CAMPUS GALICIA ENTREVISTA CON CORCOBADO

CAMPUS GALICIA ENTREVISTA CON CORCOBADO

ULTRASÓNICA

ENTREVISTAS 2003 


Corcobado, diana emocional

 

         Tras más de 4 años fuera de la escena, Javier Corcobado edita ahora Fotografiando al corazón. “El camino recorrido para que este disco se editara ha sido largo, accidentado y lleno de aventuras. Este nuevo disco fue elaborado casi en su totalidad en México, aunque no se adviertan claras reminiscencias de la música que allí se practica. Estilísticamente hablando es una obra bastarda, que escapa a cualquier denominación. Pero sí podríamos hablar de un disco de canciones de amor y de realidad”.  

        Todo empezó en octubre de 2001 cuando llegó a México D.F. con intención de volver a componer canciones y hacer algunos conciertos. “Ya en noviembre tenía montada una banda con músicos mexicanos y una española, Paula Grau, tocando el Polysix. De esa primera agrupación sólo quedan en la formación actual Paula, Edgar Torres, a la guitarra, y Juan Morales, al bajo. Los demás se fueron perdiendo por el camino en diferentes lides,” comenta Corcobado.  

        Los primeros conciertos fueron como una batalla campal. “En diciembre de ese año dimos dos conciertos en la sala La Victoria, lugar inapropiado para la avalancha de gente que allí se presentó ambos días. La mala organización, el portazo (método que usa el público enloquecido de México para entrar en bandada a una sala sin pagar entrada), la gente que tenía su entrada anticipada y no pudo entrar porque otras se habían colado o la sobreventa de entradas generó la venida a las inmediaciones de la sala de más de 20 patrullas de policía lanzando gases lacrimógenos, etc. Increíblemente hicimos los conciertos, más bien batallas contra los acalorados asistentes, pero el local estuvo clausurado más de 6 meses”. 

        El siguiente paso fue iniciar la composición del disco. “En enero de 2002 me encerré con un estudio portátil e instrumentos variados a acometer tan dura labor después de años apartado de la música. Sorprendentemente todo fue fluyendo a buen ritmo; el viaje a las costas del Pacífico que hice antes de empezar supongo que me ayudó, e inspiró, bastante. En marzo ya tenía diecisiete canciones acabadas, de las cuales deseché cuatro”. 

        Todo iba como la seda hasta que empezaron los problemas. “Un productor mexicano (no merece la pena ni recordar su nombre) me ofreció su bien equipado estudio para grabar y posteriormente encargarse él de buscar discográfica en México pues, según él, tenía los mejores contactos. Este hombre se dedicaba principalmente a hacer y grabar música para telenovelas, cosa que a mí me escamaba por la disparidad conceptual con lo que yo pueda hacer, pero a la vez me parecía algo exótico. El caso es que mi banda y yo hicimos la preproducción, y en mayo ya estábamos listos para entrar a grabar”. 

        A finales de abril dieron concierto en una sala mítica del D.F., Rockotitlán. “Esta vez la sala se llenó pero no hubo incidentes; el sonido fue muy bueno y todos quedamos contentos. Unos días después, fui a cobrar el cheque a un banco y el cajero apuntó mi dirección. Al volver a casa había dos atracadores profesionales armados que se llevaron todo el dinero que teníamos para sobrevivir a la grabación. Esto fue un duro golpe. Pero por suerte la SGAE nos echó una mano para aguantar unos meses más en tierras aztecas”. 

        Aquel productor empezó a retrasar la fecha de la grabación. “El tipo nos tuvo tres meses colgados en México de brazos cruzados y con la ansiedad a flor de piel. Pero, a partir de descalificar a este hombre como opción para registrar las canciones, la cosa empezó a cambiar. Por un lado, Paula y yo conseguimos una casita alejada del centro urbano del D.F, donde sentamos nuestra base de operaciones. Y por otro, conocimos a Gerry Rosado, propietario de Zona de Intolerancia, el estudio donde finalmente grabamos y mezclamos Fotografiando al corazón. El equipamiento del estudio no sólo era el adecuado, sino que Gerry compartía con nosotros una actitud vital y musical. Otro buen acontecimiento acaecido en estos momentos fue la aparición de Iván García, nuestro actual batería.” La banda ya estaría al completo, a falta de Vera Acacio, a la guitarra y teclados, española de reciente incorporación a la formación. 

        Llegamos a octubre de 2002. “Desarrollamos un trabajo minucioso y enorme, esta vez sin contratiempos. Hicimos el intento, durante el transcurso de la grabación, de buscar disquera en México, pero, a pesar de ser muy bien recibidos en todas, el llanto por la piratería allí era el denominador común en todas.  Total, que nuestras miras se dirigieron a España. Una vez más llegué a un acuerdo con Alfonso Pérez de Dro East West, quizás la compañía que mejor me conoce como artista y la primera (entonces Gasa) que se atrevió a lanzar mis primeros discos y Arco iris de lágrimas.”   

        De Fotografiando al corazón no quiere contar demasiado. “La escucha de las canciones ha de decirlo todo. Sólo querría decir que éste es mi disco más sincero, el que habla más de la realidad, pero de una realidad tocada por la hermosura y a veces por el peligro, de las sensaciones de amor placenteras y ciertas pequeñas descripciones de la soledad y lo nocturno. Hay algunos matices subliminales de México; hay tópicos de la canción romántica y hay experimentos. He creado más que nunca una historia sentimental entre el ruido y la melodía”.  

        Se le ve satisfecho de su retoño. Una vez más, insiste. “Es un disco en el que estoy, por primera vez, orgulloso de todos los temas. Sólo deseo que os haga sentir, que abráis vuestra diana emocional y que os dejéis disparar los dardos que salen de estas canciones. Salud y libertad”.

Xavier Valiño

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