Broken Social Scene

Broken Social Scene, más pasión en el fracaso que en el éxito


Los canadienses aparecen cuando las condiciones son las adecuadas y desaparecen cuando no. El silencio de este colectivo en el que cualquiera participa cuando tiene algo que decir nunca se percibe como una ausencia, sino que siempre parece que el próximo estallido se esté gestando fuera de foco. Tras 9 años desaparecidos publican su sexto disco, Remember the Humans . Kevin Drew, su principal motor, nos los presenta en una charla que no tiene desperdicio.

En primer lugar, ¿cómo ha estado el grupo en estos últimos años? ¿Mantuvisteis el contacto durante todo este tiempo o cómo os relacionáis?

Sí, siempre. Siempre hay contacto con todo el mundo a través de algún canal o de alguien. La pandemia fue extraña, por decirlo suavemente, pero teníamos conciertos programados que nos reunieron y conectamos mucho en esos conciertos porque eran los del 20 aniversario de You Forgot It in People. Simplemente te devolvía a esa memoria muscular tan familiar para ti. Algunos de nosotros no sabíamos cómo nos iba a ir tocando ese disco, y todos y cada uno de nosotros lo disfrutamos cada noche. Además lo tocamos muchísimo. Y ver la respuesta de la gente fue un regalo. Esa fue una de las principales razones para volver a hacer un nuevo álbum.

Otra supongo que fue el regreso de David Newfeld, quien trabajó con vosotros en el segundo y tercer disco, del 2002 y 2005. ¿Qué fue tan especial en ese reencuentro?

Lo curioso fue que me mudé fuera de la ciudad y terminé viviendo más cerca de él, así que empezamos a pasar más tiempo juntos. Lo he estado describiendo con la idea de que había algo muy especial cuando estábamos juntos. Empezamos a trabajar en común con You Forgot It in People en 2002 y el disco homónimo del 2005, e hicimos grandes discos sin él también. Trabajamos con John McEntire, Joe Chiccarelli, Nyles Spencer, Shawn Everett… Pero fue genial comprobar si la sinergia que Newfeld y la banda teníamos era real. Y sí, lo era. Él hizo grandes álbumes con otras personas, pero cuando volvimos a juntarnos sentí que era una historia que necesitaba terminar así. Y parecía lo adecuado, como tirarse en paracaídas hacia lo desconocido una vez más.

Aquí en España no hemos podido ver el documental It’s All Gonna Break. ¿Encendió también esa chispa para volver a trabajar juntos entre todos vosotros?

Creo que sí. Lo maravilloso del documental, y de hacer discos, del sello y del negocio, es que hay tanta gente involucrada y todos tienen su propia versión de lo que es esta banda. Lleva siendo así ya 25 años porque somos muchísimos. Pero fue un factor interesante el documental, porque se vio a través del objetivo de un amigo nuestro, Stephen Chung, que documentó más de mil horas sobre la banda cuando empezamos. Lo que hizo fue recordarnos lo que habíamos hecho, y nos devolvió muchos recuerdos. Y eso es algo que me he dado cuenta, que vale cada vez más a medida que envejezco. ¿No comprarías de vuelta algunos de tus recuerdos? ¡Yo estaría en la ruina! Quiero todos mis recuerdos, quiero recuperar toda mi infancia, quiero revivir el instituto. Así que fue muy interesante que te recordaran que fuiste una comunidad en un momento en el que la palabra comunidad ya no es una palabra de uso corriente. Fue genial comprobar cómo fuimos unos chicos privilegiados que decidieron ser empáticos en lugar de sociópatas, y que casualmente hicimos la música correcta en el momento adecuado y en el lugar correcto.

¿Teníais alguna idea previa de cómo queríais que fuera este disco, o simplemente teníais una colección de canciones de diferentes personas y fuisteis adelante con eso?

Compusimos parte en mi casa, otras personas trajeron otras canciones. En realidad no teníamos ninguna regla, ningún control. Llegamos a muchos compromisos y trabajamos durante un largo período de tiempo, de manera intermitente. La única razón por la que lo hicimos era simplemente hacerlo.

Tú y David perdisteis a vuestras madres recientemente. Supongo que ese fue uno de los temas del álbum, ¿no? Es curioso, porque lo mismo pasa con el nuevo álbum de Gorillaz.

¿Sí? No lo sabía. Y, sinceramente, dos madres más de gente del grupo fallecieron para cuando llegamos a la masterización. Así que hubo un aspecto interesante en torno a las madres y la maternidad en este disco. En mi caso, había publicado un disco en solitario justo cuando ella murió, así que pude irme a llorar el duelo tocando esos conciertos. Perder a los padres es… Cuando perdí a mi madre pensé: bien, ya está, ahora sí que soy adulto. Y también me sentí libre. Pensé que ahora iba a vivir mi vida por mi madre. En cambio, se podía notar que David estaba empezando a vivir el duelo mezclando y componiendo este disco. Eso fue uno de los temas del álbum, sí, pero también, como hay diferentes compositores, no fue el único tema, ni mucho menos.

¿Sería el nexo de unión de todas las canciones el propio título, Remember the Humans (Recuerda a los humanos)?

Sí. Donde hay seres humanos hay duelo, pérdida, expectativas, mala comunicación, desconexión, conexión. Todos vemos las cosas de manera diferente y, sin embargo, los seis escritores de letras que participaron en este disco eran todos muy similares, porque estás en ese momento de tu vida en el que miras alrededor y ves lo que tienes en lugar de lo que no tienes. Ya hemos superado esa etapa de ¿qué me falta? Hay muchos hijos en esta banda, hay muchos hijos que se van de casa, hay un par de nietos, así que hay un rango de edad enorme en Broken Social Scene. Eso es una gran fortaleza a la hora de intentar entender la condición humana.

Hay muchos músicos en este álbum, como en los anteriores. Pero no estáis todos en cada canción, lo cual parece una situación algo diferente a vuestros comienzos, cuando todo el mundo quería estar en todas partes del disco. ¿Quizás porque habéis madurado?

Hay varias razones. Filosóficamente, puedo decirte que nuestra identidad ya no está completamente ligada a lo que hacemos. Además, teníamos muchísimas canciones y esto fue lo que elegimos. También hicimos gran parte del disco fuera de la ciudad, así que si realmente querías participar mucho tenías que hacer el esfuerzo de desplazarte. Y, en tercer lugar, cuando volvimos a trabajar con David Newfeld sabíamos que la mejor manera de que él trabajara era sin reglas alrededor, sin limitarlo. Charlie [Spearin, multinstrumentista en la banda] y yo trabajamos muy de cerca con él cuando empezó la mezcla. No estando en la sala, porque sabemos cómo es eso; le dimos libertad total. Pero sí asegurándonos de que obteníamos lo que queríamos de las canciones y de que sonaran lo mejor posible. David es tan entusiasta y apasionado que a veces te entrega algo y tienes que decirle: “Dave, mis altavoces están explotando ahora mismo, tenemos que arreglar esto”. Simplemente dejamos que las canciones decidieran. Cuando te haces mayor piensas: “Me da igual, que gane la mejor canción”. Porque luego el dinero viene de tocar en directo. Nosotros somos una banda de clase media; no es como si le estuvieras quitando la cena a alguien porque no participe en una canción en el estudio.

Eso es algo que viene con la experiencia, no es algo que hagas cuando eres joven. Y también parece que hay una mayor confianza, un vínculo más fuerte entre todos, y que apreciáis que la banda es más grande que sus componentes.

Exactamente. Has dado en el clavo.

Supongo que el título, Recuerda a los humanos, no tiene que ver con la inteligencia artificial, pero encaja perfectamente.

Lo clavaste de nuevo. De hecho, Charlie lo dijo como una broma. “El título en IA de You Forgot It in People (Lo has olvidado en la gente) sería Remember the Humans”. Lo apuntamos y dije: bueno, vamos con eso. Porque, primero, era un tema muy candente, incluso hace apenas un año, aunque ahora ya no lo escucho tanto, pero todo el mundo hablaba de la IA y la escena musical. Y, segundo, evidentemente entendemos que hemos olvidado mucho de lo que es la belleza de ser humano, de ser comprensivos los unos con los otros, de cuidarnos, de ayudarnos. Es algo muy presente en el mundo de hoy. Y vivimos tiempos muy difíciles. Así que había algo muy hermoso en simplemente recordarle a la gente con nuestro título que no olvidasen que hay humanos aquí en los que tenemos que detenernos, y hay personas, países, latidos, niños en los que pensar. Es casi una canción de Whitney Houston: “Creo que los niños son el futuro”. Tiene algo hippie, algo espiritual, pero en realidad es una declaración. Una camiseta, una pegatina, un imán de nevera: Remember the Humans. Eso es.

La idea de alivio y consuelo en algunas letras del álbum también puede aplicarse al caos de los últimos tiempos en el mundo.

Siempre estás cantando sobre tu entorno y sobre la lucha. Algunos lo llaman el anhelo, algunos lo llaman ‘casi’… Yo he hecho una carrera escribiendo sobre el casi amor, el casi alcanzar algo, el casi llegar a la meta. Hay mucha más pasión en el fracaso que en el éxito. Y ahora mismo estamos fracasando. Lo hermoso de hacer un disco sobre el fracaso es que la gente conecta fácilmente con ello, porque todos entienden mejor el perder que el ganar. Y eso es lo que debería unirnos. La conciencia colectiva ha ido cambiando hacia la idea de ganar, ganar, popularidad, popularidad… Eso es un cáncer dentro de nuestra sociedad. Perder es una de las cosas más honestas que puedes hacer hoy en día.

Algunas canciones tienen un significado muy profundo con un sonido bastante animado, como dos de mis favoritas del álbum: “The Call” y “Praying for Your Love”. Es una combinación ganadora. ¿Qué me puedes contar sobre “The Call”?

Sí, me encantan esos temas. “The Call” es de Andrew Whiteman [guitarrista] y Dave Newfeld. Habían trabajado juntos antes con Broken Social Scene y también en Possible Hustle, en 2004. Así que esto fue, de algún modo, su reunión 20 años después. Andrew Whiteman era uno de los que tenían muchas ganas de trabajar con David de nuevo, y me llamó en la fase inicial y dijo que quería incluir un tema en este disco. Le dije que sí, que entrarían las mejores canciones. Escribieron esta canción y luego fue tomando una forma maravillosa con los vientos, el ritmo, la batería. Charlie llegó y tuvo su pequeño momento “Where the Streets Have No Name”, redondeando esta canción funcional y preciosa. Hubo momentos en que yo cantaba, otros riffs, partes más largas… Y tener a Jill Harris como cantante, junto con Andrew, dio lugar a una joya. Ahora mismo, en los ensayos, es mi favorita.

¿Y sobre “Praying for Your Love”? No tengo los créditos, así que no sé quién la compuso.

La escribió la banda. Yo hice la letra y la canté. La llamábamos ‘bar smoke’ (‘humo de bar’) porque cuando la estábamos escribiendo sonaba como una banda de bar. Pero eso es en cierto modo la firma de lo que nos gusta hacer como banda. Suena a la esencia del grupo a lo largo de los años, pero Newfeld se sintió muy atraído por ella, y también nuestro batería Justin Peroff. Yo quería pasar página, ya que habíamos hecho eso antes. Pero ellos nos insistieron en seguir trabajando y ponerla en el disco. Y ahí vuelve ese ‘casi’ del que te hablaba: ese es el aspecto de las letras que tanto hago: retratar siempre aquello que ‘casi’ podría suceder.

¿Estás satisfecho con el disco? ¿Pudisteis capturar lo que teníais en mente de antemano?

No teníamos nada en mente, pero puedo decirte que lo dimos todo. Vivimos en una sociedad muy crítica. Pero al final les dije a Newfeld y a Charles: “No sé qué más podríamos haber hecho. Dimos lo mejor de nosotros. Si a la gente le encanta, genial. Y si no, tienen que entender que esto es lo que queríamos hacer”. Estoy agradecido de haber podido hacerlo y me siento muy orgulloso de lo que conseguimos. No sabía qué íbamos a hacer, pero ahora ya no necesito volver a escucharlo nunca más. Estoy muy feliz con lo que logramos.

¿Ha sido así con los álbumes anteriores? ¿O hubo algún momento en que las circunstancias que lo rodeaban no lo hicieron ser como teníais pensado?

He tenido mucha suerte. Nunca he participado en un disco del que me arrepienta. Sí he trabajado con bandas que no estaban contentas con sus álbumes, pero en Broken Social Scene, como no lanzamos muchos discos, intentamos que cada uno cuente. Estoy muy orgulloso de nuestro catálogo. Hemos hecho discos sólidos y eso se debe al tiempo que dejamos pasar entre lanzamientos.

Supongo que esa será una de las mayores fuentes de orgullo a lo largo de tu carrera.

Sí. También aprecio mis discos en solitario y los que están haciendo mis compañeros de banda en sus proyectos: el nuevo disco de The Dears, el nuevo de Amy Millan, The Barr Brothers, Stars, el nuevo disco de Metric que se publicó hace unos días, el último disco de Do Make Say Think, el último de Jason Collett… Ah, y Feist también. Se me olvidaba mencionar el último disco de Feist. Es devastadoramente hermoso. Ella no deja de mejorar, lo cual es mucho decir teniendo en cuenta que salió disparada al estrellato desde el principio. Incluso, aunque ya no participemos en ningún concurso de popularidad y seamos mayores, creo sinceramente que seguimos haciendo algunos de nuestros mejores trabajos. Y eso viene de la claridad de saber quién eres y simplemente relajarte sabiendo que esta es una elección que has hecho.

En tu caso, ¿componer es algo que te resulta bastante fácil o realmente tienes que trabajar duro para sacar las canciones?

Te agradezco que me preguntes eso. He tenido que entenderlo con el tiempo porque me he sentado con la intención de componer con otra gente pensando: “¿Qué coño es esto?”. Tiene que haber un ambiente, una vibración. Yo no cojo el instrumento a menos que vaya a escribir algo. No toco por diversión. Soy un poco narcisista porque siento que cualquier cosa que hago debería grabarse, así que siempre escribo con el botón de grabación cerca. A nivel de letras, siento que mi inteligencia se está quedando sin palabras. Si escribo textos en un papel, nunca llegan al disco. Tiene que venir del subconsciente. Tengo que no saber lo que estoy haciendo. A veces tardo hasta dos meses en entender sobre qué estoy cantando. No entro con una intención clara, sino con mi subconsciente, y ahí descubro lo que he estado recogiendo, observando y sintiendo.

Con Broken Social Scene, al haber bastantes músicos implicados, ¿cuándo sabéis que una canción está terminada?

A lo largo de los años ha sido de muchas maneras distintas. En Remember the Humans simplemente tuvimos que dejar de trabajar en él. Tuvimos que parar. Y claro, gente como Feist o Lisa Lobsinger trajeron canciones ya terminadas, que nos encantaron. Por eso están en el disco. Habría sido genial componer con ellas, pero como dije, no había reglas. Si Leslie Feist viene y dice: “Creo que tengo algo”, no le dices: “Ven y lo hacemos juntos”. Le dices: “Déjamelo escuchar”. Y justo conectaba emocionalmente con el momento actual. Claro que ellas tienen la aprobación final sobre sus canciones. Pero puedes seguir retocando algo eternamente. Hace poco volví a escuchar ciertas canciones y pensé: “Espera… ¿hicimos eso?”. Es un proceso que nunca termina realmente. Por eso no suelo escucharlas después de acabarlas. He pasado tanto tiempo con ellas que ya tuve suficiente. Y ahora mismo estamos empezando a ensayar otra vez. Somos lentísimos organizando todo eso. Si fuéramos más profesionales, puede que nuestra carrera hubiera sido distinta, pero es estupendo reescribir las canciones en directo.

Después de tantos años trabajando juntos, ¿la experiencia ayuda en el estudio o tenéis que empezar desde cero cada vez para que sea algo fresco para vosotros?

A veces basta con un instrumento nuevo, un teclado nuevo, para llevarte a otro sitio. Ahora mismo, el último ensayo fue muy agradable porque nos aseguramos de pasar tiempo juntos, no solo de tocar. Sería interesante ver qué pasaría si entráramos ahora al estudio. Con esta banda siempre hay cierta resistencia a crear porque sabes que todo el mundo va a querer hacer cosas distintas. Justin y yo siempre nos miramos porque sentimos que marcamos la base mientras el resto toca alrededor. Y cuesta arrancar, porque en una banda tienes que renunciar al control. Tienes que reaprender a no controlarlo todo. En tu cabeza eres productor, director, compositor… pero tienes que ceder. Con Broken Social Scene lleva tiempo soltar el control y empezar a comprometerse. Pero luego conectamos de una forma tan natural, se nos hace muy fácil crear juntos. Automáticamente encajamos. Aunque también intentamos entender qué estamos haciendo, dónde estamos, qué está pasando. Tenemos muchas canciones y todas suenan un poco parecidas porque realmente tienes un sonido propio. Y a veces luchas contra él para intentar ser más ecléctico, porque parte de la razón por la que nos hicimos populares era precisamente esa mezcla de ideas musicales distintas. No sé por qué me lo estoy pasando tan bien en esta entrevista, pero creo que es porque me estás sacando temas y cosas nuevas ahora mismo que me inspiran.

Han pasado casi 30 años desde que empezasteis con la banda y la industria musical ha cambiado radicalmente. ¿Cómo has visto todos estos cambios viviendo en Toronto, que está lejos de las principales ciudades de la industria?

Hay una complacencia muy confusa en la industria musical canadiense. También tenemos un sistema de subvenciones que es tan beneficioso como perjudicial. Es maravilloso, pero también crea ciertas limitaciones: pone esposas a los sellos y a los artistas, y hace que la gente dependa de esa financiación. Y cuando tienes financiación, no siempre te empuja a crear un gran trabajo. Puede distraerte y quizás hacer que no lo desees con tanta urgencia como deberías. Aunque también es un tanto privilegiado por mi parte decir esto, porque yo he vivido aspectos increíbles de ese sistema a lo largo de mi vida. Pero me he dejado la piel para que esta música llegue a todas partes, no solo a una comunidad concreta. El mainstream tomó el control en un momento dado y ahora vivimos en un concurso de popularidad dominado por algoritmos, donde la clase media -donde me incluyo- está en una lucha constante. También me parece que con la IA y las reuniones por Zoom se nota que la propia canción está sufriendo, mientras que las ideas alrededor empujan hacia todos los lados porque ahora hay cuotas. La escena musical es un poco como el mercado inmobiliario: en algún momento se volvió muy egoísta y creó una guerra de pujas económica en la que es muy difícil que las bandas sobrevivan.

¿Encuentras complicado moverte en estos nuevos parámetros?

Dentro de mi sello, Arts & Crafts, es muy difícil lanzar nuevas bandas hoy en día. Y las ayudas que recibes, quién sabe si realmente ayudan. Los sistemas están construidos de cierta manera y estamos en un momento algo arcaico en el que el liderazgo, sin que sea su culpa, tiene pocas herramientas para generar cambios reales. Va a haber un nuevo auge independiente, y me emociona mucho. Lo veo en la generación más joven y en los chicos de la banda: hacen su propia ropa, salen con sus amigos, van a clubes punk, dejan el móvil y no permiten que las campañas de marketing los tengan como objetivo. El problema con nosotros es que estamos programados neurológicamente de otra forma: somos más propensos a volvernos adictos a lo que vemos, leemos y consumimos. El móvil es muy adictivo y está definiendo nuestra identidad. Y los sellos grandes dominan. Si miras el cartel de Coachella, arrasan con sus artistas. Aun así, tengo que reconocer que muchos de esos artistas mainstream son increíbles, como Billie Eilish. Fui a un concierto de Taylor Swift pensando que conocía cinco canciones y resultó que conocía veinticinco, y me lo pasé genial. Pero es una pena que eso venga a costa de que el arte sufra. Ese es el único problema que tengo. Antes había espacio para todos, y ahora no. Y será la generación joven la que diga: “Esto no es para mí”.

Supongo que esas subvenciones, esa financiación, es para trabajar en tus canciones…

Sí, tenemos programas maravillosos en este país, realmente increíbles, y ayudaron muchísimo a Broken Social Scene. La financiación pública nos permitió ir a Europa, a Australia… Hay programas que benefician muchísimo. Solo me pregunto a veces si la escena necesita un reinicio. Todo el mundo necesita un pequeño reinicio, pero el problema es que nunca viene de la clase baja o de la clase media. La clase baja siempre lucha por ese cambio, son los que más arriesgan. La clase media intenta no alterar nada porque quiere mantenerse y la clase alta simplemente sigue con lo suyo, mientras que la élite es la que dirige todo. Quizá deberían revisarse un poco para adaptarlas a los tiempos actuales y beneficiar más a los artistas, para que tengan más margen para arriesgar y exigirse de verdad. Pero ahora hay muchos requisitos que mantienen a todo el mundo dentro de un mismo límite. Y no me parece que lo hagan intencionadamente, simplemente todos estamos aquí, con un techo muy bajo. Mucha gente toma decisiones para vivir dentro de ese nivel económico.

Al final tienes que poner todo en una balanza y ver cómo hacerlo y si vale la pena. Yo empecé en el 78 con un programa de radio y aquí sigo.

Sí, esto era un sueño para mí. ¿Sabes que tengo un programa de radio ahora? Sirius XM me dio la oportunidad. Está en un canal canadiense llamado The Verge. Los sábados y miércoles a las 7 de la tarde, hora del Este. Ahí estarás dormido, claro. Pero lo tienes en la aplicación de Sirius XM. Es genial tener ese altavoz. Me gusta poner música. Me gusta pinchar música, dar espacio a los artistas menos conocidos, descubrir cosas nuevas. Y seguir haciendo esto es una elección. Intento no quejarme porque fui yo quien lo eligió. Si algo me molesta, puedo hacer otra cosa. Pero esto es lo que quiero hacer. Disfruto haciendo música y tocando música, así que aquí estoy.

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