TESSA ROSE JACKSON: The Lighthouse
TESSA ROSE JACKSON: The Lighthouse (Tiny Tiger)
Si alguien tarda años en atreverse a firmar con su nombre real los discos que edita, sus razones tendrá. Tessa Rose Jackson lo intentó primero desde el anonimato: durante casi una década lanzó tres álbumes bajo el seudónimo Someone, una elección que, según reconoció ella misma, tenía la intención de colocar la música por encima del ego, aunque el resultado fue que bastaba teclear su nombre en Google para no encontrar nada. La broma no era menor. Formada en la prestigiosa BRIT School de Londres, la misma que dio al mundo a Amy Winehouse y Adele, eligió deliberadamente borrarse del mapa para que sonara lo que importaba.
Ahora, con este trabajo, abandona definitivamente el disfraz. Y la ironía es que el álbum más honesto que ha grabado es también el primero en llevar su nombre completo en la portada. El disco fue registrado en Francia, lejos del ruido, y eso se transmite: hay en él una calma que no es distancia sino concentración. Los temas giran en torno a la vida y la muerte, al hecho de crecer en un mundo difícil de descifrar y a la herencia, genética y emocional, que llevamos sin haberla elegido.
“The Bricks that Make The Building” (“Los ladrillos que dan forma al edificio”) lo plantea con una imagen que se queda: un niño que descubre que la sangre que corre por sus venas es también la de otros, que no se pertenece del todo. Es folk de cámara con cuerdas que enmarcan sin oprimir, producido junto a Darius Timmer, su colaborador de siempre, con quien parece haber encontrado un idioma propio. La pieza que da título al álbum funciona como declaración de intenciones: la voz de Jackson se mueve sobre los instrumentos sin forzar, entre capas de cuerda y una calma que tiene más peso específico que muchos gritos.
Hay momentos especialmente íntimos, como “Gently Now”, donde la artista convoca la presencia de su madre fallecida sin caer en sentimentalismos fáciles. Y también instantes de mayor impulso, como “When Your Time Comes”, que demuestra que su sensibilidad no está reñida con un instinto pop muy afinado. “Fear Bangs the Drum” -una de las piezas más memorables junto a “Wild Geese” y “Built to Collide”-, con su inesperado uso de metales, aporta finalmente un contraste que evita que el disco se encierre en un único clima emocional
