Valor sentimental

Valor sentimental

Joachim Trier

(Zentropa-Elastica)

“Las familias no se rompen de golpe, se van resquebrajando con el tiempo”. A partir de esa idea, Valor sentimental observa los lazos familiares como territorios frágiles, sin maquillaje ni complacencias, donde conviven el amor, el rencor y la necesidad de ser comprendido. El pasado pesa, se filtra en cada gesto y marca la convivencia con ese legado emocional: nunca desaparece, sino que regresa en forma de reproches, silencios y gestos heredados.

La historia se adentra en los traumas personales y en las enfermedades mentales sin subrayados ni condescendencia. Estas experiencias no definen por completo a los personajes, pero condicionan las decisiones y la forma de amar. La cámara los acompaña con respeto, permitiendo que sus contradicciones queden expuestas. Hay en ello claros ecos del cine de Ingmar Bergman, especialmente en la manera de observar los silencios familiares, las tensiones soterradas y los diálogos que dicen tanto por lo que callan como por lo que expresan.

Por suerte, Valor sentimental no se instala en la gravedad absoluta. Un humor ligero, a veces afilado, aporta una mordacidad que oxigena el relato y lo vuelve más humano, como un espacio de posible redención -aunque precisamente ese final sea un tanto discutible con lo mostrado anteriormente-: un lugar donde revisitar el dolor, ponerle palabras y, quizás, reconciliarse con él.

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