BOOTLEGS, BENDITAS MEZCLAS

CAMPUS GALICIA ARTICULO BOOTLEGS, BENDITAS MEZCLAS

ULTRASÓNICA

ARTÍCULOS 2002


Bootlegs, benditas mezclas

 

Son ilegales. A menudo suenan fatal. Pero los bootlegs han devuelto la diversión al moribundo mundo del pop. Son lo que el pop debería ser: gloriosa transitoriedad. Llámalos cómo quieras: bootlges, mashed-ups, sound-clashes, mezclas imposibles, combinaciones impensables. Y da igual lo que duren: hoy están aquí y son lo mejor que nos podía haber pasado.

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ANTONY AND THE JOHNSONS 2005

ARTÍCULOS 2005

Ultrasonica e-zine :: Xavier Valiño

ARTÍCULOS 2005


Antony & The Johnsons, campanadas a medianoche

(Plaza de la Quintana, Santiago. 21/05/05)

        Se ha convertido en una sensación que reclama la presencia de todos los enterados. ¿Cómo, si no, se entiende que la Plaza de la Quintana estuviera repleta de un público joven, entregado y alternativo y que, luego, la mayoría de los conciertos en salas sea casi imposible llegar a medio centenar de espectadores?

        Aun así, al menos, el público parece escoger con tino, por lo que poco importa que sea una moda. Sí, Antony tiene una voz única, de las que aparecen cada mucho tiempo y marca una era. Si hay que buscarle referencias, está claro que hay que ir muchas décadas atrás, antes incluso de la aparición del rock and roll, para enlazarlo con Nina Simone y Jimmy Scott.

        Esa voz es la queda grabada a fuego, engrandecida por una interpretación intensa, emocionante, que parece surgir de la nada desde que aparece por un lateral y se sienta tímido al piano. Ese niño grande desgarbado, desvalido, con alma de mujer atrapada en un enorme cuerpo de hombre revestido con peluca, sabe que su voz es su arma y su gancho.

        Lo demás poco importa. Hasta se le disculpa que lleve un guitarrista clásico que no aporta nada a las canciones -si acaso, un sonido a lo Madredeus que no le pega en absoluto; mejor el solo con su piano-. Incluso sus trucos para atrapar al personal no resultan repetitivos, hasta para quienes lo vimos ya en el Primavera Sound. Como en la Quintana no se entendió a la primera su intención de imitar a los pájaros, lo volvió a intentar más adelante al pedir que todo el mundo susurrase. También se arrancó a capella, con un movimiento de manos que no está lejos de los cantadores flamencos.

        Sonó, sobre todo, su segundo disco, alguna cara B y tres versiones: “The Guests” de Leonard Cohen, “Candy Says” de Lou Reed/The Velvet Underground y aquel “Mysteries Of Love” que David Lynch y Angelo Badalamenti compusieron para la voz de Julee Cruise. Y, casualidades del destino, su momento de mayor intensidad coincidió con las campanadas de la medianoche de la Berenguela, algo irrepetible.

Xavier Valiño

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CAMPUS GALICIA ARTICULO DISCOS QUE NUNCA LLEGAN

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ULTRASÓNICA

ARTÍCULOS 2002


Expedientes X: los discos que nunca llegan

The Stone Roses

En estos días se edita el nuevo disco en estudio de Bruce Springsteen con la E. Street Band después de… ¡18 años! Y el primero de Peter Gabriel después de 10 años. No ha sido el único caso de discos que se hicieron esperar. Aquí tienes un pequeño repaso.

Evidentemente, no estamos en los 60. Entonces los discos se componían, se grababan y se editaban sin pensárselo demasiado, pudiendo llegar a colocarse tres discos de una banda en un mismo año. Desde entonces, sólo Siniestro Total han conseguido igualar tal marca, aunque no era ésa su intención ni suyo todo el mérito: en el 97 editaron Cultura popular, un disco de versiones grabado en directo, Así empiezan las peleas, un directo para América Latina, Gato por liebre, un álbum con las versiones hechas por el grupo para su sello anterior, y Sesión vermú, su disco en estudio de ese año.

Lo normal en estos tiempos es editar un disco después de haber promocionado intensamente el anterior, de haber girado con él interminablemente, de haberlo exprimido hasta decir basta y de haber tenido tiempo para retirarse a un lugar apartado a componer el próximo. No todos sufren de incontinencia creativa como Prince –veintidós discos en veinte años, sin contar dobles, triples y los que no llegó a editar-, Ani Di Franco –catorce discos en diez años- o Andrés Calamaro –más de 300 canciones esperan aún su turno-.

Más bien lo contrario: suele ser bastante común que, después de un disco de bastante éxito, el grupo en cuestión desaparezca del mapa durante años. Sí: el miedo a no poder presentarse con algo digno, comparable a lo editado hasta ese momento –bloqueo creativo, lo llaman-, la edición de directos, recopilatorios y discos de versiones para evitar enfrentarse al estudio –vivir de las rentas, por supuesto-, el largarse durante meses a retiros idílicos –pura vagancia- y el ponerse metas más allá de toda lógica –excesiva autoexigencia- pueden complicar las cosas hasta el absurdo.

El caso más conocido es el de los Stone Roses, un grupo que con un único disco editado en el 89, Stone Roses, ingresó por derecho propio y para siempre en la realeza del pop británico. Después, los problemas durante la grabación de su segundo intento fueron el pistoletazo de salida a una espiral cuesta abajo que acabó con la separación. En el 94, por fin, volvieron con un álbum adecuadamente titulado The Second Coming –algo así como El regreso-, aunque los nuevos guiños a Led Zeppelin dejaron indiferentes a todos. El título hubiese estado mucho mejor aplicado a la vuelta de un desahuciado Shaun Ryder al frente de Black Grape, una auténtica sorpresa inesperada por aquel entonces.

Un bloqueo similar sufrió Elastica, la banda de Justine Frischmann, que consiguió el año pasado rehacer un grupo disuelto por la falta de continuidad. Su segundo disco, cinco años después, no avanzaba nada nuevo y en sus conciertos, como el de Benicassim, dieron la impresión de haber ido hacia atrás. Así les fue: a día de hoy el grupo ya no existe.

Algo similar es el caso de Stereo MC’s, mejor banda británica del 92, según la industria, con su álbum Connected, un híbrido perfecto de funk y hip-hop. Desde entonces, todo fue interminables días en los estudios, sesiones como pinchadiscos para airearse un poco y rumores de adicciones problemáticas. Antes de regresar en el 2001 con un disco más bien intrascendente, tuvieron tiempo para editar DJ Kicks, a base de música ajena.

New Order hicieron lo propio al regresar con el olvidable Get Ready, su primer disco tras Republic del 93-. La excepción, tal vez, son The Breeders, que han regresado en el 2002, tras once años sin material nuevo, aunque su nuevo disco, Title TK, parece estar a la altura de su pasado.

Para los próximos meses se anuncian discos de varios de los grupos que más han cacareado su regreso durante los 90. Por ejemplo, Guns N’ Roses, que hablan de un nuevo disco aunque, como en los dos casos anteriores, ¿qué más da a estas alturas unos meses más o menos? En su caso, desde el 91, en el que editaron dos discos dobles –Use Your Illusion I y II– no han publicado nada nuevo, salvo el disco de versiones The Spaghetti Incident. Once años parecen más que suficiente para darle continuidad, aunque no debe ser tan sencillo, teniendo en cuenta que en todo este tiempo sin material nuevo Axl Rose ha ido perdiendo o despidiendo a todos sus compañeros, así como a los productores que han osado poner sus manos sobre el supuesto nuevo material. Las crónicas del Rock In Rio tampoco avanzan nada espectacular.

Kraftwerk amenazan una y otra vez con un nuevo disco tras Electric Caffe del 86, ¡quince años después! Prodigy tendrán nuevo álbum en los próximos meses –The Fat Of The Land fue editado en el 97-. En el caso de My Bloody Valentine, en dique seco desde el 91, fecha del excepcional Loveless, aún hay quien espera nuevas canciones, después de haber gastado millones de dos compañías que esperaron inútilmente su continuación.

Hay otros de los que, como siempre, poco se puede esperar: The Blue Nile han editado tres discos en veinte años, a un ritmo de un álbum cada siete años, y Prefab Sprout dejaron pasar siete años entre Jordan: The Comeback y Andromeda Heights, del 97 y otros tantos antes de The Gunman And Other Stories, momento en el que Paddy McAloon reconoció que había trabajado durante ese tiempo en cinco discos distintos, pero que su nivel de exigencia no le permitía editarlos antes de mejorarlos. Y la pregunta final, en todos los casos, siempre será: ¿de verdad ha valido la pena tanta espera?

Xavier Valiño

DESMANES ESTRELLAS DEL ROCK EN AVIONES

ARTÍCULOS 2005 RUFUS WAINWRIGHT CONCIERTO

Ultrasonica e-zine :: Xavier Valiño

ARTÍCULOS 2005


 

Los desmanes de las estrellas del rock en los aviones

 

Volando voy (Camarón)

 

          ¿Hay algún extraño vínculo entre ser una estrella y comportarse como un imbécil a la hora de coger un avión? Parece que sí, por lo menos en una proporción mucho mayor que lo que sucede en cualquier otro medio público de transporte.

 

Puede que sean los nervios, la barra libre de la primera clase, el afán de notoriedad entre los ocasionales compañeros de viaje o el jet-lag, pero lo que es cierto es que los casos de artistas desquiciados a 10.000 metros sobre el nivel del mar o en un aeropuerto son abundantes.

 

 

¨  Björk. En 1996, la diva islandesa no pasaba por su mejor momento. Además de haberse convertido en uno de los personajes habituales de los tabloides británicos, un seguidor trató de enviarle una carta-bomba y acabar así con su vida. Aún impresionada por aquel suceso, por aquellas fechas, al llegar al aeropuerto Don Muang de Bangkok, un periodista trató de sacarle unas fotos junto a su hijo Sindri. Björk la emprendió a golpes con el osado reportero y éste tuvo que ser atendido en el hospital. Para su escarnio, las imágenes quedaron registradas y dieron la vuelta al mundo. A pesar de todo, tuvieron un inesperado efecto positivo: “Esa mujer que nunca le había pegado a nadie, pero que perdía su carácter cuando iban a por su hijo, era perfecta para el papel”, fue el comentario del director Lars Von Trier para justificar haberle ofrecido el papel principal en su película Bailando en la oscuridad.

 

¨  Bryan Ferry. El dandy del pop se estaba echando una pequeña siesta a la vuelta de unas vacaciones con su familia en Kenia cuando le despertaron los gritos de un perturbado mental que había tomado con un simple cuchillo el control del avión en el que viajaba y pretendía derribarlo con sus 400 ocupantes. Según él, “fue el mayor susto de mi vida”. Curiosamente, el siguiente movimiento de Ferry fue propiciar la reunión de Roxy Music. ¿Tendría algo que ver en la decisión haber visto en peligro su vida?

 

 

¨  Courtney Love. En los últimos tiempos, de su conducta impredecible se puede esperar cualquier cosa. Así que lo que hizo el 2 de febrero del 2003 en un avión de Virgin Atlantic en vuelo de Los Ángeles a Londres, en donde iba a participar en una gala benéfica organizada por Elton John, no cogió a nadie desprevenido. Según el informe policial, Love se dedicó a insultar a la tripulación, actuó de forma violenta y se negó a sentarse y a ponerse el cinturón. Al día siguiente, llamó a un fotógrafo de la revista Q para que la retratara convenientemente para la posteridad mientras se paseaba desnuda en un taxi por Londres, al tiempo que le ordenaba a su asistente personal de belleza, quien también la acompañaba en aquel curioso viaje, que le depilara el ano. Dos días intensos, vaya que sí.

 

 

¨  Diana Ross. El 22 de septiembre de 1999, Diana Ross no estaba de muy buen humor, que se diga. Después de que una agente del aeropuerto londinense la cacheara antes de tomar su vuelo en Concorde a Nueva York, Diana Ross hizo lo propio con los pechos de la agente y le dijo: “¿Qué, te gusta?” A la agente de seguridad no le pareció precisamente bien y tampoco a los responsables del aeropuerto, que la retuvieron durante unas cuantas horas para tomarle declaración y escarmentarla. Seguro que quien fue a recibirla al llegar a su destino tiene una simpática historia que contar.

 

¨  Diego El Cigala. En un vuelo Madrid-Tenerife de marzo de 2003, el cantante le pidió a la tripulación que le colgaran un traje. Una de las azafatas le explicó que no existía armario para trajes, pero se ofreció a colocárselo en los compartimentos destinados al equipaje de mano. El cantante se negó, la insultó y la amenazó de muerte. La azafata se resguardó en la cabina del aparato y Diego El Cigala empezó a golpear la puerta con fuerza. A continuación, lo echaron del vuelo antes de que éste despegara, y el cantante denunció a la compañía por discriminación racial, ya que, según su versión, le habían llamado ‘gitano’.

 

¨  Ian Brown (Stone Roses). En su caso, tuvo menos suerte al comparecer ante su señoría. Acabó pasando cuatro meses entre rejas por sus fechorías en un vuelo de febrero de 1998, y eso que su pecado era similar al de Peter Back, quien resulto absuelto: un exceso de alcohol que acabó con Ian Brown golpeando en la puerta del servicio, insultando a la tripulación y amenazando con un expresivo “cortaré tus jodidas manos” a una azafata de British Airways.

 

¨  Izzy Stradlin (Guns N’ Roses). Para el guitarrista de Guns N’ Roses, su desliz acabó en multa. Su pecado no es de los que se viven todos los días: harto de las colas para utilizar el servicio del avión, le dio por mear en la moqueta de la primera clase de un Boeing 747. El precio: 20.000 dólares (unos 16.000 euros). Barato no es, precisamente, aunque puede que ni le importase lo más mínimo.

 

¨  Jonathan Donahue y Grasshopper (Mercury Rev). En un vuelo entre los Estados Unidos y el Reino Unido, se supone que afectados por las mismas sustancias que les ayudan a componer esas extrañas canciones a medio camino entre la psicodelia y Walt Disney, se propusieron imitar la famosa escena de Un perro andaluz de Luis Buñuel. Más o menos, aunque cambiando la cuchilla de afeitar por una cuchara. Fue Jonathan Donahue el que intentó sacarle un ojo con la cuchara a su amigo y compañero en la banda Grasshopper, quien estuvo a punto de perder el ojo. La compañía aérea les vetó de por vida el acceso a sus aviones.

 

¨  Keith Moon (The Who). El inimitable Keith Moon, que daría para más de un capítulo sólo con sus anécdotas, también montó su particular espectáculo en un avión, cómo no. Después de una temporada en rehabilitación, y en pleno vuelo intercontinental, empezó a tirar comida por todo el aparato, entró en la cabina, cantó lo que le vino en gana por la megafonía interna y se mantuvo en pie en el pasillo mientras el avión aterrizaba… ¡con los pantalones por debajo de las rodillas!

 

¨  Kylie Minogue y Michael Hutchence (INXS). Según quienes iban en aquel avión a principios de los 90, los por entonces novios se lo hicieron en el servicio del avión, algo con lo que más de uno ha fantaseado alguna vez. Parece ser que la puerta del servicio se abrió inoportunamente y todos los que iban en primera clase pudieron verlo perfectamente. Cuando le preguntaron a Kylie, ésta comentó: “Los hechos no fueron exactamente así”. ¿Cómo entonces? No queda constancia de si los sorprendidos espectadores aplaudieron o abuchearon a los tortolitos.

 

 

¨  Liam Gallagher (Oasis). No uno, sino dos, son los incidentes conocidos hasta el momento del menor de los Gallagher, Liam -¿quién si no?-. El primero sucedió en 1988 cuando, en pleno vuelo entre Hong Kong y Australia, se dedicó a tirar la comida e insultar a la tripulación, se negó a dejar de fumar y amenazó al piloto que trató de calmarlo. Según la aerolínea, Cathay Pacific, todo se debió al ‘típico comportamiento de un borracho’. A pesar de que parece haber cierto grado de comprensión en tal declaración, la compañía le tiene prohibido volar con ellos desde entonces. Tres años después, concretamente el 12 de enero de 2001, cuando iba a coger un vuelo desde el aeropuerto londinense de Gatwick a Río de Janeiro para participar en el Festival Rock In Rio, Liam Gallagher le dedicó varios gestos obscenos a la azafata que le atendía, aprovechando para tocarle de paso el trasero, con la consiguiente denuncia de ésta. Nada nuevo en él.

 

¨  Muse. En el 2000, después de haber recogido el premio a la banda revelación del año en una ceremonia de premios británica, se largaron rápidamente para el aeropuerto, donde les esperaba un jet privado que los llevaría a Munich, lugar en el que tenían programado un concierto al día siguiente. El motor estalló en llamas en pleno vuelo y tuvieron la suerte de no estar muy lejos del aeropuerto londinense del que acababan de despegar. Salieron ilesos del aterrizaje de emergencia. El susto fue tal que tomaron un taxi, volvieron a la fiesta y, según ellos, cogieron la borrachera de sus vidas.

 

¨  Peter Buck (REM). Según se demostró posteriormente en su aparición ante el juez, el 21 de abril de 2001, en un vuelo entre Seattle y Londres, dos días antes de un concierto en Trafalgar Square, el habitualmente tranquilo guitarrista de REM se tomó un par de pastillas para dormir. Los problemas comenzaron al mezclarlas con alcohol. Cuando le impidieron beber más, rompió una nota de advertencia que le habían pasado, puso un disco en la bandeja de la comida pensando que se trataba de un reproductor de compactos, tiró una cuchara de yogur a la tripulación y se sentó al lado de una desconocida de primera clase asegurando que era su esposa. Más adelante reconoció estar “profundamente avergonzado por el incidente”, y, tras las declaraciones de amigos y conocidos como el mismísimo Michael Stipe, su compañero en REM -quien manifestó ante el juez que se le antojaba completamente impensable tal conducta-, se libró de ir a prisión. Se supone que, desde entonces, lee con algo más de atención los prospectos de las pastillas que se toma.

 

¨  Rod Stewart. En una ocasión, Rod Stewart pasó la mayor parte de un vuelo a Nueva Zelanda inconsciente en la bodega de un Boeing 747, después de haber sido noqueado por un piloto más que harto de su borrachera y del alboroto que estaba provocando en el avión.

 

¨  Ronald Cheng. Este tipo, desconocido en Occidente, pero toda una estrella del pop en su país, Taiwan, se emborrachó en la primera clase de un vuelo de Los Ángeles a Taipei y, a partir de ese momento, le dio por fumar, gritar obscenidades a la tripulación y arrastrarse por el suelo del avión. También agarró a una azafata y la encerró en uno de los compartimentos para maletas del avión, de donde tuvo que ser rescatada por el capitán del aparato. El avión se vio forzado a aterrizar en Alaska y el ídolo del pop fue recluido en un hospital psiquiátrico.

Xavier Valiño
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NOMBRES EN EL ROCK

RTÍCULOS 2005 RUFUS WAINWRIGHT CONCIERTO

La importancia de llamarse…

 Mi nombre es (“My Name Is”; Eminem)

Por supuesto que el título, la portada y la imagen son importantes en el mundo del rock, casi tanto -en algunos casos, incluso más- como el contenido de las canciones. ¿Y el nombre? “Mi nombre es…”, cantaba Eminem. Y no se sabe si lo tenía muy claro entonces, porque, al igual que otros muchos, se presentó en sus discos con diversas encarnaciones como Marshall Matthers o Slim Shady.

El nombre es, sobre todo, definitorio. Todos lo saben -o deberían saberlo-. Vamos, que Pink Martini no es un grupo de heavy y Sepultura no son la última sensación del sonido lounge. Lo habitual, si no se aventura uno en solitario, es tirar folios y folios a la papelera hasta que aparece ese nombre que hará fácilmente identificable un sonido y en el que todos los componentes de la nueva banda hallen un mínimo común denominador.

Una vez elegido, es mejor no cambiarlo. No por nada, aunque los antecedentes indican que conviene no andar dando bandazos por la vida y mantener al respetable en la seguridad de que saben a qué se enfrentan. En caso contrario, la esquizofrenia del artista conduce, irremisiblemente, al olvido inmediato sin la más mínima piedad.

Madonna es el último caso, aunque por ahora no está claro en qué acabará todo. Louise Veronica Ciccone -su auténtico nombre- comunicó a mediados del 2004 en una entrevista al canal televisivo estadounidense ABC que pasaba a ser Esther. Así, sin más, aunque no era todo: Madonna seguiría una nueva filosofía de vida: “He pasado al menos una década quitándome la ropa y sacándome fotos, diciendo palabrotas en televisión y haciendo cosas por el estilo. No me arrepiento, pero todo el mundo se quita la ropa y después, ¿qué? Me pusieron el nombre de mi madre. Ella murió de cáncer cuando yo era muy joven y yo… quería otro nombre”, confesó para justificar su decisión, añadiendo que se había recargado de energía gracias a “haber adoptado un nombre distinto”. 

La razón del cambio se debe a su identificación con el personaje bíblico del mismo nombre, Esther, y a sus años de práctica del estudio de la Cábala, teosofía esotérica derivada de la lectura del judaísmo más antiguo. En el Antiguo Testamento de la Biblia, Esther es el nombre de la reina que salvó a los judíos de una matanza, acontecimiento recordado en la festividad judía del Purim.

No obstante, reconociendo su especial devoción y tino con los negocios, y que seguro conoce bien los casos de aquellos que la precedieron, no parece fácil que se decida a correr el riesgo. Se admiten apuestas. ¿Seguirá la ‘chica material’ utilizando el nombre de Madonna en las portadas de sus discos y en sus lucrativas giras? ¿Se olvidará de Esther tan rápidamente como abrazó su nueva fe?

No tiene más que recordar el caso de Prince y seguro que se lo piensa. El de Minneapolis, después de ser el artista de color más creativo de los 80, decidió, a principios de los 90, que, desde ese momento, cambiaba su nombre por el de TAPKAP -The Artist Previously Known as Prince, El artista antes conocido como Prince-.

En su caso, todo aquello coincidió con su etapa de enfrentamiento con su discográfica, que se negaba a editar los cientos de canciones que el prolífico artista grababa indiscriminadamente, un episodio que tuvo su punto más reivindicativo cuando apareció en público con la palabra ‘esclavo’ escrita en sus mejillas.

Podría haber terminado ahí, pero no. Después se inventó un símbolo para identificarse,O(+>, tan complicado de reproducir que sólo podía escribirse manualmente. Su compañía tuvo que remitir urgentemente a los medios de comunicación archivos en los que aparecía el susodicho símbolo para que fuera posible transcribirlo en letra impresa. Si a alguien le pareció que el tema estaba más o menos bajo control, Prince rompió todos los esquemas al anunciar un nuevo nombre: Víctor.

Para cuando se cansó y claudicó, retomando el nombre de Prince, a nadie en el mundo le importaba ya lo más mínimo. Su carrera comercial había caído en picado y tan sólo sus actuaciones en directo mantenían su figura de actualidad, aunque hubiera que leerse los carteles un par de veces para saber con qué nombre actuaba.

Terence Trent D’Arby le siguió los pasos, y no sólo en lo musical. Tras un primer disco plagado de éxitos, Introducing The Hardline According To Terence Trent D’Arby, nunca volvió a conseguir la misma relevancia pública, ni siquiera cuando fue contratado para suplir al fallecido Michael Hutchence al frente de INXS. Así que, cuando reapareció como Sananda Maitreya, según él debido a una orden que había recibido en un sueño, pocos se lo tomaron en serio. Los conciertos de Sananda Maitreya de los últimos tiempos se anunciaban, cómo no, como el artista antes conocido como Terence Trent D’Arby.

La fe fue la que motivó que uno de los grandes artistas de los 70 a nivel comercial dejara de ser Cat Stevens para pasar a llamarse Yusuf Islam. Evidentemente, con la palabra Islam en su nombre, quedaba clara su conversión. Además, por si quedaba alguna duda, fue una de las voces públicas más relevantes que apoyaron la amenaza de muerte integrista contra el escritor Salman Rushdie. En su caso, su carrera no empezó una cuesta abajo sin final visible, sino que se negó a seguir grabando y editando discos.

En todo este tiempo, sus apariciones se pueden contar con los dedos de una mano. Cuando editó una nueva versión de su “Peace Train” en homenaje a los menores víctimas de la guerra de Irak, al Gobierno de los Estados Unidos no le pareció precisamente bien: durante un tiempo se le prohibió la entrada en aquel país. La explicación oficial, más que una disculpa, parecía una amenaza a todo aquel que profesara la religión musulmana: aunque pudiera no ser Cat Stevens, había alguien con el nombre de Yusuf Islam fichado en los archivos policiales.

El cambio puede reducirse a quitarse el diminutivo para recuperar su verdadero nombre, como intentó Debbie Harry de Blondie con su carrera en solitario, al decidir pasar a ser Deborah, un movimiento que más parecía querer ser un signo de madurez con el que dejar atrás el pop -¿simple, según su impresión?- de sus inicios.

 

También se puede reducir a un sencillo cambio de apellidos. John Cougar pasó a ser John Cougar Mellencamp, justo antes de decidirse por John Mellencamp. Daba igual: tanto Debbie como John no consiguieron con sus nuevas encarnaciones el éxito de antaño.

 

En el caso de John Lydon, lo cierto es que tuvo una digna carrera al frente de Public Image Limited (PIL). Su carácter deslenguado y provocador eran los ingredientes perfectos para que acabara formando parte de la versión británica de La isla de los famosos, poco después de la gira de reunión de los Sex Pistols, The Filthy Lucre Tour (La gira del lucro indecente), en la que reconocía abiertamente que se habían reunido “por la pasta”.

 

Suponemos que, con el mismo espíritu punk de siempre, lo que los demás pudieran pensar le daba igual. Él también es consciente de que su verdadera huella en la historia del rock la dejó cuando se hacía llamar Johnny Rotten -Juanito Podrido- al frente de los Sex Pistols, en unos pocos meses a finales de los 70.

 

También se han dado casos de cambios de nombres por parejas. Cuando Jennifer López decidió dejar a Puff Daddy en el momento en el que éste tenía que enfrentarse a un juicio que todo el mundo seguía -y que afectaba a la imagen pública de Jennifer: el amor no puede con los negocios en determinados ámbitos-, ambos optaron por nuevas identidades. J-Lo consiguió mantenerse más o menos en una primera plana, pero P Diddy, nombre sugerido por su colega Notorius Big, no volvió a levantar cabeza y se convirtió en objeto universal de ridículo.

 

Otros se complican más la vida. Lisa ‘Left Eye’ Lopes, componente del exitoso trío TLC optó por iniciar una carrera es solitario con el nombre de NINA, acrónimo de Nueva Identidad No Aplicable, siglas que, al parecer, también sirven en los ghettos para designar a las armas de nueve milímetros. Mientras, el rapero Q-Tip pasaba a ser Kamaal The Abstract, un nombre que, según él, iba mucho mejor con su música “más real y arriesgada”, y que era una combinación de su auténtico nombre y de un viejo seudónimo de los tiempos en que formaba parte de A Tribe Called Quest.

 

Nadie se enteró en ninguno de los dos casos, lo mismo que le pasó a Colin Vearncombe, nombre con el que ahora se presenta quien hace años consiguió el mérito de poner “Wonderful Life” en todas las listas para poder decir que fue artista de un único éxito cuando grababa como Black. ¿Y si hablamos de Peter None? Lo mismo, que nadie identifica a Herman, otrora líder de los recordados Herman’s Hermits.

 

Distinto es el caso de aquellos que utilizan otros nombres para ocasiones muy especiales, sobre todo conciertos únicos o grabaciones especiales, y que siguen con su nombre de siempre el resto de las veinticuatro horas del día. REM triunfó en un pequeño club londinense en 1991 como Bingo Hand Job, alcanzándose en la reventa cifras astronómicas para conseguir una entrada, después de que se corriera la voz por toda la ciudad. 

 

 

Sin embargo, a sus amigos de U2, disfrazados como The Daltons -se supone que un grupo de country- y teloneándose a sí mismos en su gira americana, nadie les hizo caso. En la gira de The Joshua Tree de 1987 aparecieron en escena dos veces: el 1 de noviembre en Indianápolis y el 18 del mismo mes en Los Ángeles. Poco después, el 12 de diciembre en Virginia, su lugar fue ocupado por miembros de su equipo. La última aparición pública de U2 como The Daltons se produjo en la ceremonia de entrega de los Grammy de 1989, donde Adam Clayton tomó, para presentarse, una famosa frase de los Blues Brothers de su película Granujas a todo ritmo: “Somos un grupo que tocamos dos estilos: country y western”.

 

Componentes de ambos grupos, REM y U2, tocaron juntos en una única ocasión, con motivo de la investidura del presidente Bill Clinton. Michael Stipe y Peter Back, de REM, junto a Adam Clayton y Larry Mullen, de U2, aparecieron con el nombre de Automatic Baby (en referencia a dos de sus discos de más éxito, Automatic For The People de REM y Achtung Baby de U2), para interpretar una única canción, “One”, de los irlandeses.

 

Franz Ferdinand utilizaron el nombre de A Touch Of Velvet para poder adelantar en pequeños clubes las canciones que formarían parte de su segundo disco. Y, a mediados de los 80, XTC editaron un par de discos psicodélicos con el nombre de The Dukes Of The Stratosphere (Los duques de la estratosfera) sin que nadie reconociese su verdadera identidad hasta que ellos mismos se descubrieron.

 

 

No es algo nuevo. The Beatles coquetearon con un nombre ficticio que no llegaron a utilizar, Ricky And The Red Streaks, que Paul McCartney propuso para irse de gira y con el que Jack Oliver, un ejecutivo de Apple, incluso llegó a reservar una actuación en Alemania para el grupo en la época del disco Let It Be, más o menos cuando estaban en trámites de separación definitiva.

 

Después, cada uno de ellos utilizó distintos seudónimos en sus aventuras en solitario. John Lennon fue, entre otros, Reverend Thumbs Ghurkin, Mel Torment, Dr. Winston, Booker Table And The Maitre D's, The Reverend Fred Gherkin, Beatcomber, Kaptain Kundalini, Mr. Leslie o Dwarf McDougal; Paul McCartney se convirtió en Percy Thrillington, Billy Martin, Apollo C. Vermouth o The Fireman para un disco que editó con el productor Youth; George Harrison apareció como Son Of Harry, Hari Georgeson, Jai Raj Harisein o L’Angelo Misterioso; finalmente, Ringo Starr se hizo pasar por Ognir Rats, Roy Dyke o Richie Snare.

 

El juego llegó tan lejos que, en más de una ocasión, The Beatles parecieron revivir tras su separación. En 1976, un grupo canadiense llamado Klaatu, que sonaba como los de Liverpool, jugó con el equívoco durante un tiempo hasta desvelar su identidad. Más adelante, en 1996, unos daneses llamados Rubber Band editaron Xmas The Beatmas, en el que jugaban a recrear conocidas canciones navideñas como si se tratase de temas de The Beatles. Sin ir más lejos, el “Last Christmas” de Wham sonaba como “Mr. Postman” y “Silent Night” adoptaba la forma de “Lucy In The Sky With Diamonds”, entre las once joyas de aquel impagable disco.

 

Elvis Costello utilizó a lo largo de su carrera diferentes disfraces, como Howard Coward, The Imposter, Napoleon Dynamite, The Beloved Entertainer, The Emotional Toothpaste o, incluso, su verdadero nombre, Declan Patrick -con el añadido de Aloysius- MacManus, pero sin olvidar nunca aquel que le había dado la fama. Por su parte, los Sex Pistols llegaron a presentarse de muy distintas guisas, entre ellas la de The Spots, acrónimo de Sex Pistols On Tour Secretly -Sex Pistols de gira secreta-.

 

En nuestro Estado, Los Peatones nacieron de la unión de Radio Futura y El Último de la Fila para una fiesta de Radio 3, mientras que Manolo García y Quimi Portet jugaron a ser teloneros de sí mismos en alguna ocasión cuando aún eran conocidos por Los Burros, vestidos de mujer y con el ‘original’ nombre de Las Burras. Travestido en ama de casa también se presentó Iván de Los Piratas junto a su hermano bajo el nombre de As Ferreiro, acompañando a un imaginario artista portugués llamado Rai Doriva, en actuaciones semanales durante unos meses en un pub de Vigo.

 

Los Del-Tonos, por problemas legales, se presentaron como Albert & The Blue Kings en un disco grabado con un pianista austriaco recreando clásicos del blues, o como Z Z Top un 28 de diciembre, día de los Santos Inocentes. Su líder, Hendrik Roever, grabó dos discos de ‘turbo-pop’ disfrazado de Hank, que se hacía pasar por su hermano.

 

 

No obstante, el grupo que más ha jugado al despiste es Siniestro Total, quienes se han presentado, según la ocasión, como Sonny Boy And The Williamson, Hound Dog Men (ambos grupos con una orientación blues), Los Minusválidos del Ritmo (su faceta pop), Os Subxenios (mirando hacia Frank Zappa), Los 7 Pelmas (banda de ska tipo Madness) o Loopy de Loup (tocando un poco de todo). Nada raro en un grupo que empezó con el descacharrante nombre de Mari Cruz Soriano y los que Afinan su Piano.

 

En cualquier caso, todos tenían claro el nombre que les daba de comer y sólo hicieron uso de sus alter egos para aventuras esporádicas. Por eso, lo de Madonna transformándose en Esther está por ver.

 

Xavier Valiño
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