THE WATERBOYS: Atlantic Rain: The Lost Fisherman’s Blues Recordings

THE WATERBOYS: Atlantic Rain: The Lost Fisherman’s Blues Recordings (Chrysalis)

A finales de 1985, Mike Scott tenía el mundo a sus pies. Era el momento de eclosión de su banda The Waterboys, gracias al éxito del single “The Whole of the Moon” y a su tercer álbum en tres años, This Is the Sea. La formación jugaba en ligas similares a las de U2 o Simple Minds y estaba predestinada a ser una de las grandes. La revista Rolling Stone había calificado a Scott como “el nuevo poeta laureado del rock and roll” y Bob Dylan no dejaba de elogiarlo. Su siguiente disco estaba llamado a ser enorme, justo lo que sucedió con The Joshua Tree y U2 –eximiéndoles, de paso, de tal responsabilidad–. Sin embargo, Mike Scott no lo estaba disfrutando en absoluto y tampoco estaba por la labor. Justo entonces aceptó una invitación para irse a Irlanda que lo cambiaría todo.

Allí estuvo grabando intermitentemente pero sin pausa durante casi cuatro años, colaborando con numerosos músicos. Sí, de allí salió su mejor disco, Fisherman’s Blues (1988) y también el que le dio continuidad, Room to Roam (1990). Con el tiempo, empezó a crearse un aura de leyenda en torno a aquellas sesiones. Mike Scott, tras unos años distanciado de aquellas cintas, se atrevió a volver a escucharlas. En 2001 escogió diez canciones para que fuesen editadas bajo el título de Too Close to Heaven, que en su versión norteamericana se conocería más explícitamente como Fisherman’s Blues Part Two, estirándose hasta los quince cortes. Un lustro después, la reedición de Fisherman’s Blues incorporaba un segundo compacto con otras catorce canciones recuperadas de aquellas sesiones. Aun así, lo editado no dejaba de ser una pequeña parte de todo el material que se sabía que existía. Por fin, en 2013 se editaba la caja Fisherman’s Blues Box con 121 canciones, de las cuales 85 eran inéditas, que parecía el cierre definitivo de aquel pozo aparentemente sin fin.

Pues bien, un reciente cambio de discográfica lo alteró todo. Al aterrizar en las oficinas de Chrysalis Records, aparecieron de la nada unas cajas misteriosas. Estaban repletas de cintas viejas. Muchas ni siquiera tenían etiqueta. Otras solo decían ‘improvisación’ o ‘instrumental’ escrito con rotulador. Scott se puso los cascos para ver qué demonios era aquello. Casi se cae de la silla. Lo que salió de esos altavoces escondía una magia brutal. Así es como nace Atlantic Rain: The Lost Fisherman’s Blues Recordings.

Vamos a dejarlo muy claro: este disco no se trata una simple excusa para sacar dinero. No son descartes malos. Es un viaje directo al corazón de un grupo en estado de gracia. La música fluye con pasión y fuerza. Tienen una calidad de sonido que asombra a pesar de haber sido grabado solo para tener constancia de su existencia. Improvisar sin parar daba frutos maravillosos. Son otras 25 canciones que añadir al impresionante legado que ya se había ido acumulando hasta ahora.

Este triple álbum está lleno de joyas. Arranca de golpe con “Too Close To Heaven”. Pero no es la versión de siempre. Esta tiene un toque soul que atrapa al segundo. Luego llega “Come Back To Galway”, que nació como una pista instrumental y llevaba 39 años olvidada en un cajón. Su letra homenajea a su inseparable violinista Steve Wickham. Escucharla es vivir casi en primera persona todo aquello por lo que ambos han pasado juntos.

De nuevo queda refrendado que aquellos días fueron un huracán creativo. Tocaban lo que querían tocar. El repertorio está lleno de versiones locas. Juegan con canciones de Woody Guthrie, Bob Dylan, Rolling Stones, Hank Williams… Hasta le meten mano al “When Doves Cry” de Prince. Y hacen dos versiones -llamarlo así es muy simplista teniendo en cuenta que entre ambas pasan de los 20 minutos- de “Sgt. Pepper’s” de The Beatles, ampliando sus horizontes al infinito como nadie había hecho hasta ahora. Están en el tercer disco, donde las improvisaciones toman el control. En cortes como “The Good Ship Sirius” uno casi puede sentir a la banda sudando de felicidad en el estudio, sin querer irse a casa.

Es lo más parecido que ha habido en el mundo de la música a las Cintas del Sótano de Bob Dylan con The Band, aquellas Basement Tapes que también dieron su juego, y probablemente ninguna otra banda vuelva a hacer nunca algo igual. Si alguien pensaba que la historia ya estaba cerrada, solo tiene que sentarse, subir el volumen a tope y dejar que esta tormenta atlántica le golpee de lleno en la cara. Eso sí: en esta ocasión nadie ha dicho que este sea el capítulo final y definitivo, por lo que el tiempo puede traer todavía más alegrías.

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