GLEN HANSARD: Don’t Settle (Vol. 1 Transmissions East) (Vol. 2 Transmissions West)
GLEN HANSARD: Don’t Settle (Vol. 1 Transmissions East) (Vol. 2 Transmissions West) (Plateau/Secretly-Popstock!)
La primera sorpresa de Don’t Settle es que Glen Hansard haya necesitado dos discos para contar una sola historia. La segunda, que ambos funcionen mejor juntos que por separado. Transmissions East y Transmissions West recorren más de tres décadas de canciones de The Frames, The Swell Season y su carrera en solitario, pero no funcionan como un Grandes éxitos con público. Son una revisión en presente, hecha por un músico que prefiere comprobar qué queda vivo en sus canciones antes que conservarlas intactas.
Las grabaciones proceden de dos noches de abril de 2025 en el Funkhaus de Berlín, coincidiendo con el 55 cumpleaños de Hansard. El antiguo complejo radiofónico de la Alemania del Este tiene una enorme sala pensada para formaciones orquestales y una acústica que permite que la banda respire. Unos 600 espectadores asistieron cada noche, colocados alrededor de los músicos. No hubo segundas tomas, retoques vocales ni regrabaciones. El riesgo estaba asumido desde el principio. La idea, curiosamente, surgió un año antes y bajo la lluvia. En un concierto en el Zuiderparktheater de La Haya, Hansard invitó al público a subir al escenario durante un aguacero y aquella escena colectiva terminó sembrando la semilla del proyecto. Quería recuperar algo que el estudio tiende a borrar: la sensación de que una canción sucede delante de una persona y cambia según quién la escucha.
Transmissions West mira hacia un lado del mapa emocional. “Revelate” recupera la energía de los primeros Frames y “When Your Mind’s Made Up”, escrita junto a Markéta Irglová para The Swell Season, conserva su capacidad para dejar un nudo en la garganta sin necesidad de adornos. Si “Her Mercy” y “Leave a Light” muestran al Hansard más íntimo, en “High Hope” crece hasta convertirse en uno de esos momentos en los que la voz parece a punto de romperse.
El primer volumen resultamás áspero. “Don’t Settle” arranca contenida y acaba convertida con una furia desatada, “Carrickfergus”, la vieja canción tradicional irlandesa, introduce una pausa de una belleza desnuda, y “Didn’t He Ramble”, escrita originalmente en memoria de su padre, suena a despedida involuntaria. Más que nada porque, justo mientras escribía estas líneas, se daba a conocer que Glen Hansard acababa de fallecer en un accidente de moto. Cuesta escuchar ahora estos dos volúmenes sin sentir un golpe adicional y sin buscar otras lecturas. Pero también resulta imposible no escuchar de otra manera ese empeño suyo por no dejar las canciones quietas, por llevarlas una vez más al escenario y comprobar si todavía tenían sangre en su interior. Ese es, en fin, su testamento.
