BRIAN JACKSON: Now More tan Ever
BRIAN JACKSON: Now More tan Ever (BBE)
Durante décadas fue el hombre más importante que nadie recordaba. Mientras Gil Scott-Heron recibía la gloria, Brian Jackson era el que construía las melodías en la sombra, tocaba el piano y la flauta y daba forma musical a una rabia que en los setenta no cabía en ningún otro sitio. El dúo firmó juntos nueve discos y luego sus caminos se separaron: Jackson desapareció casi por completo del primer plano, hizo sesiones con Roy Ayers, con Kool & the Gang y con Charnett Moffett, y Scott-Heron murió en 2011 sin que hubieran tenido tiempo de hacer las paces en el estudio. La portada de este álbum imita la del álbum It’s Your World de 1976, sustituyendo el águila por el rostro de Jackson. Más que nostalgia, se trata de una evidente declaración de continuidad.
Este nuevo álbum nació de una convicción: que esas canciones no pertenecen a ninguna época y que el mundo de 2026 las necesita tanto como el de 1974. Jackson lo resume con una cita de Sly Stone: “La canción viene de mí, pero es para ti”. Añade que este trabajo es “parte del linaje de la resistencia”, una frase que con diecinueve pistas y diecinueve colaboradores distintos adquiere su verdadera dimensión.
La producción corre a cargo de Masters at Work -Louie Vega y Kenny Dope-, que envuelven el catálogo en house y raíces africanas sin traicionar a las melodías originales, uniendo a Jackson con distintos colaboradores en cada tema. La flauta de Jackson aparece en casi todo el disco, llevando composiciones de aquello años hacia la pista de baile de 2026 sin que la costura se note. La curiosidad es “The Bottle” con Omar: lo que en el original era soul oscuro sobre el alcoholismo se convierte aquí en afrohouse que suena a fiesta y duele igual.
La mejor del disco llega con “Home Is Where the Hatred Is” con Lisa Fischer. Entra susurrando, casi sin avisar, “me fui hace tres días y nadie parece saberlo”, y convierte una letra sobre adicción y abandono escrita hace cincuenta años en algo que sigue estremeciendo. Black Thought en “The Revolution Will Not Be Televised” y Rahsaan Patterson en “Lady Day & John Coltrane” completan un reparto que trata el material como si fuera suyo, que es exactamente lo que Jackson buscaba.
También destacan la mencionada “The Bottle”, revitalizada por la calidez de Omar sobre una base rítmica elegante, y “We Almost Lost Detroit”, transformada por Moodymann en una pieza hipnótica donde la electrónica amplifica la tensión de la canción. Lo que Jackson hizo en su día está aquí, actualizado, y sigue funcionando, al tiempo que sirve de necesaria reivindicación.
