ARLO PARKS: Ambiguous Desire
ARLO PARKS: Ambiguous Desire (Transgressive-PIAS)
La nueva etapa creativa de Arlo Parks deja entrever que ha aprendido a moverse en la penumbra sin perder su delicadeza habitual. En lugar de lanzarse a la pista de baile con estridencia, se deja mecer por un pulso nocturno que no busca imitar el ruido de un club, sino capturar ese instante suspendido en el que la música, el cansancio y la intimidad se mezclan. El punto de partida del disco nace precisamente de ahí: de noches en Londres, Los Ángeles y Nueva York en las que Parks descubrió que el baile no tiene que ser únicamente un estallido de energía, sino que también puede ser un refugio emocional.
Lo curioso es que, pese a apoyarse en ritmos asociados al garage británico y a los breakbeats, Parks no abandona su inclinación por la vulnerabilidad. Más bien la desplaza a un entorno distinto, como si probara cómo su voz, tan suave que parece flotar, resuena entre luces estroboscópicas. “Nightswimming”, por ejemplo, funciona como una especie de abrazo cálido en mitad del caos: las capas de sintetizadores se abren de golpe y generan esa sensación de ingravidez que uno solo experimenta cuando la noche ya ha dejado de ser joven. En “Get Go”, en cambio, juega con giros melódicos que sorprenden por su ligereza, casi como si quisiera recordarse a sí misma que también sabe sonreír mientras compone.
En “Senses” aparece Sampha, único invitado del álbum, introduciendo un contrapunto emocional que convierte la canción en una conversación íntima sobre el miedo, la claridad y el dolor necesario para avanzar. Y en “Beams”, Parks se atreve a verbalizar recuerdos incómodos, casi confesionales, que contrastan con la suavidad del arreglo. Esa fricción es, quizá, la clave del proyecto: un equilibrio entre la euforia tenue y la honestidad más desarmante.
Parks ha revelado que parte del disco nació después de revisar instantáneas de la fotógrafa Harley Weir, cuyas imágenes, a medio camino entre lo frágil y lo crudo, le ayudaron a encontrar el tono emocional que buscaba. Y Ambiguous Desire suena exactamente así, como un álbum que observa la noche con la misma mezcla de ternura y desasosiego con la que uno mira una foto que no sabe si quiere recordar u olvidar.
