ADAM COHEN

Adam Cohen, ritos de iniciación

 

 

 

 

 

Hijo de Leonard Cohen, Adam pasó unos cuantos años buscando su propio espacio artístico más allá de la sombra alargada de su padre. En enero de 2007, a los 34 años, Adam Cohen por fin reconoció su propio legado. Después de años de rechazar entonar en público una sola nota de las escritas por su padre o de participar en cualquier tributo, Adam cantó el clásico de Leonard “Take This Waltz” en dos citas en Osona y Sant Cugat del Vallès (Barcelona)… en español.

 

 

 

 

Con Like a Man, su nuevo álbum, que este jueves trae en concierto a Santiago (Salón Teatro), Adam presenta una serie de canciones íntimas, románticas y reflexivas que evocan algo de su padre, justo como en un niño se puede descubrir el eco de su progenitor. Pero también se mantiene esa voz única y distintiva, con una perspectiva diferente: una sencillez al expresarse cargada de una sinceridad desarmante.

 

Like a Man está empapado del hecho de que he aceptado que estoy en el negocio familiar. A pesar de mis esfuerzos por labrarme una identidad diferente, realmente pertenezco a una larga lista de gente que ha abrazado el trabajo de sus padres. Y que mi padre diga que hay grandes canciones de amor en mi disco, como “Like a Man” o “What Other Guy”, es todo un cumplido gratificante”.

 

 

 

 

 

Nacido en Montreal, Canadá, en 1972, hijo de Leonard Cohen y su mujer de entonces, Suzanne Elrod, Adam ha sido un músico desde que pudo caminar, “siempre tocando las tazas de té y los respaldos de las sillas, pisoteando fuerte y tratando de silbar”. Un hogar lleno de instrumentos animó una “intrépida y descarada búsqueda musical” y, aunque solo recibió clases de violín, aprendió por sí mismo a tocar “la batería, el piano y la guitarra aceptablemente bien”. Adam creció inmerso en los discos de Joni Mitchell, Bob Dylan, Randy Newman o Bob Marley, “a menos que estuviera pasando un rato con mi padre, en cuyo caso se trataba más de Hank Williams, o con mi madre, que escuchaba más a Marvin Gaye”.

 

Adam no está solo en la categoría de creadores a los que el legado de sus padres tanto les ayudó como les impuso una carga. “He pasado bastante tiempo con Jakob Dylan y Sean Lennon. Chris Stills y yo hemos sido amigos desde hace mucho tiempo, y Rufus Wainwright es ahora parte de mi familia: él es el padre de la hija de mi hermana. Te puedo asegurar que no hay un ‘apretón de manos’ secreto para entrar en el club de ‘los hijos de’. Sí, todos hemos heredado un nombre conocido y, posiblemente, incluso algo de talento. Pero cuando estás en tu habitación a solas, tu apellido no escribe canciones por ti ni toma las decisiones acertadas. Más importante que tu apellido es tu habilidad personal y fuerza para encontrar tu propia voz. Rufus, por ejemplo, realmente encontró su voz muy pronto. Yo llegué a la mía vergonzosamente tarde”.

 

En 1998 Adam editó su álbum de debut homónimo, un disco que parecía decidido a encontrar su hueco en las listas de éxito y en canales como MTV. “Aunque no me avergüenzo de mi forma de componer en mi primer disco, creo que las decisiones sobre la producción fueron equivocadas. Estaba persiguiendo un sonido que no era enteramente mío. Estaba enamorado de los sonidos muy complejos que lograban los expertos veteranos, pero no entendí que hubiera sido mejor capturar honestamente mi juventud en bruto”.

 

 

 

 

 

Seis años después, Adam reapareció como el cantante, guitarrista y líder del grupo rock de California formado por cuatro componentes llamado Low Millions, cuyo álbum Ex-Girlfriends parecía referirse a algunos tropiezos sentimentales autobiográficos en sus canciones.

 

Low Millions no fue un paso en falso, sino una demora en el hecho de ponerme a descubrir mi voz más auténtica y personal. Cuando estás en la carretera con una banda de rock, compartiendo un pequeño espacio, bebiendo e intentando reclamar la atención del sexo opuesto, hay una camaradería única. Recorrimos el mundo durante dos años, tuvimos éxito e hicimos un montón de dinero. Fue maravilloso, todo un rito de iniciación y la fase final en mi verdadera educación en la música”.

 

Tras él, vino un proyecto distinto, el disco cantado en francés Mélaconlista, en el que contaba con la ayuda ocasional de la actriz Virginie Ledoyen. Aunque lo que de verdad cuenta fueron aquellos escasos minutos en español en aquellos dos escenarios de Barcelona, que llevaron a Adam Cohen a otro lugar del mundo musical, a ese Like a Man con el que por fin ha encontrado su lugar y que ahora presenta en gira.

 

 

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