KIM GORDON: Play
KIM GORDON: Play (Matador-Popstock!)
No hay intención de suavizar nada: lo que aquí se escucha es fricción, interferencia y una voluntad clara de incomodar. Kim Gordon sigue explorando, décadas después de Sonic Youth y a sus 72 años, los límites entre ruido, discurso y cultura contemporánea, pero en esta etapa su mirada es aún más áspera y directa.
Play (Juego), título que funciona casi como provocación irónica, nace de una inquietud muy concreta: la relación entre el individuo y un entorno digital cada vez más invasivo. Más que teorizar, Gordon lo traduce en sonido. Beats industriales, capas de distorsión y estructuras fragmentadas construyen un paisaje que remite más al hip-hop más abstracto que a la tradición noise que siempre ha orbitado su carrera. Varias piezas parten de procesos cercanos al collage sonoro, ensamblando ideas dispersas en lugar de seguir un patrón clásico de composición, lo que explica su carácter abrupto y cambiante.
“No Hands” es el corte más físicamente agresivo: guitarras que arañan hasta desbocarse en algo que por momentos roza la urgencia techno. “Busy Bee” va en dirección contraria y resulta más adictiva precisamente por eso, con un minimalismo de palabras y repetición que crece lentamente hasta que las guitarras lo rompen sin avisar. “Dirty Tech” extiende la crítica tecnológica hacia la inteligencia artificial y la dependencia sistémica, con la misma sequedad de quien describe un hecho consumado.
El momento más político del álbum es “Byebye25!”, continuación espiritual de “Bye Bye” de The Collective, donde Gordon apila términos y símbolos de la realidad norteamericana actual hasta que la acumulación se vuelve cómica y aterradora a la vez. No hay melodrama. Hay algo peor: indiferencia calculada hacia el espectador, que lo hace responsable de procesar lo que escucha.
Si The Collective sorprendía por su densidad, Play Me confirma que aquello no fue un accidente tardío sino el inicio de una etapa intransigente y sumamente interesante. Mientras su ex Thurston Moore graba con la comodidad que le da lo que ya hizo anteriormente, Gordon sigue inclinándose hacia adelante. La diferencia entre los dos ya no necesita comentario.
