GEESE: Getting Killed
GEESE: Getting Killed (Partisan/PIAS)
Hay discos que no se limitan a sonar: irrumpen. Getting Killed pertenece a esa estirpe inquieta que, desde los días en que Television convertía las calles del Lower East Side en un laboratorio de electricidad, entiende la ciudad como un animal vivo. Geese, herederos de esa tradición de bandas que no piden permiso -de los primeros Talking Heads al vértigo de The Walkmen-, regresan con un álbum que parece escrito en los márgenes de un cuaderno manchado de café y noches en vela.
Cuenta una anécdota recurrente entre quienes han visto al grupo en salas pequeñas de Brooklyn que Cameron Winter, en mitad de un ensayo, detuvo a la banda porque “el caos no estaba respirando bien”. Esa frase, medio en broma, medio manifiesto, podría servir como brújula para entender este trabajo. Aquí el desorden no es torpeza, sino un método secreto, una forma de convocar algo que late bajo la superficie.
El disco avanza como un desfile de visiones: guitarras que se arquean como vigas incandescentes, ritmos que parecen surgir de un ritual urbano, voces que se doblan y desdoblan como si buscaran una grieta por donde escapar. En “Au Pays du Cocaine”, uno de los momentos más hipnóticos del álbum, la banda construye un remolino que oscila entre la confesión y la amenaza, un lamento que se retuerce hasta encontrar una especie de luz torcida.
La producción abraza esa estética de inestabilidad controlada. Cada tema parece grabado en el instante exacto en que la idea está a punto de desmoronarse, como si la banda quisiera capturar el temblor previo al derrumbe. Y, sin embargo, hay una arquitectura secreta sosteniendo todo: una precisión casi obsesiva que recuerda a los discos donde la juventud se mezcla con una lucidez inesperada.
Getting Killed es un álbum que no busca respuestas, sino fricciones. Un mapa de tensiones, humor extraño y espiritualidad desviada. Geese no pretenden agradar; pretenden despertar algo. Y lo logran. En tiempos donde muchos grupos se refugian en la corrección, ellos eligen el vértigo, la duda, la combustión.
