KURT VILE: Philadelphia’s Been Good to Me

KURT VILE: Philadelphia’s Been Good to Me(Verve-Universal)

Hay una frase de Kurt Vile que circuló en las semanas previas al lanzamiento de este disco y que funciona mejor que cualquier pretensión de resumen hecho por otra persona. Él lo describió como su “bringing it all back home to Philly record” (“volviendo a casa a grabar en Filadelfia”), un guiño consciente a Dylan. También aseguró que sería el último y, más que entenderlo como un giro dramático, habría que tomarlo como alguien que necesita tomar aliento en el sitio que mejor conoce antes de ponerse con otra cosa.

Sí, Filadelfia es el centro de Philadelphia’s Been Good to Me, pero también lo son su mujer, sus hijas, los amigos que han pasado por su música y los compañeros que ya no están, como Rob Laakson, su colaborador y guitarrista durante quince años, fallecido hace poco. Es un disco doméstico en el sentido más literal: buena parte se hizo en su sótano, el mismo espacio donde Vile sigue trabajando sin demasiada preocupación por no trabajar en estudios profesionales.

La ciudad no es aquí una postal turística. En “You Don’t Know Cuz It’s My Life” reivindica su condición de filadelfiano frente a quienes han convertido la ciudad en un mito rockero desde fuera, mientras “Chance to Bleed” mira hacia sus primeros años para reconocer el desgaste de seguir tocando después de tanto tiempo. El tema tiene ese pulso entre country-rock y psicodelia doméstica que Vile maneja con una naturalidad desconcertante. “99th Song”, diez minutos de guitarra, voz y pensamientos que va desgranando, es todavía más reveladora: entre bromas sobre pedales y guitarras se cuela el reconocimiento de que tener tres mujeres a su lado ha cambiado la escala de sus preocupaciones. “Avalanches of Snow” cierra el recorrido con guitarras, carrillones y sección de viento en una combinación más hermosa de lo que se podría pensar. Todo forma parte de una paleta que conserva el característico desaliño de Vile, aunque en este caso permitiendo que entren más luz y emoción.

La portada recupera una fotografía inédita de William Eggleston, un nombre asociado a una determinada manera de mirar la realidad cotidiana sin convertirla en espectáculo. Es una elección bastante apropiada para un álbum que hace algo parecido con Filadelfia. Vile lleva años componiendo canciones de aliento perezoso que parecen quedarse a medio hacer y, precisamente en este álbum, esa imperfección semeja ser la forma más apropiada de evocar la memoria de un lugar y de su existencia.

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