó uniéndose a los Panteras Negras. A finales de los 60 formó el grupo de jazz-rock New World Rising y, a los 19 años, ya tocaba en la banda del Teatro Apollo de Harlem como músico de acompañamiento para todos los artistas que tocaban allí, como Aretha Franklin, Ben E. King, Parliament, Funkadelic, The Cadillacs… Al poco tiempo, cuando Carlos Alomar (que luego tocaría con David Bowie) dejó su puesto como guitarrista en la banda que hacía las giras del programa de televisión Barrio Sésamo, los productores ficharon a Rodgers.

 

Por su parte, Bernard Edwards, nacido en Greenville, Carolina del Norte, el 31 de octubre de 1952, había empezado tocando el saxo de adolescente, hasta que se decidió a dar el salto al bajo. Fue la madre de una novia de Rodgers quien le comentó que debía conocer a Edwards, con quien compartía trabajo en la oficina de Correos enfrente al Madison Square Garden. Rodgers le llamó por teléfono y Edwards le colgó tras decirle que se deshiciera de su número y que nunca volviese a contactar con él, asustado por las referencias rock (Frank Zappa, Fairport Convention, Led Zeppelin, Jimi Hendrix..) que el primero intentó transmitirle a través del aparato.

 

Poco a poco fueron coincidiendo en el circuito de conciertos de Nueva York en el que ambos eran reputados músicos, acordando hacer algo en común, sin reconocerse durante meses como quienes habían intervenido en aquella llamada meses atrás. Tras reclutar al baterista Tony Thompson, montaron The Big Apple Band (La Banda de la Gran Manzana), un grupo que tanto acompañaba al grupo vocal New York City en sus giras como experimentaba por su cuenta acercando estándares como “Porgy and Bess” al jazz-rock. Fue en una de esas giras, que recaló en Londres, donde Rodgers vio en directo a Roxy Music, un grupo que, literalmente, le cambió la vida, decidiendo en ese instantes que su nueva banda debería imitar su diversidad musical, su imagen elegante y, también, las modelos de sus portadas. En otro concierto, en este caso de Kiss, ya en su país, acabó de darle forma al grupo que quería montar, comprendiendo que debería intentar mantener su identidad en el anonimato y poner al frente a otros vocalistas que les relevasen de la atención mediática, dedicándose así sin distracciones a su faceta como músicos.

 

Al descubrir que había otro grupo que empleaba el mismo nombre de The Big Apple Band, se rebautizaron como Orange Julius (Naranja Julio) y, después, como Allah and The Knife-Wielding Punks (Alá y los Punks que Llevan Cuchillos, un nombre que no gustó precisamente a algunos de sus amigos musulmanes). Bernard Edwards fue quien sugirió entonces el nombre de Chic, recogiendo la devoción que él y Rodgers sentían por Josephine Baker y la que ella sentía, a su vez, por Francia. Además, les parecía que sonaba sugerente y que les proporcionaría una cierta mística en su país.

 

 

 

Chic Cheer

 

En 1976, Rodgers y Edwards se encontraban ya trabajando en un sonido original que mezclase jazz, funk, rock, soul, rhythm and blues, pop y el sonido Philadelphia, siempre reduciendo la base de la canción a sus elementos básicos para reconstruirla después sumándole lo que necesitase (voces femeninas, metales, cuerdas…) bajo la influencia de gente del jazz como Roy Ayers, The Jazz Crusaders o Herbie Hancock, o artistas del rock y el blues como Led Zeppelin o Albert King. Creían que la fórmula podría funcionar ya que era lo que habían aprendido a hacer en sus anteriores proyectos como acompañantes de las estrellas del rhythm and blues, y sabían de su probada eficacia.

 

Empezaron escribiendo estructuras para canciones con títulos pero sin letras y, cuando fueron añadiendo textos, daban paso directamente al estribillo tras una breve introducción musical, colocándolo antes de las estrofas, a diferencia de lo que es habitual en la música pop. Desde el principio grabaron las bases siempre en directo y, si una toma superaba a la anterior, esta era borrada inmediatamente. Esa es la razón por la que sus canciones suenan más orgánicas que la mayoría de las registradas en la misma época y, también, el motivo por el que nunca se han editado ni editarán tomas alternativas de sus temas. Para capturar la frescura, sorpresa e inmediatez de sus primeras tomas, nunca se las dejaban escuchar a los vocalistas y músicos antes de llegar al estudio.

 

Su primer instrumental con un estribillo cantado, en el que repetían una y otra vez “Everybody Dance”, convenció a un amigo para que les financiase la grabación. Se trataba de Robert Drake, un empleado de un estudio de grabación de Nueva York, quien pagó diez dólares al ascensorista del edificio en el que estaba para que el lunes 6 de septiembre de 1976, Día del Trabajo, subiese a los dos músicos hasta el estudio y pudiesen registrar su canción de noche, después de que este hubiese cerrado.

 

Tres semanas después, Drake, que también era pinchadiscos en un local de Nueva York llamado The Night Owl, telefoneó a Rodgers para que se acercase hasta el club, diciéndole que, al entrar, informase al portero que él era quien había compuesto “Everybody Dance”. Al guitarrista lo pararon en la puerta por sus pintas, aunque consiguió pasar después de soltar la frase. Ya dentro, uno de los encargados le gritó a todos los camareros que le diesen barra libre, y Rodgers creyó que su amigo le estaba gastando una broma. Drake salió a su encuentro, se lo llevó a la cabina y pinchó “Everybody Dance”. Todo el mundo en el club saltó a la pista a bailar y el DJ tuvo que ponerla siete veces seguidas, más o menos una hora programando aquella maqueta que había costado diez dólares.

 

El absurdo de la situación no acabó ahí. A continuación, Drake pinchó la canción que encabezaba las listas en Estados Unidos aquella semana de octubre de 1976, “A Fifth of Beethoven”, de Walter Murphy and the Big Apple Band. La gente lo abucheaba y se marchaba de la pista hasta que Drake volvió a poner “Everybody Dance” otras tres veces. Curiosamente, Rodgers y Edwards habían trabajado en su primera encarnación juntos con el nombre de The Big Apple Band. Ahora, en The Night Owl, los ex Big Apple Band superaban con mucho a los que realmente llevaban ese nombre, y eso sin tener un solo disco editado.

 

 

 

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *