ALANIS MORISSETTE

Alanis Morissette, la madurez a los 20

 

            Para aquellos que crean que la generación que se hizo mayor de edad durante los años 80 carece de compromiso… que se tomen una píldora, una Jagged Little Pill. Aunque hace bastante poco que cumplió los 20, el disco de presentación de Alanis Morissette con Maverick -el sello de Madonna- demuestra que posee una riqueza de ideas y un sentido del humor únicos que podrían llegar fácilmente a un público mayoritario.

 

            “La gente siempre me ha dicho que yo era un alma vieja”, cuenta Alanis. “Me decían que yo era más intensa e introspectiva de lo que solían ser todas las chicas, así que no sabían en que categoría meterme. Todo se reduce al hecho de que yo quiero caminar por la vida en vez de dejar que me arrastren por ella”.

 

            Ésa es una descripción bastante exacta de las descaradamente sinceras y provocativas canciones de Jagged Little Pill. Esta nativa de Ottawa, Canadá, utiliza sus propias experiencias -desde su educación en una escuela católica a sus años de adolescente viviendo sola en Toronto, pasando por sus muchos viajes por Europa- como resorte para componer. En su incisivo “All I Really Want”, Alanis suplica por la satisfacción de todas las necesidades, tanto físicas como psíquicas, con un agitado fondo psicodélico, mientras que el intenso “Not The Doctor” es una declaración de independencia emocional.

 

            “Empecé a componer canciones cuando era muy pequeña, porque a través de las canciones podía decir cosas que no era capaz de verbalizar de otra forma”, continúa. “Era algo que tenía que hacer, como si no tuviera alternativa. Hace mucho tiempo que decidí tomar la cosas positivas que me ofrecían mis experiencias. Siempre he creído que puedes elegir qué hacer con lo que la vida te da”.

 

            “La mayoría de estas canciones están dirigidas a mí misma. Hay ciertos aspectos dentro de ellas que son una autoconfesión, que no están adulterados”, reconoce Alanis. “Algunas de las canciones las compuse en una noche y, al día siguiente, me levanté sin acordarme de que las había escrito. Fue como si el subconsciente trabajara solo, una experiencia espiritual muy especial”.

Xavier Valiño

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