JONATHAN JEREMIAH: Live at Royal Theatre Carré
JONATHAN JEREMIAH: Live at Royal Theatre Carré (Excelsior)
En su país, el Reino Unido, Jonathan Jeremiah sigue siendo un secreto mal guardado. Quince años de carrera, seis álbumes de estudio y apenas un puñado de reseñas en la prensa inglesa de referencia. Pero cruzar el Canal ha sido siempre otra historia: en los Países Bajos llena salas desde hace más de una década, y en noviembre de 2025 agotó dos noches seguidas en el Teatro Real Carré de Ámsterdam, el teatro más antiguo del país, construido en 1887 y reservado habitualmente para ópera, ballet y grandes musicales. Ese dato es más que suficiente para revelar la relación con el público holandés.
Las grabaciones de esas dos veladas dan forma a Live At Royal Theatre Carré, su primer disco en directo, algo que él mismo subraya con cierta incredulidad: quince años encima de los escenarios sin que nadie hubiera pensado en capturarlo hasta ahora. La decisión de hacerlo en ese teatro concreto viene refrendada por declaraciones suyas en las que ha afirmado que Ámsterdam es la ciudad donde más se siente en casa, y el Carré es su escenario favorito del mundo.
El doble álbum recorre su discografía sin apegarse en exceso al último trabajo, We Come Alive (2025). La apertura con el tema que da título a ese disco funciona como declaración de intenciones: ocho músicos en escena, incluido el West Side Trio de cuerda con dos violinistas y una cellista, más Hannah Nicholson al vibráfono, un instrumento que pocas veces se asocia al soul de raíz acústica que practica Jeremiah y que aquí resulta ser el condimento más inesperado de la velada. Esa es la mayor sorpresa: frente a la instrumentación habitual, el vibráfono adquiere un protagonismo inesperado y aporta una textura cálida que transforma muchas canciones sin alterar su esencia y en un acertado diálogo con la voz grave y aterciopelada de Jeremiah.
El repertorio recorre los momentos esenciales de su discografía con una naturalidad admirable. “Mountain”, convertida desde hace tiempo en una de sus composiciones más queridas, gana amplitud gracias al acompañamiento de la banda y a un crescendo medido con precisión. “Horsepower for the Streets” incorpora nuevos matices rítmicos que refuerzan su intensidad, mientras que “Happiness” cierra el disco con catorce minutos y medio en los que el órgano Hammond hace lo que ninguna versión de estudio había conseguido del todo. Sí, hay públicos que saben cuidar mejor a sus artistas que en sus propios países de origen.
