ALICIA KEYS

Alicia Keys, el poder del alma

        Hasta hace bien poco, Alicia Keys era prácticamente una desconocida. Entonces llegó “Fallin’” y todo cambió. Ese single la colocó en las listas, consiguió que todo el mundo la reconociera y, lo que es lo más importante, que se le prestara la debida atención a su maravilloso disco de debut, Songs in A Minor. Ahora edita The Diary Of Alicia Keys, su reválida.

          Aún habrían de venir más hechos reseñables. En las poco interesantes listas americanas su disco llegó para quedarse. Y, lo que es más sorprendente, unos académicos anclados en la noche de los tiempos y que sólo prestan atención a lo comercial -para algo son la industria– le dieron cinco premios Grammy. Desde 1997, cuando lo de Lauryn Hill, no se había visto premiado nada tan justamente en esa ceremonia.

        Algunos lo tenían muy claro: ya había aparecido en varios programas de televisión clásicos dejando clara su fuerza en directo, una buena parte de los raperos masculinos le había ofrecido algún tipo de colaboración y sus actuaciones en bastantes ciudades daban cuenta de las cualidades de una mujer joven pero de sonido clásico. 

        “Todo el mundo me dice que en persona no me parezco para nada a aquello a lo que suena mi música. Todos creen que soy mayor de lo que en verdad soy,” dice mostrando una sonrisa complacida sin atisbo de enojo. “Como soy hija única por parte de mi madre pasé mucho tiempo sola y eso dio alas a mi imaginación. Supongo que ésa es la forma que tengo para interiorizar las cosas. Veo algo y escribo sobre ello, y así es como sale fuera.” 

        ¿Por qué, entonces, tanta locura con Alicia Keys? Pues muy simple: porque con 23 años tiene la más preciada de las combinaciones: talento y carisma. Como virtuosa del piano, puede cantar y tocar cualquier canción de la época dorada del soul y, lo que es mejor, reinterpretarlo a su manera para el siglo XXI. “Mi disco podrías relacionarlo con el pasado o incluirlo en lo que llaman neo-soul, pero no he salido de la nada: antes había hecho discos con gente como Kandi Burruss o Jermaine Dupri.” Si la música de otros artistas de su edad es una indicación de por dónde van los tiros, su sonido va más allá de lo que representa su edad.  

         Sin falsas modestias, es consciente de su fuerza y de que la moda no es, precisamente, lo que ella sigue. “Había canciones en mi primer disco disco que escribí cuanto tenía 15 años,” afirma. “La música está ahí para quien quiera sentirla. Me gustaría llegar a todo el mundo, y con discos diferentes puedes llegar a gente muy diferente. Quiero ser el tipo de artista que puede llegar a un buen montón de gente.” 

         Una de las cosas que más sorprenden de Alicia Keys es su expresivo trabajo con el teclado. Hoy en día es muy raro ver a una mujer (o a un hombre, para lo que nos interesa) sentada al teclado, especialmente cuando ese artista es capaz de manejarlo como ella lo hace. “Sí, ahí hay otra conexión con lo que solía ser habitual en los días de Aretha Franklin o Roberta Flack.”  

        No son nombres que se citan en vano. La fuerza de Alicia Keys está más en sus habilidades como instrumentista que en su poderío vocal, aunque también lo tiene, pero ahí si que se puede equiparar, sin más, a las nuevas divas del soul: Lauryn Hill, Erykah Badu, Jill Scott, Macy Gray, Angie Stone, Mary J. Blige, Kelis… Además, tiene un don especial como compositora, algo que canciones como “A Woman’s Worth” prueban claramente, y como productora. 

        A pesar de su juventud, Alicia Keys no es una novata en el negocio musical. Ya lo dejó claro citando sus colaboraciones con otra gente, pero se olvida de otros detalles que le incitamos a recordar. “Ya había montado mi primer grupo a los nueve años. A los 16 firmé mi primer contrato. Mis primeras canciones aparecieron en el disco Def Christmas Album y en la banda sonora de Men In Black. Después firmé con Arista y aparecí en la banda sonora de la nueva versión de Shaft.”  

        Cuando Clive Davis, su mentor, y el tipo que había sacado a la luz a gente como Janis Joplin, Bruce Springsteen, Miles Davis o Santana, dejó la compañía, todo se torció. Los nuevos ejecutivos pretendieron lanzarla como una cantante prefabricada. Le grabaron un disco que no quiso editar y, después de cuatro años de trabajo baldío, se fue con Clive Davis a su nuevo sello,  J. Records. 

        “Todos esos retrasos le dieron fuerza a mi determinación,” asegura. “Era una copia de otras situaciones anteriores. Me resultó divertido. Sabía que en el futuro me daría para hablar mucho,” dice de su temporada con el sello Arista. “Era justo lo que se suponía que tenía que pasar. Estaba escrito. En el fondo, ¿qué son cuatro años en toda una vida? Así es cómo me gusta encararlo. Nada antes de su tiempo. Y el momento es ahora. ¡Créeme!” 

        Según ella, aquellos meses le sirvieron para aprender y, sobre todo, decidirse: “Llegué a la conclusión de que si lo quería hacer, nadie mejor que yo. Así que mientras trabajaba con aquella gente, me compré mi propio equipo y empecé a aprender de su trabajo. Así pude, después, producir mis canciones. Gran parte de aquellas canciones las conservé para mis discos, pero ahora no tienen nada que ver con lo que querían hacer con ellas.” 

         Precisamente, es esa determinación lo que más sorprende en una cantante que acaba de editar su segundo disco. Lo tiene muy claro: da igual cómo la vendan, que lo único que puede convencer para seguir ahí durante muchos años es su música.  

          “Simplemente tengo que seguir haciendo lo que siempre he hecho: eso significa ser quien soy y eso es lo que a la gente le gusta. No tengo nada que ver con una moda creada desde fuera. Simplemente soy yo misma. Me gusta estar en el escenario, me gusta componer música. Y ése es lo único que cuenta.” 

Xavier Valiño

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